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“En la cultura contemporánea, obcecada como está con memoria y con traumas sobre genocidio y terror de Estado, el olvido tiene una ‘mala’ prensa” (2004: 1), escribe Andreas Huyssen. Tal como explica el autor, a primera vista el olvido está asociado al fracaso de la memoria, caracterizado por la imposibilidad o la falta de voluntad de transmitir determinados hechos pasados. Mientras la memoria parece involucrar un trabajo por parte de los sujetos, el olvido sencillamente acontece.

El rechazo al olvido parece estar asociado al temor frente al carácter destructor del tiempo (Ricoeur, 1999: 103 y 104). Sin embargo, tal como vimos anteriormente, memoria y olvido son las dos aristas de un mismo proceso. No pueden pensarse aisladamente. Por otra parte, el fenómeno del olvido va más allá de las disfunciones vinculadas a la supresión de los vestigios del recuerdo. No existe un solo tipo de olvido. Paul Ricoeur, uno de los autores que ha estudiado esta cuestión, ha caracterizado varias clases de olvidos diferentes, dando lugar a una tipología (1999 y 2000).

Ricoeur distingue dos tipos de olvidos profundos: el olvido inexorable y olvido de lo inmemorial. El primero es vivido como una amenaza, se da cuando se borran las huellas donde está inscripto el recuerdo. “Contra ese olvido hacemos memoria, para

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ralentizar su acción, incluso para mantenerlo a raya” (Ricoeur, 2000: 546). En tanto el

olvido de lo inmemorial se vincula a lo fundacional, al origen, a aquello que no llegaremos a conocer nunca pero que nos hacer ser lo que somos.

Pasando de lo profundo a lo manifiesto, Ricoeur diferencia lo que es el olvido pasivo del activo o evasivo. El primero se vincula con la noción freudiana del Inconsciente. Se da cuando los recuerdos del pasado permanecen reprimidos y no puede accederse a ellos directamente. Para poder volverlos a la conciencia se requiriere un trabajo por parte del sujeto. El olvido activo, en cambio, sucede cuando las personas eluden recordar aquellos hechos que pueden causarles sufrimiento. Tal como explica Elizabeth Jelin, este fenómeno “se da especialmente en períodos históricos posteriores a grandes catástrofes sociales, masacres y genocidios, que generan entre quienes han sufrido la voluntad de no querer saber, de evadirse de los recuerdos para poder seguir viviendo” (2001: 31).

Además de estas cuatro categorías, Ricoeur hace referencia al olvido selectivo, mecanismo propio de la memoria y de las narraciones. Recordar todo es imposible, al igual que contar todo. Cuando relatamos una historia, olvidamos y dejamos de lado algunos hechos y detalles para hacer más comprensible e interesante la trama.

El carácter selectivo de la memoria pone sobre el tapete un tema delicado: la manipulación del olvido y la memoria del pasado con fines políticos. Elizabeth Jelin hace referencia a esta cuestión cuando escribe que: “las borraduras y olvidos pueden también ser producto de una voluntad o política de olvido y silencio por parte de actores que elaboran estrategias para ocultar y destruir pruebas y rastros, impidiendo así recuperaciones de memorias en el futuro”. Y agrega: “en casos así, hay un acto político voluntario de destrucción de pruebas y huellas, con el fin de promover olvidos selectivos a partir de la eliminación de pruebas documentales” (2001: 29 y 30). Ricoeur sintetiza la cuestión diciendo que: “la manipulación, pues, pasa por el uso perverso de la propia selección, puesta al servicio del desvío de la conminación dirigida contra el olvido” (1999: 40).15

15 En su artículo Resistencia a la memoria: los usos y abusos del olvido público Andreas Huyssen llama a

no perder de vista el carácter positivo de la selectividad de la memoria. Es más, sostiene que la memoria política no puede funcionar sin el olvido. Para dar cuenta de su argumento, Huyssen refiere al olvido que durante el regreso de la democracia en Argentina se hizo de la militancia política de gran parte de los desaparecidos, para lograr consenso social y que las denuncias cobraran relevancia. “Este olvido era absolutamente necesario en la época por dos razones: primero, era necesario derrotar los argumentos de la defensa de los generales que se fundamentaba en el presupuesto de que el golpe y la represión habían sido causados por el terrorismo armado de la izquierda radical. Segundo y más importante, era necesario permitir a toda la sociedad argentina, incluyendo tanto a los que no participaban como a los que se

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El olvido liberador es otra de las nociones planteadas por Ricoeur, deudora del planteo de Nietzsche en la Segunda consideración intempestiva (2006). Este olvido es positivo ya que permite que aquellos individuos o sociedades que cargan con exceso de recuerdos pasados, puedan poner el acento en el futuro y no quedarse varados rumiando el pretérito.

Según el autor, otro de los buenos usos que del olvido es el perdón. En este caso el olvido no se refiere “a los acontecimientos en sí mismos, cuya huella, por el contrario, ha de ser cuidadosamente protegida, sino a la deuda cuya carga paraliza la memoria y, por extensión, la capacidad de proyectarse de forma creadora hacia el futuro. No se olvida el acontecimiento pasado, el acto criminal, sino su sentido y su lugar en la dialéctica global de la conciencia histórica” (Ricoeur, 1999: 62). En el plano judicial, esto se traduce en la posibilidad de que un condenado pueda volver convertirse en ciudadano, a pesar de las incapacidades pasadas.

Un caso extremo del perdón es la amnistía, forma polémica de olvido público, que surge como resultado de una decisión política. Busca fomentar la reconciliación nacional, pretendiendo olvidar los actos criminales del pasado. Este tipo de olvido es muy delicado. Tal como señala Ricoeur, “la proximidad más que fonética, incluso semántica, entre amnistía y amnesia señala la existencia de un pacto secreto con la negación de memoria que, como veremos más tarde, la aleja en verdad del perdón después de haber propuesto su simulación” (2000: 578).

Retomando la cuestión del perdón, Ricoeur considera que el olvido compasivo es positivo porque funciona como antídoto contra la memoria enferma. De este modo, defiende “el olvido compasivo con los otros, con la víctimas y también con uno mismo, frente a lo que supondría caer en la destrucción de la culpabilidad infinita” (Ricoeur, 1999: 109).

beneficiaban de la dictadura, congregarse alrededor de un consenso nacional nuevo: la clara separación entre los que habían perpetrado los crímenes y las víctimas, los culpables y los inocentes”, escribe Huyssen (Huyssen, 2004: 6).

46 Capítulo III: Análisis del corpus

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