En razón del análisis efectuado anteriormente, podemos sintetizar los principales rasgos de los sistemas de partidos y diseños electorales de Argentina y Uruguay de la siguiente síntesis:
o En el caso de Uruguay, encontramos la existencia de un sistema de partidos pluralista, aunque numéricamente moderado. El mismo ésta integrado por tres partidos efectivos, los que son sumamente estables, con un nivel bajo de volatilidad electoral, al igual que
21 Un estudio pormenorizado de los efectos desproporcionales del sistema electoral argentino se puede hallar en Reynoso (1999: 73-95).
22 Mayores detalles sobre los efectos desproporcionales del sistema electoral uruguayo se puede encontrar en Buquet, Chasquetti y Moraes (1998: 22-32).
un importante índice de proporcionalidad en la asignación de cargos públicos generado por las reglas electorales.
o Se comprueba en Uruguay la existencia de bajos niveles de volatilidad electoral, tanto a nivel de elecciones presidenciales y parlamentarias. En este contexto, los partidos tradicionales (incluyendo en esta categoría al Frente Amplio, que ha mantenido siempre su puesto de tercera fuerza hasta 1999, año en que se sitúo segundo), canalizan efectivamente las preferencias electorales de más del 90% de la ciudadanía.
o Desde la vuelta a la democracia no han surgido partidos nuevos relevantes capaces de desplazar a los tradicionales, a pesar de la aparición del Nuevo Espacio. Podemos decir entonces, que el sistema partidista uruguayo ha dado muestras de poseer un importante nivel de estabilidad.
o En Argentina en tanto, existe un sistema partidario que ha fluctuado entre el bipartidismo, un formato de dos partidos y medio, e incluso, en el ámbito parlamentario, tres partidos efectivos.
o El sistema ha sido sumamente cambiante, no sólo en lo atinente a los actores políticos (en especial las terceras fuerzas que surgen y desaparecen rápidamente, constituyendo lo que se conoce habitualmente como “flash parties”), sino también en lo concerniente a sus respectivas fuerzas electorales (en cuatro elecciones presidenciales, la UCR ha pasado de primera, a segunda y tercera fuerza sucesivamente, para volver a convertirse, finalmente, en gobierno). Hasta el momento los datos parecen indicar que el número efectivo de partidos aún no se ha estabilizado.
o Se comprueba en Argentina un nivel bajo de volatilidad electoral en el ámbito parlamentario, pero medio - alto en elecciones presidenciales. En este contexto los partidos tradicionales canalizan efectivamente las preferencias de porciones cada vez menores del electorado.
o El sistema electoral argentino muestra índices medios - altos de desproporcionalidad en cuanto a la sobrerepresentación de los grandes partidos. Durante el período analizado han surgido continuamente partidos nuevos, con implantación preferente en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires (salvo el FREPASO, de proyección nacional), capaces de desplazar incluso a los partidos tradicionales de sus posiciones electorales habituales.
Dada la confluencia de estos elementos, el sistema de partidos uruguayo ha tendido a comportarse de manera considerablemente más estable que el argentino a lo largo del período
considerado (el que en algunos aspectos, parece no haber alcanzado todavía un formato definitivo).
Llegados a este punto, una pregunta se impone por su propio peso: ¿por qué motivos resulta importante la estabilidad del sistema de partidos?23 Mainwaring y Scully (1995: 21-28) responden a esta pregunta con precisión. Veamos algunos de sus argumentos:
o En un sistema de partidos inestable el espacio para la experiencias de carácter populista es mayor, puesto que los partidos no estructuran el voto como ocurre en un sistema de partidos estable. De esta manera, los votantes se hallan más predispuestos a responder a las apelaciones personalistas de los candidatos, lo cual se ve agravado en los sistemas de tipo presidencialistas. En cambio, en los sistemas de partidos estables, además de controlar más estrechamente la selección de los candidatos, los partidos son más proclives a ganar las elecciones y ocupar el poder a través de procesos pacíficos. o Los sistemas estables ayudan a los grupos a expresar sus intereses, seleccionando,
agregando y absorbiendo los cleavages sociales.
o Los sistemas de partidos posibilitan la democracia ayudando s establecer un sistema de legitimidad. Los partidos establecen canales de participación política, estableciendo vínculos entre los ciudadanos y el gobierno.
o Donde los sistemas de partidos son inestables, el control político (accountability) resulta difícil de aplicar. La mayoría de los ciudadanos no puede evaluar al enorme número de políticos individuales. Se necesita una cantidad de información considerable, que la mayoría de los ciudadanos sólo posee sobre los cargos ejecutivos más visibles. En cambio, a los partidos les resulta más sencillo realizar tal evaluación dado su número y puesto que sus posiciones son más visibles. Aún cuando los partidos tienen una imagen difusa, los ciudadanos en países con sistemas de partidos estables pueden diferenciar entre ellos.
o Los sistemas de partidos estables facilitan el gobierno y la gobernabilidad, puesto que ayudan a controlar y contener los conflictos a través de los canales electorales y legislativos. Los vínculos que se establecen entre los legisladores, el gobierno y los líderes partidarios son más estrechos, lo cual no garantiza el apoyo legislativo a las iniciativas del Ejecutivo, pero incrementa sus posibilidades.
o Construir una democracia implica construir instituciones democráticas: normas, reglas y organizaciones que forman el comportamiento de los actores. Las instituciones ayudan a orientar a los actores a través de reglas claras, facilitando así la certidumbre general. No
23 A diferencia de otros trabajos, aquí preferimos hablar de estabilidad y no de institucionalización del sistema de partidos, puesto que dicho concepto evoca algunos contenidos teleológicos que, creemos, dificultan el análisis.
es que no se produzcan sorpresas, pero en las democracias consolidadas con instituciones estables los actores conocen las reglas y ajustan sus intereses a ellas. De esta forma los procesos políticos resultan claros y predecibles.
Estos criterios se hallan ejemplificados por los casos de argentina y Uruguay. La estabilidad alcanzada por los principales actores partidarios uruguayos ha permitido ejercer un mayor control institucional político sobre el gobierno, garantizando asimismo el funcionamiento autónomo del sistema judicial y de los distintos órganos encargados de llevar a cabo la función de contralor administrativa. La existencia de normas y reglas claras, estables y compartidas ha facilitado el desempeño de las instituciones democráticas y su consolidación. De esta manera, el grado de materialización y efectivización alcanzado por la democracia y el Estado (democrático) de Derecho uruguayo, lo sitúa en un plano muy destacado dentro del contexto latinoamericano.
Por su parte, Argentina ha exhibido serias deficiencias respecto de estas cuestiones, especialmente a partir del año 1989 en que el Partido Justicialista se erigió en un actor preponderante del sistema de partidos, frente al notorio deterioro electoral e institucional experimentado por la UCR, principal partido de la oposición. La experiencia de Argentina nos muestra cómo a partir del debilitamiento de los partidos de la oposición en un contexto de consolidación democrática y con ello, del ejercicio de las funciones propias de toda oposición, la propia democracia se ve enfrentada a severos déficits institucionales, los que se han profundizado
con el transcurso del tiempo. Estos hechos destacan, una vez más, la importancia del tema analizado, alentándonos a continuar y profundizar su estudio.
MADRID, 2002