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2 EL SERVICIO DOMÉSTICO INFANTIL EN EL TRÁNSITO HACIA UNA ECONOMÍA URBANA INDUSTRIAL: BARCELONA,

EN EL SERVICIO DOMÉSTICO BARCELONÉS: 1792-

2.3.1 Las niñas: edades y ocupaciones

A diferencia de la Barcelona bajomedieval, época en la que según Teresa Vinyoles algunas niñas de cinco o seis años trabajaban como criadas327, entre finales del

setecientos y mediados del siglo XIX ya no ocurría lo mismo. Ni siquiera las niñas de siete u ocho años figuran en los anuncios de la prensa para ofrecerse –ni para ser solicitadas- como criadas, mientras que las de nueve apenas lo hacían. Estos datos difieren sensiblemente de los de otras ciudades españolas dentro del mismo período que nosotros estudiamos, como la villa de Madrid, donde según Carmen Sarasúa: “desde los

ocho años las niñas ya estaban preparadas para ser niñeras o criadas en otras

familias”328. O la ciudad de Granada, donde las niñas eran contratadas: “at younger ages (around 8 years old)”329. A pesar del vacío documental que afecta a algunos años, tal y como aparece reflejado en la tabla uno, parecería ser que las niñas empleadas en el servicio doméstico barcelonés entre los años 1792 y 1850 solían tener entre 13 y 14 años. Edades que, aunque con leves oscilaciones, se mantuvieron muy estables durante los más de cincuenta años que abarca nuestro estudio.

327

Vinyoles, T. (1985), “Aproximación a la infancia y a la juventud de los marginados. Los expósitos

barceloneses del siglo XV”, Revista de Educación, 281, pp. 99-123.

328

Sarasúa, “Criados, nodrizas...

329

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Tabla 1. Edades de las niñas en el servicio doméstico. Barcelona, 1792-1850

Año Edades Año Edades

1792 1822 1793 1823 1794 14 1824 14,5 1795 13 1825 13 1796 13 1826 13,5 1797 13,5 1827 1798 13 1828 14 1799 13 1829 1800 14 1830 13,5 1801 13,5 1831 14 1802 13,5 1832 13,5 1803 13,5 1833 1804 13,5 1834 1805 14 1835 13 1806 13,5 1836 14 1807 14,5 1837 1808 14 1838 14 1809 1839 1810 1840 13,5 1811 1841 1812 1842 14 1813 1843 1814 1844 13,5 1815 14 1845 1816 13 1846 15 1817 14 1847 1818 14,5 1848 12,5 1819 13,5 1849 1820 1850 1821

Fuente: elaboración propia a partir de los “anuncios particulares” del Diario de Barcelona, 1792-1850.

A pesar de esta notable homogeneidad, cabe señalar que, como se observa en el gráfico 1, las niñas más pequeñas, de 9 a 11 años, tuvieron una participación significativa entre los años 1796 y 1806, hecho que solo volvería a repetirse puntualmente a lo largo del período estudiado. Fue precisamente entre estos años –ni antes ni después- cuando las niñas de 9, 10 y 11años fueron ofrecidas por sus padres de una manera más insistente para trabajar como criadas, hecho que podría explicarse por un conjunto de factores concretos. A saber, las necesidades materiales de las niñas y sus familias, agravadas por el contexto de crisis económica, por los conflictos bélicos continuos contra Francia e

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Inglaterra y por la falta de otras salidas laborales distintas al servicio doméstico para las menores330.

Gráfico 1. Evolución de la estructura de edades de las niñas en el servicio doméstico. Barcelona, 1792-1850 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% 1796 1798 1800 1802 1804 1806 1808 1816 1818 1824 1826 1830 1832 1836 1840 1844 1848 15 14 13 12 11 10 9

Fuente:elaboración propia a partir de los “anuncios particulares” del Diario de Barcelona, 1792-1850.

La presencia de niñas de distintas edades dentro del servicio doméstico se debía, también, a que no todas se ocupaban de realizar las mismas tareas. En función de su fuerza física y su edad, las niñas podían asumir determinadas funciones y no otras. Aunque es complicado agrupar a las niñas según su ocupación, a grandes rasgos, los anuncios laborales permiten distinguir cuatro grupos bastante bien definidos: las

sirvientas, niñas normalmente de 12 a 15 años que ejecutaban multitud de funciones –

entre ellas, en algunos casos, también cuidar niños-; las niñeras en sentido estricto, niñas de 10 a 12 años que solo eran contratadas para tal fin y/o para realizar algunas tareas menores; las ayudantes de camarera, normalmente niñas de 14 a 15 años y,

330

Como veremos en el próximo capítulo, la indianería, la principal industria de la ciudad, había experimentado un cambio en el modelo productivo que excluía a las niñas, al convertirse muchas fábricas en meros centros de estampación de telas de lino, prescindiendo, por tanto, del devanado, la tarea más importante tradicionalmente reservada a las menores en el proceso productivo.

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finalmente, las mozas o ayudantes de cocina, niñas que por lo general tenían entre 13 y 15 años.

Las niñas de catorce y quince años eran las que, debido a su mayor desarrollo físico, podían desenvolverse mejor en las labores caseras más pesadas, hecho que ayuda a comprender por qué eran las menores más solicitadas. Dichas labores, sobre todo traer agua331 y fregar332, no sólo resultaban degradantes e incómodas, sino que requerían un esfuerzo físico muy considerable. Para su realización lo que se buscaba eran niñas sanas, fuertes y robustas, cualidades que se incrementaban con la edad. Así, lo interpretaba, por ejemplo, un amo que necesitaba: “una muchacha fuerte y sana para fregar, barrer

y traer agua y todos los demás quehaceres de la casa”333.

Por este motivo, otras niñas, algo más pequeñas o con un menor desarrollo físico, se dedicaban a otras tareas menos exigidas como barrer, limpiar superficialmente, hacer media, coser, hilar, bordar o cuidar niños. Un ejemplo de ello nos lo ofrece una: “muchacha de 13 años de edad, capaz de desempeñar muchas frioleras de una casa, como lavar, barrer, y cuidar de una criatura”334. Ya sea refiriéndose a tareas “frioleras” o “acordes a su edad”, los padres de las niñas solían utilizar este tipo de términos para dejar claro que sus hijas no podían asumir las labores más duras. Asimismo, algunas de estas niñas empleadas como sirvientas podían ocuparse, a veces, de cuidar a los niños de la casa, generalmente menores de dos años. Labor que si en el caso de estas niñas era, tan solo, una más entre las distintas que realizaban, en el de las

niñeras se convertía en su actividad principal.

Siguiendo la misma lógica, las niñas más pequeñas, esto es, de diez a doce años, o que tenían una complexión física más delicada, o no trabajaban como sirvientas o eran

331

Según Carmen Sarasúa, “el transporte del agua podía ser realizado por los sirvientes o ajustarse con un aguador, de los que había un número admitido (…) Ya se ha visto que se consideraba una tarea degradante, a la que mucho sirvientes se negaban, por lo que se hacía normalmente por mujeres o

chicos”, Sarasúa, Criados, nodrizas… p. 203.

332

Carmen Sarasúa sostiene que “los suelos y escaleras se fregaban de rodillas, con cepillos de raíz y

asperón, un tipo de arena, si eran de mármol o piedra, y con cera si eran de madera, en cuyo caso

después debían abrillantarse”, Sarasúa, Ibidem, p. 199.

333

Diario de Barcelona (1799), AHCB, Tomo 21, p. 72.

334

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destinadas a otro tipo de tareas más proporcionadas a sus fuerzas. Como decíamos, los padres y los empleadores eran muy conscientes de que el esfuerzo de las niñas debía ser acorde a sus posibilidades. Así, abundan los ejemplos de niñas de corta edad que simplemente eran ofrecidas para cuidar a otras criaturas, incluso, más pequeñas que ellas: es el caso de una “muchacha de 10 años –que- solicita emplearse en el cuidado

de algún niño”335, o el de una “muchacha de 11 a 12 años –que- busca una casa para

pasear alguna criatura”336. O ejemplos de empleadores que solicitaban niñas para realizar labores aparentemente muy sencillas: “niña para criada, que sepa hacer algunas hacienditas de mujer”337. Y madres que se ofrecían junto a sus hijas pequeñas conscientes de que su corta edad impedía dedicarlas a las labores más duras: “Una

viuda que tiene una niña de diez años, desea encontrar una casa para servir de cocinera y la niña en lo que alcance su edad338”.

Otra figura importante eran las ayudantes o mozas de cocina, niñas que, por lo general, solían tener entre 13 y 15 años y que, a menudo, trabajaban junto a sus madres para aprender el oficio. Tras un proceso de formación que podía durar unos dos o tres años, era a partir de los quince cuando las adolescentes solían trabajar de forma autónoma ofreciendo sus dotes culinarias como elemento central de su repertorio de habilidades.

Así, por ejemplo, “una muchacha de 15 años de edad, que sabe planchar y guisar, y

que tiene quien la abone”339, se ofrecía pare servir en una casa. Son muy raros los ejemplos de niñas menores de quince años que se ofrecen para trabajar como cocineras de forma autónoma y, cuando lo hacen, el tono de sus anuncios delata que su preparación es, por decirlo de alguna manera, escasa: “se solicita una casa para una muchacha de 14 años, que sabe coser, bordar y algo de guisar”340.

Finalmente, otro de los empleos compuesto por niñas era el de las sotacamareras, también conocidas como ayudantes de camareras o segundas camareras. Estas niñas,

335

Diario de Barcelona (1799), AHCB, Tomo 21, p. 28.

336

Diario de Barcelona (1797), AHCB, Tomo 17, p. 1100.

337

Diario de Barcelona (1796), AHCB, Tomo 14, p. 1152.

338

Diario de Barcelona (1796), AHCB, Tomo 14, p. 568.

339

Diario de Barcelona, (1802), AHCB, Tomo 32, p. 1292.

340

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de 13 a 15 años, solían asistir a las camareras, las mujeres de más respeto entre las que servían en las casas principales. Así, por ejemplo, se ofrecía “una muchacha de 14 años

para camarera segunda, pues sabe ya los quehaceres de una casa”341. Sin duda, como podemos deducir de la documentación consultada, una vez superados los 15 años se incrementaba el número de niñas que se ofrecían directamente para trabajar como camareras al servicio personal de las señoras de la casa. No sin antes, como sabemos, haber pasado una media de dos o tres años aprendiendo los pormenores del oficio.

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