minismo I posmodernismo, Buenos Aires, Ed Femi-
LOS OMBLIGOS DEL MUNDO
¿Dónde situamos el ombligo del mundo? Se dice que la Piedra Negra de la Caaba señala el lugar. También Je- rusalén. Pero el ónfalo más famoso estaba en Delfos y, según Aristóteles e Hipócrates, Delphús es útero. No en vano los vapores que surgían de las entrañas de la Tie rra se consideraban producto de lo desconocido, que so lamente podría hablar por boca de las pitonisas (em pleadas del templo a las que los sacerdotes inducían visiones por medio de alucinógenos).* Homero, para re ferirse a hermanos gemelos, decía Adelphos, provenien tes del mismo útero, y en el arte sepulcral romano apa rece con frecuencia el delfín, considerado pez-útero.
Fue en Delfos donde Hércules se enteró de que los dio ses lo habían condenado a un año de esclavitud (Tibon, 1979). Se embarcó con rumbo a Asia y fue vendido a la reina Onfalia, la del hermoso ombligo. Se enamoraron.
* Existen numerosas discusiones acerca del origen de las viden cias oraculares de las sacerdotisas. Por ejemplo, G. Rougemont niega los efectos alucinógenos del laurel, cuyas emanaciones se habrían utilizado para provocar los estados de.trance de la Pitia en Delfos (“Techniques divinatoires á Delfos”, en Recherches sur les
Sus amores se recuerdan porque ella adoptó la ropa masculina de él, vistiéndose con la piel del león de Ne- mea (producto de una victoria de Hércules). Ataviada de ese modo, Onfalia pasaba sus días jugando con la enor me maza de Hércules (maza en tanto arma de combate), mientras él, vestido como mujer, con las ropas de Onfa lia, sus cabellos trenzados por esclavas, hilaba. Maneja ba la rueca como experta hilandera. La diversión prota gonizada por dos representantes óptimos de lo femenino y lo masculino tradicional, incorpora el ombligo en su dimensión erótica, actualmente soslayada pero recono cida en otros tiempos. Por ejemplo, el ombligo de la Su- lamita, en El Cantar de los Cantares, provocó más de un dolor de cabeza a los religiosos que estudiaron la Biblia, ya que resultaba complicado explicar la perspectiva mística de un “ombligo, como cáliz redondo, al que nun ca le falta licor”. Sobre todo si a esa descripción le pre ceden otras que se refieren a sus pechos como gemelos de gacela que apacientan>
Los máximos exégetas cristianos (Juan de la Cruz y Juan Yepes y Alvarez, y los traductores del texto -entre ellos Fray Luis de León-) o bien omitieron el ombligo o lo compararon con un vaso de luna que no está vacío si no lleno con vino templado y mezclado con agua. Fray Luis, refiriéndose al vientre de la Sulamita dice: “Así es tu vientre, redondo, bien hecho, ni flojo ni flaco sino lle no de virtud, que nunca le falta”. ¿Qué comentarios le hubiera merecido esta variante a Salomón, quien (se supone) fue el autor de El Cantar de tos Cantares?
El ombligo en tanto símbolo se incrusta en mitologías y religiones. Las culturas azteca y maya enraízan sus fuentes en esta simbólica: el nombre “México” deriva de
metzli, “luna”, y de xictli, “ombligo”; México sería el lu
gar del ombligo de la luna. Su extensión etimológica, “ciudad que emerge del agua”, asocia la luna con un la go (Tibon, 1980). “Ombligo”, en este ejemplo, debe en
tenderse como centro cosmológico y no geográfico. Exis ten otras vertientes respecto del nombre México, pero la relación entre ombligo, cráteres, volcanes y flora de la región me conduce a privilegiar la etimología ya citada. La versión Méxicco (con doble c) se refiere a ombligo del
fuego y se asocia a la presencia de volcanes y cráteres: el ombligo de la Tierra se volvía ombligo del fuego (tlalxic- co se tornaba tielxicco) y su representación en forma de
hogares circulares, encendidos con brasas, ardía en to das las casas de Tenochtitlán (Tibon, pág. 323). El Xictle, volcán máximo del Valle de México, es denominado “el ombligo”. Acerca de él, Tibon escribe algo que se tornará significativo en este ensayo: “Para quienes, por nuestra suerte, hemos asistido en pleno siglo XX al nacimiento de un volcán (los Paricútines nacían como hongos* hace millones de años, cuando el hombre no había aparecido aún sobre la faz de la Tierra) es fácil imaginar el día apo calíptico en el cual se abrió el cráter de Xictle” (pág. 322). Los puntos solsticiales que mayas y aztecas represen taban en las tallas y dibujos reproducidos en los Códices (de Fejérváry y 'de Florencia) señalan la presencia del ombligo en medio de los cuatro puntos cardinales, indi cando una quinta dirección y dibujado en forma de ojo. Diseño que permite interpretar la antiquísima costum bre en México de curar afecciones de los ojos con una in fusión de ombligo. Quetzalcoatl se instaló en la región de
Xicco (ombligo), donde los seres humanos podían vivir
seis siglos y más; esa milagrosa condición se debía al sustento simbólico que llegaba a sus habitantes desde el emblemático ombligo que, en forma de cráter perfecta mente circular, coronaba el volcán. El jeroglífico de Xic co no representa el ombligo visto por los adultos “sino la
visión del lado filial. Se observa la placenta tal como se-
ría vista por el bebé, cotí el cordón que llega hasta el bor de del jeroglífico y sobresale del círculo, No se dibuja el ombligo visible sino su ombligo (xictle) placentario, el que se vuelve a la tierra madre hecho humus pero que conser va un oculto lazo con la persona a la que perteneció en la vida pren otar (pág 348). (La bastardilla me pertenece.)