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4.1 La Red Cantonal de Mujeres de Calvas

4.1.4 Las organizaciones de mujeres en un marco de política focalizada

Un aspecto que debe ser tomado en cuenta dentro del contexto de formación de las organizaciones de mujeres es la lógica de trabajo y formación de las organizaciones sociales y sobre todo de mujeres durante el periodo de gobierno neoliberal. Para esto nos valdremos de la propuesta que hace Sonia Álvarez sobre las políticas focalizadas durante este periodo.

Si lo vemos en términos de relaciones de poder, desde la propuesta gobernabilidad del Estado de Foucault hablamos de la creación de discursos, prácticas y políticas de trabajo que en países de la región sur, como el nuestro, son relacionados y enfocados hacia el desarrollo. Como ejemplo de esto, Álvarez nos habla del desarrollo humano y la política social (Álvarez, 2005) en la década de los ochenta, en donde el papel de las organizaciones de mujeres comienza a ser determinante dentro de la política de estado.

Así, las políticas sociales son vistas como un campo cultural en donde se desarrollan identidades pero que también dan cuenta de la naturalización de lo social, se mercantilizan los derechos sociales y se reducen a lo económico en dos sentidos, por un lado se valoriza económicamente las relaciones primarias en el ámbito territorial; y, por otro lado a nivel estatal se re mercantiliza lo que antes eran derechos sociales característica fundamental de un ejercicio de gobierno y política neoliberal. En éste, el discurso de desarrollo humano,

Substituye los derechos sociales, ya sea que estos se asienten en la condición de ciudadano o en la de trabajador, por los programas focalizados. Esto se traduce en dispositivos de intervención tutelares focalizados territorialmente, junto a derechos culturales abstractos que dicen fortalecer la identidad y multiculturalidad en el ámbito micro local, pero que reproducen la diferencia social y cultural a nivel de políticas macroeconómicas nacionales e internacionales (Álvarez, 2005: 250).

Es interesante el análisis que nos plantea Sonia Álvarez sobre estos discursos que permean a los gobiernos de la región y se centran en última instancia en el trabajo con organizaciones de base como la RMCC. Para la autora las políticas que enmarcan este bíopoder no sólo incluyen a los ciudadanos sino también a estos grupos de personas excluidos pobres, mujeres, ancianos, etc., como parte de estas políticas focalizadas (Álvarez en Mutis y Okuro, 2011).

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De modo que la gobernabilidad, que se puede ver desde las políticas micro y macro a nivel de estado, se conciben como prácticas que operan a través de regulaciones sobre la vida de las personas. Este sentido las políticas sobre desarrollo humano se encuadran dentro del territorio y la población (Álvarez en: Mutis y Okuro, 2011). Aquí, el neoliberalismo es una forma de gobernabilidad que nos muestra el ejercicio del poder operando a través de directrices políticas enfocadas hacia el control de la población al servicio del mercado. Lo que se puede ver claramente en nuestros países durante la década del ochenta y concretamente desarrollada en la del noventa, es el surgir de una serie de políticas conocidas como de asistencia social dirigidas hacia los pobres.

Dentro de lo dicho el discurso de desarrollo humano es fundamental en este ejercicio de gobierno pero además, lejos de dirigir a los países -en donde se pone en práctica- hacia el desarrollo, mantienen las relaciones perpetuando la pobreza en estos países,

Como discurso, juega un papel, el cual es regular la gobernanza global que permite la gubernamentalidad neoliberal, y el ejercicio de relaciones neo coloniales entre países. Pese a ser una política de vida o Biopolítica, es una política focalizada. Por eso, lo considero un nuevo arte de gobernar o una política que se direcciona hacia las poblaciones en riesgo en el sentido en que lleva la vida de los pobres y de los excluidos a un nivel, básico, mínimo o estándar. Pero humanizándolo en el sentido de que no busca cambiar las condiciones de producción de su pobreza (Álvarez citado en Mutis y Okuro, 2011:43; traducción libre).

Estos grupos a los que el discurso direcciona las políticas (mujeres, ancianos, minorías étnicas, pobres, entre otros) y que antes eran agentes receptores de los programas y políticas desde de un discurso que entendía su situación de marginado y pobre debido a sus características de etnia, raza y cultura, ahora son actores claves que pueden aportar a la solución de su propia pobreza en tanto el discurso re direcciona estas mismas características (Álvarez; 2005). Se trata ahora de elementos claves que pueden ser tomados positivamente y que serán desarrollados por estos mismos grupos como parte del aporte para salir de su situación de pobreza.

Desde esta perspectiva, durante la década del noventa, la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos pasaron a incorporar políticas de derechos de las mujeres que incluían agencias, ministerios, secretarías, dentro de una lógica que buscaba introducir a la mujer al discurso del desarrollo (Álvarez; 1998). La mayoría de los

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países que regresaban a la democracia, después de los años de dictaduras, contenían en sus cuerpos legales cláusulas que promovían la igualdad de género dentro de los planos: doméstico, laboral y político.

Es interesante enmarcar en este periodo el desarrollo de las organizaciones sociales de mujeres que comienzan a trabajar la perspectiva de género desde diferentes ámbitos. Si bien se ve que se trata de un marco político direccionado al control de la población no se puede dejar de lado el trabajo de las mujeres como agentes reivindicadores de derechos en un contexto social difícil. Pese a lo dicho, se debe señalar que este trabajo corresponde al de organizaciones y ONGs feministas que reivindican sus derechos y la equidad en las relaciones de género, más que de organizaciones de mujeres en general.