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OFICIO DE HISTORIAR

In document Luis Gonzalez-El Oficio de Historiar.pdf (página 98-100)

todavía más consejos sobre este asunto, léanse las siguientes recetas relativas a cada una de las partes de todo plan de operaciones.^'

Ha de encabezarse con el título y el subtítulo de la obra y con el nombre y apellidos de quien va a realizarla. Se dice en seguida por qué y cómo se escogió el tema. Se vale ser lascivo si es que el amor lo condujo a él. Tampoco se calla la importancia del mismo. En caso de que los haya, se exponen los otros fines que no sean la mera curiosi­ dad. La historia pragmática está mal vista, pero no es delito. Dígase sin recato si se busca mejorar al mundo de los hombres con la obra proyectada. La historia reverencial o de bronce suele ser cursi, pero si usted admira a un personaje o a una epopeya, no dude en decir que le gustaría incorporarse al culto a los héroes y sus proezas patrias. Todas estas declaraciones forman la introducción provisional e hinchada de la obra en veremos. Se trata de un auténtico prefacio donde también se incluye una nota acerca de lo publicado sobre el tema. Esa nota debe referirse a los principales precursores, nombrándolos y ponién­ dolos en su tiempo, sitio y condición. Debe hablarse de su índole, de sus intereses, de sus objetivos y de sus obras. Al referirse a las re­ lacionadas con el tema de uno, dígase su contenido, su valía y su vigencia. Es indispensable extenderse en las limitaciones de los estu­ dios previos al propio para justificar la investigación. Ver la paja en el ojo ajeno es injusto en la vida moral, pero quizá no en la científica. También conviene referirse, en esta parte del proyecto, a los libros de trama análoga al de uno. Alguien que quiera hacer un estudio sobre el bandido Heraclio Bemal, debe hacer alusión a trabajos sobre ban­ doleros de otros países y épocas o sobre el bandolerismo en general. Que nunca la modestia impida dar la impresión de todo lo que se sabe de antemano acerca de un tema y su contorno. En el momento de pedir pecunia y consejo es mejor parecer presuntuoso que ignorante.

Ario Garza recomienda la descripción del procedimiento a seguir dando a conocer “métodos y técnicas seleccionadas” para la recopila­ ción de los datos y la cosecha de frutos, así como “la naturaleza de las

21. Rosa K rauze de K olteniuk, Introducción a la investigación filo só fic a , 2a, ed, M éxico, UNAM , 1986, pp. 40-47.

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Pr e g u n t a s d e l h i s t o r i a d o r a l o h i s t ó r i c o

fuentes en que se basará el estudio”. Pide ser muy concreto en la des­ cripción de métodos y técnicas, incluso en el de “aparatos y programas para el registro y procesamiento electrónico de la información”. Pide también un informe de las dificultades previsibles: falta de acceso a ciertas fuentes, o a ciertos aparatos procesadores, limitación de hora­ rio y otros topes.^^ Si se van a utilizar en el estudio palabras ajenas a la tribu, términos apantalladores o de la jerigonza científica, es conve­ niente la definición preliminar de esos vocablos exóticos.

Un prefacio como el acabado de proponer resulta mejor si se hace después del temario, esquema o índice-hipótesis, o resumen de la ima­ gen interina del pasado cuyo conocimiento firme se busca. Son reco­ mendables varias maneras para la construcción del preíndice. No importa que se redacte con proposiciones afirmativas o en forma de preguntas. Si es muy importante que sea un borrador de índice minu­ cioso que equivalga a la hipótesis del trabajo. Delante de los números romanos se coloca el nombre de los temas englobantes. Precedidos por cifi-as arábigas, se escriben los títulos de los subtemas. Después, señalados con letras, los rótulos correspondientes a los asuntos míni­ mos. En otros términos, se anotan los títulos de partes, capítulos y párrafos según el plan de división avizorado o previsto. El esquema del plan de operaciones resulta especialmente útil para el acopio de información y a medida que sea más detallado será más servicial. No falta quien diga que son mucho mejores los esbozos simples. Según Garza, “un esquema con dos o tres tipos de divisiones es normalmente adecuado para la planeación de cualquier estudio [...] Un esquema con cuatro o cinco tipos de divisiones es generalmente adecuado para la redacción de una tesis”.^^

Hay muchas maneras de construir bosquejos o temarios. Garza propone el decálogo de Santmyers:

22. A. G arza M ercado, op. cit., pp. 48-49.

23. Ibid., pp. 52-57. Javier Lasso de la V ega, Cómo se hace una tesis doctoral. M an u a l de técnicas de

la investigación científica, M adrid, M ayfe, 1958, pp. 111: “Conocido el tem a, averiguado lo que se

ha escrito sobre él y form ada la bibliografía, procede trazar el plan [...], la osam enta del trabajo, el esqueleto, la estructura sobre que ha de levantarse el edificio” .

Elo f i c i o d e h i s t o r i a r

1. Consigue taijetas de las usadas por los historiadores para hacer fichas.

2. Apunta en cada taijeta el nombre de un tema o subtema.

3. Pon las taijetas sobre la mesa de tal modo de poder mirarlas todas al mismo tiempo.

4. Agrúpalas según el criterio de afinidad.

5. Elimina las que repiten preguntas o afirmaciones.

6. A fiierza de imaginación y conocimiento, llena las lagunas de tu taijetero.

7. Decide los rótulos más apropiados para cada grupo de temas. 8. Uniforma el estilo de los diferentes rótulos o encabezados. 9. Ordena las taijetas para la hechura del esbozo preliminar defini­ tivo.

10. Copia el contenido de las tarjetas en el mismo tipo de papel usado en el resto de la redacción de tu plan.^"*

Por otro lado, si alguien sin la lectura del anterior decálogo es incapaz de construir un esquema, también lo será para hacer un buen libro de historia. Los tratados de métodos y técnicas de investigación suelen aconsejar en exceso. Este, que va saliendo de la pluma a ratos, se olvida con frecuencia que a buen entendedor pocas palabras bastan. También incurre en el pecado de la buena educación mexicana: res­ ponde a todas las preguntas que hace un alumno a un maestro aunque muchas veces el docente no tenga respuestas adecuadas. Además, incluye algunos párrafos insinceros, llevado por el afán moralizante. En la práctica, lo mejor es atenerse a los machotes de Conacyt o de una fundación.

En los tiempos que corren y en la mayoría de los países es relativa­ mente fácil hacer la lista de las fuentes que se proyecta consultar. Un gran número de importantes bibliotecas de la metrópoli mexicana ofrecen buenos catálogos de libros, folletos, revistas, periódicos, videocartuchos y otros materiales. Aun en Zamora, es posible hacer bibliografías, si no completas, sí suficientes para conocer lo hecho por

24. Santm yers cit. po r A. G arza M ercado, op. cit., pp. 62-63.

Pr e g u n t a s d e l h i s t o r i a d o r a l o h i s t ó r i c o

los principales antecesores y hacerse de una idea clara del tema escogido. Se puede dar cuenta de la bibhografia sin demasiado esfuer­ zo, que no de los otros tipos de fuentes. Entre nosotros, pese a los adelantos archivísticos de los últimos años, se suda la gota gorda para hacer un buen catálogo de manuscritos útiles para la investigación porque los archivos de México rara vez saben lo que tienen. En m u­ chos casos ni siquiera es posible enterarse de los archivos donde pueda haber papeles útiles para aclarar nuestro problema.-^ De cual­ quier modo, que no se omita la nómina, por incompleta que sea, de las fuentes de archivo. Si se usarán reliquias, habrá qué añadir un catálogo de piezas de museo o de sitios arqueológicos, y si se va a utilizar la tradición oral es bueno hacer la lista comentada de posibles informantes.

Tampoco se silencien los lugares donde se piensa poner en obra un proyecto. Aunque sea obvio, dígase que para conseguir información bibliográfica óptima escogerá una ciudad (México, Washington o Moscú) donde haya grandes bibliotecas bien catalogadas. Sobre todo, mencione las urbes donde están los archivos que le interesan. Muchas veces se necesita sufrir los inconvenientes de la metrópoli para la cosecha de datos. Pocas veces se logra recolectar la materia prima necesaria a través de los métodos electrónicos de comunicación. Todavía es más difícil reunir los datos que hagan falta en un sitio agradable y propio, en la propia biblioteca. De cualquier modo, si la fase de recolección hay que hacerla en sitios obligados, las opera­ ciones de análisis y de síntesis, los quehaceres creativos cabe hacerlos en sitios agradables, inspiradores, alejados de las urbes, quizá próxi­ mos al mar. Antes de meterse en la investigación conviene escoger lugares de trabajo y ponerlos en el apartado de problemas espacio temporales del plan de operaciones, aunque probablemente el mece­ nas se haga de la vista gorda en este punto.

Quizá la hechura de un libro de historia debe durar tanto como la concepción de una creatura humana. De ser así, los historiadores

25. U na excepción a la regla es el A rchivo General de la N ación que ha venido publicando una vasta serie de “G uías y catálogos” en los que colabora asiduam ente C ayetano Reyes.

E l o f i c i o d eh i s t o r i a r

podrían producir un libro al año. Pero la verdad es otra. El embarazo de un historíador suele ser mucho más largo que el de una mujer y no siempre de la misma duración. Esta depende en parte de la voluntad del embarazado. Si es gente de orden, concluye su plan de creatura con unas líneas que dan cuenta del inicio y del fin de su investigación en forma aproximada o tan precisa como un calendarío que tengo ante los ojos y dice: 7 de enero de 1987, fecha de arranque; 14 de diciembre de 1988, entrega del manuscríto a los señores sinodales. Lo mismo podría decir a la comisión de publicaciones o a la imprenta. También se acostumbra decir a los patrocinadores o a los sinodales el tiempo que se piensa invertir en cada una de las andadas: 14 meses para la recolección del materíal; un trimestre para el análisis de los datos; otro para hacer la síntesis y la primera redacción; un bimestre para el afinado del libro, y mes y medio para su mecanografía y demás moños. Algunos no se limitan al presupuesto de las fechas límites y de duración de cada etapa; llegan a la fínura de establecer un horario. El relativo al tiempo de recolección lo hacen conforme a las horas hábiles de bibliotecas, archivos y centros de cómputo. El horario de las tres etapas creativas se establece de acuerdo al biorritmo del historia­ dor. Para mayores precisiones sobre selección de tema, hipótesis y otros requisitos, consúltese el M anual de técnicas de investigación, de Ario Garza. Ha sido reeditado y reimpreso 15 veces en una década, lo cual demuestra su frecuente uso y el provecho obtenido por miles de usuarios.

RESPUESTAS DE UNA MEDIUM

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