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NUESTRO TIEMPO SE ROMPIO: SOBRE LA DURACIÓN

In document Un espacio de dos (página 58-71)

Para que el tiempo se presente en persona es que la apariencia más segura

                                                                Las manos de mamá.                                

 

Las manos de mamá

     

El 8 de agosto de 2009 cumplí 21 años. El último que pasaría con mi mamá, no necesitaba que me lo dijeran, yo podía sentir lo poco que le quedaba de vida, estaba segura de que se moriría al finalizar el año. Ese día decidí armarme de valor para una acción fatal; la de registrar su rostro y su enfermedad. Ese día me levanté muy temprano, fui al centro y compre un rollo. Le tomaría fotos, nos tomaríamos fotos fingiendo por mi parte la felicidad de aquella celebración sólo para hacerla sonreír y mostrarle que yo estaba bien. Muriéndome emocionalmente pensaba que el tiempo se consumía a si mismo tan rápidamente que sólo quedaría el recuerdo efímero de un disparo en la mente de todos. Pero yo tendría la evidencia de la mayor coyuntura en mi vida, y el recuerdo más hermoso y real que puedo tener de ella; sus manos.

Ese día se despidió de mí, fue la última vez que pudo apretar mi mano tan fuerte como queriendo transmitirme toda su energía y toda su protección hasta que creciera completamente. Yo sabía que aún era conciente de mí, de quien era yo y tenía que aprovechar que existía para ella, que su cerebro aún me reconocía, necesitaba como un impulso vital capturar la fuerza de ese último momento juntas porque talvez mañana o pasado ella ya no estaría y como un sueño habría pensando que jamás existió. Me apretó la mano, me quede mirando nuestras manos juntas en un apretón único y eterno mientras duró, lagrimas resbalaban de mis ojos al sentir la separación tan cerca. Quería a toda costa detener el tiempo y dispare, con la esperanza de volver a sentirla ahí, a mi lado.

                         

 

i. Sábado 21 de marzo 2009

Abro la llave. El agua cae rápidamente y hay una cierta sensación de desespero. Mi mamá yace postrada en la cama esperando que con extremo cuidado llegue a recogerla para el baño. Pienso que soy muy débil para alzarla, que no seré capaz de llevarla y que por la torpeza que me caracteriza se me caerá al piso. Llego a su cama y con todo el amor que le tengo y el peso del dolor de encontrarla así, muerta en vida, incapaz de mover un dedo por si misma pero totalmente conciente de ello y sin habla.

Decido cerrar los ojos, pensar en los nueve meses que me cargo y sin más me inclino, la aferro a mi con toda mi fuerza y en un intento por fusionar los dos cuerpos y ser una sola la agarro y la levanto en un sólo esfuerzo. Exitosamente nos encontramos de pie. Ambas nos reímos, lo logramos una vez más. Abrazadas nos miramos, ya no existe entre nosotras otro lenguaje sino el de las miradas, mi mamá tiene todo el hemisferio derecho carcomido por un tumor siendo el lenguaje lo primero en desaparecer. He decidido desde hace muy poco que lo único que haré para comunicarme con ella será hacerle muecas, ya intente inocentemente darle un computador para que escribiera pero para mi pesar no coordina y no emite palabras. Nos encontramos cara a cara. Le abro los ojos enorme y ella me responde, ambas con unos ojos gigantes competimos por quien los abrirá más. Le pico un ojo y me pica el otro. Le saco la lengua. Me saca la lengua de lado. Sonrío. Me sonríe enorme. Y ya cuando no podemos hacer más, nos quedamos quietas y nos sumergimos en la mirada de la otra por largo rato. Yo pensando que jamás quiero olvidar sus ojos y ella talvez pensando que no me volverá a ver jamás, queriendo grabar mi mirada más allá de la muerte. Antes de empezar a llorar bajo la mirada y me dispongo a sentarla en la silla de ruedas, acerco la silla con una mano y con la otra la tengo de la cadera. Ya listas silla y madre la siento despacio, le subo los pies a los descanzadores y le doy un beso por haberlo logrado. Me hago detrás de la silla y empiezo a llevarla a la puerta del baño. Estando cerca le advierto que tiene que ayudarme a pasar el siguiente obstáculo que es caminar desde la puerta hasta el inodoro porque la silla no cabe

en el baño. Ella hace cara de miedo. Acomodo la silla de frente al baño. La levanto con las dos manos, estando de pie, ella da un paso con su pierna izquierda, yo me pongo detrás de ella y con mi pierna izquierda empujo su pierna derecha que no tiene movimiento mientras con mi brazo izquierdo la abrazo por detrás y con el derecho sostengo su brazo derecho que está en un cabestrillo. Ella hace cara de dolor porque con cada pisada del pie derecho su rodilla se extiende hacia atrás haciendo un tiron de su rotula en el sentido totalmente opuesto a su movimiento natural. Yo sudo porque mis pasos son sus pasos y mi equilibrio el de ella, si le pongo mal el pie derecho podría partirle el tobillo, son dos minutos eternos en los que no soporto su cara de concentración como queriendo mover por si misma su parte inmóvil. Luego de cinco pasos, la siento en el inodoro. El agua de la ducha suena de fondo y el baño está empañado. El agua ya está caliente.

Despacio empiezo por quitarle los zapatos que le aprietan los tobillos para que no se desvíen con su progresiva degeneración corporal, le quito las medias de peluche que la mantienen a una temperatura moderada pues ya sus extremidades casi siempre lucen moradas por el frío. Luego me pongo de pie y le quito el cabestrillo, cojo con mis dos manos sus brazos y los levanto al tiempo que le quito el saco. Ella hace mala cara y un gemido de dolor. Le quito el brazier y su piel luce reseca. Me mira como suplicándome que me apure pues el frío empieza a irritarla, trato de moverme lo más rápido posible pero cualquier movimiento en falso podría ser fatal. La levanto y la agarro de una manija del baño para poderle quitar el pantalón, desapuntarle el pañal y poderla sentar en la banca que está dentro de la ducha todo en el mismo movimiento. Me empieza a doler la espalda, sólo me falta limpiarle la vagina luego de quitarle el pañal, doblarlo y botarlo a la basura. Mientras me doy la vuelta para echarlo a la caneca, noto que su pierna derecha empieza a temblar rápidamente si me demoro más perderá el equilibrio y se caerá al piso. Me muevo lo más rápido que puedo y vuelvo a tomar impulso, me levanto y con toda mi fuerza de nuevo la abrazo para sentarla.

Ya lista para el baño, y sabiendo que no puede tardar tanto el proceso me quito la ropa quedando en ropa interior y me introduzco en la ducha. Muevo la banca un poco, mi mamá pierde el equilibrio y se va hacia delante la cojo y la acomodo debajo del chorro.

Las piernas se congelan al no rozar el agua, solamente su espalda yace bajo el chorro de agua, de vez en cuando la cabeza pelada por efectos ineludibles de radioterapia se mete tímidamente en ese chorro fuerte que la golpea cruelmente. No abre los ojos, no mueve la boca, tan sólo se entrega a mis brazos para dejarse sacar la mierda de la enfermedad.

Paso por paso y con extremo cuidado de no irritarla empiezo por embadurnarla de jabón hasta más no poder, de pies a cabeza queda completamente espumada y lista para juagar. Ella no pude decir nada, no puede pelear, no puede quitarse ni patalear, tan sólo espera.

Luego levanto con sumo cuidado el brazo inmóvil que desgonzado se presta para hacer literalmente lo que quieran con él, le lavo las axilas, y si tiene pelos, se los quito con la cuchilla que compramos hace poco. Terminado el proceso de almendras llega la aromaterapia de eucalipto que compramos algún fin de año, le entierro los nudillos en la espalda con la esperanza de que no sólo el estrés salga sino todo su dolor y así voy bajando por los brazos, sus enormes senos ya empezando a envejecer, su estomago dividido en tres secciones gordas que recuerdan aquel tiempo en el que allí residieron tres bebecitas.

Lavo con tranquilidad y nostalgia esa tripa que algún día me acogió.

Las piernas son de difícil acceso porque los pies están pegados al borde de la ducha y por la parálisis hay que agacharse hasta lo mas bajo para limpiar a medias esos pies hinchados. A totumadas lavo los residuos de jabón que han quedado por cualquier lugar inalcanzable para el chorro.

Mi mamá abre y cierra sus ojos, me mira compasivamente, y se aferra a mi mano, tiene miedo de caerse, tiene dolor en todo el cuerpo, tiene ganas de gritar y no puede. Me suplica que la saque ya con monosílabos. No puedo sacarla sin haberla bañado completamente, es nuestra única actividad diaria y entre más dure más rápido terminará el día. Menos tiempo de verla inerte.

recomendaron por la debilidad del cuero cabelludo que luego de presenciar la caída desmedida de pelo ha quedado tan frágil que pedazos enteros de este resultaron cayéndose a los pocos días. Cierra sus ojitos para que no le caiga jabón, le froto la cabeza dos veces y con eso ya queda limpia su calva. Todo ha sido bastante fácil hasta el momento, ahora al contar tres la paro de la banca en la que estaba sentada para lavarle la cola y la margarita como solía decirle a la vagina. Estabilizarla es difícil por la parálisis que tiene su lado derecho, y pensando en el agua que corre por nuestros pies en ese resbaloso baldosín, un paso en falso sería de inmediato una caída mortal.

Con toda la fuerza de mi cuerpo la abrazo con una mano y con la otra le lavo las nalgas, le echo jabón rápido y le echo dos totumadas de agua con la misma mano, la separo un poco de mi cuerpo y le echo jabón en la vagina la juago como puedo y de nuevo la siento. Ella no puede hablar tan sólo mira con esos ojos grandes que intimidan, algunas lagrimas caen de sus ojos y baja la cabeza para que no la vea llorar, yo hago de cuenta que no la veo y lloro. Cierro la llave. Ya sentada y tiritando de frío la envuelvo en una toalla. Le seco los ojos y la cabecita. Me preparo para alzarla y sacarla de la ducha. Al contar hasta tres ya estamos de pie y con toda mi fuerza la saco, la siento en el inodoro y la abrazo por la felicidad de haberlo logrado una vez más sin habernos caído al piso. Nos quedamos mirando por mucho tiempo, la abrazo y le digo que vamos a salir adelante, a pesar de que sé que se va a morir muy pronto…

 

Mi mamá se murió el 17 de octubre del 2009.

La duración tiene que ver con la intensidad y no con el tiempo, con el grado de fuerza con que se manifiesta una imagen en la que uno participa con el cuerpo y con los sentimientos completamente y nunca desde la acción. Corta o dilatada la imagen tiene un tiempo abstracto que traspasa las leyes del tiempo conocido, no se reduce a una medida sino que tiene que ver con el proceso de iniciar y finalizar algo emocionalmente o sensorialmente.

a poco su estado empeoraba, llegue a conocer todos los estados posibles de desintegración corporal, primero quedo invalida y muda, con el tiempo sólo le quedo la conciencia, se debatía entre la vida y la muerte y pese a su condición se esforzaba por salir adelante tan sólo con su sonrisa, tenía la esperanza de sanarse, lo sabía porque la ilusión de sus ojos reflejaban su mayor deseo. Mi mamá era incapaz de moverse, tan sólo abría y cerraba sus ojitos, estaba encapsulada en un cuerpo que no podía ser movimiento “normal”20

Sin embargo, un movimiento a centrado como lo es la parálisis no tiene un derecho o una medida, y se vuelve “anormal” o “aberrante”21. Un movimiento semejante, lejos de quebrar el tiempo, lo libera de su subordinación, le deja la posibilidad de surgir directamente. Es desde la disipación del centro, desde la ruptura de la idea del tiempo como medida del movimiento que aparece el tiempo en si mismo como duración (MARRATI, 2006, 80p) y ahí queda la imagen suspendida.

Nuestro tiempo se rompió.

Un día estábamos al margen de las horas del día, pensando siempre en las acciones para llenar nuestra vida productivamente y de repente al otro, éramos presos de una eterna espera, los días pasaban en pos a la enfermedad de mi mamá, que tratábamos de detener caprichosamente, al principio todo era medible, las pastillas, las horas de las terapias, la cantidad de comida, y hasta la caída del pelo, con el tiempo, la parálisis de su cuerpo detuvo consigo el tiempo cronológico y lo dilato hasta el extremo de la perdida total de su noción como lo conocíamos, si hago la cuenta fueron 9.405 días de parálisis temporal y corporal, pero si revivo lo que pasó para mi duró 5 años. Las imágenes de su enfermedad eran tan       

20 Deleuze entiende por movimiento “normal” todo movimiento que puede ser vinculado a un

centro, del centro de observación de un espectador, o de gravitad de los móviles, es la posibilidad de estar centrado lo que vuelve al movimiento medible porque está sujeto a relaciones de número y, por ello, es “normal”. 

21 La imagen-movimiento es por naturaleza un movimiento acentrado- aberrante (lo que el

movimiento aberrante revela es el tiempo como todo, como apertura infinita) Este movimiento se revela en las inversiones del movimiento; aceleraciones, ralentis, cambios de escala, parálisis etc. Y lo que se obtiene de estos movimientos es una percepción directa del tiempo.

fuertes que aun hoy hago un esfuerzo por sacarlas de mi cabeza, sueño constantemente con esos momentos de dolor, en un sueño por ejemplo; corro y corro tratando de evadir su muerte y en el esfuerzo más desesperado por huir a lo inevitable me despierto pero cuando abro los ojos ya es una realidad, ella ya no está, lo único que me queda es llorar…, en repetidas ocasiones esas imágenes aparecen para mortificarme con el peso de su existencia y con la realidad de su cruda virtualidad porque fueron y ya no son.

Ahora el tiempo ha pasado y entiendo la imagen-recuerdo como un mixto de duración y de materialidad no sólo porque la imagen tenga una duración interna de cómo se percibió determinado momento sino porque mediante la virtualidad de la imagen, perdura, es duración pura, por su posibilidad de actualización y de eterna aparición. Es así como el recuerdo puro es el origen de la imagen-recuerdo, que no se relaciona con el presente y por eso permanece in-extensivo, pero al volverse imagen virtual la duración aparece como vinculo con el presente. Es por esto que las imágenes de mi mamá duraran para siempre como marcas indelebles de un tiempo pasado, presente y futuro.

CONCLUSIONES FINALES

Basto con una aparición. No necesite más sino aferrarme a lo que pude ver en ese momento. Es la imagen de volverla a ver, no en cuerpo sino fijada en espacios que recorro. Se manifiesta inesperadamente sin poder huir de esos encuentros íntimos con su imagen. En dos dimensiones nos encontramos pero como si andáramos paralelamente y queriendo encontrarnos nos miramos. El espacio de mi casa esconde su realidad, la esconde a ella y sólo cuando se desnuda ella puede aparecer.

Intentar volver al lugar donde nos conocimos es imposible. Intentar permanecer en la visión es aún más difícil. Cuento con la suerte de verla de vez en cuando, he aprendido que debe bastarme con eso a pesar de que el deseo de volverla a ver físicamente sea más intenso cada día pero la conciencia de la imposibilidad la he desarrollado ágilmente y eso me satisface…

Ahora he decidido concéntrame más en lo que alcanzo a ver cuando llega. Mi relación la tejo secretamente con apariciones sueltas de lo que era. Su imagen es frágil, desaparece cuando ruidos del exterior llegan a romperla.

Ya no sé quien era. Su ocupación, sus deberes, sus obligaciones. La conozco como pedazos de ella. No corro con la suerte o la desgracia de mi hermana de poder describirla en todo momento y como un disco rayado reproducirla nítidamente con mis palabras, a mi me basta con sentir dos o tres imágenes… Aún no salgo de la sorpresa que ha sido desarrollar un interés por la memoria tan fuerte y en pleno desarrollo de esta investigación, enfrentarme a la muerte de mi mamá. No lo entiendo… pero fue a partir de eso que se evidencio una realidad sobre el pasado porque la certeza de que nunca más volvería a ver esa imagen no por voluntad propia sino porque realmente desaparecería me obligo a absorberla lo mejor posible, concientizando los recuerdos, pensándolos constantemente.

En esa reflexión me di cuenta que no existe historia, como se nos ha enseñado con inicio nudo y desenlace como si todo se redujera a los hechos concretos, sino la imagen recuerdo resalta porque precisamente no hace parte de un tiempo cronológico de movimientos útiles, en donde se pueda contar todo sólo a partir de ideas, de frases, como si el recuerdo de un impacto tuviera más que ver con su origen... Por el contrario se concentra la atención sobre cierto movimiento que no tiene centro, no es normal y por eso se presenta en imagen, una imagen que dura y atraviesa el tiempo y el espíritu…

Ahora bien, las escenas grabadas nacen de una búsqueda visual a partir de la estructura de la imagen recuerdo que he propuesto en este texto, no se trata de una representación del recuerdo sino por el contrario, romper la idea de significación en la imagen, pues como se le ha entendido es precisamente como una ruptura de sintaxis en el lenguaje.

La imagen recuerdo:

1. No tiene tiempo sino duración. La duración tiene que ver con un proceso ya sea emocional o corporal y la intensidad de este.

2. No hay acción sino parálisis o movimientos aberrantes. Dentro de esta imagen no hay acción bajo una lógica historicista basada en hechos de causa y efecto porque no hay un movimiento centrado, se presenta entonces la parálisis. Acciones encapsuladas que no se mueven en el tiempo, sino en la duración. No hay intencionalidad narrativa lineal.

3. Esta suspendida en el espacio. La imagen es una fijación en el espacio porque es pura materialidad.

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