Desde mi punto de vista, se pueden aducir cuatro razones por las cuales se requiere de una lengua comprensible en los textos legales: la naturaleza de la ley como acto comunicativo, el tipo de destinatario al que se dirige, el derecho de este sujeto a recibir mensajes normativos inteligibles y la racionalidad de las disposiciones legales.
70Ibidem,p. 39.
71 Valadés, Diego, op. cit.,nota 62, p. 68. 72 Robles, Gregorio, op. cit., nota 1, p. 125.
32 Naturaleza de la ley como acto comunicativo
Gregorio Robles arguye que el derecho es un medio de comunicación que organiza a la sociedad a través de la verbalización de instituciones y de la expresión lingüística de contenidos normativos.73 Por tanto, si la ley es derecho, ésta también posee la misma
naturaleza comunicativa.74 No obstante, la presencia de esa característica se puede comprobar
empíricamente al verificar si tal clase de normas jurídicas se ajustan a los componentes esenciales de los actos comunicativos.
De acuerdo con Jakobson, éstos tienen seis elementos: un hablante o emisor, un mensaje, un oyente o receptor, un contexto, un código y un medio de contacto o canal.75 El
primero es la persona que emite el mensaje que se quiere comunicar; el segundo, la idea transmitida; el tercero, el sujeto a quien se envía; el cuarto, a lo que se refiere el mensaje; el quinto, los signos necesarios para elaborarlo, y el sexto, la forma a través de la cual el receptor lo recibe. Jakobson representa los componentes mencionados de la siguiente manera:76
La ley tiene un emisor: el legislador. El órgano legislativo es el encargado de elaborar estas normas jurídicas; tal facultad proviene, al menos en nuestro país, de lo ordenado en los artículos 50, 70 y 73 de la Constitución federal: el primero de los preceptos legales mencionados confiere la facultad creadora de los textos legales al Congreso, el segundo estatuye que las resoluciones emitidas por éste son leyes o decretos, y el tercero enuncia las materias que se deben regular por medio de esos ordenamientos legales.
73Idem.
74 La idea de que el derecho posee tal naturaleza también se encuentra en la redacción judicial: Miguel Ángel López Ruiz y Miguel Alejandro López Olvera al analizar las sentencias concluyen que son un medio de comunicación o acto comunicativo entre los jueces y las partes contendientes en un procedimiento jurisdiccional; por tanto, señalan que en su redacción se deben observar ciertas reglas para lograr una adecuada comunicación. López Ruiz, Miguel Ángel y López Olvera, Miguel Alejandro, op. cit.,nota 60, p. 11.
75 Jakobson, Roman, Lingüística y poética, 4a. ed., Madrid, Cátedra, 1988, p. 32. 76Idem.
Contexto
Hablante Mensaje Oyente
Contacto Código
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La ley posee un mensaje: las disposiciones normativas. Si se analizan los artículos de un texto legal, se encuentran enunciados como El juez podrá ordenar medidas cautelares; La mujer tienen derecho a una vida libre de violencia; El vendedor tiene derecho a recibir el precio del objeto vendido; A quien prive de la vida a otra persona, se le impondrá una pena de diez a veinte años de prisión; El patrón podrá proporcionar ayuda alimentaria a sus trabajadores a través de varios medios;etcétera. Es decir, la ley expresa una serie de mensajes destinados a autorizar o prohibir la realización de ciertas acciones.
La ley tiene un receptor: su destinatario. El legislador no formula porque sí las disposiciones legales, sino que las emite con el objeto de dirigirlas a un sujeto o sujetos determinados, los cuales deberán cumplirlas: éstos son los receptores del mensaje contenido en ellas. En los ejemplos del párrafo anterior, se observa con claridad que los enunciados normativos están destinados a varias personas: jueces, mujeres, vendedores, patrones, entre otros, quienes tienen la obligación de cumplirlos.
La ley usa un código: la lengua con que se elabora. Por ejemplo, el artículo 2 de la Ley General para la Igualdad entre Hombres y Mujeres dispone: Son principios rectores de la presente Ley [sic]: la igualdad, la no discriminación, la equidad y todos aquellos [sic] contenidos en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Como puede observarse, tal precepto legal se compone de signos de puntuación y de palabras con significados y categorías gramaticales diferentes, los cuales al unirse dieron lugar a oraciones; por lo que, se patentiza que este artículo se construyó utilizando componentes característicos de una lengua. Con lo anterior, se comprueba que los textos legales están elaborados con sustento en un código o sistema de signos escritos.
La ley posee un contexto: la materia a la que se refiere. En estas normas jurídicas, se pueden regular diversos aspectos: relaciones familiares, contratos, bienes, sanciones y penas por la comisión de delitos, comercio, energía, seguridad, biotecnología, informática, procedimientos jurisdiccionales, telecomunicaciones, etcétera. Las materias mencionadas son el contexto del mensaje normativo, las cuales ayudan a lograr su comprensión plena.
La ley utiliza un canal: el medio para publicarla o para ponerla en contacto con el destinatario. En nuestro país, el conducto a través del cual se da a conocer los textos legales emitidos por los órganos legislativos es el Diario Oficial de la Federación (para el caso de los federales) y las gacetas o periódicos oficiales (para los estatales o locales).
Con el ejercicio anterior, se observa que la ley se ajusta a todos los requisitos del acto comunicativo enunciados por Jakobson; por lo que, se comprueba que ésta posee tal carácter; consiguientemente, debe ser redactada con una lengua comprensible, ya que la esencia de este tipo de actos es ser entendibles: un texto legal con palabras o estructura sintáctica ininteligibles
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atentaría contra esa naturaleza. Además, esto permitirá que el legislador y el destinatario concurran en una relación comunicativa equilibrada, pues ambos tendrán un rol activo: el primero emitirá un mensaje normativo y el segundo lo entenderá sin problema alguno. Tal situación contribuirá a lograr, en mayor grado, la aceptación y el cumplimiento de esas normas jurídicas.
[…] Pero no es suficiente con la promulgación de la norma para que ésta cumpla su función, sino que además debe ser conocida por sus destinatarios, por lo cual ha de ser publicada; y no sólo esto, sino que también debe ser ‘comprensible’ o ‘comunicativa’, pues si bien es cierto que el conocimiento de los textos legales publicados por parte de la opinión pública no es un requisito para la validez y vigencia de las normas jurídicas, no lo es menos que constituye un presupuesto indispensable para su aceptación por los ciudadanos, y la misma se precisa para que aquéllas sean efectivas en la realidad social, esto es, aplicadas.77
Si la ley no es considerada como un acto comunicativo, será emitida sin preocuparse de la calidad de su redacción. Esto puede generar la existencia de enunciados normativos obligatorios, pero ininteligibles. En un contexto así, el legislador concurre con el destinatario en una relación comunicativa desigual en la cual sólo aquél tiene el rol activo: él emitirá el mensaje normativo, mientras éste resentirá los efectos de un texto legal incomprensible.
Destinatario al que se dirige la ley.
Definir quién es el destinatario de los textos legales es necesario para saber qué tipo de código de comunicación debe emplearse en la elaboración del mensaje normativo.78
Tradicionalmente, se ha argumentado que el destinatario natural de la ley es el operador jurídico (juez, abogado, funcionario público), pues se considera que la lengua usada en la redacción de los textos legales es por naturaleza técnica, ambigua y vaga; por tanto, tal sujeto, como su único conocedor, es la persona a quien las disposiciones legales se dirigen y luego él las transmite o comunica a los demás ciudadanos que no cuentan con una preparación jurídica.
77 Galiana Saura, Ángeles, op. cit., nota 54, p. 42.
78 En el ámbito de la redacción judicial, también se ha cuestionado acerca de quién es el destinatario de las resoluciones o sentencias, pues se considera que este hecho –aparentemente simple– define la manera de elaborar esa clase de textos. Al respecto, Carlos Pérez Vázquez argumenta: “Antes que nada, los escritores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación deben decidir quiénes son sus lectores. La determinación de un lector afectará el estilo seleccionado para desarrollar el texto. Así, ¿para quién hacen su trabajo los escritores de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación? ¿Escriben para leerse entre ellos? ¿Escriben para que los lean otros escritores en la propia Suprema Corte de Justicia de la Nación? ¿Escriben para tribunales y juzgados inferiores? ¿Escriben para el público en general, incluso para aquellos [sic] que no tienen preparación jurídica alguna? […] Es fundamental determinar quién es el destinatario de los textos judiciales y, con ese ánimo, pueden hacerse algunas recomendaciones. […].” Pérez Vázquez, Carlos, Manual de redacción jurisdiccional para la Primera Sala,2a. ed., México, Suprema Corte de Justicia de la Nación, 2010, p. 3.
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En otras palabras, el operador jurídico es considerado como un lector especializado: el ente idóneo para comprender la ley y el cual una vez hecha esta operación la traduce al ciudadano común para que la entienda. “Suele llamarse la atención sobre el hecho de que los mensajes producidos en las normas y que los legisladores dirigen a sus destinatarios –los que deben aplicarlas y los que deben acatarlas– pasan generalmente por el filtro de los especialistas en la materia –‘lector ideal’ o ‘lector informado’ […].”79
El problema fundamental de considerar al operador jurídico como único destinatario de la ley es que el conocimiento y comprensión de ésta se reservan de forma exclusiva a los especialistas en derecho: esto la convierte en algo lejano al ciudadano, lo que podría dificultar su aceptación y cumplimiento. Sin embargo, desde mi perspectiva, los textos legales emitidos por el legislador no sólo se dirigen a tales operadores o especialistas en derecho. Tal afirmación se comprueba con un análisis sencillo a cuatro disposiciones normativas extraídas de dos leyes federales mexicanas:
Código de Comercio
Artículo 6 bis. Los comerciantes deberán realizar su actividad de acuerdo a los usos honestos en materia industrial o comercial, por lo que se abstendrán de realizar actos de competencia desleal que:
[…]
Artículo 1390 Bis 39.- El juez expondrá oralmente y de forma breve, los fundamentos de hecho y de derecho que motivaron su sentencia y leerá únicamente los puntos resolutivos. Acto seguido quedará a disposición de las partes copia de la sentencia que se pronuncie, por escrito.
[…]
Ley Federal de Procedimiento Contencioso Administrativo
Artículo 26.- La Sala Regional podrá decretar medidas cautelares positivas, entre otros casos, cuando, tratándose de situaciones jurídicas duraderas, se produzcan daños substanciales al actor o una lesión importante del derecho que pretende, por el simple transcurso del tiempo.
Artículo 34.- Las partes podrán recusar a los magistrados o a los peritos del Tribunal, cuando estén en alguno de los casos de impedimento a que se refiere el artículo 10 de esta Ley.
Los artículos 26 de la Ley Federal de Procedimiento Contencioso Administrativo y 1390 Bis 39 del Código de Comercio se dirigen al operador jurídico: el primero faculta a los magistrados encargados de resolver un juicio contencioso administrativo federal para decretar
79 Bono López, María, “La racionalidad lingüística en la producción legislativa”, en Carbonell, Miguel y Pedroza de la Llave, Susana Thalía (coord.), op. cit.,nota 56, p. 173.
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medidas cautelares positivas; el segundo impone al juez el deber de exponer los fundamentos de hecho y de derecho que motivan su sentencia.
Sin embargo, los artículos 34 de la Ley Federal de Procedimiento Contencioso Administrativo y 6 Bis del Código de Comercio están destinados a los ciudadanos ordinarios: el primero establece el derecho de las partes en el juicio contencioso administrativo federal para recusar a los magistrados o peritos que incurren en algún impedimento establecido en ese cuerpo normativo; el segundo establece la obligación de los comerciantes para realizar sus actividades de acuerdo con los usos comerciales honestos y sin recurrir a prácticas de competencia desleal.
Entonces, si las leyes analizadas conceden derechos y establecen obligaciones por igual al operador jurídico y al ciudadano común, resulta claro que el legislador regula a través de éstas la conducta de ambos; por consiguiente, los textos legales se dirigen o tienen como destinatarios a todos los ciudadanos, sean o no operadores jurídicos. “¿A quién se dirigen las normas? ¿Al pueblo? ¿Al juez? ¿Al funcionario? ¿Al jurista? Según sea la respuesta será, en definitiva el carácter que corresponda atribuirle al lenguaje jurídico. […] Nosotros sostenemos que el destinatario es el pueblo. Y en ‘pueblo’ se comprenden al juez, al funcionario, al jurista y al abogado.”80
Ahora bien, existe otra manera para demostrar lo anterior, la cual consiste en revisar la forma en que están estructuradas las normas jurídicas. Generalmente, tal criterio se ha utilizado para diferenciar las reglas mencionadas de las de orden moral; no obstante, también es útil para determinar con claridad al sujeto destinatario de los textos legales emitidos por el legislador.
Según Sebastián Soler, la norma jurídica se distingue de la moral en que la primera no sólo contiene la prescripción de un deber, sino también la descripción minuciosa de las consecuencias de su incumplimiento:81 una moral como Debes decir la verdad a tus padres es una
obligación que se impone sobre una persona, pero que no tiene establecidos los efectos que se producirían por desobedecerla; en cambio, una jurídica como El testigo debe decir la verdad, porque si no se le impondrá una multa de $60,000 sí regula las consecuencias que pueden actualizarse por su inobservancia.
Ambas normas están dirigidas a un individuo que no es un operador jurídico, sino un ciudadano común: en la primera, un sujeto está obligado a decir la verdad a sus padres; en la segunda, a decirla en un proceso jurisdiccional debido a su calidad de testigo. Sin embargo, si
80 Leiva Fernández, Luis F. P., Fundamentos de técnica legislativa,Buenos Aires, La Ley, 1999, pp. 255 y 256. 81 Soler, Sebastián, Las palabras de la ley,México, Fondo de Cultura Económica, 1969, p. 24.
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en el primer caso la disposición normativa es incumplida, no hay nadie que tenga el poder de constreñir a la persona a cumplir con su deber; en cambio, en el segundo sí existe esa facultad, pues el operador jurídico (juez) está autorizado para valorar si la conducta prescrita se observó y, en caso de no ser así, imponer la sanción correspondiente.
Por tanto, la norma jurídica tiene un primer destinatario que es el ciudadano, el cual debe acatar lo prescrito; pero si no lo hace, ésta se dirige a un segundo destinatario, el operador jurídico, quien la hará cumplir e impondrá las sanciones que deriven del incumplimiento.
“
La norma jurídica, a diferencia de la moral, siempre contiene, además del destinatario del poder que llamaremos primario (debes pagar tus deudas a su vencimiento), otro destinatario adicional que es un órgano del Estado, a cuyo cargo se encontrará la tarea de procurar lo que el deudor remiso no entregó (si no pagas, te quitarán lo necesario para hacerlo con intereses y a tus expensas).”82Desde esta perspectiva, también se comprueba que los destinatarios de la ley son los ciudadanos comunes y los operadores jurídicos. “La pregunta que nos asalta es, pues, ¿a quién habla el legislador, al pueblo o a los juristas?. [sic] Y la única respuesta posible es que a los dos a la vez, ya que si, como decíamos, la ley está dirigida a los ciudadanos, no es menos cierto que también es inherente al Estado democrático la existencia de instituciones y expertos llamados a garantizar la aplicación del derecho (administración, jueces y tribunales, abogados, funcionarios…).”83
En consecuencia, si las leyes se dirigen tanto a especialistas en derecho como a personas comunes que no poseen ese carácter, tales normas jurídicas requieren para su redacción de un sistema lingüístico que facilite la comprensión o interiorización de sus disposiciones por parte de todos sus destinatarios, con independencia de su grado de estudios o conocimientos. “En el caso de la redacción de leyes el factor más importante consiste en no perder de vista que toda persona que realice este trabajo está a punto de dar forma al mensaje de un acto comunicativo y que, por lo tanto, no debe perder de vista al destinatario. El lenguaje debe ser adecuado a la comprensión de quien lo recibirá […].”84
Un profesionista en derecho tal vez puede analizar y entender un enunciado normativo largo o compuesto por muchas oraciones subordinadas y por palabras que correspondan a registros muy cultos, pues sus conocimientos sobre los textos legales y las habilidades de
82Idem.
83 Prieto de Pedro, Jesús, “Los vicios del lenguaje legal. Propuestas de estilo”, en Sainz Moreno, Fernando y Da Silva Ochoa, Juan Carlos (coord.), La calidad de las leyes, Vitoria-Gasteiz, Eusko Legebiltzarra-Parlamento Vasco, 1989, p. 127.
84 Sánchez Gómez, Elia, “La importancia de la lingüística en la elaboración de enunciados jurídicos”, op. cit.,nota 13, p. 212.
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interpretación que ha adquirido durante sus estudios universitarios le permiten lograrlo; no obstante, para un ciudadano común resulta bastante complicado tratar de hacerlo, ya que no cuenta con los elementos que lo auxilien en esa labor. Debido a esto, es que se hace necesario que las leyes sean redactadas con una lengua escrita comprensible o con usos lingüísticos comunes a todos los destinatarios.
Pero el registro del lenguaje legal no es el del nivel culto de la lengua, sino el del nivel común, porque la función comunicativa que institucionalmente ha de cumplir –que la regla jurídica sea conocida por los ciudadanos– una gramática compleja es contraria a los fenómenos de anticipación del sentido y de inteligibilidad que favorece una sintaxis llana. Dentro de la variedad de registros que caben en el lenguaje jurídico puede haber, e incluso es deseable, un lugar para la alta literatura, para la literatura culta, en los escritos científicos de los juristas […]. Pero ni la literatura culta ni la prosa inflada han de tener sitio en el lenguaje de la ley […].85
Derecho de los destinatarios de la ley a recibir mensajes normativos sencillos, claros, precisos, concisos y directos
El ciudadano tiene la obligación de cumplir con las disposiciones contenidas en las leyes, incluso a pesar de que no las conozca, ya que los sistemas legales actuales se han organizado en torno al principio de que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Éste tiene sus orígenes en el derecho romano y adquirió importancia después de la Revolución francesa, pues al establecerse el moderno sistema de codificación se consideró como una pieza clave para el funcionamiento del nuevo orden jurídico general, abstracto e impersonal: si la ley es aplicable a todos, sean ricos o pobres; ellos, sin excepción alguna, tienen que cumplirla.
En México, la regulación jurídica del principio mencionado se encuentra en el artículo 21 del Código Civil Federal el cual dispone a la letra:
Artículo 21.- La ignorancia de las leyes no excusa su cumplimiento; pero los jueces teniendo en cuenta el notorio atraso intelectual de algunos individuos, su apartamiento de las vías de comunicación o su miserable situación económica, podrán, si está de acuerdo el Ministerio Público, eximirlos de las sanciones en que hubieren incurrido por la falta de cumplimiento de la ley que ignoraban, o de ser posible, concederles un plazo para que la cumplan; siempre que no se trate de leyes que afecten directamente al