BIÓGRAFO DE LA MUERTE 7.1 “Gritamos donde los demás susurran”
7.4 Objetividad, técnica o artilugio
El título de este numeral establece un interrogante sobre el para qué la objetividad. Herrán y Restrepo nos dicen sobre el particular:
La vieja polémica sobre objetividad ya debería archivarse porque ha producido mucho desgaste innecesario. El péndulo de la teoría ha oscilado de la objetividad al subjetivismo. De un lado, se afirma que buen periodismo es aquél que es objetivo, y que debe distinguirse del comentario, limitándose a los hechos [...] Otros, como Walter
Lippmann, no desconocen la importancia de la teoría de la objetividad por cuanto “estimula una honrada búsqueda de la verdad de los hechos, impone restricciones a dueños y directores y autoriza la resistencia, o mejor, invita a resistir la nefasta contaminación de las noticias por prejuicios o intereses particulares”. Sin embargo, alegan que como en el mundo los hechos son infinitos, la simple selección de éstos para convertirlos en noticia es una apreciación personal que demuestra que nadie puede ser objetivo (Herrán, Restrepo, 1991:135).
Los autores proponen mirar el contexto histórico, pues de éste depende el énfasis que se coloque en la objetividad o la subjetividad de la información, “En momentos de gran complejidad-crisis políticas, depresiones económicas, violencia- cobran mayor auge las tesis subjetivas, porque los hechos son tan abrumadores que requieren algo más que su simple relación: la gente quiere contextos, interpretaciones, que la orienten” (Herrán, Restrepo, 1991:135).
Entonces lo que parece una discusión estéril se convierte en una técnica de interpretación de los hechos de acuerdo a la necesidad del momento, pues es obvio que nadie puede ser completamente objetivo ni un profesional que solo ofrezca sus interpretaciones tiene credibilidad.
En el caso del periodismo narrativo de Henry Holguín, se le ha acusado de manipular la noticia con el fin de buscar la espectacularidad y lograr la venta de más periódicos. Es decir de privilegiar sus intereses particulares sobre los colectivos. Holguín en esto era categórico: “No acepto que le quiten la sangre al muerto en la fotografía. Es tan poco ético como ponérsela” (Peláez: 2012).
Para Holguín el periodista tiene la libertad de presentar la información de acuerdo con el estilo del medio y lo que los lectores esperan de él, pues, ocultar la violencia o la vida marginal de una parte de la población con sus aspectos positivos, negativos, culturales o sociales atenta contra el derecho de ser informado. En una entrevista que le hace el programa de Televisión de la Universidad Estatal de Milagro, de Ecuador, y que aparece en Youtube, Holguín comenta:
El periodista sensacionalista no tiene el don divino para decidir que debe o no leer el público. Conozco muchos periodistas que dicen, “¡No!, esto no lo publiquemos
porque es tan feo”. La cuestión no es ni siquiera de ética sino de estética. Nosotros consideramos que eso no se puede hacer, negarle el derecho del público de conocer exactamente lo que está pasando. Cuando a mí me dicen que los muertos son feos, yo les digo que la vida ni la muerte tienen sesión de maquillaje, el cadáver está allí tal como lo arroja el sistema, la sociedad, porque en 50 años, no he visto jamás un crimen que no tenga de fondo un problema social, todos esos muertos tienen su origen en problemas sociopolíticos muy claros, que se podrán solucionar desde el sistema, pero, es más fácil criticar la publicación de la foto, no el asesinato de esa persona, es más fácil no averiguar las causas, el por qué se murió, y muchas veces el asesino pasa un año en la cárcel y sale libre en medio de la impunidad en que vivimos en toda América Latina.
Creo que se debe al deseo de quien maneja el sistema de que no se conozca la realidad. Cuando alguien me dice me daño el desayuno, yo me siento muy feliz de hacerlo porque también hay que saber que en determinado lugar de la ciudad, a pocos metros de donde viven hay sectores donde ponerse unas zapatillas de marca significa la muerte, o salir con la novia a las 10 o 11 de la noche puede significar una violación. Al averiguar el crimen nosotros tenemos la obligación de publicarlo porque somos historiadores de la vida diaria, que alguien tendrá que leer; tengan cuidado que sea exacto, que le sirva a la gente, eso sí.
Su pensamiento sobre el particular también se reflejó en otra entrevista publicada en internet como Taller de periodismo policial y judicial, Ciespal, y en la que participó Marco Lara Klahr, coordinador del Proyecto violencia en medios, de México:
Hace poco una reportera mía llegó llorando de la Morgue después de cubrir un trágico caso de un niño muerto. Y me pedía perdón por llorar, y yo le dije, no, por el contrario, el día que dejes de llorar preocúpate porque nosotros tenemos que seguir sintiendo lo que siente la víctima y también ‘meternos en los zapatos’ del autor del delito porque no conozco un solo delito a todo lo largo de mi experiencia que no tenga una raíz social, económica o política, nadie mata porque sí, hay desempleo, falta de cultura que es diferente, hay cantidades de causas. Nosotros tenemos que tener en cuenta todo eso, y es una lástima que Marco tenga una posición total de la verdad, porque sería muy interesante que pudiera revisar los trabajos que estamos haciendo nosotros, especialmente en la última década, en los que el periódico se ha ido adaptando a lo que sus lectores le piden, porque el que manda es el lector, hemos hecho una serie de ‘focus grupo’, que nos han dicho: ya no necesitamos el cadáver destrozado o la chica con el
dorso desnudo y hemos ido cambiando.
Las opiniones alrededor del tema siguen diferentes caminos. Por ejemplo, instituciones tan importantes como Cisalva, optaron en 1998, y por espacio de dos años, publicar en El Caleño de Cali, el diario más vendido en la ciudad en los 90’, los resultados del proyecto Crónica Roja. Hacia un Periodismo del Abrazo: “Cisalva, en lugar de denostar y menospreciar este periodismo, ha negociado con él para insertar semanalmente una historia real de resolución pacífica de conflictos, son historias narradas según la lógica del medio, sus maneras de contar y el público al que va dirigido” (Revista Chasqui N0. 62. Junio 1998).
En la justificación del proyecto Cisalva sostiene que más allá de la ética de los monopolios o del debate en las escuelas de periodismo, “la crónica roja se articula a una lógica de principios mil veces ignorada, pero mil veces viva en los barrios populares donde es voz y eco”.