POSICIÓN: Técnico nuclear en la Central de Dimona. FECHA: 30 de septiembre de 1986.
LA ciudad de Sydney amanecía lluviosa el 24 de mayo de 1986. Mordechai Vanunu vestido con unos pantalones vaqueros y una camiseta
caminaba por las calles del barrio de Darlinghurst hacia la iglesia anglicana de St. John. En un café de las cercanías, Vanunu entró a tomarse un vaso de agua y entablar conversación con un catequista llamado David Smith. El recién llegado dijo ser judío y querer convertirse. El rector John McKnight acompañó a Vanunu al interior del recinto pero antes le pidió que se quitase la pequeña Estrella de David de oro que tenía colgada al cuello. La conversación giró en torno a la filosofía y en especial a las ideas del filósofo danés, Soren Kierkegaard. Tras cuatro horas de conversación Vanunu confesó a McKnight su desilusión con el judaísmo.
Mordechai Vanunu era el segundo de nueve hermanos de una familia muy unida en torno a la figura paterna. Su familia había llegado a Israel procedente de Marruecos formando en su nuevo hogar una de las etnias más humildes de Israel. Los judíos marroquíes con dinero y educación que habían llegado desde Canadá y Francia eran situados en puestos y profesiones liberales, mientras que los judíos marroquíes procedentes de los guetos de Marraquesh y las montañas del Atlas eran situados en lugares desérticos y alejados de los grandes núcleos urbanos como Tel Aviv, Haifa o Jerusalén.
En 1972, Mordechai Vanunu ingresó en las Fuerzas de Defensa Israelíes, llegando al grado de sargento primero en una unidad destinada en los Altos del Golán. Tras licenciarse, sin ningún mérito especial, se matriculó en la Universidad de Ramat Aviv en Tel Aviv. Le atraía la física pero tras suspender los cinco primeros exámenes, decidió abandonar y regresar a casa. En el verano de 1976, Vanunu leyó en la sección de anuncios por palabras del diario Yehediot Ahoronot, una oferta de empleo. El anuncio no indicaba gran cosa, tan solo se pedía un técnico y se daba un número de teléfono. Mordechai marcó el número de seis cifras y una voz femenina al otro lado de la línea se identificó como operadora del KMG, el
Kirya-le-Mehekar Gariny, el centro de investigación nuclear perteneciente a la Autoridad de Energía Atómica de Israel en el desierto del Neguev. Tres meses después de su primera llamada, un hombre del KMG se puso en contacto con él, para informarle que no había sido elegido para el trabajo pero que debido a sus dotes podría ingresar en el curso de física, matemáticas, química e ingles que impartiría la Autoridad Nuclear. En febrero de 1978 una carta con el membrete que mostraba un átomo, le anunciaba que había aprobado las pruebas y que debía incorporarse a la Central Atómica de Dimona.
En su primer día de trabajo y antes de entrar en el autobús Volvo azul y blanco, Mordechai Vanunu fue llevado a una pequeña oficina y obligado a firmar un documento, la llamada «Acta de Secretos Oficiales del Estado de Israel» y el «Acta 123». Posteriormente el silencioso hombre que le había entregado el documento le tendió una pequeña tarjeta electrónica con su fotografía. El pase le permitía atravesar las dos puertas de acero que daban acceso al Machon 2, la zona más secreta del complejo de Dimona, el lugar en donde se fabricaban las bombas nucleares.
Los nuevos empleados se dedicaron durante las primeras semanas a conocer los laberínticos subterráneos de la instalación hasta que a finales del mes de junio el entrenamiento había finalizado. En ese mismo mes, Mordechai Vanunu era llamado a cumplir como reservista en el ejército en una unidad de ingenieros. Una semana después la llamada fue anulada cuando se descubrió que Vanunu pertenecía al personal de la secreta Dimona. El 7 de agosto de 1977, pasaba las pruebas siendo destinado como controlador en el turno de noche, trabajando de 11,30 de la noche a 8 de la mañana.
En 1978, el técnico de Dimona se matriculó en un curso en la Universidad Ben-Gurion de Beersheba mientras dedicaba el resto de su tiempo a su trabajo en el Machon 2. Lo que el técnico no sabía era que estaba siendo investigado por el Shin Bet por orden expresa de su director, Avraham Ahituv, cuando se detectó que el joven técnico estaba ganando una fuerte reputación por sus puntos de vista de extrema derecha y por ser un halcón kahanista seguidor del rabino Meir Kahane.
En la universidad, Mordechai Vanunu conseguía el título de licenciado en geografía y filosofía, mientras suavizaba sus posiciones con respecto a la situación palestina. Algunos estudiantes le describen como introvertido, muy inteligente, un gran conversador y un experto en filosofía, aunque los agentes del Shin Bet descubrieron que Vanunu mostraba posiciones contrarias a la política de seguridad del gobierno y contra el gran poder de los asquenazíes en la sociedad israelí. «Realmente el espíritu anti-asquenazí de Vanunu era incluso más fuerte que su espíritu anti-judío o anti- israelí» —relataba al Jerusalem Post su antiguo profesor de historia, el doctor Zeev Tsakhor.
El informe del Shin Bet llegó a manos del nuevo director, Avraham Shalom, quien ordenó convocar a Vanunu con el fin de ser interrogado por sus agentes y por miembros de seguridad de la Autoridad Nuclear. El resultado de la entrevista, fue que éste sería obligado a dimitir en noviembre de 1985, aunque como explicación se le comunicó que él formaba parte de los ciento ochenta empleados que iban a ser despedidos por motivo de recorte de gastos del KMG, pero lo que nadie sabía era que Vanunu semanas antes había fotografiado los equipos y procesos de producción de la instalación mas secretamente guardada, la factoría de armas nucleares de Israel conocida como Machon 2. Eludiendo las medidas de seguridad, el técnico había conseguido introducir dentro de la factoría de bombas, una cámara y dos carretes Kodak de 35 mm. de 36 exposiciones cada uno. Tras tomar imágenes de todo el interior, consiguió sacar las películas en una simple bolsa de playa. Sin ser detectados, abordó uno de los autobuses Volvo y atravesó los tres perímetros defensivos electrificados de Dimona.
Una vez en su casa, Mordechai Vanunu descubrió que tenia en su poder sesenta imágenes en negativo de equipamiento, modelos a escala y componentes usados en la fabricación del arsenal nuclear de Israel. Tras vender su coche y su apartamento de Beersheba, viajó en autobús hasta el aeropuerto Ben-Gurion de Tel Aviv y compró un billete de avión para una ciudad europea para desde ahí saltar a Australia. Lo que él no sabía es que desde el momento en que cruzó la frontera de Israel, el caso pasaría a manos del Mossad, en ese momento dirigido por Nahum Admoni, un
memuneh muy predispuesto a utilizar a los escuadrones especiales de asesinos del Metsada, el temible Kidon.
Durante las tres semanas que siguieron a su particular huida de Israel, Vanunu se dedicó en la iglesia de St. John a buscar un camino que resolviese su dilema sobre su patriotismo y lealtad a Israel y sus creencias morales. Fue David Smith, el catequista, quien le dijo que su decisión de convertirse al cristianismo era inseparable de su decisión de hacer algo con la información que tenía de Dimona. Por fin decidió exponer su historia sobre la factoría de bombas nucleares de Israel, pero fue un personaje llamado Oscar Guerrero quien le dijo cómo hacerlo.
Guerrero, un refugiado colombiano, había llegado a St. John en junio de 1986 con el encargo de pintar el interior de la iglesia, como parte de un programa de ayuda al empleo del gobierno australiano. El hispano dijo ser un famoso periodista en su país, lo que le había permitido conocer personalmente a figuras como Lech Walesa, Raúl Alfonsín, a Issam Sartawi, un alto oficial de la OLP asesinado en Portugal e incluso al propio primer ministro Shimon Peres.
Guerrero contó la historia de que había sido forzado a salir de Colombia después de haber escrito varios artículos críticos contra el gobierno, aunque no se pudo comprobar tal historia. Para algunos, el colombiano era un auténtico oportunista como demostraría poco tiempo después.
En un encuentro entre Guerrero y Vanunu, el israelí le reveló la información de la que disponía, pero que no tenía interés de recibir ningún tipo de pago por ella, algo con lo que Guerrero no estaba de acuerdo. Una semana después el colombiano empezó a presionarle para que contase su historia a sus contactos periodísticos en Colombia. Realmente éste no conocía la pésima reputación de un hombre que había intentado vender unas fotografías sobre una supuesta masacre en el Este de Timor cometida por el ejército indonesio al «Sydney Morning Herald» en mayo de 1986 y que posteriormente se descubriría que éstas se habían tomado durante la guerra del Vietnam.
Pero los planes de Guerrero cambiarían bruscamente cuando un día en el que se encontraba reparando el tejado de la iglesia «resbaló» misteriosamente cayendo diez metros más abajo. El rector McKnight llamó a una ambulancia para que lo trasladasen a un Hospital y después a la policía. Oscar Guerrero no quiso hablar con los agentes, pero una especie de miedo comenzó a recorrerle el cuerpo. Sabía lo que el Mossad podría hacer con él si descubrían que estaba ayudando a Vanunu a hacer pública la información sobre Dimona, incluso sabía que no dudarían en liquidarlo.
Por un tiempo las cosas se calmaron, hasta que Carl Robinson, el corresponsal de Newsweek para el Pacífico Sur entró en escena. Nuevamente Guerrero había ofrecido la historia a su revista, pero Robinson quería entrevistar al israelí. Para ello viajó hasta Sidney en el mes de julio. En una casa de los suburbios, se entrevisto con Oscar Guerrero quien se hacia llamar Alberto Bravo y con un tal «David». Tras una entrevista de más de tres horas y tras escuchar la historia, el corresponsal de Newsweek pidió a «David» su pasaporte o alguna documentación que demostrase que había sido técnico de Dimona. Tres semanas más tarde, Robinson recibió una llamada telefónica de «David» en donde éste le pidió que parara la historia debido a que tenía miedo de lo que pudiese ocurrirle.
El 10 de agosto de 1986, Mordechai Vanunu fue bautizado tomando el nombre cristiano de John Crossman. Después de esto, Vanunu, o mejor dicho Crossman, confesó a John McKnight: «Hoy mi familia debe estar haciendo un funeral por mí. Ellos me consideran muerto».
En los meses siguientes, Guerrero abandonó su intento para que la historia fuese publicada en Australia. El Sydney Morning Herald había perdido una de las mejores historias periodísticas desde el Watergate y los Papeles del Pentágono. Con algunas de las fotografías de Vanunu en las manos, Guerrero voló a Europa con el fin de contactar con algunos periodistas. Una de las escalas fue Madrid en donde se puso en contacto con la oficina del The Sunday Times de Londres. Mordechai Vanunu sabía que sus convicciones morales le obligaban a hacer pública la información de la que disponía, pero al mismo tiempo sabía que al violar el «Acta Oficial de Secretos» que él mismo había firmado, le ponía en el punto de mira del Kidon y de los katsas de Nahum Admoni. Desde que en 1960 una unidad especial del Mossad secuestrase en Buenos Aires al criminal de guerra Adolf Eichmann, Vanunu sabía que nada impediría que un comando del Kidon lo secuestrase o ejecutase en plena calle. El corresponsal del diario se puso en contacto inmediatamente con su periódico en Londres después de oír la increíble historia, pero el The Sunday Times no movería un solo dedo hasta que no se entrevistasen con Mordechai Vanunu y para ello destinaron a su reportero Peter Hounam de la sección de investigación. El periodista era licenciado en ciencias físicas, aunque nunca ejerció como tal pero a la vez tenia conocimientos suficientes como para saber si la historia era cierta o no.
El encuentro tuvo lugar en la habitación 1202 del hotel Hilton de Sidney. Durante la primera hora, Vanunu se dedicó a corregir las exageraciones de la historia contada por Guerrero, en primer lugar en lo referente a que él no era un científico sino un técnico en la central de Dimona. Hounam declaró poco tiempo después: «Durante mi primer encuentro con Vanunu me confesó su miedo a ser asesinado por un agente del Mossad pero incluso así, no estaba seguro de si yo sería un agente del Mossad o del Shin Bet en vez de ser periodista».
El israelí contó su historia al periodista aunque nunca le dijo su nombre. Hounam comentó que necesitaría su nombre ya que la historia debía personalizarse, pero que al hacerse pública tras la aparición del primer artículo le daría una mayor seguridad personal debido a que el los operativos del Kidon o los katsas del Mossad no intentarían nada. En el segundo encuentro en la habitación del Hilton, Hounam, Vanunu y Guerrero cerraron las cortinas dejando la sala a oscuras con el fin de ver las diapositivas que estaban colocadas ordenadamente en un proyector. Las primeras imágenes mostraban controles, luces y paneles que Hounam identificó como parte de la operación procesadora de plutonio de Dimona. Después de esto el periodista supo que tenía ante él una verdadera historia y que Vanunu había trabajado realmente en la factoría de bombas nucleares de Israel.
Fueron algunos directivos del The Sunday Times en Londres quienes rechazaron la historia contada por Vanunu. Tan solo tres años antes el periódico junto con otros prestigiosos rotativos se vieron engañados por los llamados «Diarios de Hitler».
Otra de las cuestiones que habían puesto en duda la historia de Vanunu, fue que no supo situar exactamente el emplazamiento de la central de Dimona. Solamente ahora se sabe que la instalación nuclear se encuentra en la autopista que va desde Beersheba a Sodoma. El complejo está rodeado por tres barreras electrificadas y por varios metros de arena que es alisada cada media hora mediante tractores, para detectar si alguien las ha traspasado. Su espacio aéreo es patrullado por helicópteros Cobra de combate, los mismos que se utilizan para bombardear las posiciones del Hezbollah en el sur del Líbano.
Las fotografías de Vanunu, mostraban algunas imágenes exteriores de la instalación nuclear, pero el The Sunday Times no podía comprobar si eran auténticas o no. En ese momento el MI6 británico entró en acción y supo que el diario británico estaba pidiendo demasiada información sobre cuestiones nucleares y que en ella estaba envuelto un ciudadano de Israel. El servicio secreto británico sabía que la información manejada por el rotativo era cierta, pero que si ellos se habían hecho con ella también grupos terroristas podrían obtenerla. De esta forma, fue como el Mossad detectó la fuga de información.16 Donald Wellerd, agente de enlace del MI6 con los diferentes servicios secretos aliados, informó al jefe de la estación del Mossad en Londres del material obtenido por el rotativo. Inmediatamente la información fue transmitida al Instituto y el peor de los temores de Vanunu comenzó a hacerse realidad. Sabía que los katsas de Admoni no iban a quedarse con los brazos cruzados.
La primera noticia de que el Mossad estaba tras los pasos de Vanunu llegó a través del periodista Peter Hounam. Una mañana recibió una llamada de su redactor jefe en Londres y le informó que dos hombres que se habían identificado como agentes del Shin Bet, estaban buscando al técnico israelí para ser interrogado. El periódico informó a su investigador que tuviese cuidado.
Nahum Admoni, el memuneh del Mossad, envió a dos agentes de la unidad LAP a Beersheba para interrogar a los miembros de la familia Vanunu con el único fin de saber «¿Dónde estaba Mordechai Vanunu?». La familia tuvo que enfrentarse a un interrogatorio de tres horas ininterrumpidas.
Un día y desde Sidney, se recibió en el Instituto, una comunicación procedente del Servicio de Inteligencia Australiano, el ASIO, en donde se informaba que tres agentes del contraespionaje lo habían detectado en Sidney, pero que dos días después habían perdido su pista. Hounam sabía que tanto él como Vanunu podían estar en peligro si salían en avión hacia Londres, ya que eso era lo que esperaban los agentes del Kidon.
El 11 de septiembre, ambos hombres salieron de Sidney. La ASIO informó al Mossad que había detectado nuevamente a Vanunu saliendo del país a través de Sidney y con destino a Londres. Con toda la información en la mano, Admoni ordenó a la estación Londres, «Luz del Día», el estado de máxima alerta del espionaje israelí, mientras informaba al primer ministro Shimon Peres sobre la situación en que se encontraba el caso Vanunu. Admoni intentaba convencer a Peres para que ordenase la conexión de un equipo del Metsada para que se ocupase de éste si daba señales de vida en Londres. El jefe del gobierno no estaba muy convencido, debido a que sabía los efectos que su decisión podría tener, así es que pospuso la decisión hasta recibir nuevos informes. John McKnight había mostrado sus miedos a su amigo Vanunu sobre lo que el Mossad podía hacer con él, si publicaba las fotografías de Dimona en un periódico británico.
El vuelo en la Continental Airlines fue largo, pero permitió a ambos hombres descargarse de la tensión acumulada desde hacía una semana. Una hora antes, una voz desconocida se puso en contacto por teléfono con la Oficina Especial en la College Street de Sidney. La voz pidió hablar con un oficial de operaciones especiales de la ASIO. El desconocido informó que Mordechai Vanunu había salido rumbo a Londres en el vuelo de Continental Airlines, una información que fue remitida al oficial del MI6 en el aeropuerto londinense de Heathrow. Cuando Hounam y Vanunu desembarcaron por el finger que conectaba con la terminal, tres agentes del MI5, el contraespionaje británico, estaban ya esperándolos para seguirles.
Realmente para los servicios secretos de Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, el que se hiciese pública la información de Dimona no era un contratiempo, ya que desde hacía casi treinta años conocían su existencia. En 1960, Charles de Gaulle y su ministro de Asuntos Exteriores, Couve de Murville recibieron la visita de Shimon Peres y del entonces jefe del Mossad, Isser Harel para convencerles de que Israel sería el único bastión de occidente válido ante el resto de naciones árabes y antioccidentales. En esa misma fecha, la CIA comenzó a lanzar preguntas a su aliado, el Mossad, sobre la instalación nuclear que habían detectado dos aviones espías U-2 en el desierto del Neguev. Los estadounidenses recibieron por respuesta del propio Harel: «Habéis fotografiado una gran fábrica de productos textiles que estábamos construyendo», pero la