• No se han encontrado resultados

CAPÍTULO 1. MARCO TEÓRICO DE LA INVESTIGACIÓN

1.2 Terminología asociada a la Alfabetización Informacional

1.2.3 Normas y estándares para la alfabetización informacional

Las normas y estándares por los cuales evaluar o medir una persona alfabetizada informacional difieren de un escenario a otro y se dirigen a estudiantes, distinguiéndose a veces por el nivel cursado, ciudadanos. Incluso son diversos a partir

Alfabetización informacional Conexión con la información (orientación; exploración; enfoque; localización) Utilizar la información (transformar; comunicar; aplicar) Interactuar con la Información (pensamiento crítico; evaluación; transformación; construcción)

de la naturaleza de la información a consultar – electrónica o papel- Amplia ha sido su aceptación en la comunidad científica pues si bien los modelos ayudan a reflejar una realidad concreta, las normas guían, estandarizan el trabajo a realizar por parte del investigador o posible investigado. Entre estas se destacan las siguientes:

AASL/AECT. Normas para el aprendizaje del estudiante. Primeramente se presentaron 9 estándares para el aprendizaje del estudiante en la publicación

Information Power: Patherships for Learning. Pero más tarde se dividieron en 3 categorías principales: (Anexo 2)

o Alfabetización Informacional o Aprendizaje Independiente o Responsabilidad Social

Estas dos últimas categorías tenían que ver más con atributos generales del aprendizaje del estudiante. Sin embargo para la categoría primera existían también estándares que se incluyeron en otro modelo de ALFIN (STRIPLING, 1999). Estos eran:

o Norma 1: El estudiante que es un alfabetizado informacional valora la información eficientemente y eficazmente.

o Norma 2: El estudiante que es un alfabetizado informacional evalúa critica y competentemente la información

o Norma 3: El estudiante que es un alfabetizado informacional usa con precisión y creatividad la información.

ALA (2000). Normas sobre aptitudes para el acceso y uso de la información en enseñanza superior. (Anexo 3) Estas 5 normas se centran, a partir de sus 22 indicadores y 87 resultados, en las necesidades que los estudiantes universitarios pueden tener, les permiten lograr un control sobre la forma en la que interactúan con la información en el entorno. Mediante su utilización brindan a los profesores, bibliotecarios y demás personal cómo resaltar y escoger aquellos indicadores necesarios que identifican al estudiante como competente en el uso y acceso a la información (ALA, 2000).

Normas australianas de ALFIN 1ra edición (Information Literacy Standard, 2001). Fueron creadas a partir de la revisión de las normas estadounidenses en el año 2000. Incluye 7 normas para la alfabetización (CAUL, 2002):

ƒ Reconocer la necesidad de información y determinar la naturaleza y alcance de la información necesaria

ƒ Acceder a la información necesaria con eficacia y eficiencia

ƒ Evaluar la información y las fuentes de forma crítica e incorporarla a su base de conocimientos y sistema de valores

ƒ Clasificar, almacenar, manipular y reelaborar la información recogida o generada

ƒ Ampliar, reelaborar o crear nuevo conocimiento integrando los conocimientos anteriores y la nueva comprensión, como individuo o como miembro de un grupo

ƒ Comprender los problemas culturales, económicos, legales y sociales que rodean el uso de la información, y accede y usa la información de forma ética y legal y con respeto

ƒ Reconocer que el aprendizaje a lo largo de toda la vida y la ciudadanía participativa requieren de la alfabetización informacional

Las normas Mexicanas para el Desarrollo de Habilidades Informativas (CORTÉS

et al., 2002). Nacieron a partir de las propuestas realizadas por los participantes al tercer encuentro de DHI celebrado en la Ciudad de Juárez, México. Constituyen un esquema válido que se tomará como referencia por las instituciones de Educación Superior del país, para establecer sus propias visiones y metas en materia de competencias informativas. Incluye 8 normas y 45 habilidades específicas derivadas. Estas son:

ƒ Comprensión de la estructura del conocimiento y la información

ƒ Habilidad para determinar la naturaleza de una necesidad de información

ƒ Habilidad para plantear estrategias efectivas para buscar y encontrar información

ƒ Habilidad para recuperar información

ƒ Habilidad para analizar y evaluar información

ƒ Habilidad para integrar, sintetizar y utilizar la información

ƒ Habilidad para presentar los resultados de la información obtenida

ƒ Respeto a la propiedad intelectual y a los derechos de autor

Normas de ALFIN en Australia y Nueva Zelanda 2da edición (ANZIIL, 2003). También están basadas en las normas de la ALA. Incluye los siguientes 6 estándares:

ƒ Reconocer la necesidad de información y determinar la naturaleza y nivel de la información que se necesita

ƒ Encontrar la información que se necesita de manera eficaz y eficiente

ƒ Evaluar críticamente la información y el proceso de búsqueda de la información

ƒ Gestionar la información reunida o generada

ƒ Aplicar la información anterior y la nueva para construir nuevos conceptos o crear nuevas formas de comprensión

ƒ Utilizar la información con sensatez y mostrarse sensible a las cuestiones culturales, éticas, económicas, legales y sociales que rodean al uso de la información

Las anteriores normas o estándares para la ALFIN presentan elementos comunes y diferenciadores de acuerdo con los conceptos que representan, la estructura de presentación de categorías o habilidades incluidas, así como al público al que van dirigidos. Varios autores - (ANDRETTA, 2007; GOMEZ HERNÁNDEZ, 2000a; PASADAS UREÑA, 200?) han abordado la temática. Todas las normas reconocen, con énfasis diferente, la habilidad de reconocer una necesidad de información y la capacidad, para localizar, evaluar, guardar, recuperar, y utilizar la información para comunicar nuevo el conocimiento. (CATTS y LAU, 2008)

En este sentido la compresión de la naturaleza información aparece en la generalidad de las normas revisadas, no obstante la visión mexicana es más englobadora pues también reconoce la importancia y estructuración de la categoría conocimiento. Un elemento diferente es la propia concepción y soportes de información presentes en los estándares -imágenes, videos, textos, o sonidos- aparecen explícitamente en las propuestas australiana y norteamericana. La identificación de las necesidades de información aparece en todas las normas estudiadas, aunque en el caso de las AASL/AECT no resultan tan evidentes estas características.

Coincidentes en todas, están las habilidades referidas al acceso y evaluación de la información de forma crítica y eficiente. Sin embargo, la exhaustividad con las que definen tales destrezas sí varían. Por ejemplo, los indicadores de rendimiento presentes en la ALA, CAUL, ANZIIL precisan con mayor profundidad cada fenómeno examinado. A la gestión de información como proceso le conceden mayor peso los estándares de México y Nueva Zelanda pues se encuentran explícitamente declarados, mientras que de manera indirecta hace referencia la ALA y lógicamente CAUL, como indicador de rendimiento dentro de la norma dos y cuatro respectivamente, cuando establecen la persona con aptitudes para el acceso y uso de la información extrae, registra y gestiona la información y sus fuentes.

En el caso de la organización y tratamiento de la información, su representatividad en los diferentes estándares también fluctúa. Para CAUL esta se traduce en clasificar, almacenar, manipular y reelaborar la información reunida o generada. Por su parte la AASL/AECT lo manifiesta: usa con precisión y creatividad la información. Según la ALA el estudiante crea un sistema para organizar la información. Por tanto resulta una habilidad que dentro de las normas examinadas no alcanza un conceso en su interpretación y exposición.

Otra habilidad que es vista desde diferentes aristas es la cuestión ética y legal asociada al uso de información. La visión de las normas mexicanas quizás es restringida pues solo reduce su análisis a la propiedad intelectual y los derechos de autor, mientras que una amplia panorámica es argumentada por la ANZIIL, al identificar las cuestiones sociales, culturales y económicas de la información (ANDRETTA, 2007).