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QUE DONDE HAYA OSCURIDAD, PONGA LUZ

In document LA FUERZA DEL ESPÍRITU (página 196-200)

No hay un objeto tan feo que la luz intensa no lo haga bello.

Ralph Waldo EMERSON En esta frase de su plegaria san Francisco pide fuerza y capacidad para poner luz ante todos los que se sienten feos o perciben el mundo como un lugar oscuro y malvado. Como sugiere Emerson en la cita mencionada, la intensidad de tu luz puede hacer bella cualquier cosa. Cuando vives en la oscuridad estás inmerso en un mundo que no te permite ver la belleza que te rodea. Una de las cualidades más elevadas de las personas realizadas es su capacidad de ver belleza en todas partes y de extraer vida de esa belleza. «Déjame dar luz» es otra manera de decir déjame ilustrar mi presencia y mi actitud de que hay belleza en todo.

En muchos aspectos, poner luz donde hay oscuridad es una manera de dar una solución espiritual a un problema. La oscuridad simboliza la incapacidad de experimentar la verdadera naturaleza de nuestro mundo. Como describe John Keats en sus famosos versos: «La belleza es verdad; la verdad, belleza. Eso es lo único que se sabe en la tierra y lo único que has de saber». En la oscuridad uno ignora la belleza y la verdad, ya que son sinónimos. La decisión de poner luz donde hay oscuridad abre un mundo entero de apreciación de la belleza y te hace libre de cualquier mala interpretación de la vida como una experiencia oscura.

Tal vez recuerdas que he mencionado que todo es energía y que la luz representa la energía superior más rápida del espíritu, que anula las experiencias de oscuridad. La capacidad de hacer que la luz «aparezca» erradica las experiencias de oscuridad de tu vida y de las vidas de los que te rodean.

LA LUZ ES ENERGÍA

Todo vibra aunque tus sentidos te indiquen que algunas cosas son sólidas. La luz misma es una energía, una frecuencia muy rápida que se ajusta a las leyes espirituales que he citado a lo largo de este libro. Cuando pones las frecuencias superiores más rápidas frente a las vibraciones inferiores más lentas, los «proble- mas» se disuelven al instante porque la oscuridad no es más que la ausencia de

luz. Cuando introduces luz en una zona oscura, la oscuridad simplemente desaparece. Si entras en un lugar oscuro con una lámpara, la luz cae sobre todos los que están cerca de ti. No tienes que anunciar: «Ahí voy con la luz». Todos se dan cuenta automáticamente de la presencia de la luz y la oscuridad desaparece. Una vez más, un problema ya no es un problema cuando ponemos las vibraciones más rápidas y superiores del espíritu ante las ilusiones, incluida la ilusión de oscuridad.

Piensa en el sol como fuente de luz. Siempre brilla. Vienen nubes que lo oscurecen, y sin embargo el sol sigue brillando. El sol parece que se oculta por la noche, pero no es más que una ilusión: sigue brillando. Parece que el sol es la fuente de luz, pero en realidad es un reflejo de la verdadera luz, que es Dios o el espíritu. La energía más elevada es el espíritu, que da luz al mundo material, incluido el sol. Recuerda que esta verdadera luz siempre brilla, igual que el sol, aunque no la veas. Por tanto siempre tendrás la opción de abrirte a la luz divina cuando sientas que estás en la oscuridad, con la plena seguridad de que siempre está ahí. Es tan sencillo como recordar que la luz y la oscuridad no pueden coexistir. El poder de la luz es que hace que la oscuridad se desvanezca en su presencia.

PON LUZ

Te sugiero que te veas como un ser de luz, un sistema de energía rápida que posee la capacidad de hacer desaparecer la oscuridad. Tú eres el portador de esa luz. Irradias esa luz cada vez que eres capaz de ayudarte a ti mismo y ayudar a los demás a triunfar sobre la oscuridad.

Además de pensar en la luz como una vibración de la energía que se mueve con rapidez, me gustaría que la consideraras una actitud. Es decir, puedes elegir entre pensar en la luz o pensar en la oscuridad. Cuando piensas en la luz arrojas sobre cualquier problema una clarividencia que puede disolver las dificultades.

Tal vez has oído hablar a alguien de rodear a algún amigo o ser querido con luz blanca en momentos en que se percibe una posible oscuridad. Esos comentarios reflejan el conocimiento de que la luz tiene un carácter protector y puro y que puede proteger a las personas de las energías peligrosas o perjudiciales. Poner luz blanca en torno a un ser querido es otra manera de enviar pensamientos de amor con el convencimiento de que los pensamientos energéticos ayudan a

mantenerlo a salvo. Son pensamientos de luz; piensas en una luz amorosa y visualizas que la envías para que el espíritu actúe.

Sabemos de forma intuitiva que los pensamientos de luz hacen desaparecer la oscuridad con la misma seguridad con que sabes que una luz encendida iluminará una habitación oscura.

Esta frase de la plegaria de san Francisco incluye para mí los cuatro componentes de la luz que puedes aplicar a cualquier situación en que el problema sea la oscuridad. Estos cuatro ingredientes son:

1. La pureza. La luz implica pureza. Cuando eres capaz de poner luz a lo que es impuro estás cumpliendo el deseo de san Francisco además de dar una solución espiritual al problema. La pureza aplicada al reino físico significa una presencia limpia, clara, impoluta y no adulterada como el agua pura, el aire puro, la sangre pura o la comida pura. El proceso de purificación elimina los problemas de la enfermedad, el aire viciado o las bacterias. Lo mismo sucede cuando nuestros pensamientos y conductas son impuros.

Los problemas existen cuando nos permitimos tener pensamientos envilecidos. Nuestros pensamientos impuros contaminan nuestra vida y la vida de los que nos rodean. Los conflictos surgen cuando entramos en las frecuencias inferiores de la embriaguez, la lujuria, la vida no limpia, la violencia, el abuso de sustancias, la impiedad y similares. Una presencia purificada es como la luz, donde todo lo adulterante se elimina y queda la pureza de la luz o la ausencia de oscuridad. Al poner esta purificación en las áreas donde reside la impureza tienes la capacidad de aplicar una solución espiritual a los problemas de una mente no limpia.

Hace poco, me encontraba casualmente en un parque por la noche donde se reunió un gran número de gente joven para celebrar la graduación. Era evidente que la bebida y las drogas circulaban libremente entre los jóvenes. No tardaron en aparecer las palabras obscenas y las bravatas y parecía inevitable que estallara alguna pelea. Pensé en esta frase de la plegaria de san Francisco. Vi oscuridad en forma de impureza campando a sus anchas.

Me puse a andar entre los jóvenes, irradiando conscientemente pensamientos de luz, sin decir nada, limitándome a rodearlos con luz. En cuestión de minutos los jóvenes empezaron a dispersarse y las amenazas se acallaron. Estaba claro que podía enviar luz amorosa pura a aquella baja energía e influir en los jóvenes sin que ellos fueran conscientes de lo que yo hacía. Tú puedes acceder

a la pureza de tu alma arrojando tu luz pura, amorosa e incondicional donde haya cualquier impureza, e influir con ello en los que te rodean.

Cuando entras en el espacio de los que viven, respiran y practican el tener pensamientos de luz, puedes sentir la energía más ligera que hay en la habitación. Como afirmó Patanjali, todo ser vivo deja de sentir enemistad en presencia de los que se abstienen firmemente de tener pensamientos dañinos o impuros. En eso consiste poner luz en la oscuridad, y cuanto más lo practiques, más serás un emisario de luz. La conducta y el pensamiento impuros no toleran el poder de tu luz pura, igual que la oscuridad no tolera la presencia de la luz.

2. La moral. La luz significa que nos tratamos a nosotros mismos y a los demás desde una perspectiva de la regla áurea. He de hacer lo correcto y, al hacerlo, pongo luz en la oscuridad. Cuando alguien se siente maltratado, herido, perdido o simplemente solo en su desdicha es como si tuviera una nube negra sobre su cabeza. Estos sentimientos permiten que la nube lo engulla. Al poner luz a este panorama de oscuridad elegimos tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros. La luz y la moralidad van cogidas de la mano. En el momento en que alguien tiene la sensación de que se le trata con justicia la nube negra desaparece.

Recuerdo cómo ilustraba la madre Teresa lo que hacía en su misión. «Cada día veo a Jesucristo con todos sus inquietantes disfraces». Ella veía la perfección en los desheredados de las calles y aportaba un poco de moral y luz a cada persona. Eso solo bastaba para alzar el velo de la oscuridad que envolvía a la persona sin hogar. Y lo mismo ocurre en todos nosotros. Cuando te paras a pensar cómo te gustaría que te trataran en la misma situación estás aportando moral, un ingrediente de la luz, para eliminar la oscuridad de alguien. Después de haber oído durante toda tu vida la regla de oro, sabes que es un buen consejo. Te animo a que pienses en serio en este modo de eliminar la oscuridad de tu vida y de dar luz a los que se sienten maltratados.

También puedes empezar a tratarte a ti de esta manera, siempre que sientas la ausencia de luz en tu vida. Si te sientes dolido o traicionado porque los demás no te tratan bien y te envuelve la oscuridad, pregúntate cómo preferirías que te trataran. Luego, imagina que esa luz y tratamiento moral descienden sobre ti procedentes de Dios. Perdona y olvida a la persona con la que estás enfadado, porque en este momento estás en la luz moral de Dios. De esta manera siempre tienes acceso a la luz. Pensar cómo te gustaría que te trataran te ayuda también a extender la regla de oro a los demás.

Recientemente, mi hijo pequeño y yo estábamos haciendo cola en un parque acuático y oímos a una mujer, que estaba en la cola de al lado, pedir tres refrescos y luego descubrir que le faltaba dinero para pagarlos. El hecho de que le faltaran unas monedas la alteró visiblemente y el vendedor no se mostró nada comprensivo. Mi respuesta inmediata en situaciones semejantes es ofrecer las monedas, cosa que hice. Pero primero me pregunté cómo me gustaría que me trataran si me encontrara en aquella situación. La vieja regla de oro.

Esto también me funciona después de discutir con mi esposa o con algún miembro de la familia. Me siento frustrado y empiezo a preguntarme cómo me gustaría que me trataran en aquel momento. Entonces actúo del modo en que quiero que me traten, rompiendo el silencio o pidiendo disculpas. El problema se reduce a la luz que la regla de oro ha arrojado en la oscuridad.

3. La verdad.James Russell Lowell dijo una vez: «La luz es el símbolo de la verdad». Y yo añadiría que: «La oscuridad es el símbolo del engaño». Puedes ocultar la verdad en la oscuridad, mientras que en la luz no hay misterios, no hay cosas ocultas, todo se revela. Así, la oscuridad esconde mientras la luz revela. Cuando pones luz en la oscuridad, como pide san Francisco en su plegaria, adoptas una actitud de apertura que no permite que la verdad sea temerosa o se oculte. En el libro de David Hawkins Power Versus Force se nos ofrece esta sabia frase: «En el proceso de examinar nuestra vida cotidiana podemos descubrir que todos nuestros temores se basaban en la falsedad. La sustitución de lo falso por lo verdadero es la esencia de la curación de todo lo visible y lo invisible» (págs. 105-106).

Hace muchos años escribí un artículo titulado «¿En quién confías?» para una publicación de consejos. El tema central del artículo era que tendemos a creer a las personas que están dispuestas a contarnos la verdad, aunque es posible que no nos guste esa verdad. Los que nos dicen exactamente lo que queremos oír, aunque en aquellos momentos nos consuele, no nos inspiran confianza. Cuando necesitas consejo o ayuda de alguien, ¿en qué opinión confías?, ¿en la de quien sólo pretende que te sientas bien o en la de quien te dice la verdad sin pensar en cómo reaccionarás?

Conforme vayas adquiriendo experiencia en arrojar la verdad sobre situaciones problemáticas, llegarás a comprender la frase bíblica que dice: «La verdad os hará libres». A la luz de la verdad, los problemas desaparecen literalmente. Nada queda oculto, nada se esconde..

En una ocasión, recuerdo haber ido a pasear con una mujer que padecía sobrepeso y que era incapaz de deshacerse de esos kilos de más aunque probaba

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