¿Por qué a la mayoría de los fumadores les resulta difícil abandonar para siempre el perjudicial hábito de fumar? La respuesta se encuentra en el cerebro: el consumo regular de tabaco deja huella en ciertas re- giones del encéfalo.
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Inicio de la adicciónEn pocos segundos, la nicotina que contiene el humo del cigarrillo penetra, a través de los pulmones, a la sangre y de ahí al cerebro. En el área tegmental ventral (azul) dicha sustancia se une a los receptores nicotínicos de acetilcolina (nACh), lo cual favorece que el núcleo accumbens (verde) libere más dopamina. Este principal neu- rotransmisor del sistema de recompensa cerebrales activa otras regiones, entre ellas, la amígdala (centro de las emociones) o el hipocampo (importante para la memoria). Como consecuencia, la persona se siente excitada y experimenta placer.
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HabituaciónCon el tiempo, el consumo frecuente de tabaco fija en el cerebro una extendida red de adicción. Estímulos clave, como un paquete de cigarrillos, activan el cir- cuito. También influyen otras asociacio- nes aprendidas, como el hecho de acom- pañar el café con unas caladas. En ese momento, la corteza prefrontal (centro de control neuronal) ya no puede con- tener el deseo de fumar. El suministro habitual de nicotina favorece que apa- rezcan cada vez más receptores nACh en las neuronas del área tegmental ventral, de manera que llevan al fumador a sen- tir la necesidad de otro cigarrillo.
Vista desde arriba
Amígdala Hipocampo Núcleo accumbens Mesencéfalo (corte) Tegmento ventral Cerebelo Dopamina
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Abstinencia duraderaSolo al cabo de un año entero libre de humos, los estímulos clave actúan de forma más débil, la sen- sación de estrés disminuye y el número de recepto- res nACh se sitúa de nuevo a los niveles iniciales. En los fumadores más empedernidos, los medicamen- tos, así como los chicles, los parches de nicotina o los aerosoles nasales pueden facilitar este proceso. Una terapia conductual también puede ayudar. Con todo, la motivación es un factor primordial: quien se muestra resoluto a dejar de fumar (y, por ende, a evitar las situaciones que le incitan a ello), consi- gue su propósito.
Nicotina
Membrana neuronal Receptor nACh
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RecaídaTras unos dos años de la primera abstinencia, casi el 80 por ciento de los exfumadores vuelven a caer en el tabaquismo: consumen de nuevo tanto tabaco como antes de intentar dejarlo. No solo el aumento de la sensación de estrés dificulta que se supere la primera fase de privación; también las viejas costumbres y las situaciones de distensión (la pausa para el café, las sobremesas, las charlas en el bar, etcétera) acaban con las buenas intenciones. El retomado incremento de dopamina pone otra vez en marcha la espiral de la adicción.
M A RT IN M ÜL LE R
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AbstinenciaLas personas que intentan dejar de fumar presentan altos niveles de la hormona del es- trés en la sangre. Estas actúan en numerosos lugares del cerebro, como la amígdala (debajo, en rosa), región que gestiona la sensación de angustia o intranquilidad. De esta manera se produce una sensibilidad especial.
Vista frontal Corteza prefrontal (control de la conducta) Dopamina Núcleo accumbens (placer) Hipocampo (aprendizaje, memoria) Amígdala (memoria emocional) Nicotina Receptor nACh Membrana neuronal Vista frontal Hormona del estrés
AVANCES
«M
edir lo medible y hacer medi- ble lo que no lo es.» Esta cita, tomada de Galileo Galilei, uno de los padres fundadores de la ciencia, es toque a generala para que ingeniosos experimentalistas, médicos clínicos y teóricos varios hagan de la consciencia una entidad medible. Háse de construir un instrumento que pueda elucidar si una persona yacente, que no responde a es- tímulos o que lo hace por arco reflejo, po- see en realidad consciencia de algo, de lo que sea. Tal «calibrador de consciencia» tendría que discriminar entre personas durmientes sumidas en un vívido sueño —aunque apenas recuerden su contenido al despertar— y la dormición profunda, sin ensoñación, en la que no se siente nada. O entre un paciente profundamen- te anestesiado, ajeno a la operación qui- rúrgica que los médicos le practican en ese momento, y los excepcionales casos de «consciencia en anestesia». Un dispositivo tal tendría que determinar si la víctima de una devastadora lesión cerebral, con encefalograma plano pero que en ocasio- nes mueve la cabeza o las extremidades, se encuentra consciente o no, si está vivo, aunque viva fuera del mundo.Casi todos los estudiosos de la conscien- cia sostienen que ser consciente de algo estriba en tener una experiencia singu- lar e integrada de ese algo (por ejemplo, cuando al contemplar un atardecer no re- sulta posible aislar los fulgores violáceos y anaranjados e independizarlos del globo resplandeciente que va a hundirse bajo el horizonte). Salvo que uno sufra de acro- matopsia, el color constituye un aspecto enterizo de nuestra experiencia. Cuando miramos el mundo, no nos es posible tener
consciencia de solo la mitad izquierda o solo la mitad derecha del campo visual. Ex- perimentamos ambas. Toda información de la que seamos conscientes se le presenta a la mente completa; no cabe subdividirla.
A esa unicidad de la consciencia subya- cen una multitud de interacciones causa- les entre las partes cerebrales que crean la mente. De haber en el cerebro áreas que se desconecten, se fragmenten y «balcanicen», como ocurre al dormir profundamente o en la anestesia, la consciencia se nubla y atenúa, y puede llegar a desaparecer por completo. Giulio Tononi, de la Universidad
de Wisconsin-Madison, neurocientífico, psi- quiatra y experto en el sueño y la conscien- cia, ha convertido este aspecto fenoménico de la consciencia en la pieza central de su teoría de información integrada de la cons- ciencia [véase «Consciencia artificial» por Christof Koch y Giulio Tononi; Investiga- ción y Ciencia, agosto de 2011].
Tononi, con Marcello Massimini, de la Universidad de Milán, y en compañía de otros, se ha lanzado a la aventura de medir en qué grado se mantiene la integración cerebral durante el sueño y ciertos estados patológicos. C O RT ESÍ A D E M A RC EL LO M A SSI M IN I / U N IV ER ID A D D E M IL Á N NEUROCIENCIA