CAPITULO SEGUNDO Nosotros…Los pescadores
V. Nosotros los pescadores
En los tres casos que se han expuesto, la formación de asociaciones ha sido la forma en que estos grupos de pescadores han procurado establecer sus denuncias y gestionar sus proyectos a nivel local, pero también es claro que nacen porque de otra manera no fue posible lograr estos propósitos. Este fue el primer paso, constituirse como asociación, no solo implica existir en los registros de la Cámara de Comercio. Ante todo implica construir un ―nosotros‖ y llenarlo de significado, partiendo del hecho de enunciarse como pescadores artesanales pero llenando estas palabras de contenidos que exceden la actividad económica como tal, añadiendo elementos sociales, ambientales y culturales que dan sentido a conformarse como colectivo, y que le dan a sus organizaciones unos contenidos morales.
Retomando a Chatterjee, dentro de los esfuerzos de los grupos marginales por buscar y obtener reconocimiento, muchas veces se hace indispensable reinventar la identidad colectiva de los mismos dotándola de un carácter moral (Chatterjee, 2008: 130). Aquí aparece la reinvención de la comunidad como una pieza clave dentro de la lucha política. Este construir un nosotros lo entiendo en estos términos, en la medida en que por medio de la creación y gestión de las asociaciones de pescadores esa identidad colectiva como pescadores se reinventa para ajustarse a los discursos oficiales dentro de los que se hace indispensable inscribirse para lograr ser escuchados. Así, en medio de la lucha por ser escuchados y tenidos en cuenta, los pescadores asociados han dado nuevos sentidos a su colectivo, mostrándose a sí mismos como una comunidad importante dentro de la región. Pasemos a ver esto en más detalle.
Para comenzar, en estos tres casos se muestra que los problemas de la pesca no afectan exclusivamente a los trabajadores de la pesca, sino que perjudican gravemente a las comunidades ribereñas en su totalidad, que dependen de esta para garantizar su seguridad alimentaria, sostenerse económicamente y mantener las formas de vida vinculadas a esta actividad. De esta manera, se presenta que las problemáticas de la pesca, que le dan origen a las asociaciones, afectan a las ―comunidades de pescadores‖ que incluyen al pescador y a su familia, así como al tendero, el pequeño agricultor, el comerciante de pescado:
…si en este momento el sector pesca se acaba van a quedar muchas familias mirando para dónde coger, se van desplazar, se van a mover de un lugar a otro buscando seguir viviendo lo que les quede de vida…ósea, quedaría la región en una forma caótica, y hasta el momento eso es lo que está pasando, hasta ahora la pesca se está perdiendo, pero sí hay quienes nos ayuden a seguir sosteniendo las poquitas ciénagas que nos quedan pues podemos salvar el sector pesca en esta región (Entrevista realizada a Roger Orozco, 2013)
Pero aquí no se trata exclusivamente de mostrar que la comunidad de pescadores existe, sino de llenarla de significado, de construirla en función de los objetivos políticos que atraviesan cada proceso organizativo, ejercicio que se materializa en los documentos de las asociaciones pero que también se traslada a la cotidianidad de las conversaciones, en las que ellos se están nombrando a sí mismos todo el tiempo, así como a las características que tienen como colectivo, los propósitos y las expectativas, donde se confunde constantemente lo que se es y lo que se quiere ser. En este sentido, se vislumbra un concepción de comunidad que no se asume esencializadamente, sino como una construcción, constante y discontinua, de lo que significa la comunidad dentro de la misma movilización, las comunidades como esos lugares de la ―creación de nuevas formas, nuevos significados, el lugar donde dejamos de ser lo que somos porque queremos ser otra cosa‖(Miranda, 2011:91).
El sueño del sector pesquero es que lo dejen vivir la vida en su zona, que le dejen su empresa, que son las ciénagas, que se las dejen quietas, que no se las dañen, para poder vivir en su zona tranquilamente como es su naturaleza, eso es lo que ellos gritan: que no le dañen su habitad, el pescador es agua, aunque tenga que vivir en la tierra él es agua, vive del agua y eso es el gran objetivo de todos nosotros, es que el río magdalena sea el río Magdalena, que no lo vayan a matar poco a poco. Que si en el gobierno está la facultad de que eso no se permita hacer, matar al río Magdalena, que se haga, que lo hagan, que ayuden a conservarlo, no lo dejen morir… que lo ayuden a conservar, que así como se hacen cosas para que él sea navegable, que se hagan cosas para que él sea el productor de los pescados, para que sea la empresa de los pescadores y sigan ellos viviendo en sus zonas, en sus sitios, que siga siendo el rio magdalena y los complejos cenagosos las empresas que ellos han sido siempre… y que ha sido del papa, del abuelo, del bisabuelo y que también sea del hijo del nieto, del bisnieto… no tengan ellos que salir de su zona, no te tener que ir a buscar una mejor vida en otra parte donde ellos son desconocidos y es reconocido para ellos también lo que haya que hacer (Entrevista a Judith Nieto, 2013)
En esta construcción del ―nosotros‖ se exaltan unas características específicas, que vendrían siendo atributos de esas construcciones de comunidad. En primer momento, como intenté mostrar anteriormente, las asociaciones se han presentan como colectivos de pescadores artesanales y lícitos, es decir, que no pescan con artes ni métodos de pesca ilegales, que respetan las temporadas de veda y que no capturan peces por fuera de las tallas mínimas. Este puede verse claramente en la formación de ASOPESVIC, que precisamente surge de demandar la pesca irresponsable por parte de pescadores foráneos en la ciénaga de La Victoria y presenta a los pescadores locales como pescadores de atarraya y anzuelo, respetuosos de las normas. Por su parte, creo que esta una de las características que más se resalta en las conversaciones que tuve con los miembros de todas estas asociaciones, que destacan constantemente que ellos son pescadores legales y que, además, las asociaciones han asumido la tarea de generar conciencia sobre la importancia de ―pescar adecuadamente‖.
El asunto de representarse como pescadores legales tiene un papel central para estas tres asociaciones, pues así se muestran a sí mismos como pescadores responsables de buena ciudadanía, ajustados a la ley y respetuosos de las mismas. De esta manera, no se está formalizando el colectivo sólo en términos de tomar la forma organizativa de las asociaciones legalmente constituidas, también se está haciendo por medio de presentar su práctica como pescadores dentro de los parámetros de la legalidad. En esta medida, puede verse la articulación del discurso que asumen los pescadores asociados con las representaciones que desde la ley de pesca se hace de ellos mismos.
En segundo momento, se hace también un énfasis en el papel de los pescadores de ―cuidadores de la ciénagas‖, que aunque está relacionado con el asunto de la legalidad incluye el trabajo de conservación de este ecosistema en deterioro. Este asunto del cuidado de la ciénaga tiene un papel central en la conformación de la asociaciones, sobre todo en la medida en estos cuerpos de agua son de carácter público y en este sentido pertenecen a la nación y su cuidado es responsabilidad del estado. En este orden de ideas, las personas que trabajan en estos cuerpos de agua no son propietarios de las ciénagas, ni tienen ningún tipo de autoridad para decidir sobre ellas, pero la figura del cuidado implica que los pescadores asumen la conservación de las ciénagas, en parte,
como su responsabilidad propia. Además, por medio de la figura del cuidado se presentan como los actores más adecuado para su conservación en la medida en que conocen claramente sus ciclos y dinámicas, por lo que también se hace un llamado constante en los discursos de los asociados a reivindicar el conocimiento tradicional de los pescadores sobre sus ecosistemas.
Cómo mostré anteriormente, en el caso de APALL, el origen mismos de la asociación está en el intento de los pescadores locales de realizar acciones en pro de la conservación de los humedales; de modo que a pesar de ser considerados trabajadores informales y no ser propietarios de las ciénagas en las que trabajan, logran articular sus reivindicaciones como sector económico y como comunidad en términos de derechos, tanto al trabajo como a un ecosistema sano, utilizando su asociación como un instrumento colectivo para obtener sus reivindicaciones. Esto mismo puede verse en el trabajo realizado desde la APESAGRO, cuyos miembros se propusieron recuperar un cuerpo de agua que se había perdido a lo largo de los años.
Para concluir esta segunda parte, quisiera mencionar que tanto las apelaciones a la ―comunidad de pescadores‖, como la atribución de características como la legalidad y el trabajo de conservación han sido los elementos claves para la construcción de las asociaciones, para presentarse como actores locales legítimos y para exigir proyectos de mejoramiento de la pesca. Esto le ha permitido a los pescadores articular sus organizaciones a los lenguajes que desde las instituciones se han presentado como legítimos para la participación de colectivos, como también a los proyectos que se dirigen a la población de pescadores en la región y el país. Al mismo tiempo, todos estos ejercicios de organización, que implican la creación de un nosotros, en este caso por medio de las asociaciones, han procurado mostrar un colectivo coherente y unitario, a la vez que dejan de lado del escenario público las fisuras y conflictos que existen al interior de las organizaciones.