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El Núcleo Fundamental de las Relaciones: Reputación, Confianza y

3. MARCO ANALÍTICO DE LA CORRUPCIÓN POLÍTICA

3.3 SITUACIÓN-ACCIÓN (DIMENSIÓN INTERPERSONAL)

3.5.3 El Núcleo Fundamental de las Relaciones: Reputación, Confianza y

colectiva, Ostrom (2007:200) propone un núcleo central de relaciones fundamentales cómo la reputación, la confianza y la reciprocidad, que pueden conducir a la cooperación, o por el contrario, repercutir en la no cooperación entre los individuos. Esto último, en caso de que no se proporcionen los incentivos suficientes para que se consoliden estás relaciones.

Sin embargo, en el caso de la corrupción, afirmo por un lado, que el éxito de la transacción corrupta puede ser explicado como el resultado de la consolidación de un capital social perverso propiciado por mecanismos cómo la reputación, la confianza y la reciprocidad, que facilitan la obtención de un bienestar colectivo, a través de la coordinación y cooperación entre los actores ilegales involucrados. (Hipótesis 9)

La reciprocidad se constituye en una norma moral internalizada, es “una relación continuada de intercambio que en un momento dado puede ser no correspondida o desequilibrarse, pero que involucra expectativas mutuas de que un beneficio concedido hoy será devuelto en el futuro” (Putnam, 1998: 120). La reciprocidad en sí misma, representa para los negociadores un poderoso contrato, y un fuerte incentivo para que sigan cooperando entre sí. Es decir, los individuos con preferencias reciprocas están dispuestos a cooperar, si están seguros que los otros cooperan, lo que induce a las personas con reciprocidad a dar su cuota de cooperación.

En este sentido, los incentivos para entrar en acciones de reciprocidad, parten de los lazos de confianza construidos entre las partes negociadoras. La confianza desempeña un papel integral dentro de las relaciones de reciprocidad. Según Putnam (1993:171) la confianza es definida como “un componente esencial del capital social […] La confianza lubrica la

cooperación. Cuanto mayor es el grado de confianza dentro de una comunidad, mayor la probabilidad de cooperación, y la cooperación, a su vez, refuerza la confianza”. En otras palabras, la confianza se genera, principalmente, cuando algunos individuos inician la cooperación en situaciones repetidas, lo que proporciona incentivos para que los otros jugadores actúen de manera reciproca cooperando.

De acuerdo con Lambsdorff (2007: 210), ciertos niveles de confianza construidos entre los actores corruptos, se constituye en un prerrequisito básico para el logro de los acuerdos ilegales. La confianza entre los actores delictivos puede derivar de la reputación que ellos han construido en acuerdos corruptos pasados. La reputación, por su parte, es decir, el “buen nombre”, se constituye en un tipo de activo de gran valor que al interior de los negocios hace referencia a la calidad y a la confiabilidad que se espera tanto de la mercancía, como del comerciante (Gambetta, 2007: 66).

En el caso de aquellos funcionarios públicos corruptos que se han comportado oportunistamente en el pasado, estarán en riesgo de desarrollar una mala reputación y generar desconfianza, contribuyendo, de tal forma, a que los socios potenciales rechazasen su futura colaboración en transacciones corruptas. No obstante, mantener una buena reputación de persona digna de confianza, resulta rentable. Irónicamente, ser corrupto no implica ser deshonesto, el establecer una reputación de ser cooperador, honesto, virtuoso y no oportunista, garantiza que la transacción corrupta sea llevada a cabo con éxito.

Con lo anterior, se puede establecer que los comportamientos corruptos, apelando como eje central de las relaciones -la reputación, la confianza y la reciprocidad-, confieren consistencia interna a este accionar ilegal. Si los individuos que hacen parte del intercambio corrupto se comportan bajo estas relaciones, esto contribuirá a que haya incentivos suficientes para seguir cooperando con el otro en la transacción corrupta. Esta situación de cooperación entre los actores corruptos puede ser mejor expresada en un Juego del Seguro69.

3.5.3.1 JUEGO DEL SEGURO ENTRE ACTORES CORRUPTOS Jugador 2

Cooperación No cooperación

Cooperación 4,4 1,3

Jugador

1 No cooperación 3,1 2,2

El orden de preferencias es: 4 >3 >2 >1. Donde 4 representa el mejor resultado individual y 1 el peor.

En este juego existen dos equilibrios, el de cooperación mutua y el de no cooperación mutua. Sin embargo, la cooperación universal proporciona mayores pagos que el otro equilibrio, ya que la cooperación de todos los actores en la provisión del bien público, que se logra dar a través de las relaciones basadas en la confianza, la reputación y la reciprocidad,

garantizarán el éxito de la acción colectiva. Es decir, el juego del seguro supone que los individuos que participan en la acción colectiva tienen cierta cantidad de información común y ciertos niveles de confianza que les permite organizarse y tener acciones reciprocas. De acuerdo con la matriz del juego, cuando existen compromisos, los jugadores enfrentan una estructura de pagos tal, que si adoptaran la estrategia de no cooperación terminarían en la peor situación, dado que la falta de reciprocidad se castiga muy alto haciendo que los jugadores 1 y 2 les sea mejor cooperar entre ellos (Mockus y Cante, 2002: 155).

En este sentido, el éxito de la corrupción, que se daría de la cooperación entre los actores por la generación del bien colectivo, estaría generando un capital social de tipo perverso capaz de incentivar, alrededor de la asociatividad y cooperación entre los actores, comportamientos criminales dirigidos a la búsqueda de beneficios privados. En otras palabras, el fortalecimiento de las relaciones sociales basadas en la confianza, la reciprocidad y la reputación, que consolidan la acción colectiva, se daría en torno a preferencias criminales, destructivas y frente a expectativas de obtener ingresos cuantiosos por la vía más rápida. El capital social perverso generado por la corrupción estaría fomentando “la mera transferencia de rentas, la especulación, la proliferación de intermediarios, la informalidad, la ilegalidad, e incluso, el despilfarro y la depredación de los bienes públicos” (Mockus Y Cante, 2002: 147).

No obstante, una vez iniciada la acción colectiva soportada en este tipo de capital social, es altamente probable que algunos de los miembros del grupo actúen de manera oportunista. Esto es así, porque aquellos que están dispuestos a ejecutar actos corruptos perderán la capacidad de comprometerse con la honestidad y la cooperación incondicional, por lo que siempre habrá la oportunidad de traicionarse entre si. Esto implica que la única forma contra la corrupción es que haya incentivos para hacer caer a los otros. “Pie Invisible” Hipótesis 10.

El no proporcionar los incentivos suficientes para que se consolide un capital social basado en las relaciones de reciprocidad, confianza y reputación dentro de la negociación corrupta, podría repercutir en el fracaso de ésta. Condiciones como la racionalidad de los individuos, la incertidumbre y la ausencia de instituciones legales que regulen y monitoreen la transacción ilegal, hace que los actores corruptos no puedan mantener promesas creíbles de reciprocidad (cooperación) con sus socios. La reciprocidad negativa, puede ser particularmente relevante cuando se presentan conflictos entre los socios, es decir, cuando no se han respetado las condiciones iniciales del contrato; cuando hay presiones de terceras partes, quienes a partir de distintos incentivos70buscan obtener información o sabotear la transacción; y cuando alguna de la partes se ha comportado de manera oportunista.

En este sentido, los actores que participan en los intercambios corruptos, enfrentarán tareas desafiantes en términos de la negociación y los arreglos que se establecen, puesto que cada parte buscará siempre obtener los mayores beneficios prometidos. De esta forma, durante la negociación las partes estarán siempre tentadas a traicionarse entre si. Tal traición,

desde el punto de vista de la sociedad, puede constituirse en algo positivo, en la medida en que asegura que la corrupción se convierta en un negocio problemático, donde los participantes potenciales se convenzan que resulta demasiado costoso involucrarse en tratos corruptos y por tanto les resulte mejor abstenerse de hacerlo. Es decir, debido a que las partes involucradas (sobornadores y sobornados) se han encerrado en una dependencia mutua, y donde el arreglo corrupto ha tenido un impacto vinculante sobre los socios aún después del cumplimiento del contrato, existirá la amenaza71 potencial de denuncia del arreglo corrupto y de extorsión que está latente entre los socios.

Este tipo de oportunismo (no cooperación) es positivo en la medida que obstaculiza los tratos ilegales entre actores corruptos y obstaculiza futuras transacciones provechosas para las partes. Por este motivo, de acuerdo con Lambsdorff, el mecanismo del “pie invisible”72 se constituye en la única receta contra la corrupción y la única reforma capaz de combatir este problema, ya que plantea que debido a la capacidad de traición existente entre los actores corruptos, siempre habrá incentivos suficientes para no cooperar y traicionarse entre sí.