CAPÍTULO 2. MARCO TEÓRICO
2.4 La Narrativa y la Identidad Profesional de los Profesores
2.4.4 La narrativa y la construcción de la identidad profesional docente
Al entender la relevancia de la narrativa en la educación, y, más concretamente, en la
práctica docente, se hace más viable llegar a explicar como a través de este recurso es posible la configuración –y reconstrucción-, de la identidad profesional de los profesores. Bolívar et al.
(2004) señalan que:
La entrevista biográfico-narrativa es un medio privilegiado para delinear la identidad profesional, en su dimensión más individual. En un proceso en colaboración de auto análisis asistido, porque supone reconstruir la historia y vivencias profesionales de forma que, en una comunidad de lenguaje, permitan leer la realidad y construir la
identidad en el relato. Las personas construyen su identidad individual haciendo un autor relato, que no es sólo recuerdo del pasado sino un modo de recrearlo en un intento de descubrir un sentido e inventar el yo, que pueda ser socialmente reconocible. Supone un ejercicio reflexivo de auto descubrimiento del significado que han tenido los
acontecimientos y experiencias que han jalonado la vida y la vivencia actual del ejercicio de la profesión.
A favor de la narrativa con su enfoque interpretativo por sobre la epistemología, con su
énfasis en las reglas, los mismos Bolívar et al. (2004) destacan que:
Si bien la metodología cuantitativa puede contribuir a dibujar descriptivamente un mapa del grupo investigado o a clasificar a los sujetos según su ciclo de vida o grupo
profesional, se precisa emplear, complementariamente, estrategias cualitativas que profundicen en las construcciones y vivencias de la identidad y reflejen las singularidades de las trayectorias de vida (p. 5 ).
Dubar (citado por Bolívar et al., 2004), uno de los más reconocidos especialistas en la identidad profesional, menciona que los procesos para la configuración de ésta siguen dos
vertientes; la subjetiva, que expresan los mundos sociales vividos por los sujetos y la trayectoria objetiva, entendida ésta como las posiciones sociales que los sujetos ocupan en la vida,
enlazando así la biografía individual en un marco estructural más amplio, lo cual permite comprender a las identidades profesionales, tanto como procesos biográficos y
Bolívar et al. (2004), además amplían sus argumentos destacando el carácter altamente
interactivo que tiene la construcción del yo profesional, admitiendo que éste es configurado, no solo por las características que el docente reconoce en sí mismo, sino por el reconocimiento que otros efectúan de esas características. Ambos aspectos, el auto reconocimiento personal y
la confirmación social, hacen emerger la esencia de la identidad docente. Este autor establece entonces que “la identidad personal se configura, como una transacción recíproca (objetiva y subjetiva), entre la identidad atribuida por otros y la identidad asumida” (p 2).
Sobre este mismo proceso de construcción identitaria, Cattonar (citado por Bolívar et al., 2004) afirma que:
…la identidad profesional es tanto la experiencia personal como el papel que le es reconocido en una sociedad. De este modo, la identidad profesional se configura como el espacio común compartido entre el individuo, su entorno profesional y social y la
institución donde trabaja. La identidad profesional se sitúa entre la identidad "social" y la "personal". La identidad social es un modo de definición social del individuo, que le permite situarse en el sistema social y ser identificado por otros, en una relación de identificación y de diferenciación. Las identidades profesionales se definen, como una construcción compuesta, a la vez, de la adhesión a unos modelos profesionales, resultado de un proceso biográfico continuo y de unos procesos relacionales. Son, por tanto, un modo de definirse y ser definido como poseyendo determinadas características, en parte idénticas a otros y en parte diferentes a otros miembros del grupo ocupacional. (p. 3 y 4)
Los procesos relacionales mencionados, profundamente humanos, son dinámicos, por lo
que están en constante reconfiguración; además, están insertos en un contexto cultural
específico que delimita las prácticas de los agentes sociales implicados, por lo que la narrativa,
con su carácter interpretativo, es singularmente apta para lograr una aproximación conceptual que permita explicarlos.
Como conclusión de este apartado es destacable el hecho de que, al relatar lo que es la
que ésta puede llegar a ser. Al contar historias acerca de la enseñanza y los agentes que la posibilitan, se hace siempre algo más que registrar el surgimiento de prácticas; se alteran y se
participa, para bien o para mal, en su evolución. Por tanto, en la medida en que se cuentan
historias acerca de la enseñanza –y sobre los enseñantes-, la investigación sobre ella está inevitablemente orientada a la modificación de las maneras de pensar y de actuar de los
docentes, ya que contribuye a introducir cambios en los lenguajes que constituyen sus prácticas.
Mc Ewan y Egan (2005), ilustran estéticamente esta situación al expresar que la
narrativa en la enseñanza se conduce con la esperanza de lo que se quiere que las personas
sean, más allá de lo que se espera que éstas sepan. Así entonces, la narrativa puede ser un elemento que lleve a la construcción de una identidad docente, un yo profesional, que sea capaz de responder a las más altas expectativas personales de los maestros, así como a la de la sociedad a la que éstos sirven.