Figura 0.1 Conformación del capital humano
2.4. Origen del enfoque del desarrollo de las capacidades.
El tema de las capacidades debe su origen al economista hindú Amartya Sen formado intelectualmente en las universidades de Inglaterra, ya que, en ese entonces, India estaba bajo el dominio inglés, en la década de 1940. Además, la ciudad de procedencia de Sen, sufría hambrunas que marcaron la conciencia social de este premio nobel de Economía en 1998; que lo condujeron hacia el estudio de los fundamentos de la economía convencional y sus implicaciones para el análisis de problemas como el bienestar, la pobreza o la desigualdad económica.
40
Es en la década de 1980, en la segunda etapa de formación académica de Sen, donde surge el “enfoque de las capacidades”, producto de sus investigaciones y seminarios que brindó; y es que, el enfoque de las capacidades puede considerarse como la contribución original de Sen a la evaluación de la desigualdad, la pobreza, el bienestar individual y social (Otano, 2015).
A partir de las conferencias brindadas en esta década, va tomando forma el concepto de capacidades básicas acuñadas a Sen, y es que, en una conferencia brindada en la universidad de Stanford en 1979 y que se publica un año después con el título de “Equality of what”; con este debate académico Sen fija su atención y abre el debate sobre la columna vertebral de su enfoque, que corresponde a “Qué son capaces de ser y hacer las personas”; aspecto profundo que alude a las capacidades de cada persona producto de las políticas públicas enfocadas en el desarrollo de todo el potencial de cada ser humano para que pueda tener un mínimo de dignidad, de manera individual, para poder ser y capaz de hacer los sueños que se ha trazado en el lugar de residencia.
Cabe mencionar que este término de “capacidades” es de reciente incorporación en la teoría económica convencional, a partir de la década de 1980, pero su alusión es de larga data, ya Aristóteles se argumentaba que la diferencia entre un buen acto político y uno “malo” debía verse en términos de sus éxitos y fracasos en desarrollar la capacidad de las personas de llevar una “vida próspera” (PNUD 1990); y es que, la función principal de los Estados por medio de sus políticas, debería girar en torno a desarrollar las capacidades de su población, que viene determinadas desde el nacimiento en el hogar, la educación para insertarse laboralmente con mayor éxito y un mayor bienestar en diferentes campos como, las libertades civiles, políticas, económicas, educación, salud, seguridad física y alimentaria como lo expresa Sen: Tal vez parezca que centrar la atención en la calidad de vida y en las libertades fundamentales y no sólo en la renta o en la riqueza es alejarse algo de las tradiciones arraigadas en economía y en cierto sentido lo es. Pero en realidad estos
41
enfoques más amplios han formado parte de la economía profesional desde el principio. De hecho el origen de la economía se encuentra en gran medida en la necesidad de estudiar la valoración de las oportunidades que tienen los individuos para vivir bien y de los factores causales que influyen en ella (Otano, 2015).
Con este nuevo paradigma de desarrollo humano de Sen, deja en evidencia el carácter multidimensional del desarrollo, ya no centrado únicamente en aspectos meramente económicos como la renta per cápita; sino en otras variables condensadas en un índice de desarrollo humano que ha cobrado relevancia a nivel mundial para analizar los avances que cada país tiene en materia de desarrollo.
2.4.1 Enfoque de las capacidades según Martha Naussbaum.
El enfoque de las capacidades fue retomado por Martha Naussbaum, quien en 2012 escribe el libro, Crear Capacidades, tomando de base de información de las capacidades y los funcionamientos, partiendo de una sencilla pregunta para su definición como aproximación particular a la evaluación a la calidad de vida y a la teorización sobre la justicia social básica: ¿Qué es capaz esta persona de ser, o de hacer con su vida?, concibiendo a cada persona como un fin en sí mismo, centrado en la elección y en libertad de las oportunidades de cada ser humano, desde esta perspectiva, no es solo la felicidad que la persona experimenta con lo que hace, sino la consideración conjunta de lo que esta´ en condiciones de hacer y de los que realmente hace. De igual manera, no solo importa los medios disponibles para lograr los fines, sino la forma de acceso a los mismos (Naussbaum, 2002), para ello sería comparar las condiciones de vida de la persona en cuestión con el de otro y la creación de instituciones más justas para que los ciudadanos dispongan de un cierto nivel básico de capacidades. Con esto buscaba construir toda una teoría ética a cerca de los principios políticos básicos que deberían garantizarse constitucionalmente con vistas a promover el desarrollo humano de la población.
42
En este sentido, su interpretación del enfoque parte de una idea muy cercana a la filosofía aristotélica que nos dice que «ciertas funciones son indispensables para la vida humana», entendiendo esto en dos sentidos. Por un lado, en el sentido de que dichas funciones centrales son tan elementales para la vida humana, que su presencia o ausencia en la vida de una persona no sólo determina el tipo de vida que ésta lleva, sino que puede llegar a condicionar su propia supervivencia. A esa premisa se le añade una intuición, y es que tenemos buenas razones para pensar que existe algo distintivo que hace que esas funciones centrales se realicen de manera verdaderamente humana, y no meramente animal. Para ello su propuesta en relación con la justicia descansa sobre dos principios diferentes.
El primero de ellos es el principio de cada persona como fin; según el cual, la vida de cada persona tiene un valor intrínseco, es un fin en sí mismo, y lo es por el hecho de ser humano, establece que ninguna persona debería ser tratada como un objeto por otra, es decir, no somos medio para fines ajenos. Como segundo principio, introduce el principio de la capacidad de cada persona, según el cual, las capacidades humanas centrales han de procurarse para todas y cada una de las personas, y en este proceso no cabe interponer los intereses de unos grupos sociales a los del resto, ni privilegiar las colectividades por encima de los individuos que las integran.
Una vez fijados estos dos principios, a la argumentación de Naussbaum prosigue explicando la lista de capacidades que, a su juicio, resultan centrales para el funcionamiento humano y que, en consecuencia, han de servir como referente para la construcción de instituciones justas.
Los principios de Naussbaum han de leerse en términos de capacidades, tanto en lo que se refiere a la defensa de la libertad (más positiva que negativa) como en relación con la métrica que ha de
43
guiar la búsqueda de la justicia distributiva (que se realizaría en función de las capacidades incluidas en la lista y no mediante los bienes primarios (Otano, 2015).