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7 SISTEMATIZACIÓN DE LA INFORMACIÓN

8.2 Para las mujeres

Entre Querellas, luchas y demandas: Una reivindicación de los derechos sociales, económicos y educativos de las mujeres colombianas.

Si existe algo que diferencia al ser humano de los animales es el poder racional. Por lo tanto, no se puede comparar la desigualdad como un acto natural sino como un acto de índole social, política, religiosa y cultural.

Desde nuestra perspectiva, en los albores del siglo XXI, se podría manifestar que las mujeres hoy día tienen más oportunidades educativas, económicas, sociales, culturales y políticas en comparación con otros tiempos, teniendo como punto de partida nuestra

experiencia como mujeres nacidas a finales del siglo XX, cuando hasta ahora en Colombia se gestaba la emancipación.

El relato de vida de algunas mujeres evidencia la liberación. Por ejemplo, en Boyacá- Colombia, una mujer fue testigo del sometimiento, maltrato y abuso por parte del patriarcado, siendo ella víctima de diferentes situaciones que atentaron contra su dignidad. En pleno siglo XX en el año 1933, después del nacimiento de un hijo varón, nace la primera mujer de un matrimonio campesino a quien bautizan católicamente con el nombre de María Zoraida Aguilar Candela. Posteriormente nace un hombre y dos mujeres para un total de cinco personas. Por ser la hija mayor, María Zoraida a sus 9 años asume la responsabilidad de cuidar a los hermanos y hermanas más pequeños, además de tener la obligación de aprender a cocinar para los obreros que recogían el café de la finca. Ella desde su infancia fue una mujer maltratada física y psicológicamente por la mamá “Espiritusanto” y por el papá “Roso”, soportando durante diecinueve años los golpes, regaños y las malas palabras.

En el año 1953, Rubén Lara Hurtado y María Zoraida Aguilar Candela contraen matrimonio, es decir, María Zoraida deja de ser propiedad de los padres, para convertirse en propiedad del Esposo, pues en los documentos civiles ante las demás personas y ante las autoridades y la iglesia, ella deja de tener los apellidos paternos y maternos para llamarse María Zoraida de Lara.

Zoraida creyó haber escapado de la violencia de su padre y madre, pero al lado del esposo recibe un trato peor, debido a que este la violentaba de una manera más cruel; además de ello, Zoraida parecía como dice la frase popular: “una máquina de reproducción, no acaba

de dar a luz un bebe, cuando ya estaba embarazada del otro”. Asimismo, se debía someter económicamente tanto al padre como al esposo, pues ella no trabajaba y no decidía por sí misma. Gran parte de su vida, la pasó cuidando del esposo, hijos y nietos. Ella intentó separarse, pero tanto el comisario de familia, como el cura, le advirtieron que, si lo hacía, debería pagar una multa y prisión por abandono del hogar. Ella, no tuvo otra opción que resistir en silencio.

En cuanto a la educación, ella narra que solo estudió hasta tercero de primaria en donde le ensañaron algunas letras, a recitar de memoria los rezos religiosos, oficios domésticos y labores para ser una buena madre y esposa.

Este ejemplo nos sitúa en un momento histórico en donde las mujeres no gozaban de la dignidad humana, pues evidentemente se tuvieron que gestar una serie de luchas y

demandas para que la dignidad de los seres humanos, especialmente el de las mujeres fuera considerada.

En el capítulo anterior, se evidencia que los derechos humanos en algunas situaciones se convierten en discursos, más no en garantías reales que proteja y regule las instituciones y los seres humanos, pero como lo describe la comisión Interamericana de derechos humanos: “(…) su reconocimiento permite impulsar transformaciones en la vida social, reclamando la autoridad de derecho” (Navarrete, 2006. P:17).

En este sentido el despertar de las mujeres ha obligado a los Estados acoger normas y leyes que regulen la conducta humana, además de emancipar las mujeres y lograr instaurar en países occidentales un pensamiento en caminado en la búsqueda de la equidad de género y la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Sin desconocer que la igualdad de oportunidades se establece en países con un sistema económico capitalistas, en donde las

mujeres se deben incorporar al mercado laboral para erradicar la pobreza y la violencia de género.

Por lo tanto, en el año 1981 gracias a la Organización de Naciones Unidas, el congreso colombiano implementa la ley 51 en donde se aprueba la convención de la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, en esa ley se asegura la obligación del estado nacional e internacional a: “(…) garantizar al hombre y a la mujer la igualdad en el goce de todos los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y

políticos”. (Ley 51 de 1981, Parte introductoria). Sin embargo, desde nuestra perspectiva es evidente que esta ley hace ver a la mujer como una herramienta que posibilita el desarrollo del país, es decir, como una mano de obra que sirve para la producción económica, más no como una persona que tiene dignidad. Como se menciona en esta misma ley:

“(…) dificulta la participación de la mujer, en las mismas condiciones que el hombre, en la vida política, social, económica y cultural de su país, que constituye un obstáculo para el aumento del bienestar de la sociedad y de la familia y que entorpece el pleno desarrollo de las posibilidades de la mujer para prestar servicio a su país y a la humanidad”. (Ley 51 de 1981. Parte introductoria)

De esta misma manera, se menciona Amartya Sen quien relaciona la libertad con el desarrollo personal y social, en este caso, se puede evidenciar que la libertad se desenvuelve en el crecimiento personal y del país, pues cuando los seres humanos logran expandir las libertades fundamentales, se posibilita el desarrollo. Por consiguiente, muchas de las normas y leyes benefician la libertad en tanto se posibilita expandir las oportunidades.

Por consiguiente, la querella impuesta por las mujeres hace necesario demandar el sometimiento y la crueldad, no solo por el hecho de que las mujeres pudieran vincularse a la vida económica y social, sino también porque “la condición de las mujeres era equiparada a

la de los esclavos” Condorcet, citado por (Nash & Tavera 1994, P: 59). El mismo ejemplo de María Zoraida, nos sitúa en la comparación realizada por Condorcet, en donde las mujeres no podían decidir por sí mismas y tenían un trato inhumano.

Así mismo, es imprescindible esclarecer que las luchas sociales de las mujeres se desarrollan por ser oprimidas, teniendo en cuenta que la declaración universal de los

derechos respaldaban únicamente al hombre, como lo demostró Olympia de Gougles (1791), cuando realizó una contrapropuesta a la declaración de los derechos del hombre y ciudadano (1789), pues las mujeres no aparecían involucradas en esta declaración, por consiguiente Olympia manifiesta “la declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana” de este modo Olympia de Gougles, marco un precedente histórico con el que se empieza a repensar la condición de las mujeres en la sociedad. Pues como lo menciona Simone de Beauvoir (1949):

“La mujer siempre ha sido, si no la esclava del hombre, al menos su vasalla; los dos sexos jamás han compartido el mundo en pie de la igualdad, y todavía hoy, aunque su situación está evolucionando, la mujer tropieza con grandes desventajas. En casi ningún país es idéntico su estatuto legal al del hombre; y con frecuencia, su desventaja con respecto a aquel es muy considerable.”

A partir del precedente marcado por Gougles y de las diferentes manifestaciones impuestas por las mujeres tanto francesas como inglesas es que se logra que en países como Colombia se implementen acuerdos, normas legales y políticas jurídicas que dignifican y garantizan que las mujeres tengan las mismas oportunidades sociales que los hombres.

Sin embargo, se debe hacer visible que la problemática social, política, económica, educativa, etcétera, de la desigualdad entre mujeres y hombres no se sitúa en la falta de elaboración de garantías jurídicas, porque el reconocimiento en los derechos humanos se ha

representación y clasificación de las personas que se da por medio del lenguaje, porque si bien la discriminación positiva que se implementa en las políticas públicas permite reconocer las diferentes necesidades de las minorías, la categorización, representación y clasificación ejerce una carga simbólica de poder y de exclusión, por ejemplo, las mujeres campesinas, Indígenas, afrodescendientes, en situación de discapacidad, mujeres de familias populares, desplazadas, son quienes necesitan protección y para quienes se crean normar, leyes y políticas con el fin de que las instituciones sociales y los grupos dominantes reconozcan a las poblaciones menos aventajadas de la sociedad. Es desde allí que

automáticamente se naturaliza la dominación y poder, porque para que existan estas normas, leyes y políticas debe haber dominantes y dominados.

Por otro lado, y como lo nombramos al inicio de este apartado “las mujeres hoy día tienen más oportunidades educativas, económicas, sociales, culturales y políticas en

comparación con otros tiempos.” Por ejemplo, el decreto Nº 1972 de 1933 evidencia que a las mujeres y a los hombres no se les impartía la misma educación:

“La enseñanza secundaria para señoritas y para varones, que aspiren a la carrera del magisterio, comprenderá el siguiente pensum, distribuido en seis años, a excepción para los varones, de la clase de oficios domésticos.” (ARTICULO 3).

Estas evidencias demuestran que las instituciones educativas se deben sujetar a los mandatos establecidos en la sociedad, y por ello, es que las mujeres se han ido incorporando a los escenarios educativos en igualdad de condiciones a los hombres; se debe resaltar que desde la esfera educativa se logra un cambio significativo en la erradicación de la violencia, prevención de embarazos y desarrollo personal de las mujeres, sin desconocer que la

educación también posibilita el acceso al trabajo que mejora las condiciones y calidad de vida.

Ahora bien, hemos mencionado que con el transcurso del tiempo Colombia ha logrado alcanzar la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres en varias esferas, entre ellas la educativa, pero esa igualdad no atiende la necesidad específica de las diversas mujeres que habitan el país colombiano, pues como lo menciona y reconoce la constitución política: “Colombia es un país PLURALISTA”. Pues es un país diverso en donde cada persona es particular, peculiar y tiene necesidades y condiciones sociales diferentes, por ello, para que la igualdad de oportunidades sea justa, se debe garantizar la equidad.

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