La historia de las redes de saneamiento va unida a la historia del cuarto de baño en las viviendas y consecuentemente a las transformaciones que sufre la vivienda co- mo consecuencia de los hábitos que se implantan de la higiene corporal en el trans- curso del siglo pasado.
Uno de los primeros vestigios arqueológicos que se encontraron de una red de sa- neamiento fueron los del palacio de Jorsabad en Babilonia (Dur Sarrukin), construi- do por el rey Sargón en apenas poco más de seis años (713 -706 a. C.). Debajo de las zonas habitadas del palacio discurrían amplias galerías subterráneas para eva- cuación de las aguas residuales, con una altura de 1,40 m y una anchura de 1,20 m. Estaban construidas con ladrillos trapezoidales dispuestos de canto en tres hileras, formando bóvedas cuya clave estaba sellada con arcilla. La solera, constituida por grandes losas de piedra caliza, era prácticamente horizontal. A estas galerías, se conectaban verticalmente, el drenaje de las aguas de lluvia de todos los patios del palacio. Este es el ejemplo de una de las primeras redes de saneamiento que adop- taba un sistema unitario.
Cuando analizamos la evolución de las distintas civilizaciones desde el aspecto de las redes de saneamiento apreciamos lo siguiente:
En la civilización egipcia, dadas las peculiaridades topográficas de su asentamiento en un valle de inundación, y la pobreza de los materiales de construcción empleados (exceptuando los empleados en los templos y las tumbas), no se han encontrado hasta la fecha, vestigios de redes de saneamiento dignos de mención.
No sucede lo mismo con los restos de redes de saneamiento encontrados en el Pa- lacio de Minos, en Knosos, en la isla de Creta. En este lugar el arqueólogo Evans descubrió una red completa de abastecimiento y drenaje, que distintos expertos han datado entre el 2200-1500 antes de Cristo. En su construcción se emplearon tubos cerámicos troncocónicos, con embocadura, provistos de asas que permitían su ma-
nipulación con cuerdas. La anchura de la embocadura permitía lograr la estanquei- dad y evitar turbulencias permitiendo al mismo tiempo un cierto giro para el cambio de alineación. La red era unitaria y por lo tanto evacuaba las aguas de lluvia y las de las letrinas. Además, existía en el exterior del palacio y, antes de su incorpora- ción al cauce receptor, un estanque de decantación. Todos estos drenes se reunían en un canal rectangular, de la altura de una persona, cerrado en la parte superior con losas adinteladas. Hay que hacer notar que estos vestigios no son habituales y en la antigüedad la mayor parte de las casas no tenían un lugar designado para la higiene personal.
El inicio del uso a “gran escala” de un sistema de drenaje, heredado sin duda de la cultura minoica, se encuentra en las ciudades griegas de Atenas y Corinto. En la primera de ellas, hacía el siglo IV antes de Cristo, una red de canales, normalmente tallados en piedra, recogía las aguas de lluvia de las laderas de las colinas. El ele- mento fundamental de esta red lo constituía el llamado gran dren, de sección aproximadamente cuadrada de 1,00 x 1,00 m. Situado bajo las vías pavimentadas, estaba construido con piezas de terracota de 0,685 m de longitud y cubierto con losas adinteladas.
También algunos palacios de Grecia, cuyos propietarios pertenecían a las clases más altas de la sociedad, disponían de redes de saneamiento internas, fabricadas con tuberías de material cerámico. En algunas casas particulares de Delos se han encon- trado letrinas y baños independientes, conectadas con una red de drenaje que dis- curría por las calles. Estos drenes estaban compuestos por zanjas rellenas de piedra gruesa que, dada su elevada permeabilidad, proporcionaba una base firme para las losas de la calzada.
El tramo final de esta red lo formaba un canal y un aliviadero, que permitía desviar las aguas pluviales hacia la torrentera, mientras que las aguas residuales se utiliza- ban para el riego de los olivares próximos, claro antecedente de lo que hoy en día se conoce como tratamiento blando de aguas residuales, mediante filtros verdes. El pueblo etrusco fue semi-nómada hasta que en el siglo VII a. C. se establece entre los ríos Tiber y Arno en la zona comprendida entre los Apeninos y el mar. Este pue- blo, para dominar el entorno en el que se asienta, tiene que desarrollar una serie de técnicas hidráulicas, entre las que se encuentra un precedente de lo que será un sistema de saneamiento aplicado a la desecación de terrenos. Son los denominados "cuniculi".
El término significa madriguera de conejo. Eran unas galerías excavadas a una cier- ta profundidad sobre un estrato impermeable, que permitían drenar el terreno poco consistente y fácilmente saturable, haciéndolo apto para la agricultura o el pastoreo evitando, de esta manera, su erosión en las épocas de grandes lluvias.
Estos "cuniculi", que eran excavados por unos operarios especializados llamados "fossores", tenían la altura mínima que permitiera trabajar de pie en su interior. Tras la excavación de un pozo, la galería seguía el trazado que señalaba el discurrir del agua del nivel freático, sin incrementar en exceso la pendiente para evitar la
erosión del lecho. Cada cierta distancia se construía un pozo (puteus) que servía tanto para la ventilación como para su mantenimiento periódico. En algunos casos estos pozos comunicaban dos galerías a distinta altura, siendo denominados pozos de caída. La sección de las mismas se adaptaba al caudal circulante variando desde la mínima precisa, que dejaba paso a una persona, hasta las de grandes dimensio- nes que reunían los distintos cuniculi y desembocaban en el cauce receptor.
Esta técnica será asimilada y ampliamente desarrollada por los romanos en varias ciudades y fundamentalmente en Roma, a la que Cicerón denominaba "lugar salu- dable en región pestilente". Se puede asegurar que Roma será posible como ciudad, de una parte por la construcción de cloacas de evacuación de las aguas de lluvia y residuales, y de otra por el aprovechamiento de zonas inundadas, gracias a la apli- cación del sistema de drenaje de los cuniculi.
También serán los romanos los que, debido a la generalización del consumo del agua en las viviendas y a la creación de una red pública de abastecimiento, desarro- llarán lo que hoy se denomina "Ciclo Integral del Agua".
Para ello desde la captación en la cabecera de un río, el agua se transportaba por los canales de conducción (aquae) hasta los grandes depósitos enterrados o semi- enterrados (castellum aquae). El recorrido tenía un trazado con una pendiente muy suave, que minimiza la pérdida de carga, salvando las vaguadas mediante acueduc- tos, estructuras típicamente romanas. Desde los depósitos de almacenamiento, una red de canalizaciones la distribuía por las calles hasta las casas. El gran volumen de aguas residuales que este sistema de distribución producía, obligó a resolver el pro- blema de sacarlas del recinto urbano y reintegrarlas a los cauces, lo que se resolve- rá aprovechando los canales de evacuación de las aguas de lluvia (que será necesa- rio cubrir para reducir el problema de olores) o las galerías subterráneas que se utilizaban para el drenaje del terreno.
El mayor ejemplo de red de saneamiento de la antigüedad, construida en Roma, es la denominada Cloaca Máxima. En sus orígenes era un cauce natural, o torrentera, entre las colinas del Palatino y el Quirinal. Las primeras obras serán realizadas hacia el 200 a. C. por Tarquinio el Viejo, consistiendo fundamentalmente en la consolida- ción de la zanja. Tarquinio el Soberbio dotará a los muros de un recubrimiento pé- treo y la cubrirá con tablas. Por los datos que nos han llegado, sabemos que la bó- veda no se realizó antes del siglo II a. C.
Aunque sus dimensiones no se conocen con exactitud la altura hasta el Foro tiene 2,10 m, y a continuación pasa a 5 m. La Cloaca Máxima inicialmente recogía única- mente aguas de lluvia a través de unos imbornales de piedra situados en la calzada. En la época de Augusto (siglo I d.C.), y siendo alcalde de la ciudad su yerno Agripa, se inicia un ambicioso programa de reformas urbanas. Entre ellas está la reparación de la Cloaca Máxima, la construcción de nuevos ramales y la autorización del vertido a la misma de las aguas residuales que seguramente, hasta entonces, quedaban almacenadas y estancadas en pozos negros.
Para mantener el servicio se creó un cuerpo especial de funcionarios, los denomina- dos "curatores cloacorum", siendo su limpieza, uno de los trabajos peor considera- dos teniendo que realizarse por reos. Para la financiación de los trabajos de mante- nimiento y limpieza se crea un tributo específico, denominado "tributum cloacorum", que la municipalidad carga sobre los ciudadanos romanos.
Otras cloacas, que fueron realizadas en tiempo de Agripa, son las del Circo Máximo y las del Aqua Marrana.
Como resumen se puede decir que los romanos fijaron una filosofía de las redes de saneamiento que en lo esencial coincide con lo que existe en la actualidad. Los prin- cipales elementos de la misma son:
1) Extensión de la red a toda la ciudad, convirtiéndose esta en un factor gene- rador de suelo urbano.
2) Carácter unitario de la red.
3) Gestión publica de la red por parte del municipio, dado que es un problema que tiene amplias repercusiones sobre el bien común.
En España hay huellas, tanto de organización de la ciudad como de sus redes de saneamiento, en casi todos los núcleos fundados o reformados por los romanos. LA RED DE SANEAMIENTO MÁS IMPORTANTE QUE SE HA ENCONTRADO ES LA DE EMERITA
AUGUSTA (MÉRIDA) EN LA QUE LAS EXCAVACIONES REALIZADAS SE HAN ENCONTRADO RESTOS DE TUBERÍAS Y DE ALCANTARILLADO QUE HAN PERMITIDO COMPROBAR QUE EL TRAZADO VIARIO ACTUAL COINCIDE PRÁCTICAMENTE CON EL PRIMITIVO ROMANO.RESTOS DEL ANTIGUO SISTEMA DE SANEAMIENTO SE HAN ENCONTRADO TAMBIÉN EN GUADALAJARA Y TOLEDO.
Las referencias a saneamiento en la ciudad medieval no son demasiado abundantes. Tenemos conocimiento de que las aguas residuales de las viviendas eran conduci- das desde las letrinas y de los sumideros de los patios a atarjeas que recorrían las calles y desaguaban en los arroyos existentes fuera de la ciudad, en el río o en al- gunos tramos del foso de la muralla. La limpieza era costeada por el usuario. Este sistema, debido a su escaso mantenimiento, se va deteriorando progresivamente sustituyéndose por la construcción de pozos negros en las viviendas.
Durante la Edad Media el viandante estuvo expuesto a las aguas incontroladas pro- cedentes tanto de los vertidos artesanales como de las lluvias y las calles se conver- tirán en colectores naturales que imprimieron sobre la ciudad una imagen de sucie- dad que se ha transmitido por diferentes documentos. Son abundantes las referen- cias a inundación de barrios, calles enfangadas convertidas en auténticos lodazales, estercoleros, aguas contaminadas, lagunas infectas, balsas y lavaderos, focos insa- lubres y fuertes olores generados por los considerados malos oficios, fueron los efectos medioambientales más habituales en la cotidianeidad de las ciudades.
ran insuficientes tanto por limitaciones técnicas como de mentalidad.