Morir en forma inesperada no es siempre negativo. Dependiendo del estado de evolución del individuo, esta forma de morir puede ser una bendición. Si bien es cierto que el alma tiene que desprenderse en forma abrupta y no hay tiempo para que el desprendimiento se haga paulatinamente, por otro lado se evita el dolor de la agonía.
Se puede decir que, de una manera general, la enfermedad que termina con la muerte es un proceso preparatorio para ésta; los cuerpos etéreos comienzan a despegarse del cuerpo físico poco a poco lo que facilita el desprendimiento. Esto no quiere decir que en las muertes repentinas ello se dificulte necesariamente pero por lo inesperado de este acontecimiento puede, en ocasiones, haber más confusión.
Volver a Dios es lo que nuestro ser profundo desea y aún si mientras se está en la Tierra aparentemente nos olvidamos del Ser Supremo, siempre en el fondo existe ese anhelo de algo que no sabemos describir. Hay un gran vacío que no se logra colmar con nada material, ni con poder, ni con dinero, ni con los amores humanos, un movimiento de las almas hacia algo superior a ellas que no alcanzan a definir. Eso que busca el ser humano a lo largo de su existencia es la unión con el Gran Todo y de la misma manera que toda la creación, que responde al llamado de su creador.
Sólo aquellos que están inmersos en la soberbia cubren con ella ese llamado de su origen, pero al no encontrar satisfacción en nada de lo que buscan, acaban por comprender que hay algo más que su absurda soberbia.
Al tener el ser humano ese hambre de infinito en el momento de la muerte la reacción natural es clamar por el Ser Supremo, dándose
de inmediato la respuesta a su llamado en forma de luz acogedora llena de amor y paz. Los casos que hemos expuesto en esta obra son las excepciones que, por las diferentes razones que hemos visto, no van hacia la luz, pero el amor y la misericordia divina siempre están ahí para acoger a quien la desee.
A continuación relatamos el caso de una persona que murió en forma repentina a consecuencia de un ataque al corazón. Su hija estaba preocupada de que estuviera confundido o desorientado y nos pidió que meditáramos y le enviáramos luz. Se trataba de una persona que había llevado una vida normal, ni especialmente inclinado a la espiritualidad ni tampoco deshonesto, sino con los errores y aciertos comunes a la mayor parte de la humanidad.
Se le permitió hablarnos y he aquí lo que dijo:
Me fui sin previo aviso al lugar de donde ya no se regresa. Mi amadísima hijita, veo desde aquí tu preocupación por mí pero no vale la pena, estoy bien, hay una luz maravillosa donde me encuentro y lo más increíble es que puedo comunicarme contigo, no sé como. Me recibieron al llegar aquí tantos seres queridos que creía perdidos para siempre, pues aunque se nos dice que no existe la muerte, mientras se está allá no se tiene la absoluta seguridad de que sea verdad.
No sufrí nada, cuando desperté me di cuenta de que ya no estaba en ese plano que se llama vida sino en un lugar diferente que no entendía muy bien. Me dirigí entonces a la misericordia divina pidiendo ayuda y perdón por mis faltas y de inmediato se abrió una luz indescriptible, llena de amor, no se puede describir lo que se siente. Salieron a recibirme las gentes que amo, sonrientes y llenas de amor. Sólo te digo que el famoso castigo y purgatorio no existe, sólo este inmenso amor de quien nos creó.
Enseguida vi con increíble nitidez toda mi vida, mis errores y aciertos y comprendí que lo único que vale es cuando actuamos sin egoísmo. No se comprende esto en toda su magnitud mientras se está en la Tierra, a pesar de lo que nos dice la religión, pero aquí se comprende todo con una claridad asombrosa. Te puede decir que se tienen remordimientos que causan dolor pero los seres de luz que nos ayudan en esta revisión nos dan un amor de tal manera intenso que borra nuestra culpa. Diles a todos que lo único que vale en la vida es el amor y el no egoísmo, que esa es la verdadera misión y sentido de la vida.
Es de pensarse que estos casos son los más frecuentes dado que la gran mayoría de los seres humanos cuando se encuentran con la muerte claman por la misericordia divina, lo que es suficiente para ver la luz.
Este concepto de que lo único que vale en la vida es actuar con amor es una constante que encontramos en todos los mensajes provenientes de los que se nos han adelantado. En cuanto la luz los envuelve, así lo comprenden. Un ejemplo más es el de una persona que murió también en forma repentina y que su primera reacción fue de enojo y rebeldía por haber dejado la vida que tanto amaba. Después de dirigirlo hacia la luz, al percibirla su mensaje, desbordante de entusiasmo, fue como sigue:
Es increíble, pero se abrió una rendija luminosa. Voy hacia ella y se hace más grande...Sigo avanzando por esta especie de túnel negro en el que al fondo se empieza a ver luz, cada vez más luminosa.
Es maravilloso, no entiendo como no se dice en el mundo lo que es esto, si tú lo sabes dilo, es el cielo...Se siente un tal calor de amor, de paz, de felicidad que es inimaginable mientras se está allá. Ahora comprendo que se diga que Dios es amor, es cierto y en qué forma.
Veo saliendo de esa luz, que me atrae irremisiblemente, seres que vienen hacia mí que tienden los brazos para ayudarme a salir de la oscuridad en la que estaba...Gracias, gracias mil por tu ayuda, pero dilo, dilo a todos los que como yo, no entendimos de lo que se trata la vida...Ahora me doy cuenta de que lo único que vale es el amor y que todo lo demás es basura. No entiendo cómo no se explica mejor el proceso de vida y lo que significa la muerte, que no existe. Es sólo este pasaje a la verdadera vida que se dificulta cuendo no se está convenientemente preparado. Nos hablan de amor pero junto a una serie de tonterias como el infierno y el castigo divino. Es nuestro Dios únicamente AMOR y las idioteces que hacemos creo que las pagamos con remordimientos cuando nuestra mente se aclara en esta luz maravillosa.
Ojalá se diga esto en voz alta, me dicen que están escribiendo un libro, díganlo y díganlo bien, LA MUERTE NO EXISTE, sólo este cambio de realidad, de una que es muy poco real a otra que es la verdadera, donde se ve todo con claridad, donde nos damos cuenta de que lo único que vale son nuestros actos de verdadero amor, de generosidad hacia los demás, de dar sin esperar recibir nada a cambio, de perdonar a quienes creemos que nos han ofendido...Me voy hacia la eterna felicidad, con el corazón henchido de ese amor que sólo conocí esporádicamente en mi vida sobre la Tierra.
En contraste con estas muertes repentinas nos encontramos con las que sobrevienen en forma natural, cuando el propósito que se ha fijado el alma terminó. Cuando la experiencia elegida con anterioridad comporta el paso por una muerte lenta y dolorosa, ésta sigue su curso hasta que el alma decide que ya es suficiente, que el aprendizaje se ha terminado.
Sin embargo hay ocasiones en que el apego al mundo físico impide el desprendimiento que se hace más lento de lo que era de esperarse. En estos casos nuestro ser interno, que sabe que ya no es necesaria la permanencia en el mundo terrenal, entra en conflicto con el ser inferior que desea a toda costa continuar con la experiencia.