La décimosexta partida ilus tró la habilidad, recién hallada por Spassky, de mantener a Fischer a una cierta distancia.
17. T4D Necesaria Naturalmente, no se
debía jugar : 17. T x P ? , T x P ; 1 8 . T x C ? ?, TSC + . 17. . • . TRIR Manteniedo el caballo en su fuerte posición en el centro. Por consiguiente, las blancas obligan
al cambio de una pieza con su siguiente movimiento.
1 8. C2D C x C 1 9. T x C
Ahora, las torres blancas se pue den mover mejor y tratar de pro teger los peones en el lado de la dama. El problema crucial es si las negras, con su iniciativa temporal, pueden impedir que las blancas consoliden su lado de la dama . De otra forma, las de bilidades de los peones negros podrían constituir una desventa ja peligrosa.
19. . . . TSR! La continuación consecuente tras el cambio de caballos. La torre ocupa el mismo cuadro. 19. . . . , A4R ; 20. T x P, . T x P ( o A x P ) ; 2 1 . T x T, A x T ; 22. T x P, sería favorable para las blancas. Las negras tienen que vender su peón SAD a un mej or precio .
20. P3CR
20. RlA no era posible a causa de 20 . ... , A x P! ( sería una captu
ra de diferente especie a la que vimos en la primera partida de la competición, pues si 2 1 . P3CR, entonces 2 1 . . . . , A x P). El movi
miento efectuado también arre bata el cuadro SAR al alfil ne gro, y acaba con las amenazas de mate en la hilera posterior de las blancas.
20. A4R
Si t:l rey blanco se acerca al cen tro, este movimiento no sería po sible más tarde.
21. T ( 1 ) 2A
Defendiendo· testarudamente los peones del lado de la dama.
21. . . . R2A
Poniendo en actividad al rey, y preparando una pequeña combi nación. Las blancas hacen lo mis mo con su rey, confiando en la poco agradable amenaza : 23. R3A.
22. R2C T x P!
Un repentino avance táctico. El punto es que si 23. T7D + , las ne gras tienen ahora una respuesta en R3R, atacando a la torre y manteniendo el equilibrio de las piezas. Lo bueno del movimien to de las negras es que dismi nuye también el número de peo nes blancos sin tener que jugar 22. P6A; 23. P x P, permitiendo así a las blancas una formación de peones más favorable.
2:l. R3A
La mejor solución. Después de : 23. T x T , P6A; 24. T7D + , R3R, las blancas estarían en peligro de perder.
23. . . . P6A
Liberando la quinta hilera para la torre. Ahora son inevitables las simplificaciones .
25. T x PD Todas obligadas .
25. . . . T
4
CSin torres , las blancas se senti rían mejor con su buen control de los cuadros blancos. Las blan cas recapturan el peón con su s i guiente movimiento.
26. T2A A3D
27. T x P T4TD
Manteniendo más activa a l a torre. P o r consiguiente, las blan cas deciden entrar en un final de partida de tablas con su si guiente oferta de intercambiar alfiles.
28. A4A T5T +
29. R
3
A T6T + 29. . . . , A x A; 30 . P x A, no cam- biaría en lo más mínimo la si- tuación.30. R4R T X PT 31. A X A P x A 32. T x PD T X P 33. T X P T x P
Las negras tienen un peón más, pero es una situación de tablas teórica, conocida incluso en los libros de enseñanza. Dos peones contra uno en el mismo lado no pueden ganar en el final de par tida de torre con un juego co rrecto.
( Ver diagrama. )
1 60
34.
R3Aevitando el peligro de que el rey blanco quedase aislado de los peones . E l resto de la partida es innecesario, y su único interés es su inusitada duración. 34. T7D 35. T7T + R3A 36. T6T + R2R 37. T7T + T2D 38. T2T R3R 39. R2C T2R 40. R3T R3A 41. T6T + T3R 42. T5T P3T 43. T2T R4A 44. T2A + R4C 45. T7A P3C 46. T4A P4T 47. T3A T3AR 48. T3T T3R 49. T3AR T5R 50. T3T R3T 51. T6T T4R 52. R4T T5R + 53. R3T T2R 54. R4T T4R 55. T6C R2C 56. T4C R3T 57. T6C T8R
58. T3R TST +
59. R2C TST
60. R3T T5T
¡Aceptadas tablas!
Llegados a este punto, habían transcurrido cinco horas de j ue go. El estadounidense había man tenido intacta su ventaj a por ter cera vez : 9 1 / 2 a 6 1/2 a favor de Fischer.
17
Cada partida res11ltó diferen t e, y la décimosept ima no fue
una excepción. Los expertos comen:.aron a disf ru ta_r, más que mmca, de la 1•ersa t ilidad de ambos ril'ales en la rica 1•ariedad de sist emas de apert11ra, y los
a
/ic
ionculos al ajedrez se sen t ían felicescon
la publicidad queest e
tomeo daba a su ama do j11ego.Y no obstante, los periodistas seg11ían preocupados. Por todo el m11ndo, millones de lectores estaban siguiendo las no ticias de ajedrez, pero muchos de ellos lo hacían por vez pri mera. No se les podía entretener únicamente con una descrip ción de lo que ocurría en el tablero. De t ratarse de la filma ción de una película, la receta hubiera sido simple: la actriz y el actor principales, durante el rodaje de la película, se ha llan tan maravillosos el uno al otro que, después, no pueden evitar el enamorarse. Pero nada de esto podía ser aplicado al torneo de ajedrez. Y los periodistas estaban asustados por el hecho ele que los immmerables mol fros ele q11e ja ele Fis
c/1er -porcen tajes, c:cí mc1ras, 1 1if1 0s, ruido, lwbit ac:ión ele
a
t rcis,filas ele asientos ele espec:tculores- llegaron a agotarse.
Pe ro 110 había ele c¡11é preocuparse. U n elelic:ioso malen ten
dielo s11r;.:ió en t re los e/os rivales, miadie1 1clo, exteriormen te,
sal a la sile11ciosa 111c:lra en el tablero. Causado ante la serie ele tablas, Fisclrer creia q11e el comportamient o est rictamen te ret raído e indiferem e de Spassky hacia tocio lo que oc11rr ía
alrecleclor ele la mesa de j11ego
era 1111 gesto
poco amistoso luu:ia el aspirante, que incesa
n t emen t e se preoc
11pal1a por lo ;.: ra r 1111as«C
ondicionesperfectas ».
Al m ismo t iempo, el ladosol'iét ic:o, hart o ele las pet ic:iones ele Fis
c
lwr, que se sucedíana pesar ele s11 1·e1 1taja en p11ntos, alegó que el aspirante había
im•en tculo 11n art ificio psi
c
ológico para « deseq11ilibrar» a su oponente.Mien t ras varios policías de uniforme pa trullaban la sala
de
j11ego
para obligar a mantener el silencio, t ras una amena:a de ret irarse efect uada por Fischer aquella maiiana, se hacía ptíblica una declaración escrita en inglés )' ruso )' f ir
mada por el lugarte
n
ien t e del campeón, el granmaes t ro E/
im Geller:« El Torneo del Campeonato Mundial de Ajedre:., que aho ra t iene lugar en Reykjavik, despierta gran interés en todas partes del
1111111do,
incluidos los Estados Unidos. El señor B. Spassky, los ot ros miem bros ele nues t ra delegación, y yo m ismo, hemos recibido numerosas cartas ele dfrersos países. Un gran número de las cartas aluden a algo desconocido an teriormen te en la historia del ajedrez: la posibilidad del uso de medios no ajedrecíst icos para in/ luenciar a mio de los par t icipan tes.»Se dice que los numerosos "antojos " del señor R. Fisclzer, sus pet iciones a los organizadores, sus constantes retrasos en los comienzos de las partidas, sus demandas de jugar en la habitación cerrada, sus protestas soterradas, etc., han estado deliberadamen te dirigidas a ejercer presión sobre su oponen t e, desequilib rando al seíior B. Spassky y haciéndole perder su espír i t u ele lucha.
»Co1 1siclero que el comportamiento del se1ior R. Fisclzer es ccm t rario al Acuerdo ele Amst erelam, que solicita
1111
compor ta1
11
ie11
to caballeresco por parte ele los compet ielores. Creo quelos árbit ros t ienen ya suficientes mot fros como para pedir que el sefwr R. Fisclrer cumpla con las n:glas ele la compet ición a este respecto. Además, esto debe ser llet·ado a cabo imnedia
tamen t e, ahora que la lucha se aproxima a
s11
estadio decisivo. »Hemos recibido cartas sugiriendo que podían lzaber sido usculos algunos aparat os electrónicos o substancias químicas en la sala ele juegos para i11/lue11ciar al seiior B. Spassky. Las cartas111en cim1l111, e11
especial, la silla del seiior R. Fis cher, y lai11/
/11e11ci
a de la i/11111i11ación especial sobre el est rado, que fue i11stalacla a pet ición del lado estadounidense. » Tocio es to p11ecle parecer fan tást ico, pero algunos fact ores