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3. Un acercamiento a la Etnografía Doblemente Reflexiva

3.5 Métodos etnográficos y participativos

3.5.1 Observación participativa y entrevista semiestructurada

La observación participativa es la técnica que caracteriza al trabajo etnográfico “por excelencia”, tanto observar como participar presupone que el etnógrafo debe estar presente en el lugar donde realice su trabajo de campo, esto sería indispensable para poner obtener información y hacer todo el proceso de descripción, interpretación y análisis. “El etnógrafo es observador porque no interviene de modo directo en el desenvolvimiento natural de los

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sucesos. Su función es participativa, sin embargo, porque su presencia modifica necesariamente lo que sucede en el espacio observado” (Bertely, 2000b, p.49). Pero estas modificaciones no deben considerarse como interferencias negativas, más bien deben tomarse en cuenta como datos significativos.

La observación y la entrevista en profundidad huyen de todo control que desconcretice la situación o limite la espontaneidad de las respuestas. El fenómeno concreto, con todos sus condicionamientos particulares, con su peculiaridad circunscrita a la situación específica y no generalizable, es el objeto nuclear del estudio (Ruiz-Olabuenaga, Ispizua, 1989, p. 69).

En mi caso particular, puedo compartir tres experiencias que ejemplifican esto. La primera se dio cuando llegué a la UVI y comencé la labor de darme a conocer a docentes y alumnos para conseguir entrevistas, durante esos primeros momentos yo explicaba que lo que me interesaba saber era como los estudiantes en Gestión Intercultural para el Desarrollo identificaban competencias interculturales, cuáles eran sus criterios para decir si una competencia era intercultural o no. Yo sabía por algunos de los docentes que el término de competencia intercultural no era utilizado dentro de la sede, sino hasta que yo llegué y comencé a mencionarlo. Con el tiempo noté que algunos docentes y alumnos comenzaron a usar el concepto cuando hablaban conmigo o en momentos donde yo estaba presente, mientras que al principio esto no pasaba. Fue ahí donde pude darme cuenta del impacto que mi observación participativa y mi presencia causaba en el discurso de los docentes y alumnos.

Otra experiencia que tuve fue la invitación que me hicieron para participar en el primer foro de investigación y vinculación regional en la UVI Totonacapan; en este participaron docentes y directivos de esta sede, exponiendo sus trabajos de investigación, estudiantes presentando los avances de sus trabajos recepcionales, y se nos hizo la invitación a personas provenientes de otros contextos o facultades, que estuviéramos haciendo algún trabajo de investigación referente a la UVI Totonacapan, para que compartiéramos nuestra visión sobre la sede y sobre el trabajo que se lleva a cabo dentro de ella. Este foro fue una experiencia relevante porque tuve la oportunidad de obtener información que posteriormente fue importante para mi análisis, además de participar y recibir retroalimentación de otros colegas investigadores.

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El tercer caso fue una invitación que se me hizo, por parte de uno de los docentes, para ser lectora del trabajo recepcional de un estudiante de la LGID y posteriormente ser jurado en su examen de titulación. Esta invitación se me hizo un par de meses después de haber terminado mi trabajo de campo. Fue interesante y agradable notar que mi trabajo había dejado cierta “huella” y que a pesar del tiempo que había pasado se me invitaba a participar dentro de la universidad. Tomé esta experiencia como una forma de retribuir algo a una institución y personas que me habían abierto sus puertas y habían compartido tiempo e información conmigo, pero por otro lado, también me sirvió para confirmar algunas ideas que había venido desarrollando en mis análisis y conclusiones.

Comencé mi trabajo de campo en noviembre del año 2010, a partir de ese momento viajé frecuentemente a la sede Totonacapan para hacer trabajo de campo y conseguir entrevistas; la frecuencia de mis viajes y el tiempo de mi estadía variaban de acuerdo al tiempo que podía ausentarme de mis cursos de la maestría y también de mi disponibilidad económica, ya que mi único ingreso era la beca del CONACyT y con esta yo financiaba mis viajes. Generalmente pasaba una semana al mes en Espinal para hacer trabajo de campo; durante los días que estaba en la comunidad registraba en mi diario de campo todo lo que observaba: mis interpretaciones, mis sentires, mis reflexiones y datos que yo consideraba relevantes o que podrían servirme posteriormente para mi análisis. Mi objetivo era obtener información que se relacionara con mis preguntas de investigación, pero también “exponerme” a experiencias que pudieran enriquecer mi investigación, es decir, no cerrarme a situaciones y oportunidades “fuera del guión”.

Esto me permitió observar dinámicas e interacciones no sólo dentro de la universidad, sino también en otros contextos, por ejemplo, se me invitó a acompañar a un estudiante de la LGID y a otro estudiante extranjero a hacer una visita a una partera totonaca en la comunidad de “Las Cazuelas”, ubicada en la sierra de Papantla, para entrevistarla y conocer su experiencia como partera; ambos estudiantes llevaron a cabo la entrevista, uno guiando

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las preguntas y otro traduciendo del español al totonaco17. Mi última visita a campo fue en marzo del 2012, en la que realicé mis últimas entrevistas y observaciones.

En el caso de la entrevista, se realizó con una guía semiestructurada y se llevó a cabo en contextos relajados e informales. La elaboración de una guía de entrevista y su aplicación son sólo una parte del trabajo que un investigador debe realizar, otro trabajo importante viene en medio de estos dos y es el de conseguir la entrevista. Convencer a una persona de que nos conceda tiempo e información no es tarea fácil, depende de muchas cosas: la disposición del entrevistado, el tiempo, el lugar, la actitud de la persona que solicita esa entrevista, pero a fin de cuentas tanto la entrevista como la calidad de la información obtenida estriba en el vínculo que se haya establecido entre entrevistador y entrevistado. Una de las formas de establecer vínculos es a través de la participación, la solidaridad y la reciprocidad (Gasché, 2008), valores importantes dentro de las comunidades indígenas: “el modo de penetrar en las „comunidades‟ (…) es por medio de la implicación en tareas productivas u orientadas a metas” (Velasco & Díaz, 1997). Y aunque existen métodos estipulados teóricamente para realizar este acercamiento con eficacia, la interacción humana es impredecible y en estos casos el investigador debe hacer uso de sus “instintos” y “artimañas”, si es que se les puede llamar de este modo.

Personalmente, obtener una entrevista no siempre fue tarea fácil, en realidad, lo más difícil de todo el proceso era precisamente eso; como investigadores debemos desarrollar también ciertas competencias que nos permitan acercarnos a nuestros informantes. El trabajo de acercarse, establecer vínculos, obtener una entrevista, es algo que me hizo reflexionar sobre mis propias competencias, tanto generales como interculturales, cuestionarme a mí misma, criticarme, evaluarme, retarme y hacer lo mismo con mis informantes. Éticamente me sentía obligada a retribuir algo a cambio de ese tiempo y esa información, sobre todo porque dentro del contexto de la UVI son muy cuestionados aquellos investigadores que llegan sólo a obtener información e irse, sin devolver o contribuir con algo. Dentro de una comunidad indígena:

17Esta entrevista se hizo en el marco del proyecto InterSaberes, en el que los estudiantes mencionados participan también.

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No sólo se trata de un intercambio económico, como podría parecer a simple vista, y no sólo respondo por deber a la reciprocidad, sino también porque me da gusto compartir, cooperar y concelebrar. Y el sistema de valores indígenas valora altamente este gusto, y condena al que no quiere compartir o colaborar, es decir, al “mezquino” (…) tengo una satisfacción “del corazón”, una satisfacción sicológica, por el hecho de compartir momentos agradables con otros (Gasché, 2008, p.383).

La idea de participar y retribuir me daba más seguridad para llegar y pedirle a una persona algo de su tiempo y su conocimiento. En alguna ocasión ayudé a uno de los docentes al traslado de muebles del antiguo mercado alternativo del Túmin al nuevo; el estar cargando muebles pesados, cristales, acomodando, ensuciándome y sudando, fue algo cansado pero también gratificante. No sólo logré una entrevista muy interesante, sino que conviví con estudiantes y gente de la comunidad, bromearon conmigo y me hicieron sentir incluida. En otra ocasión fui invitada a una asamblea para hablar sobre la situación del retraso en la construcción de la nueva sede, participé y me ofrecí a distribuir volantes para dar a conocer la situación de la UVI Totonacapan. En ese momento no tenía planeada ninguna entrevista, pero la participación me hizo sentir útil dentro del lugar sobre el que estaba investigando y que algunos estudiantes y docentes se acercaran a mí.

Sin embargo, no todas las experiencias fueron buenas, también hubo muchos casos donde me fueron negadas entrevistas, donde viajaba exclusivamente hasta Espinal para entrevistar a una persona que no aparecía, donde me evitaban, donde se notaba la falta de interés o el recelo hacia mi persona y demás situaciones que en su momento me hicieron sentir enojo, frustración e inseguridad sobre mis competencias para hacer etnografía, pero que también me hicieron reflexionar y aprender. Las reflexiones sobre estas experiencias, mis observaciones, mis entrevistas y de los métodos participativos, formaron posteriormente parte de mi interpretación de datos y mi análisis.