El tabaquismo es un proceso complejo en el que influyen factores psicológicos, farmacológicos y sociales. El tabaquismo es un hábito, de fuerte arraigo, que llega a formar parte de la identidad de las personas fumadoras y por tanto, no resulta fácil de modificar. Además de ser un hábito, el tabaquismo es una forma de drogodependencia. La nicotina, principio activo del tabaco, es una droga adictiva y como tal, tiene las
características de otras drogas: tolerancia, dependencia farmacológica y psicológica, y síndrome de abstinencia.
La nicotina es la droga principal que tiene la facultad de estimular ciertas substancias químicas cerebrales (la dopamina que da sensación de bienestar) que dan origen a la adicción, activa las glándulas suprarrenales generando hormonas que someten el corazón a un mayor esfuerzo, incrementando la presión sanguínea y la frecuencia cardiaca. Los alquitranes son tóxicos y provocan entre otros efectos la obstrucción de los capilares y vasos sanguíneos, origen del dolor de cabeza y reducción de la capacidad de concentración mental, así como de la obstrucción de las vías circulatorias origen de las afecciones coronarias y circulatorias.
El monóxido de carbono inhalado diluye el oxígeno de las células de la sangre privando al corazón, cerebro y resto del cuerpo de este elemento imprescindible para la oxigenación y la restauración de las funciones celulares. La concentración del tabaco provoca en mucosas y tejidos un olor desagradable que afecta al gusto y al olfato provocando mal aliento y reseca y arruga la piel y cabellos.
De la multitud de substancias químicas que llegan al cuerpo para inhalación de humo de tabaco, se han detectado venenos como el cadmio, el cianuro y el arsénico y más de 40 compuestos conocidos que son claramente tóxicos y cancerígenos.
La nicotina se distribuye rápidamente en la sangre y en los tejidos. Además, actúa sobre el sistema cardiovascular y sobre el sistema gastrointestinal. Es la acción de la nicotina la responsable de la dependencia, dado que es el sistema encargado de regular las sensaciones placenteras en nuestro organismo. En definitiva, al incrementar la sensación de placer, el individuo presenta una avidez por la administración de dicha sustancia (nicotina), lo que explicaría también el porqué del síndrome de abstinencia en su ausencia. El síndrome de abstinencia puede causar una sintomatología: nerviosismo, irascibilidad, agresividad, cansancio, ansiedad, vértigos, dificultad de concentración, trastornos del sueño y alteraciones del apetito. La mayoría de estos síntomas se manifiestan con mayor intensidad entre las 24 y 48 horas después de dejar de fumar y paulatinamente van disminuyendo en las semanas siguientes.
En los adultos los efectos del humo ambiental se manifiestan en dolencias pulmonares, asmáticas y cardiovasculares de diversa índole. Además, las personas con problemas de asma, bronquitis, enfermedades cardiovasculares, resfriados o alergias, padecen considerablemente al agravarse estas afecciones con la exposición a la emisión del humo. La exposición involuntaria al humo de tabaco en el medio ambiente está generando un grave problema de salud. El tabaquismo pasivo supone un riesgo para las personas no fumadoras que han de permanecer y compartir espacios con otras personas fumadoras.
Hace ya algún tiempo que pudo demostrarse que la inhalación del humo de tabaco ambiental no solo producía simples molestias sino que contribuía a la aparición de una serie de problemas graves para la salud.
El humo del tabaco contiene alrededor de 4.500 componentes químicos cuya toxicidad y carcinogénesis se ha podido comprobar, de los cuales al menos 50 han demostrado ser carcinógenos. Los no fumadores o fumadores pasivos, están expuestos a estos componentes tóxicos emitidos en el humo de tabaco de las personas que fuman. Al quemar productos derivados del tabaco se producen tres fuentes principales de humo: el humo de la corriente principal, que es aspirado por el fumador a través de la boquilla del cigarrillo, el humo de la corriente lateral o secundaria, que queda en el aire mientras el cigarrillo se consume espontáneamente y el humo exhalado a la atmósfera por los fumadores. El humo de tabaco ambiental está compuesto por el 85% del humo de la corriente lateral y solo el 15% restante corresponde al humo exhalado por el fumador. El impacto del humo de tabaco ambiental sobre la morbi-mortalidad humana es dos veces mayor que el impacto producido por el conjunto de contaminantes ambientales reconocido como tóxicos y que son objeto de control por las autoridades del medio ambiente.
Está demostrado que la corriente de humo lateral contiene mayores cantidades de compuestos carcinogénicos que el humo de la corriente principal. Así la pro porción de nicotina y de alquitrán es tres veces más elevada en la corriente secundaria, y la de óxido de carbono, cinco veces más. Esta corriente secundaria es la que va a afectar a las personas no fumadoras que conviven con los fumadores activos.
La OMS define al tabaquismo como una enfermedad adictiva crónica que evoluciona con recaídas. La nicotina es la sustancia responsable de la adicción, actuando a nivel del sistema nervioso central. Es una de las drogas
más adictivas (con más “enganche”), aún más que la cocaína y la heroína. Por ello es importante saber que aunque el 70% de los fumadores desean dejar de fumar, de ellos sólo el 3% por año lo logran sin ayuda.
Otras definiciones más amplias “…es una enfermedad contagiosa, adictiva, sistémica y crónica, secundaria al consumo de tabaco, que salvo excepciones, comienza en la adolescencia. Presenta una compleja patogenia y una evolución progresiva, con posibles ciclos o alternancias (abstinencia/recaída/abstinencia permanente), es invalidante y provoca enfermedades letales, dando lugar a un elevado costo humano y socio sanitario. Es de difícil manejo, aunque se pueden aplicar subsidiariamente eficaces medidas preventivas y terapéuticas en los diferentes aspectos de la enfermedad…” (23)
El Tabaquismo es una adicción ya que cumple con las siguientes características:
• Conducta compulsiva, repetitiva.
• No poder parar aún sabiendo el daño que causa.
• Tolerancia: cada vez se necesita más sustancia para conseguir el mismo efecto.
• Síndrome de abstinencia: aparición de síntomas que causan disconfort cuando disminuye o cesa el consumo.
Como en todas las adicciones se encuentran presentes factores biológicos, psicológicos y sociales (predisposición genética, personalidad vulnerable, modelos identificatorios, presión de los pares, etc).