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Orígenes de Cartago

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UNA HISTORIA ANTIGUA 1 Una raza de otro universo

6- Orígenes de Cartago

Los fenicios se enriquecieron paulatinamente con el comercio, y sobre todo a partir del 1200 a.C. con la decadencia de la civilización cretense, su principal competidora, la ciudad de Sidón se convirtió en el principal centro de comercio en el Mediterráneo Oriental. Los fenicios intercambiaban materias primas y posteriormente tejidos y tintes por todas las rutas comerciales, llegando a la India por el Este y más allá de las Columnas de Hércules por el Oeste llegaron a las costas y las tierras de América milenios antes que Cristóbal Colón. Las invasiones asirias constituyeron una amenaza para los fenicios, pero mediante una astuta política de diplomacia y sobornos consiguieron mantener alejadas las ambiciones de sus vecinos. Sin embargo, la amenaza latente de una invasión les intranquilizaba y así, tras una serie de reuniones y acuerdos decidieron extender sus redes comerciales y crear nuevos asentamientos por todo el Mediterráneo. A partir del siglo X a.C. los mercaderes fenicios se instalaron en el norte de África y en Egipto. La ciudad de Tiro llevó el protagonismo en esta etapa de expansión fenicia y es así cómo Hiram, monarca de Tiro, es vinculado al Salomón de la “biblia” judía.

La prosperidad fenicia supuso una nueva presión por parte de los asirios que impusieron pesadas cargas tributarias y la sumisión política a sus ciudades. Empujados por el dominio asirio en el siglo IX a.C. los fenicios iniciaron una nueva expansión colonizadora, pero esta vez dirigida hacia la creación de asentamientos permanentes. En el 814 a.C. bajo el reinado de Pigmalion de Tiro, un contingente tirio emigró hacia el Mediterráneo Occidental, y en una resguardada bahía del Norte de África (actúal Túnez) crearon la factoría de Karthadasht y los cimientos de la ciudad de Cartago.

La colonización de Cartago se produjo en el momento oportuno, pues las ciudades fenicias fueron cayendo más y más bajo la dominación del imperio asirio, y posteriormente bajo los conquistadores persas y macedonios.

En un principio el puerto de Cartago era uno más de las numerosas factorías fenicias de la costa norteafricana. No era ni de lejos el más antiguo ni el más importante, pero pronto, a medida que las ciudades fenicias eran conquistadas en Oriente y llegaban numerosos refugiados y nuevos colonos fue creciendo en importancia y poder, sobre todo a partir del 600 a.C. En torno a Cartago se formó un imperio comercial constituido por ciudades coaligadas que se extendían desde el Norte de África, pasando por las islas del Mediterráneo Occidental y llegando hasta el sur de la península ibérica. Los cartagineses desarrollaron una potente agricultura, convirtiendo el Norte de África en un granero cultivado por indígenas dependientes, pero la vocación de Cartago fue eminentemente marinera y comercial. Los marineros cartagineses entre los que destacaron Hannón e Himilcón bordearon la costa occidental de la península ibérica, construyendo nuevos asentamientos, y llegando hasta las Islas Casitérides (las Islas Británicas).

Los mercenarios cartagineses comenzaron a someter a otros pueblos, y la floreciente civilización de Tartessos fue arrasada en alianza con los fenicios de Gades (Cádiz) hacia el año 500 a.C. Controlada y dirigida por el sacerdocio antiguo de los Golem, Cartago extendía sus sacrificios humanos aumentando

el poder de su Demiurgo.

La alianza de etruscos y cartagineses obtuvo la victoria frente a los griegos en la batalla marítima de Alalia. La victoria sobre los griegos influyó en la política de Cartago, que paulatinamente pasó de ser una potencia comercial a una

potencia conquistadora.

En el tiempo en el que el judío escribe el texto de su “biblia” (en torno a 60 años a.C.) lo hace bajo el dominio de Roma, su eterna enemiga, por lo que procede a encriptar el texto, ocultando su pasado cartaginés y adulterándolo.

La “biblia” judía, escrita por sacerdotes cartagineses exiliados en Palestina tras la conquista romana de Cartago del año 146 a.C., recrea la época histórica cartaginesa de mayor apogeo en la leyenda “judía” de Salomón. En esa época de mayor esplendor Cartago tiene más de 200.000 habitantes. Su Foro, donde se reunía el senado se hallaba en el barrio principal: Salammbó (Salomón). Cerca del Foro se hallaba el templo de Tofet, donde se practicaban los sacrificios y crímenes rituales al Moloch. De Salomón destaca la “biblia” judía su “sabiduría”, como el llamado juicio de Salomón (1Reyes 3:16-28). También se destaca en el texto judío la prosperidad del reinado de Salomón, que coincidió con el momento de mayor expansión de la monarquía israelita (cartaginesa). Salomón se rodeó de todos los lujos y la grandeza externa de un monarca oriental. Mantuvo en general la paz con los reinos vecinos, y fue

aliado del rey Hiram I de Tiro (metrópoli de Cartago), quien le auxilió en muchas de sus empresas. Consolidó el poder político de Israel (Cartago) en la región contrayendo matrimonio con una de las hijas del faraón del Antiguo Egipto, Siamón.

Emprendió numerosas obras arquitectónicas, entre las que destaca por encima de todas la construcción del Templo de Jerusalén(Cartago) como lugar para la permanencia del Arca de la Alianza (1Reyes 6), aunque destaca también la erección de un fabuloso palacio, en la que invirtió trece años (según el texto bíblico), y obras públicas como la construcción de un terraplén que unía el templo con la ciudad. En sus construcciones participó un gran número de técnicos, albañiles y broncistas de Tiro (su metrópoli) o carpinteros de Gebal (puerto fenicio cercano a Tiro). Entre todos ellos destaca el arquitecto Hiram (1Reyes 7:13-14), -que (curiosamente) tiene el mismo nombre que el rey de Tiro- y se importaron lujosos materiales procedentes de Fenicia (asiática).

Durante su largo reinado la monarquía hebrea (cartaginesa) tuvo su momento de mayor prosperidad económica. La seguridad interna y el control de las vías de comunicación facilitaron una amplia expansión del comercio hebreo (cartaginés). Como ejemplo de la expansión marinera - fenicia, se dice en la "biblia" judía (1Reyes 9:28) que sus naves llegaron hasta Ofir, en algún lugar del Mar Rojo, donde cargaron 14.300 kilos de oro y el esplendor de su corte llamó la atención de la reina de Saba. Sin embargo, en la segunda mitad de su reinado, cayó en la idolatría (traición a Moloch - Jehová), inducido, según los escritos judíos, por sus numerosas esposas extranjeras: "tuvo setecientas

mujeres reinas y trescientas concubinas, y sus mujeres le desviaron el corazón." (1Reyes 11:3).

Según los datos que disponemos, cuando el texto de la “biblia” judía se refiere a “Salomón”, parece estar refiriéndose más bien a una etapa histórica cartaginesa (“salom” = “paz” en judío, es decir, una etapa de paz). A la muerte de “Salomón” (según el texto judío), debido a la presencia de elementos foráneos, el reino judío (Cartago) entró en crisis... Pero aunque cometió este

“pecado” de tener relaciones con mujeres extranjeras, Salomón se arrepintió y

así escribe el libro de Eclesiastés para aconsejar a otros a que no siguieran su ejemplo. Allí dice: "vanidad de vanidades, todo es vanidad". El texto judío nos presenta a Salomón redactando este libro como un testimonio y ejemplo de que las cosas de este mundo no son duraderas.

Como vemos, las circunstancias históricas hicieron que Cartago (aparecida en el siglo IX a.C.) llegara a convertirse en el centro de todo un imperio financiero - comercial. Todo esto no fue fruto del azar. Su mercantilismo, su especulación económica, su infiltración en los resortes sociales y económicos de las naciones... el control del valor dinero... En definitiva: venían enseñados y

preparados. Cimentando, acompañando y promoviendo desde su religión el

desarrollo y la expansión del imperio comercial cartaginés, los servidores del Moloch desarrollaban sus artes mágicas y la adoración a su Demiurgo. Como apuntamos anteriormente, la casta sacerdotal cartaginesa era heredera de un conocimiento proveniente de un tiempo anterior al Diluvio. Bajo la sombra del Moloch desarrollaron todo un compendio de conocimiento y sabiduría antigua que les retrotraía hasta los orígenes de la actual historia del mundo. Agrupada

en torno a este linaje antiguo y a cambio de numerosos sacrificios (¡Hasta 300 niños en los días señalados!) Cartago buscaba convertirse en la capital del mundo. Ya fuera para lograr un mayor poder en las cortes, para aumentar su riqueza personal o para mejorar su posición, nuevos servidores entraban a participar de su culto sagrado. Los sacrificios sangrientos alimentaron tanto el poder como las ansias del Demonio cartaginés y la necesidad de servirle creció ente los mortales.

La religión de Moloch se había extendido desde Oriente Medio por todas las colonias fenicias del Mediterráneo, y poseía numerosas variantes locales. A menudo Moloch era considerado el Señor del Sol y el Fuego y se le sacrificaban sobre todo niños, que eran incinerados ante imágenes de bronce del dios, en cuyo interior eran quemados. El Demiurgo (Moloch) prefería los hijos de la nobleza, pero para proteger a sus hijos, los nobles compraban esclavos y niños pobres y los criaban para el sacrificio. Los prisioneros de guerra también eran quemados después de una victoria o se conservaban para sacrificarlos antes de iniciar una nueva guerra, y los arquitectos enterraban los restos, la carne y los huesos achicharrados y abrasados de sacrificios humanos bajo los cimientos de las casas para asegurar la prosperidad de los hogares. Las colonias cartaginesas, que anteriormente habían sido simples factorías comerciales, se convirtieron en prósperos mercados de esclavos, muchos de los cuales eran enviados a Cartago para satisfacer los apetitos de Moloch.

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