No cualquiera pinta en cualquier lado y sin preguntar. En general los artistas ubican una pared antes de intervenirla. No es que simplemente salen a buscar un lugar y lo pintan. Lo elemental es mirar la calle todo el tiempo mientras se deambula para ver qué lugares pueden ser más visibles y duraderos una vez intervenidos. No cualquiera consigue que una vez pintada una obra esa quede ahí sin despintar o recibir alguna censura. A veces el dueño de una propiedad, y del muro exterior puede puede ceder la pared a un artista en ciertas circunstancias (un interés es evitar muchas veces que el muro sea pixado). Pero no cualquiera consigue un permiso de la nada. Acá relato cómo un artista explica cómo consiguió ese ok.
Salgo caminando del subte, de la estación Vila Madalena, y camino en dirección al Beco do Batman. Habiendo salido a solamente dos cuadras de la estación veo que contra una pared hay un tipo pintando sobre una inmensa pared de fondo rojo.
La historia de las tinturas también siempre tiene algún ingrediente que afecta a la cantidad de material disponible y cómo se puede usar. La tinta roja siempre me hace acordar a que en
algún momento se pintara en sangre: lo cual conlleva la idea de sacrificio. En cualquier caso ahá me llamó la atención para buscar sobre las primeras maneras de conseguir este color de forma natural y cómo cambió en el tiempo para derivarse, como la mayoría de las tinturas, de procesos sintéticos. Repaso entonces una parte de la historia del rojo.
En 1871, la Fábrica de Colores de Anilina y Soda de Baden –la actual empresa de productos químicos BASF– consiguió producir rojo de granza sintético. Pero el kilo costaba 270 marcos, mientras que el kilo de colorante natural costaba 60 marcos. Los cultivadores franceses de granza, que proveían a toda Europa de la mejor granza, no se sintieron amenazados. Pero el rojo de granza artificial de Alemania se abarataba día a día. Para salvar al tinte natural francés fren- te al artificial alemán, el ejército francés cambió sus uniformes: los soldados debían llevar pantalones rojos de granza. De ahí les vino el nombre de “panta- lones rojos”. Pero el apoyo estatal resultó inútil, pues en 1886, el rojo de granza artificial de Alemania costaba 9 marcos el kilo. Los cultivadores franceses ca- pitularon. Y la granza desapareció como desapareció el glasto. En los campos donde cultivaban la granza, los franceses plantaron vides80.
“La historia de las paredes rojas” entonces atraviesa (por lo menos en la corta extensión de la cita anterior) una historia que pasa de la producción natural de plantas en el siglo xix al nacimiento de las industrias químicas del siglo xx. También cada decisión productiva y comer- cial (re)orienta la diversificación que va tomando el mercado hacia otras producciones, en este caso, hacia el vino. Pero volvamos a las notas de campo en Vila Mada.
a un costado de la pared roja, en el suelo, hay una gran cantidad de latas de pintura en aerosol. Fue el hecho de tener una amplitud tan grande de colores que me llamó la atención como para atravesar la calle hacia la otra vereda. Antes de avanzar saco una foto desde lo lejos. Me acerco y pregunto si no le incomode con quedarme ahí viendo y me responde que todo bien. Instalo la mochila y me pongo a ver cómo trabaja sobre la obra. Está usando un estilo parecido al que ví de Elián en Córdoba: marca con cinta un espacio límite y pinta sobre ese borde o dentro de un perímetro delimitado
NOTA: Esto no es en realidad una práctica excepcional. El artista español El Tono, que de paso ha dejado grandes obras en Sampa, también hace esto de pintar sobre el límite que marcan las cintas adhesivas. Y de hecho lo hizo explícito en una pre- sentación trabajando con anversos y reversos para hacer obras doble que estarían como espejadas entre la calle y la galería: el positivo y el negativo les llamaba, sola- mente una de cada intervención y obra de galería. De paso también fue charlando con el artista porteño Parbo que me explicó entre risas: supo que cuando pixaron la galería Choque Cultural fue por causa de una exposición de Eltono en la que las invitaciones al evento decían PIXO GRATIS. Probablemente el español quiso decir algo diferente y los pixadores vieron la oportunidad para pixar con un motivo al menos en parte justificado...
Había armado varias circunferencias con líneas cruzadas. La charla la empezó él con cierta facilidad ofreciendo agua en cuanto él tomaba. Una abeja interrumpió
Figura 17: Una pared nueva. Roja, marrón, etc.
[Fuente: foto del autor]
el trabajo acercándose al artista que estaba subido a una escalera y lo hizo bajar. La operación de la abeja y de Nove bajando se repitió y el comentario del grafitero fue que no quería matarla, “dan buena suerte las abejas”.
Pasaron varias personas que frenaron a saludarlo. Primero una vecina de unos treinta (tatuada) diciendo que le gustaba lo que hacía. Después algunos amigos o conocidos: una pareja (también ambos tatuados) vino en auto y se frenó a saludar. Nove comentó que la energía del beco (de batman) estaba más trabada, que acá fluía mejor.
Comentario de la amiga: ¡¡Allá reclamamos más!!
Entre gentes locales y visitantes el artista pintaba con, o bajo, la ayuda de una serie de instrumentos. Usaba una máscara para no respirar la pintura. También se puso un sombrero cuando hice notar que estaba de mucho sol al mediodía. Yo me había sentado a la izquierda de su pintura donde yo todavía podía recibir sombra del muro en que él estaba pintando. Después del mediodía me mudé del lado derecho donde una van estacionada me daba sombra.
Fue el mecánico del barrio el que le dio permiso a Nove de pintar el mural multi-color sobre rojo. El mecánico era justamente el que tenía la pared como el exterior de su local. El elemento clave en esta concesión es que ambas partes tuvieron la ocasión y los motivos para hacerlo. De
un lado el mecánico, que tenía la pared disponible y que era reputado por no querer que le pinten sin consulta. Al menos no querría que le pinten algo que estéticamente, o políticamente, le pareciera incorrecto. De otra parte el artista, que siempre está atento a lugares con buena textura, visibilidad y que no la borren. El pintar en outdoors es parte de la experiencia de los artistas urbanos. Para algunos artistas ya es bastante mérito exponer y ganar plata por pintar. Pero en el mundo del arte urbano muchas veces se espera, o hasta se pide, que el artista pinte en exteriores. Pintar la calle forma una parte de ese estar en la calle que caracteriza la faceta de participar en sociedad. Otras facetas son dar talleres educativos, pintar en lugares olvidados o desconsiderados, pensar en las personas que habitan el lugar. Algunos artistas trabajan la faceta de lo exterior como participación en la cultura urbana. No es lo mismo un artista de las bellas artes clásicas que el movimiento surgiente del street-art. O a veces sí. Al menos son mundos que se comunican pero no son a priori idénticos81. Volviendo al caso de Nove, el artista cuenta que
charló con el dueño del local en el que estaba la pared. Pudo tener esta oportunidad una vez que tuvo que llevar su auto al mecánico. Así pudo acceder al pedido primero y después al permiso. Este tipo de concesiones no se le dan a cualquiera. Nove tenía habilidades ya reconocidas por una historia de trabajo en el área. Trabajos en el extranjero, participación en eventos y galerías, talleres de arte. Nove había ya pintado la fachada de la galería Choque Cultural, en la que antes fue representado artísticamente. También pintó una escultura en un lugar muy central, reputado: en el borde final de la Av. Paulista, sobre el puente en Rua da Consolação. Bajo una serie de condiciones es que el del barrio, dueño de un espacio concuerda en acceder a estos permisos.