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PRIMERA PARTE MARCO TEÓRICO

OBJETIVOS BÁSICOS DE LA EDUCACIÓN PATRIMONIAL

interés por la conexión que ofrece con nuestra investigación:

OBJETIVOS BÁSICOS DE LA EDUCACIÓN PATRIMONIAL

según King Baudouin Foundation

 Desarrollar una aproximación sensorial al patrimonio: educación de la mirada, del oído, del tacto, etc.

 Suscitar una interrogación y fomentar la curiosidad.

 Desarrollar métodos comparativos y espíritu crítico.

 Favorecer la expresión y la transmisión de las emociones y de los conocimientos.

 Desarrollar una competencia comunicativa para transmitir las ideas a través de la creación.

 Educar atendiendo a la diversidad cultural fomentando la tolerancia

y el respeto mutuo

 Estimular el descubrimiento de los medios y de las nuevas tecnologías de la comunicación.

Cuadro 26: Objetivos de la educación patrimonial según la King Baudouin Foundation.

Otra idea muy importante relacionada con la educación patrimonial es la idea del contexto educativo.

Sarramona et al. (1998) distinguen entre tres tipos de contextos educativos: los contextos formales, los no formales y los informales. En la educación patrimonial hay que partir de la base de que el aula no es el único escenario y ni tan siquiera el más idóneo para desarrollar el proceso enseñanza-aprendizaje del patrimonio. El contexto formal de un aula, dentro de un sistema educativo reglado, tiene muchas limitaciones. Por tanto, quizás los contextos no formales, como son los museos, las instituciones culturales, los programas educativos o los centros de interpretación, deben formar parte de los escenarios habituales de estas enseñanzas. Los contextos informales son aquellos en los que se producen experiencias educativas sin organización, programa o intencionalidad y el aprendizaje está relacionado con lo cotidiano, por ejemplo, el contexto familiar, las relaciones sociales o la información que recibimos a través de los medios de comunicación.

Ligada a la idea de los contextos formales o no formales está la idea del aprendizaje formal y el aprendizaje informal.

Hager, citado por Asensio (2015:71) considera que el aprendizaje formal es aquél que se da en el aula, está ligado a un currículo específico, dispone de un profesorado que es el responsable del aprendizaje y está sujeto a un sistema de evaluación y control que mide y certifica el proceso de aprendizaje de los aprendices. Para Hager, el aprendizaje informal sería todo que no entra en estos criterios y además es un aprendizaje muy unido a

escenarios de ocio y tiempo libre. Hager opina que en los contextos informales el aprendiz no suele tener conciencia explícita del proceso o las condiciones de aprendizaje en el que está inmerso. En este sentido Asensio (2015) apunta que los aprendices no son conscientes ni de lo que se aprende ni de cómo se aprende tanto en el contexto formal como en el informal aunque reconoce que socialmente existe la creencia de que se aprende más en los contextos formales. Asensio opina que considerar el aprendizaje informal menos eficaz que el aprendizaje formal es una concepción espontánea errónea como así lo corroboran los datos obtenidos en las distintas investigaciones llevadas a cabo por el autor junto a su equipo en 2012 y 2014.

3.2 Los museos sensibles al público pilares de la educación patrimonial.

Hasta no hace muchos años, los museos eran considerados como instituciones anquilosadas que respondían a unas políticas autoritarias, que no permitían al visitante más que la contemplación de las obras expuestas. La función prioritaria y primordial de los museos era la de conservación de objetos. En contraposición a esta imagen, los museos en la actualidad se caracterizan, en su mayoría, por una mayor flexibilidad y fluidez a la hora de dar respuesta a las demandas del público y de las políticas culturales. Es decir, la labor del museo ya no está centrada exclusivamente en el mantenimiento de la colección, sino que las funciones comunicativa y educativa, pasan a tener un papel muy destacado. El disfrute del público surge como un concepto nuevo entre los objetivos del museo y de hecho, los museos están incluidos en la oferta de ocio de las ciudades de todo el mundo. En la actualidad, la forma de ocio que representan los museos, está íntimamente relacionada con los procesos educativos y esto sumado al atractivo de las colecciones que albergan, los hace ser una opción de ocio muy demandada en las sociedades de hoy en día24. Los museos del siglo XXI

tienen una clara función social. Como hemos dicho anteriormente, los

museos se están renovando y al mismo tiempo están apareciendo nuevos tipos de museos que utilizan nuevas metodologías educativas y nuevas formas de plantear las exposiciones para atraer la atención del público. En estos “nuevos” museos, el público ya no se conforma con mirar los objetos expuestos, los visitantes buscan una participación mucho más activa en ellos.

Las distintas investigaciones llevadas a cabo por Trevelyan (1991) en el Reino Unido sobre la imagen que de los museos tienen muchos ciudadanos, independientemente del grupo étnico al que pertenezcan, desvelan que esta imagen era entonces la de un edificio antiguo, con una fachada imponente y majestuosa al que todos se refieren como: “El Museo” y entre cuyos contenidos más habituales se encuentran: reyes y reinas, coronas, armaduras, armas, vasijas rotas y rocas. Añade que el aire que se respira en los museos es reverencial, de calma absoluta y en general muy poco atractivo para los niños. Los museos se perciben como espacios para las élites intelectuales y por lo tanto, lugares vetados para el gran público. Las galerías de arte, salen peor paradas de estas investigaciones, ya que se consideran espacios aún más distantes y elitistas. Sin embargo, y curiosamente, estas mismas investigaciones ponen de manifiesto que todos los grupos étnicos encuestados afirman que los museos son necesarios aunque ellos no los visiten.

Más tarde, Tielve (2004) da una visión más optimista sobre el tema y expone que los museos al igual que tantos otros elementos de la sociedad han ido experimentando una evolución en las últimas décadas que ha propiciado el que los ciudadanos hayan dejado de considerarlos peyorativamente como santuarios o mausoleos para pasar a convertirse en puntos de referencia cultural relacionados con el mundo del ocio y con la industria turística. Esta autora coincide con Barroso (2004), en que la idea del museo ha ido variando y evolucionando a lo largo de la historia, pasando de concepciones tradicionales apegadas a la materialidad de hechos culturales o históricos, a las más actuales, que incorporan patrimonios intangibles (memoria histórica o discursos verbales

tradicionales), a los patrimonios ya existentes procedentes de ámbitos naturales, industriales o arqueológicos. Los museos pasan de ser lugares cuya función primordial era la preservación y protección de los tesoros materiales muebles a tener una función nueva de orientación y educación.

Para Hooper-Greenfield (2007), una de las más renombradas investigadoras en el campo de la museística a nivel mundial, el museo es un engranaje complejo en el que se interrelacionan la cultura, la comunicación, el aprendizaje y la identidad, y en el que se promociona una sociedad más igualitaria y justa, y se presentan y se crean productos culturales y artísticos provenientes de todas los ámbitos en esa comunidad. En el momento en que los museos han llevado a cabo esta renovación en su filosofía y en su práctica, el museo ha conseguido tener un papel mucho más activo y central en la sociedad.

A nivel autonómico en Asturias, la legislación oficial relacionada con el funcionamiento de los museos, está recogida en El Sistema de Museos del Principado de Asturias25 que en su artículo 2, dice:

“Se considera como museo a las instituciones de carácter permanente, sin fines lucrativos, al servicio de la comunidad y de su desarrollo, abiertos al público, que adquieren, conservan, documentan, estudian, difunden el conocimiento y exponen conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, científico y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural, para fines de estudios, educación y deleite”. (p.4210)

Hooper-Greenfield (1994) afirma que la mayoría de los visitantes de los museos no tienen unos objetivos específicos de aprendizaje cuando visitan una exposición o participan en cualquier tipo de acto. Para muchos, la visita al museo es un evento social, la experiencia de aprendizaje para este público, es sobre todo una experiencia informal que podría describirse como una mezcla de ocio y de aprendizaje. En este grupo se podría englobar a las

personas que acuden al museo en familia y el objetivo de la visita es precisamente hacer que los niños se familiaricen con el museo.

Sin embargo, existe otro tipo de público que acude al museo en busca de una experiencia educativa que puede ser dirigida, bien por los educadores del museo, o bien, por guías o expertos independientes o por los propios artistas. Este tipo de público acude a los museos a instruirse, a aprender y a deleitarse con las obras de arte o los objetos allí expuestos. En los museos se realizan muchos tipos de actividades culturales y artísticas como conferencias, presentaciones de libros, conciertos, teatro, danza, actividades en sus bibliotecas (tertulias literarias, cuentacuentos o veladas poéticas) y cursos, por lo que el museo es un punto de referencia cultural al que este público acude con cierta asiduidad.

Continuando con el tema de las actividades en los museos Pastor (2004) hace referencia a la diversidad de posibilidades que en este sentido ofrecen los museos hoy en día: ciclos de conferencias, visitas guiadas, talleres, cursos, o conciertos. Estas actividades que tienen denominadores comunes, son variables y flexibles y se amoldan a diferentes contextos. “Se suelen dirigir a un público adulto y tienen como objetivo que el visitante participe activamente y que entienda el patrimonio como un bien propio” (p.32).

Calbó et al. (2011) opinan que “los museos son y deben ser instituciones que promuevan el diálogo, reconozcan, muestreen y respeten la diversidad y la diferencia, y celebren la riqueza que aporta toda la sociedad y todas las culturas”. Añaden que los museos como transmisores de historia están influenciados por determinados valores y obligaciones institucionales, por este motivo, debemos promover dinámicas críticas que permitan redescubrir la historia y su relación con la actualidad.

En el ámbito no formal, encontramos que los museos están especializados en alguna materia en concreto y por tanto no abarcan el patrimonio desde un punto de vista global. Hay una tipología muy amplia de

museos patrimoniales, existen museos arqueológicos, de ciencias naturales, de arte, de historia, de patrimonio industrial, etnográfico, etc.

3.2.1. Educación en los museos.

La idea de aprender con el patrimonio, los museos, las galerías, los auditorios, u otros centros culturales no es nueva. En este sentido. Hooper- Greenhil (1994:3) considera la educación como “un valor intrínseco al museo, que se tiene que manifestar en todas las funciones y actividades de esta institución”. La función educativa del museo es prioritaria tanto en su política como en su organización y funcionamiento. Es también el eje vertebrador en torno al que gira el funcionamiento interno del mismo y se fundamenta en su relación con la sociedad. En este sentido Calaf (2009) se interesa por la historia del museo y en concreto por el tránsito entre el museo que custodia unas colecciones y se comporta como una institución cerrada que no busca proyección social y la época en la que el museo abre sus puertas a la ciudadanía y la invita a que conozca y disfrute sus colecciones.

Hoy en día, la educación en los museos no se reduce únicamente a la organización de visitas para grupos escolares, Hooper-Greenhill (1998) opina que la educación en los museos puede abarcar un amplio abanico de actividades que van desde exposiciones, talleres, publicaciones, conferencias y que van destinados no sólo a escolares sino a familias, adultos, tercera edad o profesores.

Esta autora opina que antes de confeccionar la política educativa del museo es necesario definir la política comunicativa del mismo y a través de la cual se podrá determinar de qué manera el museo quiere relacionarse con la sociedad. Esta política comunicativa ha de incluir: la política expositiva, el diseño, el marketing o el estudio de los visitantes.

El potencial de aprendizaje de los museos es muy amplio e incluye el aprender de los objetos y el aprender sobre los museos y su función. Para ello es necesario el trabajo cooperativo entre museos y educadores para de este modo transformar el aprendizaje en una actividad más lúdica y sobre todo, en una actividad de descubrimiento.

Según Hooper-Greenhill (1991) las colecciones en los museos pueden ser estudiadas tanto como fuentes de información como de interpretación. Los objetos tienen una materialidad ante la cual nosotros reaccionamos generalmente por el tacto y que requieren una respuesta tanto del cuerpo como de la mente, es decir, los objetos se interpretan en un contexto, entendiendo contexto como el conjunto de objetos materiales que componen una unidad espacial, cronológica y social. En el caso de los museos los objetos a veces se encuentran descontextualizados y si no se establecen relaciones o interconexiones con textos u otros elementos su visión puede resultar fetichista y poco natural.

En los museos además resultan de vital importancia la distribución de las obras de arte y de los objetos. De cómo estén diseñadas las muestras y las exposiciones dependerá que sus visitantes perciban con mayor intensidad los objetos expuestos y de ello también dependerá en gran medida su éxito, según Falk & Dierking (1995).

Algunos sectores del mundo museístico, en particular los más tradicionales, entienden que la educación en los museos y los educadores son meros transmisiones de la cultura y no tienen ninguna relación con otros departamentos del museo. Esta perspectiva encaja en el uso del patrimonio como instrumento de aprendizaje o como actividad sociocultural pero en contra de esta opinión ya Eisner, Waller & Dobbs en1986 citan aspectos de la educación en los museos tales como la nueva profesión de educador afirmando que esta tarea no ha tenido mucha credibilidad en el ámbito de los conservadores y administradores de los mismos.

Según Padró (2001) la función educativa del museo se desarrolla mediante un “cruce de miradas”: la mirada institucional, del comisario, la mirada del visitante, etc. Y convertir los museos en “espacios de intercambio entre visitantes, objetos, problemas, sistemas expositivos y procesos institucionales” Desde esta perspectiva tanto las instituciones como los individuos son” creadores de cultura”.

La educación es la que se encargará de aportar las herramientas necesarias a los profesionales de la entidad y al público para establecer un diálogo crítico con las distintas propuestas del museo. Los educadores han de estar más orientadas a formular preguntas que a dar respuestas, evitando las verdades absolutas y fomentando las innumerables lecturas que puedan surgir. El museo se convierte así en una institución eminentemente educativa y sensible al público pues de otro modo corre el riesgo de que la sociedad la vea como una institución inútil y totalmente irrelevante para sus vidas. Los museos han de hacer un cambio radical en su función y en las personas que en él trabajan: gestores, conservadores y comisarios, dando un papel relevante a educadores, diseñadores, evaluadores y sobre todo a los visitantes.

Desde el punto de vista escolar, los museos son lugares de aprendizaje ya que en ellos se encuentran fragmentos del mundo en el que vivimos y están llenos de objetos reales o réplicas, de personajes, paisajes o hechos históricos. “Pero sin duda lo más importante es que los museos son espacios donde se enseña y donde se aprende”. (Suina, 1990: 12-15).

Kelman (1995) considera que cuando las instituciones educativas formales utilizan el patrimonio para profundizar en algunos de los contenidos de sus programas de estudio, los responsables de educación de los museos deben esforzarse en descubrir las áreas del currículo escolar en las que se tratan de una forma, más o menos directa, las colecciones del museo y las formas de enseñanza y aprendizaje usadas en los centros escolares.

Hay unos principios básicos que los responsables de educación de los museos más innovadores mantienen en su filosofía educativa. González Chamorro (2010:77) los resume del siguiente modo:

 El arte, en la sociedad actual, puede aportar las herramientas necesarias para crear y desarrollar una conciencia crítica, apoyándose en la cultura visual, los medios de comunicación y las nuevas tecnologías.

 Fomentar la educación en valores para lograr un desarrollo integral de la persona.

 Ayudar al desarrollo de los distintos tipos de inteligencia.

 Introducir el arte y sobre todo, el arte actual en la infancia y en la juventud, de un modo lúdico, motivador y adaptado a su comprensión.

 Impulsar la percepción y el hábito de cultura, así como la creación y la creatividad.

La educación en el museo debe tener un aspecto lúdico que convierta la visita en una actividad divertida. Pero no podemos centrar la visita sólo en la diversión. El museo procura oportunidades de incrementar el conocimiento y las experiencias de sus visitantes. Son muchas las teorías que defienden el aprendizaje lúdico y el aprendizaje a través de la participación y de la experimentación o de la experiencia. Estas teorías relacionan el aprendizaje con la realización de tareas en el mundo real y para ello, se utilizan las visitas a industrias, centros comerciales, instituciones políticas o administrativas, y centros culturales como museos o bibliotecas. De este modo, el aprendizaje está más cercano a la sociedad en la que vivimos. El aprendizaje a través de la experiencia, resulta mucho más motivador que el aprendizaje memorístico y si además añadimos un componente de diversión, la experiencia de aprendizaje en el museo resultará inolvidable. Son muchos los autores que opinan que todo aquello que se aprende con agrado, se aprende mejor. En el aprendizaje en los

museos son más importantes los procesos que los resultados y puesto que no hay un currículo a seguir, las actividades que se realizan son menos formales, más abiertas y más participativas que las que podrían realizarse en un centro escolar.

En el aprendizaje dentro de los museos intervienen un gran número de procesos distintos. Los más reseñables para Falk & Dierking (1995) son la percepción y la memoria. La percepción está muy influenciada por la experiencia previa: lo que sabemos, lo que vemos y lo que reconocemos. Así, el aprendizaje en los museos está muy ligado a la motivación del individuo, a las actitudes que sus visitantes tengan hacia el aprendizaje y hacia la cultura. El aprendizaje en los museos no se reduce solamente a la adquisición de datos, sino que además, entran en juego experiencias y emociones además del esfuerzo por aprender que hace cada persona. Se puede decir que este aprendizaje es una experiencia social. Si intentamos recordar nuestras experiencias de aprendizaje en los museos muy probablemente comprobaremos que las que permanecen en nuestra memoria, son precisamente las experiencias ligadas a las emociones vividas en ellos.

3.2.2. Procesos de comunicación en los museos.

Los programas educativos y las guías que acompañan la visita se centran en la comunicación. Eligen los recorridos que producen significados y cuando provocan el diálogo con los visitantes su visita es más gratificante.

Los museos son un medio de comunicación en sí mismos. Autores como Hodge y D´Souza (1979) o Lumley (1988) son los primeros en considerar los museos como medios o centros de comunicación. Los museos, son centros emisores de mensajes intencionados expresados a través de sus exposiciones, folletos, posters y de todos los actos y actividades que en ellos