una sociedad dura. Esposas de presidentes sudamericanos, sus vidas se desarro- llan en la segunda mitad del siglo en momentos paralelos, dentro de las convul- sionadas coyunturas políticas de cada país que las llevan al exilio, mientras cumplían el rol de sumisas cónyuges de militares. La venezolana Ana Teresa de Ibarra (1846-1924?) y la peruana Magdalena Ugarteche (1842-1917) tienen expe- riencias vivenciales semejantes como madres de una numerosa familia donde la mortandad infantil, sin distinguir clase, convive indiferente a los avatares diarios; asimismo, son aparentes cómplices y agentes pasivas de las aventuras bélicas de sus consortes cuyos actos marcan los destinos de sus respectivos países cuando las jóvenes naciones fijan límites fronterizos, discuten con guerras internas el poder o luchan contra invasores extranjeros interesados en apropiarse de sus riquezas. A miles de kilómetros de distancia, una al sur con la mirada al Pacífico y la otra al norte hacia el Atlántico, es probable que Magdalena supiera de Ana Teresa y viceversa por referencias nacidas del alto nivel jerár- quico. O tal vez se conocieron en París, donde ambas vivieron y coincidieron al finalizar la centuria decimonónica para acompañar, una vez más, al marido en sus últimos momentos.
Nacidas en el seno de reconocidas familias de elevado estatus social, Magda- lena y Ana Teresa despiertan nuestro interés a través de sus respectivos retratos pictóricos de cuerpo entero y gran formato, elaborados por importantes artistas del momento radicados en París. Ambas obras, pensadas para quedar dentro del entorno familiar, no pretendían enviar mensajes políticos ni ser observadas por el público. Eran íntimas, intimidad que a la fecha no han perdido, pues si bien Magdalena Ugarteche forma parte del patrimonio del Museo de Arte de Lima, permanece oculta en la bodega, en tanto Ana Teresa continúa en el seno de una colección privada.
2. La esposa sumisa: Magdalena Ugarteche
María Magdalena Dolores Ugarteche Gutiérrez de Cosío nace en la ciudad de Arequipa, Perú, el 20 de mayo de 1842, hija de Juan Antonio Ugarteche y Jose- fina Gutiérrez de Cosío, en un hogar pudiente conformado por cuatro hermanos, dos hombres: Manuel y Pedro y dos mujeres: Josefa y Magdalena.
El mismo día de su nacimiento es bautizada en el Sagrario siendo sus padrinos el canónigo Mateo Joaquín de Cosío y María Magdalena de Cosío, de quien hereda el nombre. Ambos dirigen la educación tradicional de la pequeña, la cual fue confiada en las manos de monjas que le enseñan, según la costumbre de la época, bordado, tejido y fina repostería arequipeña (Vegas 2002:195-197), para prepararla como buena madre y esposa. Esbelta, gentil, bella y distinguida.
Era alta cimbreña, de formas estilizadas; el rostro ovalado y moreno claro con hermosos ojos rasgados y soñadores y una boca de perfecto dibujo. Profusa y negrísima cabellera lucíase sobre la altiva cabeza.
Sus maneras eran suaves y elegante su porte; y malgrado la dulzura y suavidad de su trato, poseía un carácter firme y pleno de entereza (Vegas 2002:197). Para 1864 arriba por segunda vez en calidad de prefecto del departamento el coronel Mariano Ignacio Prado a la ciudad de Arequipa.1 La tradición familiar
1. Mariano Ignacio Prado Ochoa Tafur nace en Huánuco, Perú, el 18 de diciembre de 1826. Fallece en París el 5 de mayo de 1901. Soltero, en ese momento ya tenía dos hijos hombres, importantes héroes para la historia del Perú durante la Guerra del Pacífico: Leoncio Prado Gutiérrez, nacido en Huánuco en 1853 y fallecido en la batalla de Huamachuco en 1883, hijo de María Avelina Gutiérrez; y Grocio Prado Linares, nacido en Chincha Alta en 1857 y fallecido en Tarapacá en 1880, hijo de Casilda Linares. Mariano Ignacio había ocupado el cargo de prefecto de Arequipa por primera vez del 4 de junio de 1858 al 9 de abril de 1859.
Fig. 1.Doña Magdalena Ugarteche de Prado. Óleo
ƐŽďƌĞƚĞůĂ͕ϮϵϮdžϭϯϮĐŵ͘ŽůĞĐĐŝſŶĚĞůDƵƐĞŽĚĞ Arte de Lima.
relata que un día paseándose por la calle San Francisco cruza su mirada con la de Magdalena asomada a una de las ventanas de su casa, importante mansión de la ciudad; prendado el coronel Prado, y aprovechando la amistad nacida en la milicia que lo une con el jefe de familia, comienza a frecuentar la mansión de los Ugarteche. Después de un corto romance, se acuerda la boda para el 26 de noviembre de 1864; en medio de un gran boato correspondiente al estatus social de la novia y político-militar por parte del novio, se realiza la ceremonia religiosa seguida de espléndido sarao en casa de la desposada (Vegas 2002:199-200).
La agitada vida política de Prado se incentiva a fines de febrero de 1865 cuando se ve obligado a viajar hacia Lima a raíz del nefasto Tratado Vivanco-
Pareja del gobierno de Pezet según el cual el Perú debía indemnizar a España
con 3 000 000 pesos, además de admitir a un comisario regio. El historiador Pablo Macera comenta que el pueblo reacciona con rechazo general al gobierno, abiertas manifestaciones y sublevaciones.
La dirección del movimiento no fue asumida por un general sino por un joven oficial, el coronel Mariano Ignacio Prado, prefecto de Arequipa. […] La guerra civil fue inevitable. Diez mil hombres de la revolución restauradora y ocho mil hombres de Pezet se enfrentaron a las puertas de Lima. Lima fue tomada por los revolucionarios y Prado fue proclamado Dictador en Noviembre de 1865 (Macera 1975:174).
Magdalena se encontraba en su primer embarazo, de los once hijos vivos nacidos en el matrimonio: cinco mujeres y seis hombres.2 Después de dar a luz
a Quintina se dirige a Lima para reunirse con su marido, ya presidente como dictador, en el palacio de gobierno a fin de continuar con la tarea social que desempeñaba en Arequipa como esposa del prefecto.
En la guerra que España le declara a Chile (setiembre de 1865) el Perú se soli- dariza con el país del sur; luego de firmar alianza, junto a Ecuador y Bolivia forman una escuadra cuádruple. Después de bloquear y bombardear el puerto
2. Quintina Prado y Ugarteche nace en Arequipa el 30 de octubre de 1865; fallece en Lima en julio de 1866 a los nueve meses de edad. Delfina Prado y Ugarteche nace el 24 de diciembre de 1868; fallece en junio de 1869 a los seis meses de edad. Mariano Ignacio Prado y Ugarteche nace el 9 de agosto de 1870; fallece en Lima el 25 de marzo de 1946. Javier Prado y Ugarteche nace el 3 de diciembre 3 de 1871; fallece en Lima el 25 de junio de 1921. Enrique Prado y Ugarteche nace en Lima el 30 de julio de 1874 y fallece en Lima en 1876 a la edad de dos años. Josefina Prado y Ugarteche nace en Lima el 9 de diciembre de 1878; fallece en 1881 a la edad de tres años. Max Prado y Ugarteche nace aproxima- damente en 1879; fallece en Perú el 4 de enero de 1904. María Magdalena Juliana Prado y Ugarteche nace en Lima en 187?; fallece en Lima el 18 de diciembre de 1950. Rosa Luisa Prado y Ugarteche nace aproximadamente en 1878; fallece en Lima el 14 de octubre de 1931. Manuel Carlos Antonio Prado y Ugarteche nace en Lima el 21 de abril de 1889; fallece en París el 14 de agosto de 1967 (Guía negro
social 1956: 49-50). Jorge Antonio Prado y Ugarteche fallece en Lima el 29 de julio de 1970 (Ugarteche
de Prado, Expedientes sucesorios 1591). Once hijos: cinco mujeres (tres mueren muy niñas) y 6 hombres (Enrique muere de dos años y Max fallece joven). Los nombres de los hijos obedecen a una relación de estrecho parentesco, como era la costumbre; por ejemplo Quintina era tía paterna y madrina de bodas de Magdalena; Josefina era el nombre de su madre y hermana; Manuel el de su hermano; María Magdalena, el de ella misma y de su madrina; Mariano Ignacio, el de su marido.
chileno de Valparaíso (31 de marzo de 1866) la escuadra española se dirige al Callao (Macera 1975:174). En esta caótica situación Magdalena, junto a otras señoras, organiza un frente económico y asistencial para la población y los fami- liares que pudieran salir damnificados. Asimismo, prepara vendas empleadas para socorrer a los heridos y enfermos de la guerra (Vegas 2002:199-201). El 1º de mayo se dirige al Callao: “A las 5 de la tarde de hoy, partió el tren en el que viajó la digna esposa del Jefe Supremo, acompañada de varias señoras; iban a los hospitales de sangre” (Prieto s/f:493).
El combate se desata el 2 de mayo durante seis horas, con el triunfo peruano y el retiro español. Magdalena “recorre personalmente las ambulancias en compañía de las demás distinguidas damas que constituyen, bajo su dirección, la comisión de socorro, y recibe a su paso la gratitud y el aplauso populares, pero ella no se envanece…” (Vegas 2002:199-201).
En su honor la sociedad limeña organiza una gran fiesta, a la cual declina con palabras discretas; a cambio solicita los diez mil pesos previsto para ese gasto con la finalidad de socorrer en forma equitativa a aquellas personas que como “consecuencia de la guerra se hallan sumidas en la orfandad y la miseria” (Vegas 2002:199-201).
En medio de estos acontecimientos tan dolorosos para el país, Magdalena sufre un duro golpe emocional, en junio pierde a su pequeña hijita de nueve meses (Guía negro social 1956:49).
Mientras el triunfo político, diplomático y militar le cuesta un precio muy alto al país, pues significa el empobrecimiento, aumento de la deuda externa y mayor poder a favor de los consignatarios, Prado es proclamado presidente por el congreso en agosto de 1867. A las pocas semanas se inician levantamientos indígenas en el sur en rechazo a las reformas fiscales del ministro Pardo que incluían contribuciones indígenas a las cuales se suma el problema de fondo: la explotación social y económica de los indios (Macera 1975:175-176). Entonces, Prado, ante el descontento, dimite el 5 de enero de 1868, y el 10 del mencionado mes se embarca a Chile, donde inicia su segundo exilio; permanece allí hasta 1872.3
Instalada en una quinta a las afueras de la ciudad de Santiago, Magdalena da a luz el 24 de diciembre de 1868 a su segunda hija, la pequeña Delfina que solo vive seis meses. Para sustentar a la familia, el esposo se dedica “a la indus- tria del carbón de piedra en Carampangue. Explotando esos ricos yacimientos de carbón fósil, adquirió una fortuna que le ha permitido viajar por Europa” (Figueroa 1900:183).
En 1870 nace su hijo Mariano Ignacio y al año siguiente Javier. De regreso a Perú, en abril de 1873 el congreso aprueba el ascenso de Prado a general de brigada y en las elecciones de 1874 es elegido diputado por Cañete, mientras Magdalena da a luz a Enrique. En 1876 con el apoyo popular es elegido presi- dente del Perú; antes de asumir el cargo viaja como ministro comisionado por el gobierno de Balta a Londres para negociar un problema de hacienda (Basadre 1983:V, 247-250), en tanto su esposa permanece en Lima al cuidado de los niños, uno de los cuales, Enrique de dos años, fallece.
Sin haber asumido aún el mando presidencial, es probable que durante este viaje a Europa, Prado encargue la pareja de retratos de cuerpo entero de gran magnitud de él y de Magdalena al pintor francés Eduardo Vienot Morisset, que a decir por las firmas son finalizados en París en 1877. Vienot por ese tiempo realiza varios retratos a diversas personalidades latinoamericanas, obras hoy dispersas en museos y colecciones.
El retrato catalogado como Doña Magdalena Ugarteche de Prado4 pertenece al
género cortesano, usual entre las altas autoridades gubernamentales europeas, en cierto sentido una manera de afirmar el poder encomendado. Con seguridad don Mariano pasa por el taller del artista para el cual posa por lo menos una vez y deja un retrato fotográfico de Magdalena para captar el rostro; lo demás el artista lo resuelve con el uso de maniquíes vestidos, escogidos para la ocasión.
De pie, en el interior de una habitación carente de los tradicionales símbolos de poder, Magdalena viste un claro traje ceñido gracias al corsé según la moda impuesta por el famoso modisto inglés radicado en París, Charles Frederick Worth; de falda abultada hacia atrás, menor que en años precedentes, con sorpren- dente larga cola, amplio escote, cabello rizado recogido, el atuendo es adornado por flores (Laver 1997:195). Luciendo sobrias joyas, su figura se contrasta por la claridad del vestido frente a las medias tintas neutras del entorno que la enmarca.
Al iniciar su segundo gobierno, Prado, junto a Magdalena y sus hijos Mariano y Javier, retorna a la casa de gobierno, como su residencia oficial, donde nacen Josefina, María y Max.
La firma secreta de la Confederación Perú-Boliviana y los intereses econó- micos chilenos sobre el salitre y guano peruano impulsan a Chile a declarar la guerra al Perú el 5 de abril de 1879. Prado se traslada de inmediato al sur para ponerse al frente de las operaciones militares. Para las mujeres peruanas la primera prioridad de sus inquietudes en esta guerra eran las ambulancias totalmente equipadas y los “implementos que iban a servir a los cuerpos de voluntarios cívicos organizados para la defensa de todo el país”. Las donaciones
4. Óleo sobre tela, 292 x 132 cm. Junto al de su esposo forma parte de la colección del Museo de Arte de Lima.
estaban agrupadas en la Comisión Central de Donativos para la Guerra siendo Magdalena, junto a monseñor Roca y Boloña, la responsable. Ese año de 1879 un numeroso grupo de damas, también bajo la dirección de Magdalena, organiza una gigantesca tómbola con boletos vendidos en todo el país, para conseguir fondos a fin de sufragar en parte los gastos de la guerra o la ayuda a favor de viudas, huérfanos y heridos. Las señoras obsequian diferentes objetos que iban desde pulseras de oro, cuadros, cajas de marfil, tarjeteros, cojines, pañuelos bordados, por solo mencionar algunos. La misma Magdalena dona “un aparato de plaqué con dos rociadores de porcelana celeste con esmalte y una polvera.” (Prieto s/f:521, 550 y 552).
Los desastres bélicos obligan al presidente Prado a retornar a Lima a fines de noviembre, donde determina viajar a Estados Unidos y Europa para comprar armas, empresa que emprende el 18 de diciembre. En el país deja a su esposa e hijos a la espera. Acusado de irresponsable y argumentando robo a la hacienda pública, Nicolás de Piérola lo derroca a los pocos días (Basadre 1983:VI, 137-145), llegando incluso a privarlo de sus derechos ciudadanos y borrarlo del escalafón, disposición derogada en 1886 (Tauro del Pino 2001:2119). Prado permanece un tiempo en Nueva York para luego marchar a Europa (Figueroa 1900:183).
Magdalena acompañada de sus hijos afronta sola la situación con firme carácter. Como residencia toma la casa situada en la esquina de Beytia y Estu- dios, en donde recibe a amigos y familiares; en ella fallece su pequeña Josefina en 1881 cuando contaba con tres años. Con posterioridad se cambia al inmueble ubicado en la calle General La Fuente donde, en 1887, recibe a su marido deci- dido a mantenerse al margen de la actividad pública. Allí nace el último vástago, Manuel (1889), quien en el siglo XX asume la presidencia del país en dos oportu- nidades.5
En 1899, después del matrimonio de su hijos María (setiembre) y Mariano Ignacio (noviembre), Magdalena acompaña a su esposo a Europa por razones de salud. En París, Mariano Prado fallece el 5 de mayo de 1901. Entonces ella repatria los restos que más tarde los hace enterrar en un magnífico mausoleo mandado a erigir en el cementerio Presbítero Maestro de Lima y adonde, además, reúne los de sus cinco hijos6 que le anteceden en la muerte.
Cansada, se retira a vivir a la residencia de su hija María en el distrito de Chorrillos. Allí, el 4 de enero de 1904, la sorprende la muerte, en un accidente laboral, de su hijo Max, joven ingeniero.
Magdalena pasa los últimos años de su vida en medio de la lectura y sus prác- ticas piadosas. Debilitada por la edad, fallece intestada a las ocho de la noche, el 9 de agosto de 1917 (Ugarteche de Prado, Expedientes sucesorios 1591). Luego
5. Primer periodo: 1939-1945; segundo periodo: 1956-1962.
del velatorio sus restos son trasladados en el tren que une Chorrillos con Lima; presidida en el duelo por sus hijos Javier, Mariano Ignacio, Jorge y Manuel, es acompañada además de otros deudos, amigos y altas autoridades que ocupan cuatro vagones, para ser enterrada en el mausoleo familiar (El Comercio 1917).
Magdalena Ugarteche, constructora de una extensa red familiar que tendría a través de los hombres un importante rol en la política y economía nacional, forma parte del grupo de aquellas típicas mujeres del siglo XIX educadas para ser esposa modelo, solícita, caritativa, sin temor a envejecer, pues ha dedicado su vida a la familia. A pesar de todas las adversidades personales generadas por la pérdida de cinco hijos, a las que se suman aquellas arrastradas por el quehacer de su esposo que la lleva a largos exilios, sabe guardar la honra de estar recluida en el hogar, “su reino”, con inexistente perfil político, ni siquiera insinuado en su magnífico retrato.
A pesar de haber sido esposa y madre de presidentes, para escribir acerca de Magdalena Ugarteche se tiene que rastrear a profundidad la vida de su marido e hijos en busca de algún pequeño dato pues no ha llegado a nuestras manos, aunque sea solo por referencia, su epistolario, que no dudamos debe de haber existido y nos habría permitido saber al menos qué pensaba.
3. La esposa incondicional: Ana Teresa de Ibarra y Urbaneja
Del matrimonio habido en setiembre de 1844 entre el general Andrés de Ibarra y Rodríguez del Toro y de doña Anastasia Urbaneja y Álvarez Barba, una de las más importantes uniones de la alta burguesía venezolana, nacen seis hijos: dos hombres, Roberto Belfort y Andrés Simón, y cuatro mujeres, Anastasia, Ana Teresa, María y Emilia (Ramón 1980:9). Ana Teresa, bautizada con el nombre de su abuela paterna, ve la luz en 1846 (Esteva 1986:13). “Era de las más bellas muchachas de Caracas, de ilustre familia próspera, de fuerte y severo carácter” (Boulton 1996:85), aunque otras fuentes señalan que si bien era de buena familia sobrada en abolengo, estaba escasa de fortuna. Es educada en un colegio de señoritas bajo el mando de la pedagoga Antonia Steller Camacho Clemente y Bolívar, esmerada en la moral a través de la Doctrina Cristiana del Padre Ripalda y el Manual de Urbanidad y Buenas Maneras de Carreño (Esteva 1986:13-14).
Siendo aún muy joven Ana Teresa se enamora y compromete con uno de los más importantes hombres del país, no solo por su poder económico —es uno de los siete venezolanos más ricos–, sino por su amplia experiencia dentro de la administración pública y política, además de su gran talento organizador: el general Antonio Guzmán Blanco,7 considerado como “gobernante grosero y polí-
7. Había nacido el 20 de febrero de 1829 en Caracas; muere en París el 28 de julio de 1899. Tuvo al menos dos hijos fuera del matrimonio; uno con Adelaide Senor, Olimpio Senor (nacido en 1880). Los rumores señalan que tuvo más.