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Se ha considerado que durante la década de 1940 la Argentina atravesó una etapa caracterizada por la tendencia a la descapitalización del agro, refle- jada en la dificultad de compra y reparación de maquinarias, agravada por el boicot norteamericano, pero también en términos de infraestructura de trans- porte terrestre, lo que permite considerar la existencia de un “retraso tecnoló- gico” en la región pampeana. Mientras tanto, en Estados Unidos y Europa se volcaba todo el esfuerzo en las mejoras en fertilizantes, plaguicidas y mecani- zación, lo que propendía a un espectacular aumento de la productividad.29

La situación comenzó a cambiar gradualmente desde 1949, cuando a la par del levantamiento del boicot, se lanzaba el “Plan trienal de mecaniza- ción del agro”, como parte de las medidas encaradas para enfrentar –des- de el discurso, aunque también desde la práctica– la demora en adoptar nuevas tecnologías. El gobierno peronista, a través de las páginas de Mun-

do agrario remitía esa situación a lo que llamaba la “imprevisión que an-

tecedió al actual gobierno” y a los “daños causados por años de abandono de las preocupaciones propias del poder del Estado”.30

Una de las maneras de difundir entre los productores la necesidad de la mecanización y la consulta técnica son precisamente las publicaciones especializadas. Tanto La Chacra como Mundo Agrario hicieron del tema uno de sus tópicos más frecuentes; en el segundo caso, por su cercanía al poder político se encargaría de promocionar las medidas estatales, como el “Plan de mecanización”, y las acciones encaradas para llevarlo a cabo. A través de artículos que conformaban las secciones de ingeniería rural, in- vestigaciones agrícolas o industrias rurales se hacían públicas las respues- tas que daba el gobierno a las preocupaciones expresadas en el “Primer Congreso de Mecanización Agrícola” organizado por el Ministerio de Agri-

29 Barsky, Osvaldo y Pucciarelli, Alfredo, El agro pampeano. El fin de un período, Bue- nos Aires, FLACSO/Oficina de Publicaciones del CBC, 1997, p. 410-412.

30 “El estado fomentará la construcción de maquinaria para el campo argentino”, en M.A., febrero de 1950, p. 8.

cultura y Ganadería en 1949; entre ellas, la línea especial de créditos para fomentar la fabricación de maquinaria rural. En 1952, la Fundación Eva Perón encaró la realización del “Plan agrario” del mismo nombre, que ba- jo el lema “sembrar, sembrar y sembrar”, creó los “Equipos agrarios justi- cialistas” que serían rentados a los productores a bajo costo el primero, formado por diez tractores y otras maquinarias se presentó, con gran despliegue propagandístico y un desfile por la Capital Federal.31

La opinión más puramente técnica, por su parte, destacaba la influen- cia del sistema de tenencia de la tierra en las posibilidades de tecnificación y la necesidad de incentivar la investigación agrícola a partir del Estado, entidades mixtas y cooperativas, por no estar al alcance del chacarero indi- vidual. En esta etapa el tema se presentaba en forma ambivalente, por una parte se difundía simplemente el discurso del gobierno, con un tinte mar- cadamente propagandístico y por otra la prédica técnica de los profesiona- les agronómicos, en la que el énfasis estaba dado en los aspectos más rela- cionados con la investigación agrícola y su difusión entre los productores.

El cooperativismo ha sido otro de los temas caros al pensamiento agrario argentino, y como tal ocupaba un lugar importante en la publicación analiza- da. Desde comienzos del siglo XX, el movimiento cooperativo había ido co-

brando fuerza, pero fue en la década de 1940 y con el surgimiento del Estado justicialista que encontró un gobierno plenamente favorable a su desenvolvi- miento. Aquél veía en el cooperativismo un medio de canalizar las necesida- des del pequeño y mediano productor en cuanto a mecanización y comercia- lización adecuada por medio de las cooperativas y lograr así una mejor “or- ganización” del medio rural, tal como se pretendía desde el discurso oficial.32

Mundo Agrario se convirtió en vocera de sus postulados, en los cuales

se advertía coincidencia con el nacionalismo popular peronista, que éste

31 M.A., febrero de 1950, pp. 8-9; Ibídem, abril de 1952 y abril de 1954.

32 Mateo, Graciela, “La Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), sus orígenes y ex- pansión en tiempos del peronismo (1946-1955)”, en Jornadas Empresas y empresarios rurales en la Argentina en los siglos XIX y XX, Buenos Aires, Universidad Argentina de la Empresa, 2002; Girbal-Blacha, N. Mitos… op. cit., cap. IV “Cooperativismo agrario y peronismo”, pp. 172-222.

no tardó en aprovechar, en esta etapa de “vuelta al campo”. Fue así que el tema ocupaba una sección fija en la revista entre 1950 y 1955, ya que, en palabras de Carlos Aloé cuando ya era gobernador, “la única forma de or- ganizar las fuerzas del trabajo con las fuerzas de la producción, de la in- dustrialización y la comercialización es bajo la forma de cooperativas”, de- claraba el gobernador de Buenos Aires, afirmando además que, según el Plan Quinquenal la cooperativa se consideraba la “unidad básica de la eco- nomía agraria”.33

Se dio amplia cobertura a la organización y realización del Congreso cooperativista de 1950, declarando que el fin principal era la eliminación de intermediarios en el transporte y la comercialización de los productos agrícolas o ganaderos, con depósitos apropiados, flotas de camiones a dis- posición de sus socios y otros beneficios.34

El modelo inglés era rescatado en una serie de notas publicadas con el fin de enunciar “el aspecto funcional y social de la cooperación”, mientras que se entroncaba la activación económica que proporciona el cooperati- vismo con la acción del gobierno si “como en el caso nuestro, ven aque- llos que se alivia su responsabilidad de otorgar a cada uno su parte de bie- nestar correspondiente a un régimen justicialista”. Por otra parte Mundo

Agrario se encargaba de dar a conocer ampliamente el Decálogo Coope-

rativista Agrario sancionado por Juan D. Perón.35

Luego de la Revolución libertadora, el cooperativismo dejó de ocupar una sección específica, pero no decayó su importancia para los redactores, bien que se suponía separado ahora de sus las connotaciones políticas anteriores.

Mundo Agrario y la familia

La familia rural era, más que el productor individual, la destinataria de la revista, por lo que su presencia era constante, y era apelada tanto

33 M.A., junio de 1954, p. 9. 34 M.A., julio de 1950, pp. 38-39. 35 M.A., febrero de 1954, pp. 68-69.

como receptora de las políticas agrarias, como de los esfuerzos del pro- fesional agronómico para lograr su asentamiento y arraigo en el campo. Ocupaba un espacio importante en Mundo Agrario a través de seccio- nes y artículos específicos sobre “el hogar campesino”, la “huerta fami- liar”, o la “vivienda rural”, pero también en diversas notas que enfatiza- ban la promoción de la familia, la elevación de su nivel de vida, y su par- ticipación en los distintos aspectos de la explotación rural. Era relativa- mente habitual el presentar algunos casos de familias productoras en la forma de notas o entrevistas a las mismas para enfatizar el éxito en su respectiva actividad, que remataban con una imagen de la familia reu- nida en la mesa común, a veces para compartir la comida, pero más fre- cuentemente el momento de esparcimiento luego del trabajo, con la ra- dio como presencia ineludible. Estas notas podían servir para difundir las políticas de Estado y subrayar, con ejemplos concretos, la importan- cia del ahorro y la economía en el hogar durante los últimos años del pe- ronismo.

Al iniciar Perón su segundo gobierno constitucional se renovó el elen- co ministerial y el cargo de ministro de agricultura y ganadería fue ocupa- do por Carlos Hogan, que afirmaba estar “inspirado e identificado total- mente” con la política del presidente. A la vez declaraba como objetivo principal de su gestión “hacer del campo, donde radica la expresión más

noble del trabajo argentino, una explotación integral próspera y feliz pa-

ra la familia campesina, arraigándola a la tierra que trabaja y cultivando para sus hijos la tradición del campo como factor de estabilidad y segu-

ridad para nuestra nación...”.36

Se expresaba el ministro en palabras no muy diferentes a las que podría haber utilizado un funcionario de décadas anteriores, evidenciando una vez más la línea seguida por la política eco- nómica peronista a partir de 1949, pero también la apelación a la familia como célula básica de la Nación, cuyo afianzamiento en el campo era ne- cesario para consolidar esa orientación.

36 Discurso del ministro de agricultura y ganadería al saludar a sus colaboradores, cita- do en M.A., julio de 1952, p. 47. Cursiva agregada.

La familia arraigada y estable entonces era la destinataria de las políti- cas oficiales, aunque, como se consignó antes, los discursos reformistas en cuanto a la tenencia de la tierra se habían morigerado y el ataque a la gran propiedad, diluido. Marcando un proceso de continuidad en el discurso y las representaciones sobre el agro argentino, la diversificación de la pro- ducción en la chacra y su transformación en una granja racionalmente explotada, eran objetivos expuestos a través de las páginas de Mundo

Agrario.

Así como en la promoción de la colonización se apelaba a mostrar ejemplos de felices familias agricultoras, este era un recurso válido tam- bién para afianzar el concepto de diversificación para el consumo familiar y la mejora de la alimentación a un menor costo. Tal es el caso presenta- do de una familia del delta, productora frutícola, de la cual se alababa el hecho de que también plantaban viñas para fabricar vino casero, se faena- ban porcinos, se plantaban verduras, se criaban aves, es decir todo un prospecto de lo propiciado desde la publicación, pero que resumía en su continuidad el ideal presentado desde las primeras décadas del siglo por los pensadores del agro.37

La “repoblación de la campaña y el bienestar de los agricultores” te- nían a la familia rural como su beneficiaria y principal ejecutora. El con- sumo de los productos de granja y la venta de sus excedentes se convertía en un beneficio adicional para la población de la campaña, y eran todos los integrantes del núcleo familiar los que debían participar en las labores. “La familia campesina lo agradecerá, los hijos tendrán muchísimo que ha- cer en sus propios terruños, las mujeres conquistarán un sitio de honor entre las labores que la granja reclama de ellas y el campo nuestro toma- rá un nuevo impulso, que ha de llevarlo a ocupar un lugar más alto aún en la economía del país...”. En efecto eran especialmente las mujeres y los ni- ños los apelados a realizar esta tarea, que no siempre era visibilizada co- mo un verdadero trabajo.38

37 M.A., enero de 1952, pp. 42-44. 38 M.A., febrero de 1950, pp. 89-91.

En estas propuestas no quedaba duda de que la esfera de actuación de las mujeres era el doméstico y su trabajo en la explotación seguía planteán- dose como una extensión de ese ámbito, aún en el caso de tratarse de una participación en tareas que producían ingresos pecuniarios en el hogar. La distribución de roles de género en la familia, la “naturalización” de los mis- mos –un tema extensamente trabajado por la bibliografía que trata proble- mas de género– no se cuestionaba. El trabajo productivo quedaba a cargo especialmente de los hombres adultos e hijos varones, el llamado trabajo

reproductivo (es decir el no remunerado pecuniariamente) en cambio era

el ámbito de las mujeres y las hijas.39

Esto se mostraba evidentemente en la publicación analizada, como en otras de la época, aunque asimismo no estaba ausente el trabajo productivo, es decir retribuido con dinero –y fue- ra del hogar o de la explotación familiar– el cual era reflejado en Mundo

Agrario, en particular en ciertas actividades agro-industriales.

Este era el caso de la industria vitivinícola, en la cual se llegaba a relacio- nar el avance técnico con la posibilidad de incorporar mano de obra feme- nina, afirmando que, “es precisamente la mecanización de estos procesos [refiriéndose a lavado y revisión de botellas, encajonamiento y estampilla- do] lo que ha permitido incorporar a la mujer a tales actividades, dado el mí- nimo de esfuerzo físico que ellas representan”. No se cuestionaba en este ca- so el trabajo fuera del hogar, sino que se lo consideraba un avance en rela- ción a la participación de la mujer en la cosecha, pues sería “una nueva eta- pa de superación en el rendimiento útil de este tipo de mano de obra”.40

Por otra parte, se anunciaba en 1950 un nuevo lugar para la mujer en el agro: “Signo de una nueva época, la mujer argentina debe conquistar al lado del hombre su verdadero lugar en las tareas rurales y en el hogar campesino” era el subtítulo de un artículo dedicado a la “mujer en la gran-

39 Sobre el tema y bibliografía respecto a trabajo productivo/reproductivo en las rela- ciones de género, se puede ver entre otros a: De Arce, Alejandra y Patiño Alcívar, Isa- bel, “Género y trabajo en el campo argentino. Discursos y representaciones sociales (1946-1962)”, en: V Jornadas de investigación y debate “Trabajo, propiedad y tecnolo- gía en el mundo rural argentino”, Universidad Nacional de Quilmes, 2008.

ja”. Mostraba entonces la imagen femenina en diversas actividades, la vendimia, trabajo hortícola junto al hombre, ordeñe vacuno e incluso ma- nejando un tractor, (aunque esta última ilustración no reflejaba una mu- jer argentina sino una europea durante la guerra) en un lugar que no se consideraba “de simple compañía sino de amplia y total colaboración”.41 Sin embargo, tanto en la nota sobre la industria vitivinícola donde se en- fatiza el carácter liviano de la tarea al alcance de las mujeres, como en la presente, al desarrollar lo que el autor entendía por el espacio femenino no se apartaba de los conceptos y prejuicios tradicionales, en especial en este último caso. Luego de un comienzo aparentemente más inclusivo y avanzado, apoyando la “reivindicación femenina”, el lugar asignado es el tradicional, a favor de una educación y capacitación para “dirigir el hogar rural, para dominar todas las tareas de una granja y pueda ser la colabo- radora eficaz del agricultor”. Y en relación a la mecanización que se pre- veía, el cuerpo del texto no acompañaba ciertamente a la imagen, “¿quién puede conservar las máquinas mejor que la mujer, que tiene las condicio- nes naturales para todo cuanto pertenece a la casa?”, se interrogaba el au- tor, eximiéndonos de mayores comentarios.42

La imagen femenina era habitual en el aspecto gráfico de la publica- ción, como protagonista de las fotos en las secciones sobre granja, coloni- zación o huerta casera, en las notas de diversas fiestas sobre aconteci- mientos del agro (de la vendimia, del trigo), e incluso tenía una presencia importante en la portada de la revista. En general no era autora de artí- culos técnicos (al menos hasta 1952), pero sí aparentemente se encargaba de las secciones relacionadas con el hogar. Una posición que era compar- tida con la revista La Chacra.

Por otra parte, a la vez que se destaca la presencia de la mujer, como aglutinadora del hogar, ocupaba importante lugar la orientación agrícola en la escuela, es decir la apelación a los integrantes más jóvenes de la fa- milia. La escuela “era uno de los instrumentos privilegiados para lograr la

41 M.A., enero de 1950, pp. 38-39. 42 Ibídem, p. 38.

unanimidad buscada por el Estado nacionalista y popular en torno a la doctrina peronista, transformada paulatinamente en doctrina nacional. El sistema educativo, y el niño como transmisor de los mensajes que la es- cuela le impartía hacia su familia, fueron algunos de los medios que privi- legió el oficialismo al reforzar el principio de lealtad al líder y su acción de gobierno”.43

Era a través de los niños que se aspiraba a que la escuela ejerciera una influencia en la familia rural y en la zona en que desarrollaba sus activida- des, y, sin alejarse de su función pedagógica básica, se orientara a “man- tener entre los productores ese imperativo que los debe orientar hacia una mayor y mejor producción”, como “organismo de acción al servicio del plan de vida de la Nación”, tal como se proclamaba en 1950.44

Estos te- mas no podían estar ausentes en la etapa en que se incorporaban además al esquema discursivo del peronismo en el poder y ocupaba un lugar im- portante en el Segundo Plan Quinquenal y Mundo Agrario ya desde sus inicios había destinado un lugar importante a su función didáctica como revista, con consejos y ejemplos para los maestros en la sección de “orien- tación agrícola”.

Por otra parte ocupó su lugar el “preaprendizaje”, cursos para alumnos de quinto y sexto grados implantados en 1949 con varias especialidades, una de ellas la agrícola, siendo la instalación de la huerta familiar en los hogares de los niños una finalidad primordial a la que se tendía con esta y otras iniciativas como los “huertos escolares demostrativos”. Las mismas, si bien con antecedentes desde años antes –la huerta escolar era un tema clásico en las propuestas agronómicas y de docentes rurales, en especial para las escuelas rurales aunque sin desdeñar las urbanas– se renovaban en 1949 con los nuevos planes de estudio para la escuela primaria y tenían su lugar importante en Mundo Agrario.

En relación a los jóvenes, se promocionaba desde la publicación el in- greso en las diversas escuelas agrícolas públicas, especialmente las de ju-

43 Gutiérrez, Talía V., Educación, agro y sociedad…, op cit, p. 207. 44 M.A., junio de 1950, p. 67.

risdicción nacional, y solían cubrirse notas sobre ellas y la escuela del ho- gar agrícola (en Bolívar, Buenos Aires), resaltando los logros a partir de la instalación del peronismo. Las escuelas privadas rara vez eran menciona- das, lo cual siguió siendo habitual luego de 1955.

La modificación del régimen de enseñanza también en las escuelas agrícolas también ocupó un lugar en la revista. Se proponía afianzar el ca- rácter práctico y la regionalización, al circunscribir cada actividad a la zo- na más apta, una aspiración que no era nueva en esa modalidad educati- va, pero que no siempre se cumplía. Por otra arte se reafirmaba el princi- pio –ya clásico desde la constitución del subsistema de educación agríco- la– de que la escuela debía contribuir al afianzamiento de la población en el campo, sin permitir o alentar otras aspiraciones, como seguir estudios superiores. En esa dirección se suprimieron las calificaciones en el senti- do tradicional, y se redujo la promoción a un simple certificado de aptitud para determinado trabajo rural. Más innovador –aunque tampoco era la primera vez que se proponía– fue la creación de un consejo de enseñanza y otro asesor en cada escuela.45