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Origen y composición de las cartas de Pablo

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Las cartas de Pablo han sido leídas y conservadas en las comunidades a las que srcinariamente habían sido dirigidas. Copias de estas cartas se hicieron circular también en las otras comunidades cristianas; de este modo se tiene una primera colección y un intercambio del epistolario paulino (Cf. Col 4, 16). La lectura de las cartas de Pablo fuera de su contexto srcinario plantea problemas para su correcta comprensión. Ya a fines del

primer siglo, el autor de la 21.Carta de Pedro reconoce que Pablo

en sus cartas escribe con una sabiduría otorgada por Dios, pero dice también que en ellas existen algunas cosas difíciles de comprender y "que los ignorantes y los débiles interpretan torci- damente" (2P 3, 15-16). Se refiere a la cuestión de la "parusía" o venida del Señor. Pero esta misma razón vale para otros temas

tratados por Pablo como respuesta o aclaración a cuestiones planteadas por sus interlocutores.

Por consiguiente, quien actualmente quiere comprender las cartas de Pablo debe entrar en sintonía con el diálogo que el Apóstol establece con la comunidad de los destinatarios. Esto presupone el conocimiento de la situación vital tanto del remitente -Pablo- como de los destinatarios de las cartas. Es también útil poseer alguna información previa sobre el srcen histórico de cada carta -tiempo y lugar de su composición- y sobre su estructura general. El conocimiento de estos datos que favorecen la sintonización con el diálogo epistolar se puede obtener por las informaciones esparcidas en el mismo epistolario paulino.

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Las cartas a la Iglesia de Tesalónica Las cartas a la Iglesia de Tesalónica

En la actual colección de las cartas paulinas dos van dirigidas a la Iglesia de los tesalonicenses. Se trata de una comunidad cristiana fundada por Pablo en la capital de la provincia romana de Macedo- nia. La ciudad de Tesalónica, fundada por Casandro, un general de Alejandro Magno, toma el nombre de su esposa "Tesalónica", así

llamada para recordar la victoria sobre los Tesalios. En tiempos de

Pablo era ciudad populosa, sobre la vía Egnatia, y un puerto marí-

timo en el golfo Termaico. En Tesalónica existía también una gran

comunidad judía con sinagoga. Allí llega Pablo a comienzos de los años cincuenta en compañía de Silas o Silvano y de Timoteo. Des- pués de algunos meses de intensa actividad misionera se ve obliga- do a dejar la ciudad a causa de la oposición de los judíos, que no ven con buenos ojos la competencia de Pablo y de su grupo (Hch

17, 1-10). A pesar de esta brusca interrupción de la misión paulina, en Tesalónica nace una comunidad cristiana firme y dinámica.

Para completar la formación de los cristianos de Tesalónica, que provenían en su mayoría del ambiente grecopagano, Pablo escribe

l

a carta que conocemos como la 1

8.

Carta a los tesalonicenses. Anteriormente, él había enviado desde Atenas a Timoteo para tener

noticias recientes acerca de aquella joven comunidad cristiana. Timoteo alcanza a Pablo en Corinto y le informa de la solidez

espiritual de los tesalonicenses a pesar de la hostilidad del ambiente. Pablo escribe entonces desde Corinto la carta que es la primera de su epistolario y también el escrito cristiano más antiguo. En esta carta Pablo exhorta a los cristianos de Tesalónica a permanecer fieles a su opción, imparte algunas aclaraciones sobre la suerte de los cristianos que han muerto antes de la segunda venida del Señor y agrega varias instrucciones y normas en relación con la moral cristiana y la vida de comunidad.

A la comunidad de Tesalónica se dirige una2a.Carta en nombre

de Pablo, Silvano y Timoteo, donde se vuelven a tomar algunos te-

mas de la anterior y, principalmente, se puntualiza lacuestión re-

lativa al tiempo de la segunda venida del Señor. Su parusia no es

inminente. Estará precedida por signos premonitorios del final. La diferencia de estilo y de planteamiento doctrinal sugieren que se considere este escrito como obra de un discípulo de Pablo, que aplica y actualiza el mensaje en una nueva situación de la comuni- dad de los tesalonicenses.

Las cartas a la Iglesia de Corinto Las cartas a la Iglesia de Corinto

Entre todas las ciudades evangelizadas por Pablo, Corinto tiene el privilegio de una documentación excepcional. Se han conservado dos extensas cartas dirigidas por Pablo a las comuni- dades cristianas de la ciudad y a las de Acaya, de la cual Corinto es la capital. La que visitó Pablo a comienzos de los años cincuenta era la nueva ciudad de Corinto fundada por Julio César en el año 44 aC a partir de un núcleo de ciudadanos romanos. En la época de Pablo, Corinto era ya una gran metrópolis que debía su fortuna a la posición estratégica sobre el istmo. Ella controla las comuni- caciones entre Grecia septentrional y el Peloponeso y entre los dos mares al Oriente y al Occidente. Las naves que llegaban des- de el mar Egeo descargaban las mercaderías en el puerto de Cen- cree y se volvían a cargar en el puerto de Lecheo. Las pequeñas

embarcaciones se remolcaban a lo largo deldiólkos,la vía em-

pedrada que en extensión de tres o cuatro kilómetros unía los dos puertos. La populosa ciudad de Corinto se extendía a los pies de la acrópolis, donde se levantaba el templo de Afrodita. Al lado de los almacenes, en los que se producían los famosos vasos de Corinto, surgían bancos, templos, termas, fuentes monumentales y teatros. En el centro se extendía el agorá con el plano elevado para el "tribunal".

En Corinto se daban cita comerciantes y empresarios, libertos y esclavos, propagandistas de nuevos cultos y filósofos itinerantes. En la ciudad de Corinto existía también una comunidad hebrea floreciente que tenía su sinagoga: Cada dos años, cuando sobre el istmo de Corinto se realizaban los juegos en honor de Poseidón, llegaban allí atletas, financieros del deporte y admiradores de to- das partes del Imperio romano. En este gran centro de Acaya convivían riqueza y pobreza, lujo y miseria. Un eslogan resumía

muy bien estas características de la ciudad de Corinto. Se decía:

"No a todos les es lícito vivir al estilo corintio", para indicar tan- to el lujo como la vida licenciosa.

Pablo se detuvo un año y medio en su primera visita a Corinto. Desarrolló allí una intensa y fecunda actividad misionera gracias también a la colaboración de Silvano y Timoteo y de la pareja romana Aquila y Priscila. Los primeros adherentes provenían de la comunidad hebrea. Pero después de la ruptura con la sinagoga, 126

la mayoría de los convertidos pertenecían al círculo de los paganos que eran simpatizantes del monoteísmo (Hch 18, 1-11). Se creó de este modo, en la ciudad de Corinto y en sus alrededores, una red de pequeñas comunidades que se reunían en las casas de los cristianos acomodados de srcen romano. En la Iglesia de Corinto se reflejaba la estratificación social de la ciudad. Al lado de un pequeño grupo que formaba parte de la clase media-alta, la mayoría de los convertidos cristianos estaba constituida por esclavos y libertos (lCo 1, 26). A estas comunidades cristianas

Pablo escribió, después de su partida, su 14.Carta, que no se ha

conservado. En ella el Apóstol daba sugerencias acerca del modo de portarse con los bautizados que eran incoherentes con su compromiso cristiano (1 Co 5, 9.11). Algún tiempo después envió desde Efeso a sus amigo y colaborador de confianza Timoteo con una 2á. Carta que constituye la actual lá. Carta a los corintios. En

ella Pablo afronta algunos puntos cruciales de la vida de una co-

munidad cristiana inmersa en la cultura grecoromana. El primer problema era el del rol de los jefes y predicadores, y el de su correcta relación con la comunidad cristiana. En Corinto, de hecho, se manifestaba la tendencia a separarse en grupos que

se identificaban con los diferentes predicadores o figuras repre- sentativas según el modelo de las escuelas filosóficas o de las otras asociaciones religiosas. Este fenómeno de las fracciones en la Iglesia se alimentaba también con las diferencias sociales y culturales de los cristianos de Corinto. Se manifestaba de una ma- nera clamorosa en el contexto de la cena fraterna, en la cual se celebraba la Eucaristía.

El segundo problema se refiere a algunos casos de desórdenes morales y sociales, tolerados e incluso justificados en nombre de cierto espiritualismo entusiasta e individualista. Algunos cristianos de Corinto apelaban a su experiencia del Espíritu para declararse libres de todo vínculo moral. Otros, en nombre del mismo Espíritu, consideraban indecoroso vivir como casados y condenaban el

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matrimonio. Algunas mujeres radicalizaban el principio paulino

basado en la experiencia bautismal: "No hay ya hombre ni mujer",

y en la asamblea cristiana no se colocaban el velo en la cabeza con el fin de igualarse a los hombres. En la misma asamblea, en la cual se realizaban libremente las oraciones y las comunicaciones de la palabra bajo el impulso del Espíritu, algunos tendían a monopolizar la atención y exhibirse en las manifestaciones carismáticas. Otros cristianos tomaban parte sin escrúpulos en los banquetes sagrados junto a los templos paganos provocando el desconcierto de sus hermanos en la fe. Finalmente, había algunos que ponían en duda la eficacia salvífica de la resurrección de Jesús para los cristianos que ya habían muerto. Se conformaban con una "resurrección es- piritual", porque consideraban inútil e imposible una real reinte- gración del cuerpo después de su total corrupción en la muerte. En este escepticismo ante la resurrección de los muertos se advierte el influjo del dualismo griego que considera el cuerpo material como totalmente ajeno al mundo del espíritu.

9.Para leer a san Pablo

Algunos de estos problemas no eran nuevos para Pablo, que co- nocía por experiencia directa la comunidad de Corinto y el contexto social y cultural en el cual los cristianos de Corinto estaban llama- dos a vivir su fe. Pero después de su partida algunos problemas se agudizaron debido también al influjo de algunos predicadores que intervenían en la comunidad de Corinto, como el alejandrino Apo- lo. Pablo estaba al corriente de la situación de Corinto porque algu- nos cristianos iban y venían de Corinto a Efeso. Además de los res- ponsables de la Iglesia de Corinto, Estéfana, Fortunato y Acaico, que lo habían alcanzado en Efeso, le habían presentado por escrito en nombre de la comunidad una serie de cuestiones que requerían aclaración.

Pablo responde en su carta a las solicitudes de aclaración, inter- viene de una manera decidida acerca de los hechos de incoherencia moral, y también imparte disposiciones prácticas sobre el modo de realizar las asambleas. Pero al afrontar los diferentes temas, el Apóstol sigue una metodología coherente. Antes de dictar las ins- trucciones y las normas operativas, somete a examen la situación concreta y pone en evidencia sus puntos esenciales. Luego esta- blece una confrontación con el núcleo de la fe cristiana basada en el kérvgmade tal modo que así puede tener los criterios para eva- luar la situación y sacar las consecuencias en el plano operativo. Este método paulino en tres fases o "triangular" ayuda a los cristia- nos de Corinto a madurar sus propias opciones de vida, en armonía con la fe cristiana y dentro del propio contexto social y cultural.

La misión de Timoteo en Corinto, como encargado de explicar y aplicar la carta de Pablo, no produce los resultados que se es- peran. Es más, la historia de las relaciones del apóstol fundador con la comunidad se complica por culpa de algunos malentendidos respecto de una visita prometida por Pablo. En la carta enviada desde Efeso, en la primera mitad de los años cincuenta, Pablo ha- bía prometido volveravisitar la Iglesia de Corinto al atravesar Ma- cedonia y detenerse para pasar allí el invierno (lCo 15, 5-6). Esta visita había sido aplazada porque habían llegado algunos "misio- neros itinerantes" que habían creado un frente antipaulino en la Iglesia de Corinto. En un segundo momento Pablo había intentado restablecer los contactos con las comunidades cristianas de Acaya, pero el resultado había sido el de un abierto conflicto con el grupo de los contestatarios. Entonces el Apóstol había escrito a los co- rintios una tercera carta "en una gran aflicción y angustia de

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corazón, con muchas lágrimas" (2Co 2, 4). Después de esta carta, que no ha sido conservada, Pablo envía a su colaborador y hábil mediador, Tito. El tono duro de la carta y sobre todo la obra de

persuasión de Tito obtienen la reconciliación de la comunidad de

Corinto con el apóstol fundador.

Entre tanto, Pablo, que se halla en Efeso, ha corrido el riesgo de ser condenado a muerte. Gracias inclusive a la situación caótica que se va creando en la capital de Asia a causa del homicidio del procónsul Junio Silano por obra de Agripina, hermana de Calígula, Pablo puede salir de la cárcel de Efeso. Llega a Tróada con la esperanza de encontrar a Tito de regreso de la misión corinta. De allí continúa el viaje hacia Macedonia, donde finalmente encuentra a Tito que le da buenas noticias sobre la reconciliación ya en acto en la Iglesia de Corinto (2Co 2, 12; 7, 5). Por consiguiente, en una ciudad de Macedonia, probablemente en Filipos, Pablo dicta su cuarta carta a los corintios, donde les anuncia su tercera visita (2Co 12, 14; 13, 1). Estamos hacia mediados de los años cincuenta.

Esta historia de los hechos precedentes puede explicar en parte la articulación atormentada de la actual 28.Carta a los corintios. Se notan en ella saltos en el dictado epistolar, bruscos cambios de tono y de temas. De aquí nace la hipótesis de que un redactor haya combinado diferentes trozos de al menos tres diferentes cartas pau- linas conservadas en el "archivo" de Corinto, para hacer de ellos un montaje que no reproduce el orden de las cartas srcinales. Es

imposible verificar esta hipótesis en el plano literario y sobre la

base del testimonio tradicional del texto de las cartas paulinas. Por otra parte, la estructura del texto actual de la 21 1.Carta a los corintios tiene una coherencia propia, particularmente si se tiene en cuenta que el género epistolar por su naturaleza se presta para una discreta elasticidad en disponer tanto las informaciones como los temas tratados.

Pablo primero intenta aclarar los malentendidos provocados, en parte por la visita no realizada, y trata de allanar los contrastes que

se habían ido creando (2Co 1, 11-2, 13). En forma amplia, ilustra

el estatuto del verdadero apóstol que está al "servicio" de la nueva alianza y obedece a la lógica de la muerte y resurrección de Cristo: la potencia de Dios se revela en la debilidad humana (2Co 2, 14-6, 10). Por lo tanto, vuelve a reanudar el diálogo epistolar con una co- munidad saludablemente consternada por la "carta escrita con lágri- mas" y restablecida en su integridad gracias a la misión de Tito

(2Co 6, 11-7, 16). Llegado a este punto, Pablo anexa dos textos - dos cartas: una para la Iglesia de Corinto y la otra para las de Aca- ya- en los cuales solicita la actuación de un compromiso ya asumido anteriormente, que las complicaciones antes mencionadas habían aflojado: la colecta de fondos para ayudar a las Iglesias de Judea (2Co 8, 1-9, 15). Al comienzo del capítulo décimo el tono

cambia bruscamente. Pablo se dirige en tonos más bien vivos a algunos que en la comunidad de Corinto ponen en duda su autoridad y su legitimidad como apóstol. Pero su objetivo es el de demoler la arrogancia de ciertos "superapóstoles", misioneros itinerantes que se han introducido con cartas de recomendación en la comunidad de Corinto y la han impresionado fuertemente al hacer hincapié en su srcen hebreo, las cualidades carismáticas y la habilidad retórica. Ante sus cristianos de Corinto también Pablo está en condiciones

de "gloriarse", pero desde la perspectiva de la muerte en cruz de Je- sús esto puede ser solamente un "discurso necio". El entonces se gloría de sus debilidades porque "la potencia del Señor se manifiesta plenamente en la debilidad" (2Co 12, 9; 13, 4). Al final, Pablo in- vita a los cristianos de Corinto a no obligarlo a acudir a la autoridad que el Señor le ha conferido, no para destruir, sino para edificar la comunidad (2Co 13, 10).

La carta a la Iglesia de Filipos

Es una pequeña carta enviada por Pablo, cuando se halla en la cárcel, a los cristianos de Filipos y a los "obispos y diáconos". La ciudad toma el nombre de Filipo el Macedonio, padre de Alejan- dro Magno, quien la ha fundado a mediados del siglo IV aC, en Tracia, en el centro de una región rica en minas de oro. A media-

dos del siglo I aC se convierte en colonia romana, lugar de resi- dencia de los veteranos que han combatido victoriosamente bajo el mando de Antonio y luego de Octaviano. El clima de la ciudad romana se percibe en la carta de Pablo, en la que él invita a los cristianos de Filipos a portarse como "ciudadanos dignos del Evangelio" y a esperar del cielo, "nuestra madre-patria", como salvador al Señor Jesucristo" (Flp 1, 27; 3, 20).

Pablo anuncia allí por primera vez el Evangelio durante el viaje misionero que a comienzos de los años cincuenta lo lleva

desde Tróada a Corinto (Hch 16, 1-40). En torno a la familia de 132

Lidia, comerciante en púrpura, nace la comunidad cristiana de Fi- lipos, donde son activas algunas mujeres mencionadas por Pablo en su carta (Flp 4, 2-3). La Iglesia que ha nacido en la ciudad de

Filipos situada en la vía Egnatia,se convierte en un punto de re-

ferencia para Pablo en sus desplazamientos de Asia a Acaya. En esta comunidad cristiana él puede contar con la colaboración de algunas personas generosas que lo ayudan también económica- mente en su misión en Macedonia y en Grecia (Flp 4, 15-16). El queda afectivamente ligado a los filipenses, a los cuales ha procla- mado el Evangelio en un momento de fuertes contrastes con el ambiente. No puede olvidar que él ha sufrido precisamente en esa ciudad, colonia romana, la fustigación pública (lTs 2, 1-2). Se re- fiere a esa "lucha" en la carta dictada desde la cárcel para animar a los filipenses a permanecer firmes ante las hostilidades del ambiente.

Pablo, de hecho, se halla en cadenas por Cristo y por el Evange- lio. Esto se ha aclarado desde cuando ha tomado la determinación de llevar al descubierto el motivo de su arresto. No obstante la perspectiva de una posible condena, él espera firmemente poder volver a ver a sus cristianos de Filipos (Flp 1, 13-26). Entre tanto

envía a Timoteo, su amigo y colaborador de confianza, conocido también por los filipenses, para tener noticias de ellos. Pablo hace el elogio también de Epafrodito, un cristiano de Filipos que le ha llevado los subsidios de la comunidad macedonia y lo ha asistido en la cárcel. Epafrodito se ve obligado a regresar despuéss de la gran enfermedad que lo ha llevado hasta el peligro de muerte (Flp 2, 19- 30). Estas informaciones y rápidas comunicaciones que la carta presupone ayudan a elegir entre las varias ciudades donde Pablo ha

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