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2. Investigación documental

4.1 Análisis de la percepción y valoración de la ejecución penal por parte de jóvenes privados

4.1.1 Narrativa # 1 Estamos en “la prensa”

Christie (1988) sostiene la pertinencia de acercarse a quienes están en la cárcel para conocer sus vivencias y desde ahí construir un nuevo saber, ya que atenerse únicamente a lo que dicen algunos libros o ciertas disciplinas académicas resulta insuficiente. En ello radica la pertinencia de esta narrativa en donde los jóvenes hicieron alusión a múltiples signos del entorno carcelario que sirven de recordatorio que están privados de libertad pero también:

a) del crecimiento y desarrollo personal porque la rutina resulta poco estimulante y les lleva a percibir que desperdician sus vidas,

b) del desarrollo y fortalecimiento de vínculos así como del disfrute pleno de la afectividad y la sexualidad, ya que el encierro implica cierta ruptura con el afuera y para mantener contacto con sus parejas, familias o amistades deben ajustarse al tiempo reglamentario para el uso de los teléfonos y requieren del beneplácito de la institución para que sean visitados,

c) de un ambiente que favorezca su bienestar, puesto que la arquitectura contribuye a que la estancia se vuelva más pesada ya no sólo habitando ciertos espacios como bochos sino también con las mallas y rejas que ven por doquier y coartan su capacidad creativa, sus deseos y sueños,

d) de la posibilidad de contar con espacios de privacidad, ya que constantemente están en contacto con otros y son sujetos a requisas y

e) de una alimentación sana y nutritiva.

Destaco también el lugar que ocupa el paso del tiempo en este contexto y que los lleva a estar pendientes de los minutos, horas, días, semanas y años pero a la vez de

56 Se optó por emplear una tabla que permite sintetizar la información más relevante tal como se aprecia a partir de la página 115.

hacer todo lo posible por desconectarse de lo anterior. Sobre todo porque cada día en la cárcel tal como manifestaron despijea, oxida y prensa.

En este contexto es usual la presencia de conflictos que la mayoría de las veces no se comunican al personal penitenciario. Las razones por las cuales sucede esto son diversas y considero que su edad incide en ello. En esta etapa del desarrollo, hay una tendencia a no revelar algunas cosas a otras personas adultas y por ende, a resguardarse y confiar en los pares.

Pero también evidencia la estereotipia que se instala para normar la vida en encierro porque la cárcel no estimula relaciones de confianza, razón por la cual el personal no fue considerado como soporte en la resolución de esos eventos sino todo lo contrario (Goffman, 1998).

Además, los jóvenes activaron otros modos para la gestión de conflictos y si a algo se deben es a las pautas convivenciales, tanto explícitas como implícitas, que orientan sus actuaciones. Y es a los líderes de cada sección a quienes corresponde resolver los altercados y definir qué debe y qué no debe comunicarse.

El silencio es altamente valorado y todo aquello que atente contra la estabilidad grupal es leído como una traición y conlleva represalias. De esta manera se instala una alta dependencia hacia los líderes porque son quienes tienen la potestad de definir su porvenir.

Allí percibo la importancia de la prisionización porque de una u otra manera funge como salvaguarda de su integridad. Pero ¿a qué costo? porque algunos jóvenes refirieron haber sido lastimados porque el líder de otra sección así lo decidió, entonces ya no sólo el contexto carcelario o el personal penitenciario prensa sino que ellos terminan reproduciendo en sus interacciones lo anterior. Como se aprecia la lógica premio-castigo, las vinculaciones caracterizadas por la verticalidad, el sometimiento, las violencias y el peligro permanente están a la orden del día (Masís, 2017; Araya, 2016; Alvarado y Ortiz, 2015 y Valverde, 1997).

Todo lo descrito me lleva a retomar la pregunta planteada en páginas anteriores acerca de la relación entre el cumplimiento de la condena y la aplicación cotidiana de sufrimiento. Sobre este punto Rivera (2017) menciona:

Siendo una institución total, ella conlleva también otras miles aflicciones, dependiendo inevitablemente de cada cárcel, o de cada preso, y sobre todo,

aquéllas no son previsibles ni prevenibles legalmente como pretendería su modelo ideal (pp. 22-23).

Volver la mirada a esas aflicciones resulta crucial porque muestran otra cara de la cárcel y aquí hago alusión a los fundamentos mismos de esta institución nacida para secuestrar, segregar y controlar a ciertos grupos (Platt, 2014; Bergalli, 1998; Foucault, 1996) y que provoca nada menos que “el dolor que detiene el crecimiento, el dolor que retrasa” (Christie, 1988, p. 14).

4.1.2 Narrativa # 2 Hay que terapiarse

Esta narrativa puso el acento en diversas estrategias que despliegan los jóvenes para amortiguar el malestar que conlleva la estancia en el centro penal y es al reconocer lo anterior que conviene preguntarse ¿a qué costo se salen del canazo?

Las drogas en este contexto alivianan la pena impuesta, de ahí que su consumo regular y en altas dosis sea ansiado. Lo anterior se halla en sintonía con una investigación hecha tanto en este centro penal como en el CFJZ en la que se encontró que “es una práctica usual entre la población, guardar varias dosis diarias de medicamentos con la finalidad de tomárselos en una sola oportunidad y así tener un efecto mayor, y permanecer bajo los efectos de las drogas” (MNPT, 2013, p. 23).

Su ausencia, ya sea de marihuana o pastillas, ya no sólo dificulta la cotidianidad sino que facilita la comisión de delitos, según comunicaron los jóvenes, porque las emociones negativas están a flor de piel y tener consciencia de la privación de libertar los frustra y entristece.

De manera que dirigir la atención a sus cuerpos y a lo que genera gratificaciones inmediatas resulta central para desconectarse de una realidad que produce “un sufrimiento constante” (García-Borés, 2003, p. 21). Como se aprecia esta es una de las estrategias adaptativas, específicamente hago alusión a la regresión situacional, que emplean (Goffman, 1998).

Las peleas y las autolesiones también permiten poner la mirada en otro lugar entonces producir daño a otros o dirigirlo hacia ellos zarandea un dolor que consideran más intenso: ser jóvenes privados de libertad. Al respecto el MNPT (2013) manifestó “Las autolesiones o automutilaciones son una de las formas de violencia más comunes dentro del programa penal juvenil” (p. 24). En mi investigación los jóvenes que habitan bochos relataron lo anterior y esto me llevó a estimar que a mayor rigidez carcelaria parecían acentuarse prácticas destructivas para salirse de la “prensa”.

Pero así como expresaron que echaban mano de esas estrategias, en todos los encuentros grupales los participantes recalcaron que era de gran apoyo la comunicación con el exterior, el compañerismo, la recreación, la expresión artística y la formación educativa, técnica y profesional. Precisamente por lo anterior deseaban tener acceso a más espacios como esos para canalizar sus emociones, acumular aprendizajes y hacer más llevadera su cotidianidad.

Peraza (2006) enfatizó en la necesidad de contar, dentro del PNAPPJ, con una oferta de actividades más amplia y que esta se construyera partiendo de los intereses y gustos de la población meta. Esto favorecería que esos otros caminos-consumo de drogas, autolesiones, peleas- dejen de ser percibidos como los más efectivos para transitar por este espacio.

Por eso resulta urgente fortalecer esas formas de catarsis a las que hicieron alusión los jóvenes sobre todo porque están en sintonía con el cuido de sí y el co-cuido. Sólo así se logrará mitigar la degradación que conlleva el encierro y hacer contrapeso frente a la tensión psíquica que afrontan todos los días (Goffman, 1998; García-Borés, 1995).

4.1.3 Narrativa # 3 La cárcel nos prepara para el conflicto penal

En esta narrativa se retoma la pregunta ¿se les prepara para el egreso? ya que se espera que el paso por la cárcel contribuya a la producción de una versión mejorada de ser humano. Desafortunadamente eso queda en una intención, en un deseo al que se aspira y que resulta de gran trascendencia que funja como norte, pero no se alcanza. De eso hablaron los jóvenes en reiteradas ocasiones.

La estancia en la cárcel favorece la asimilación de algunas estrategias que facilitan la sobrevivencia en ese espacio, pero que chocan con las habilidades y destrezas que se requieren para vivir en libertad. Una y otra vez mencionaron que la ejecución de la pena era ante todo un castigo que contribuye a la desocialización (García-Borés, 2003; Goffman, 1998 y García-Borés, 1995).

Es por eso que enfatizaron que la LESPJ puede decir cualquier cosa, pero la realidad les ha enseñado que el objetivo de la cárcel es hacerlos pagar con su tiempo o para ser más exacta con sus propias vidas la condena impuesta.

Esa distancia entre los objetivos declarados y los implícitos me llevó a considerar que el discurso rehabilitador sirve para justificar su existencia y es partiendo de quienes viven en carne propia la imposición de una sanción privativa de libertad que

es posible zarandear lo anterior (Masís, 2017; Alvarado y Ortiz, 2015; Rojas, 2013; Corrales y León, 2007; Goffman, 1998 y Bergalli, 1988).

Así como la cárcel no resocializa también fue plausible percibir que los jóvenes se endilgaban la responsabilidad que lo anterior no lo alcancen, ya que la capacidad de decidir qué camino tomar o sea la voluntad como amuleto contra la degradación carcelaria con frases como “cambia quien quiere” fue reiterada.

Lo anterior muestra también la vigencia de los postulados de la Escuela Liberal Clásica y su funcionalidad en ese espacio porque la atención se vuelca al individuo y queda en este la responsabilidad de gestarse otro (Baratta, 2009). Volver la mirada exclusivamente ahí resulta insuficiente y conlleva a la aceptación de la situación de encierro. Esta es otra de las estrategias que despliegan para adaptarse a la vida en la cárcel (Clemmer, 1958 citado en García-Borés, 2003 y Goffman, 1998).

Con ello no quiero obviar o minimizar la importancia que tiene la responsabilidad individual sino desvelar que con premisas como esas se tienden a invisibilizar todos aquellos factores que dificultan que el paso por la cárcel contribuya a gestar una vida exenta de conflicto penal y esto no es poca cosa.

4.2 Análisis de la percepción y valoración de la ejecución penal por parte del