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MOVIMIENTO ES VIDA

In document La Felicidad Del Cavernícola (página 51-57)

El sedentarismo nos destruye, hemos pasado el 95% de nuestra historia como especie siendo nóma- das. El cuerpo humano está diseñado para el movi- miento, el movimiento es su vida. Sin embargo, hoy, más que nunca pasamos muchas horas sentados de- lante de las pantallas. Necesitamos del ejercicio físi- co para que nuestro organismo experimente la vida. Nuestros antepasados caminaban en pos de alimen- to, corrían bien para escapar de un depredador o bien para apresarlo, saltaban, trepaban, reptaban. Hoy, excepto cuando somos niños, nos hemos olvi- dado de hacerlo. En vez de practicantes de ejercicio nos hemos convertido en sus espectadores y deja- mos que sean unos pocos quienes lo hagan mientras asumimos el papel de jueces de su desempeño. Pre- ferimos permanecer sentados al volante o en el sofá

frente al televisor aunque sepamos que es atentamos contra nuestro propio cuerpo al darle un descanso que no se ha ganado, negándole una actividad que le contribuye a potenciar el sistema inmune, mejora la concentración, combate la depresión y la demencia, e incluso previene del cáncer, el alzheimer y la diabe- tes.

Una hora de ejercicio físico diaria es suficiente para ser más felices. No digo que nos lancemos to- dos a la calle a correr maratones, sino que, cada cual, en base a sus posibilidades tenga la voluntad y la constancia de hacer ejercicio. Un pequeño ejerci- cio que podemos hacer es abandonar el hábito de utilizar el coche para ir al trabajo, nos negamos la posibilidad de cumplir con esa hora de ejercicio diario por ahorrarnos un trayecto de treinta minutos a pie y aumentamos la probabilidad de sufrir y provocar un accidente e incluso morir y matar por esa manía de atender llamadas y mensajes de nuestro smartphone mientras conducimos porque las consideramos más importantes que la responsabilidad de la conducción.

Este mismo recorrido, hecho a pie, nos ofrece la oportunidad no solo de mejorar nuestro estado físi- co, sino que también nuestra vida social lo agrade- cerá. ¿A cuántas personas saludamos mientras con- ducimos? ¿Cuántas nos saludan? Si optamos por realizar ese camino a pie las oportunidades de gene- rar encuentros sociales y obtener informaciones in- esperadas aumentarán considerablemente. Con ello nuestras probabilidades de éxito al estar más cerca de obtener informaciones que de otra forma nos ser- ían negadas o nos pasarían desapercibidas.

Miles de años atrás, en estas sociedades de cazadores-recolectores, corríamos para escapar de depredadores o para abatir piezas de caza. Los indi- viduos mejor preparados eran los que más piezas cazaban y menor riesgo tenían de morir en las fauces de un animal. Este hecho los convertía en sujetos más atractivos dotándoles de un mayor acceso sexual a las hembras. Hoy ocurre lo mismo, aquellos hombres y mujeres que realizan ejercicio físico de manera regular tienen mayores posibilidades de con-

seguir un empleo que quien no lo practica, así como de tener mayor actividad sexual pues su cuerpo se presenta como más sano y su oferta de genes es mejor a la de quienes permanecen cómodamente sentados. Practicar ejercicio físico, siempre y cuando no se haga por mera vanidad y alarde, habla de los recursos personales y mentales del individuo: resis- tencia, constancia, perseverancia, manejo de la frus- tración y postergación de recompensas. Capacidades todas ellas, muy válidas en el actual mundo empresa- rial y en el universo social en el que nos desenvol- vemos.

Demos a la práctica regular de actividad física la importancia que se merece. El gran salto evolutivo de nuestra especie se produjo con el bipedismo. El abandono de la subsistencia centrada en la copa de los árboles por una subsistencia a ras de suelo y ci- mentada bajo una nueva capacidad para recorrer lar- gas distancias y emplear las manos para manejar y construir útiles y herramientas. Gracias a que nos lanzamos a caminar nuestro cerebro creció pro-

veyéndonos de nuestro mejor recurso para la super- vivencia. Sentados en el sofá, al volante de nuestro coche o frente del ordenador nos conduce a una in- volución del funcionamiento del organismo que hace que éste no se adapte al entorno y el estrés, la de- presión, la fatiga crónica se conviertan en el estado habitual de un cuerpo diseñado para vivir desde el movimiento.

Nos llenamos de excusas y de razones para permanecer inmóviles: falta de tiempo, no es necesa- rio, está lloviendo, hace calor o la falta de valoración del ejercicio como acción preventiva ante la enferme- dad. Sobre todo porque hemos de tener que hacer frente a un rival muy duro de vencer: la pereza. La falta de hábito en el ejercicio nos pone ante una si- tuación en la que, antes de hacerlo, hay que decidir si lo hacemos o no. Si ya tenemos que hacer el es- fuerzo de decidir y nos cuesta, cómo vamos a reali- zar un esfuerzo aún mayor. Este ejercicio de nego- ciación con una mismo nos agota y nos deja ancla- dos al sillón. Hace treinta mil años no teníamos este

problema porque el ejercicio formaba parte de nues- tro plan de vida. Si no hay ejercicio no hay comida con la que alimentarse y por ende formaba parte de una rutina diaria que no admitía dudas ni negociacio- nes. Esta rutina del movimiento la convertía en una orden dada a uno mismo si quería mantenerse con vida, así ahorrándonos la agotadora batalla de pelear con uno mismo empleábamos esa energía en nues- tra salud física y mental.

El ejercicio físico nos muestra como personas activas, nos devuelve resultados inmediatos, nos asombramos de nuestra capacidad para mejorar, muestra habilidades y capacidades que de otra ma- nera sería muy complicado hacer visibles. El ejercicio físico reconforta, ayuda a gestionar el estrés y es un alarde de madurez psicológica y de actitud vital. El ejercicio es la búsqueda continua de nuevos desafíos de una orientación centrada en el medio y largo pla- zo, todo un atractivo para los demás y una estrategia que nos ayudará a aumentar nuestros niveles de feli- cidad.

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