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UNA LECTURA ÉTICA

EL HECHO (2008)

El 13 de mayo de 2007, Benedicto XVI inauguró la Asamblea de la Quinta

Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida (Brasil). En total participaron 265 personas: los 160 obispos miembros de la Asamblea; 82

invitados, 8 observadores y 15 peritos. El 31 de mayo se terminó la reunión y la

autorización de la publicación del Documento Conclusivo por el Pontífice llegó el día 29 de junio de 2007. El Documento lleva el título de: Discípulos y misioneros de Jesucristo

para que nuestros pueblos en Él tengan Vida.

El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), fundado en 1955, representa a las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe, y constituye un organismo eclesial de ayuda episcopal fraterna, cuya preocupación fundamental es colaborar para la evangelización del continente (183)1.

El Documento de Aparecida tiene una finalidad pastoral, ya que contiene indicaciones para la acción eclesial, motivadas con reflexiones sobre el contexto social actual a la luz de la fe2. Los obispos se identifican como pastores (1) que quieren repensar

profundamente y relanzar con fidelidad y audacia la misión eclesial en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales (11), en continuidad con las anteriores Conferencias Generales del CELAM (Río, 1955; Medellín, 1968; Puebla, 1979; Santo Domingo, 1992), recapitulando el camino de fidelidad, renovación y evangelización de la Iglesia latinoamericana al servicio de sus pueblos (9, 16, 19).

Desde las primeras páginas del Documento se explicita que esta labor de

evangelización solo es posible en la presencia de una fe viva. No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de

principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados (12). Lo esencial es recomenzar desde Cristo (12), como acontecimiento fundante y encuentro vivificante (13). La naturaleza misma del cristianismo consiste en reconocer la presencia de Jesucristo y seguirlo (244) y, por ello, el acontecimiento de Cristo es el inicio de ese sujeto nuevo que surge en la historia con el nombre de discípulo (243). En otras palabras, el discípulo es alguien apasionado por la Persona de Cristo, a

quien reconoce como el Maestro que lo conduce y acompaña (277).

Pero el discípulo es, a la vez, misionero. Así, con los ojos iluminados por la luz de Jesucristo Resucitado, los obispos contemplan al mundo, a la historia, a los pueblos de América Latina y del Caribe, y a cada una de sus personas (18). Para ello, se recurre al método del ver-juzgar-actuar, porque permite articular, de modo sistemático, la

perspectiva creyente de ver la realidad; la asunción de criterios que provienen de la fe y de la razón para su discernimiento y valoración con sentido crítico; y, en consecuencia, la proyección de actuar como discípulos misioneros de Jesucristo (19).

En la siguiente presentación de Aparecida se intenta respetar, dentro de lo posible, las mismas palabras del Documento para una aproximación más directa y cercana al

pensamiento episcopal. A la vez, esta presentación tiene una perspectiva determinada: una aproximación ética, que destaca los elementos y las propuestas éticas ofrecidas.

COMPRENSIÓN DEL HECHO

La primera parte del documento “La vida de nuestros pueblos hoy” (19-100) corresponde al ver, es decir, una mirada a la realidad actual de América Latina y del Caribe. Esta realidad está marcada por los grandes cambios (20, 33), cuya característica es el fenómeno de la globalización, ya que, a diferencia de épocas pasadas, estos cambios tienen un alcance global que, con diferencias y matices, afectan al mundo entero. La ciencia y la tecnología tienen la capacidad de manipular genéticamente la vida misma, como también la de crear una red de comunicaciones de alcance mundial para interactuar en tiempo real (con simultaneidad) a pesar de las distancias geográficas (34).

La historia se ha acelerado y los cambios se vuelven vertiginosos, puesto que se

comunican con gran velocidad a todos los rincones del planeta (34). Esta globalización es un logro de la familia humana, porque favorece el acceso a nuevas tecnologías, mercados y finanzas, y responde a la profunda aspiración del género humano por la unidad. Sin embargo, también comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo (60).

En este nuevo contexto social, la realidad se ha vuelto cada vez más opaca y compleja, resistiendo cualquier simplificación en su lectura. También se ha hecho difícil percibir la unidad de todos los fragmentos dispersos que resultan de la información recogida (36). Por consiguiente, predomina una crisis de sentido, ya que resulta difícil encontrar unidad en lo que existe y en lo que sucede en la experiencia (37). Lo que asusta no es la

diversidad, sino el no lograr reunir el conjunto de todos los significados de la realidad en una comprensión unitaria, que permita, a su vez, ejercer la libertad humana con

Esta percepción fragmentaria de la realidad se agudiza por la falta de fluidez en la transmisión de las tradiciones culturales que anteriormente se comunicaban de una generación a otra. Al lado de la sabiduría de las tradiciones se ubica ahora, en

competencia, la información de último minuto, la distracción, el entretenimiento, las imágenes de los exitosos que han sabido aprovechar en su favor las herramientas tecnológicas y las expectativas de prestigio y estima social (39).

Situación sociocultural

El cambio de época se observa en la cultura, con una sobrevaloración de la

subjetividad individual, que reconoce la libertad y la dignidad de la persona, pero con un individualismo que debilita los vínculos comunitarios (44). Los criterios predominantes de eficacia, rentabilidad y funcionalidad crean una nueva visión de la realidad, con el peligro de emplear la ciencia y la técnica exclusivamente al servicio del mercado (45).

La cultura se caracteriza por la autorreferencia del individuo, con una indiferencia hacia el otro, optando por vivir día a día, sin programas a largo plazo ni apegos

personales, familiares o comunitarios. Las relaciones humanas se consideran objetos de consumo, lo que lleva a relaciones afectivas sin compromiso responsable y definitivo (46).

Urge tomar conciencia de la situación precaria que afecta a la dignidad de muchas mujeres. Algunas, desde niñas y adolescentes, son sometidas a múltiples formas de violencia dentro y fuera de casa (tráfico, violación, servidumbre, acoso sexual); desigualdades en la esfera del trabajo, de la política y de la economía; explotación publicitaria que las trata como objeto de lucro (48).

La avidez del mercado descontrola el deseo de niños, jóvenes y adultos. La publicidad conduce ilusoriamente a mundos lejanos y maravillosos, donde todo deseo puede ser satisfecho por los productos que tienen un carácter eficaz, efímero y hasta mesiánico. La felicidad se pretende alcanzar con bienestar económico y satisfacción hedonista (50).

Las nuevas generaciones crecen en la lógica del individualismo pragmático y narcisista, afirmando el presente porque el pasado perdió relevancia ante tantas exclusiones sociales, políticas y económicas. El futuro les resulta incierto. Asimismo, participan de la lógica de la vida como espectáculo, con una adicción por las sensaciones, creciendo, en una gran mayoría, sin tener como referentes los valores e instancias religiosas (51).

En lo positivo del cambio cultural, cabe destacar la afirmación del valor fundamental de la persona, de su conciencia y experiencia, junto con la búsqueda del sentido de la vida y la trascendencia. Además, se aprecia el valor de la sencillez y el reconocimiento en lo débil y lo pequeño de la existencia (52).

Por consiguiente, la cultura actual presenta luces y sombras. Es preciso considerarla con empatía para entenderla, pero también con una postura crítica para descubrir lo que en ella es fruto de la limitación humana. Así, por un lado, la emergencia de la

subjetividad, el respeto a la dignidad y a la libertad de cada uno constituyen, sin duda, una importante conquista de la humanidad. Por otro lado, el pluralismo de orden cultural y religioso, propagado fuertemente por una cultura globalizada, acaba por erigir el

individualismo como característica dominante de la sociedad actual, responsable del relativismo ético y de la crisis de la familia (479).

Situación económica

En el contexto de la globalización, la dinámica del mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas, porque es incapaz de interpretar y reaccionar en función de valores objetivos que se encuentran más allá del mercado y que constituyen lo más importante de la vida humana: la verdad, la justicia, el amor, la dignidad y los derechos de todos, aun de aquellos que viven al margen del propio mercado (61).

En cuanto privilegia el lucro y estimula la competencia, la globalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, lo que produce la exclusión de todos aquellos no suficientemente capacitados e informados, aumentando las desigualdades que marcan el continente y mantienen en pobreza a una multitud de personas. La pobreza hoy es pobreza de conocimiento y del uso y acceso a nuevas tecnologías (62).

Las pequeñas y medianas empresas, marcadas por su fragilidad económica y

financiera y la pequeña escala en que se desenvuelven, son extremadamente vulnerables frente a las tasas de interés, el riesgo cambiario, los costos previsionales y la variación en los precios de sus insumos. Su debilidad se asocia a la precariedad del empleo que

ofrecen (63).

Las instituciones financieras y las empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías locales, sobre todo, debilitando a los Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de desarrollo al servicio de sus poblaciones, especialmente cuando se trata de inversiones de largo plazo y sin retorno inmediato (68). La libertad concedida a las inversiones financieras favorece el capital especulativo, que no tiene incentivos para hacer inversiones productivas de largo plazo, sino que busca el lucro inmediato en los negocios (69). También es alarmante el nivel de corrupción en las economías, sea en el sector público como en el privado, a lo que se suma una notable falta de transparencia y rendición de cuentas a la ciudadanía (70).

Frente a esta forma concreta de globalización, es preciso proponer otra marcada por la solidaridad, por la justicia y por el respeto a los derechos humanos (64). Una

globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más pobres. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive; pues ya no se está abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está

afuera. Los excluidos no son solamente explotados sino sobrantes y desechables (65).

Situación sociopolítica

Se constata un cierto progreso democrático que se demuestra en diversos procesos electorales, pero también el acelerado avance de diversas formas de regresión autoritaria por vía democrática que, en ciertas ocasiones, deriva en regímenes de corte neopopulista (74). En buena parte de la región existe un recrudecimiento de la corrupción en la

sociedad y en el Estado, que involucra a los poderes legislativos y ejecutivos, alcanzando también al sistema judicial. En amplios sectores de la población, especialmente entre los jóvenes, crece el desencanto por la política y particularmente por la democracia (77).

Sin embargo, con la presencia más protagónica de la sociedad civil y la irrupción de nuevos actores sociales (indígenas, afroamericanos, mujeres, profesionales, extendida clase media, sectores marginados organizados), se están creando mayores espacios para la participación política, posibilitando la generación de cambios importantes para el logro de políticas públicas más justas (75). También se aprecia el esfuerzo del Estado en la aplicación de políticas públicas en los campos de la salud, educación, seguridad alimentaria, previsión social, acceso a la tierra y a la vivienda, promoción eficaz de la economía para la creación de empleos y leyes que favorecen a las organizaciones

solidarias. No puede haber democracia verdadera y estable sin justicia social, sin división real de poderes y sin la vigencia del Estado de derecho (76).

La vida social se está deteriorando gravemente en muchos países por el aumento de la violencia, que se manifiesta en robos, asaltos, secuestros y en asesinatos. La violencia reviste diversas formas y tiene distintos agentes: el crimen organizado y el narcotráfico, grupos paramilitares, violencia común, sobre todo en la periferia de las grandes ciudades, violencia de grupos juveniles y aumento de violencia intrafamiliar (78).

Se aprecia una creciente voluntad de integración regional, con acuerdos multilaterales que involucran a un número cada vez mayor de países que generan sus propias reglas en el campo del comercio, los servicios y las patentes. También es positiva la globalización de la justicia en el campo de los derechos humanos y de los crímenes contra la

humanidad (82).

Situación ecológica

La región posee una de las mayores biodiversidades del planeta y una rica

conocimientos tradicionales sobre la utilización sostenible de los recursos naturales, así como sobre el valor medicinal de plantas y otros organismos vivos, muchos de los cuales forman la base de su economía. Sin embargo, estos conocimientos son actualmente objeto de apropiación intelectual ilícita, siendo patentados por industrias farmacéuticas y de biogenética, lo que genera vulnerabilidad de los agricultores y sus familias, que

dependen de estos recursos para su supervivencia (83).

La naturaleza ha sido y continúa siendo agredida; la tierra fue depredada; las aguas están siendo tratadas como si fueran una mercancía negociable por las empresas, además de haber sido transformadas en un bien disputado por las grandes potencias, como es el caso de la Amazonia (84). La creciente agresión al medioambiente puede servir de pretexto para propuestas de internacionalización de la Amazonia, que solo sirven a los intereses económicos de las corporaciones transnacionales. Las poblaciones tradicionales de la región quieren que sus territorios sean reconocidos y legalizados (86).

Se constata el retroceso de los hielos en todo el mundo: el deshielo del Ártico, cuyo impacto ya se está viendo en la flora y fauna de ese ecosistema; también el calentamiento global se hace sentir en el estruendoso crepitar de los bloques de hielo antártico que reducen la cobertura glacial del continente que regula el clima del mundo (87).

Situación indígena y afroamericana

Los indígenas constituyen la población más antigua del continente; están en la raíz primera de la identidad latinoamericana y caribeña. Los afroamericanos conforman otra raíz que fue arrancada de África y traída aquí como gente esclavizada. La tercera raíz es la población pobre que migró de Europa desde el siglo XVI y el gran flujo de inmigrantes de todo el mundo desde mediados del siglo XIX. De todos estos grupos y de sus

correspondientes culturas se formó el mestizaje, que es la base social y cultural de los pueblos latinoamericanos y caribeños (88).

Los indígenas y afroamericanos son, sobre todo, otros diferentes, que exigen respeto y reconocimiento, aunque la sociedad tienda a menospreciarlos, desconociendo su

diferencia. Su situación social está marcada por la exclusión y la pobreza (89).

En algunos casos, permanece una mentalidad y una cierta mirada de menor respeto hacia los indígenas y afroamericanos. De modo que descolonizar las mentes, el

conocimiento, recuperar la memoria histórica, fortalecer espacios y relaciones interculturales, son condiciones para la afirmación de la plena ciudadanía de estos pueblos (96).

Situación eclesial

litúrgica, la entrega sacerdotal, el desarrollo del diaconado permanente, los ministerios confiados al laicado, el servicio evangelizador y de promoción humana de misioneros y misioneras, los esfuerzos de renovación pastoral en las parroquias, la riqueza de la Doctrina Social de la Iglesia motivando la acción solidaria, el desarrollo de la pastoral social, la acción de Caritas y la riqueza del voluntariado. Además, se ha avanzado en la estructuración de una pastoral orgánica para servir mejor a las necesidades de los fieles (99).

Sin embargo, es preciso reconocer sombras: el crecimiento porcentual de la Iglesia no ha ido a la par con el crecimiento poblacional; algunos intentos de volver a un cierto tipo de eclesiología y espiritualidad contrarias a la renovación conciliar como también lecturas y aplicaciones reduccionistas de ella; la ausencia de una auténtica obediencia y de

ejercicio evangélico de la autoridad; las infidelidades a la doctrina, a la moral y a la comunión; las débiles vivencias de la opción preferencial por los pobres; no pocas recaídas secularizantes en la vida consagrada influida por una antropología meramente sociológica y no evangélica.

También se constata el escaso acompañamiento dado al laicado en sus tareas de servicio a la sociedad; una evangelización con poco ardor, sin nuevos métodos y expresiones; un énfasis en el ritualismo sin el conveniente itinerario formativo; una espiritualidad individualista; una mentalidad relativista en lo ético y religioso; la falta de aplicación creativa del patrimonio que contiene la Doctrina social de la Iglesia; una comprensión limitada del carácter secular que constituye la identidad propia y específica del laicado.

En la evangelización persisten lenguajes poco significativos para la cultura actual, particularmente para los jóvenes; una relativa ausencia de la Iglesia en la generación de cultura, especialmente en el mundo universitario y los medios de comunicación social; un insuficiente número de sacerdotes y su no equitativa distribución; una falta un espíritu misionero en miembros del clero, incluso en su formación; una falta solidaridad en la comunión de bienes al interior de las Iglesias locales y entre ellas. Algunos movimientos eclesiales no siempre se integran adecuadamente en la pastoral parroquial y diocesana; a su vez, algunas estructuras eclesiales no son suficientemente abiertas para acogerlos (100).

Por último, los obispos reconocen que, en ocasiones, algunos católicos se han apartado del Evangelio, que requiere un estilo de vida más fiel a la verdad y a la caridad, más sencillo, austero y solidario. “Nos reconocemos como comunidad de pobres pecadores, mendicantes de la misericordia de Dios, congregada, reconciliada, unida y enviada por la fuerza de la Resurrección de su Hijo y la gracia de conversión del Espíritu Santo” (100).

1 Los números en paréntesis hacen referencia a los párrafos del Documento de Aparecida.

DOCUMENTO DE APARECIDA:

UNA PROPUESTA ÉTICA

IMPLICACIONES ÉTICAS

La segunda parte del documento “La vida de Jesucristo en los discípulos misioneros” (101-346) corresponde metodológicamente a la instancia del juzgar. En el contexto actual del continente, con incertidumbres en el corazón, el discípulo encuentra en Jesús el Cristo el camino que conduce a la verdad de la vida. Así, con la alegría de la fe, los discípulos asumen la responsabilidad de anunciar la Buena Noticia, porque Jesús el Cristo, la prueba del amor de Dios hacia la humanidad, enseña la entrega radical de la vida en favor de todas las personas humanas para que tengan vida (cf. 101-103).

El discípulo es misionero

La Iglesia no es indiferente frente a lo que pasa en la sociedad. Jesucristo, cuando llama a los suyos para que lo sigan, les da un encargo muy preciso: anunciar el Evangelio del Reino a todas las naciones (cf. Mt 28, 19; Lc 24, 46-48) (144). Jesús eligió a sus discípulos para que “estuvieran con Él y enviarlos a predicar” (Mc 3, 14), para que lo siguieran con la finalidad de “ser de Él” y formar parte “de los suyos” y participar de su misión (131). Por ello, todo discípulo es misionero (144) y la misión es inseparable del discipulado (278e). Jesús hace partícipe al discípulo de su misión, al mismo tiempo que