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Evaluación de Riesgos Naturales Colombia

CVC C TOLIMA

1.6.2 Oportunidades para el desarrollo

¿Los desastres estudiados constituyeron o no oportunidades para el desarrollo? La respuesta a esta pregunta se encuentra inmersa en cada uno de los estudios de caso y no puede contestarse de manera general, sino que varía dependiendo de la óptica y desde el actor o sector que la formula. Desde el punto de vista de los redactores de este documento, la respuesta es enfáticamente que no: los desastres estudiados no constituyeron una oportunidad para el desarrollo integral y sostenible de las regiones y de las comunidades directamente afectadas, no necesariamente por causas atribuibles de manera exclusiva a los procesos de reconstrucción, sino porque, contrariamente a lo que suele pensarse, a éstos no se les puede pedir que solucionen deficiencias estructurales del modelo de desarrollo, que depende de factores que están mucho más allá del alcance de unos procesos locales.

Como se anotó en el caso de la reconstrucción de Popayán, la ciudad quedó mucho mejor de lo que estaba antes en términos de su infraestructura física y de servicios públicos; el Centro Histórico, que venía en un proceso lento de deterioro antes del terremoto, quedó mucho mejor preparado para resistir un nuevo sismo y, en general, la ciudad mejoró sus características estructurales de sismo-resistencia, pues durante algunos años con posterioridad al desastre las autoridades fueron especialmente cuidadosas en vigilar que toda nueva obra cumpliera con unos determinados requisitos (no podemos, sin embargo, asegurar que esa decisión institucional siga totalmente vigente). Por otra parte, muchas familias que carecían de vivienda antes del sismo encontraron en la reconstrucción la posibilidad de solucionar ese déficit. Tampoco podemos asegurar que los procesos de organización de las comunidades, que tuvieron un momento de especial dinamismo en los años posteriores al terremoto, hayan logrado mantener ese ritmo, ni que hayan logrado generar propuestas innovadoras en términos de autogestión ni nuevas formas –más endógenas y sostenibles- de desarrollo.

Como se indicó también, durante los años que duró la reconstrucción se registró un incremento en algunos indicadores económicos (en especial en lo referente a captación de ahorro, actividad constructora –incluyendo ingresos municipales por licencias de construcción- y sector transporte), pero posteriormente no se produjo un dinamismo económico, que tampoco existía antes del sismo.

Piendamó, la población cercana a Popayán que resultó gravemente afectada por el sismo del 31 de marzo de 1983, y que fue reconstruida con el apoyo de la recién creada ONG “Antioquia Presente”, ha sido destruida varias veces en los años siguientes, en ataques protagonizados por distintos actores armados

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1-113 En el caso de Armero, como también se indicó en el capítulo correspondiente, las cifras demuestran que la Ley 44 de 1987 generó un significativo crecimiento económico en el Departamento, lo cual no significa que los beneficiarios del mismo hayan sido ni las poblaciones, ni las personas, ni la región directamente afectadas por el desastre.

En el caso de los terremotos del Atrato Medio, debe anotarse que esa zona se ha convertido en los años posteriores al desastre, en el escenario de unos de los mayores procesos de desplazamiento masivo de comunidades indígenas y negras que ha padecido el país. Ante ese hecho, el desastre desatado por causas naturales se convierte en un fenómeno de segunda importancia.

En el caso de Tierradentro, la reconstrucción significó una serie de mejoras en las condiciones de vida de las comunidades de la zona afectada (apertura de vías, construcción de puentes peatonales y vehiculares, ampliación de la cobertura telefónica, puestos, centros y otras instalaciones de salud), al igual que se logró “descongestionar” el cañón del río Páez con la reubicación por fuera del mismo de cerca de 1.600 familias en aproximadamente 10.000 hectáreas adquiridas por el gobierno. Falta, sin embargo, una investigación más minuciosa tanto en la región de Tierradentro como en las comunidades reubicadas, para determinar, con base en una serie de indicadores cuantitativos y cualitativos –culturalmente apropiados- si la situación actual de las comunidades afectadas por el desastre es hoy más o menos sostenible de lo que era antes del sismo.

En el caso del Eje Cafetero y de las zonas vecinas afectadas por el terremoto de 1999, existen múltiples indicadores de éxito en materia de reconstrucción física tanto institucional como privada. Además de estos y otros logros indudables del proceso, quedaron también múltiples estudios y planes que lamentablemente no han sido aprovechados totalmente por las administraciones departamentales y municipales ni han recibido la continuidad que se merecen. En materia económica, afirma Cuervo Restrepo que muchas de las personas que entrevistó para elaborar su estudio sobre el proceso de reconstrucción del Eje Cafetero, afirmaron “que los recursos que se invirtieron con ocasión del terremoto fueron un paliativo a las restricciones de ingreso en que estaba la población desde hacía más de dos años, lo que a su vez había deteriorado la demanda interna, en un clima cercano a la recesión. Hay una representación más o menos generalizada de que el terremoto, una vez superado el impacto inicial, significó una dotación de recursos y de atención nacional como nadie se lo habría imaginado. Incluso, en el imaginario social de la ciudad, en ciertos sectores de escasos recursos se llega a hablar de san terremoto.” 54

Como lo anotamos atrás, la misma bonanza temporal se registró en los demás desastres estudiados, pero no existieron condiciones o capacidad para convertirla en procesos sostenibles

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Cuervo Restrepo, Jorge Iván, “La gestión de lo público más allá de lo estatal”, en “Armenia – Enfoques de la Reconstrucción”. Universidad Nacional de Colombia (Tomo 2). Armenia, Diciembre de 2002. Página 91

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1-114 de desarrollo, en espacial en cuanto hace referencia a la población real y directamente afectada. Tomamos prestada la ya citada conclusión del estudio del PNUD:

La importante cantidad de recursos invertidos en el proceso de reconstrucción (después del terremoto de 1995) no logró contrarrestar las dificultades de la economía regional. La destrucción generada por el terremoto fue de tal magnitud que las inversiones efectuadas apenas permitieron recuperar lo perdido. Se trató de una inversión temporal que no fue capitalizada por la región.

Jorge Iván Gonzáles reafirma lo anterior:

El deterioro de los ingresos y el aumento de la pobreza van de la mano. Estas tendencias estructurales no se modificaron con la reconstrucción. En el Eje Cafetero, la distribución del ingreso mejoró porque hubo un empobrecimiento generalizado. (…) La reconstrucción del Eje Cafetero abre la discusión sobre el significado y las implicaciones de unas políticas de reactivación de corte keynesiano. Ya hemos visto que aunque el monto de recursos fue significativo, no fue suficiente para desencadenar una dinámica económica regional de envergadura. Las obras asociadas a la reconstrucción evitaron que el desempleo se agudizara, pero no lograron disminuirlo. Como explicaciones de lo anterior, el autor citado argumenta que posiblemente muchos de los recursos invertidos por el FOREC en compra de tierras salieron de la región; que una gran cantidad de los insumos para la reconstrucción fueron llevados al Eje Cafetero desde otras partes del país y que faltó “un horizonte claro en materia de reactivación económica regional”, lo cual mal podría ser una responsabilidad exclusiva del FOREC, sino un reto conjunto de los sectores que ejercen el liderazgo en la región y del gobierno nacional.55