Compara el sereno y sencillo esplendor de un capullo de rosa con las tensiones de tu vida. La rosa tiene un don que tú no posees: está totalmente satisfecha de ser ella misma. No ha sido programada desde su nacimiento, como tú, para estar insatisfecha consigo misma, por eso no tiene la menor necesidad de ser otra cosa más que lo que es. Por eso posee la gracia natural y la ausencia de conflicto interior que entre los humanos sólo se encuentra en los ni- ños pequeños y los místicos.
Anthony DEMELLO,The Way To Love
Qué es la esperanza sino un sentimiento de Optimismo, un pensamiento que dice que las cosas mejorarán, que no siempre serán tristes, que hay una manera de superar las circunstancias presentes. La esperanza es la conciencia de que no sufrirás eternamente y de que de alguna manera, en algún lugar, existe un remedio para la desesperación y lo encontrarás si mantienes esta actitud. Cuando decimos esta frase de la plegaria de san Francisco, pedimos fuerzas para dar esperanza a quien está desesperado y también a nosotros mismos. Pues en presencia de una visión esperanzada la desesperación y el sufrimiento no retendrán nuestra atención.
La desesperación es una actitud que se experimenta en la mente. Es una manera de mirar una situación de la vida y sentir que no hay esperanza alguna. No hay desesperación en el mundo. No puedes traer a casa un cubo lleno de desesperación; sólo hay personas que tienen pensamientos desesperados. Es fundamental que comprendamos esto. En tu vida y en la de los demás puede haber muchas circunstancias deplorables, sin embargo, en sí mismas no son más que circunstancias. La desesperación misma es un proceso mental que se apodera de ti y te hace ver que una situación es espantosa.
Cuando reconoces que la desesperación es una actitud mental inicias el proceso de poner esperanza en esa imagen de desesperanza que se ha formado en tu interior y de disolverla.
Es imposible que la esperanza y la desesperación existan si- multáneamente; la una elimina a la otra. A menudo la desesperación anula a la esperanza. En esta frase de la plegaria de san Francisco, pedimos fuerzas para invertir este proceso y borrar la desesperación con una visión de la esperanza. Si lo piensas, verás que la esperanza no es más que un pensamiento o una visión.
PASA DEL PESIMISMO AL OPTIMISMO
Es importante que recuerdes que la energía tiene una frecuencia. En la frecuencia de la desesperación, la energía es baja y te sientes deprimido o alterado. «Hoy estoy depre»; con esta frase describes la desesperación que sientes cuando tu energía está en estas bajas frecuencias. Mientras permanezcas en esa frecuencia reducida seguirás atrayendo ese tipo de energía. Las personas que viven en un estado constante de desesperación jamás experimen tan las frecuencias más rápidas y más elevadas que conducen a la energía espiritual. En cambio, alimentan su energía baja y lenta procesando casi todos los acontecimientos desde un punto de vista pesimista. Si te identificas con «La vida es difícil», esto es precisamente lo que vas a experimentar. Como siempre, la ley central del universo es: «Serás lo que pienses».
Si repasas el capítulo 1 observarás que un ingrediente básico de la energía espiritual es la alegría, una visión de la vida esperanzada y optimista. Si estás en esta energía superior del optimismo es probable que digas: «Hoy estoy realmente animado». La presencia de una vibración elevada anula la ilusión del pesimismo. De nuevo, recuerda que todo lo que Dios creó es bueno, y Dios lo creó todo; por lo tanto, la desesperación o el pesimismo son creaciones de tu mente debidas a tu creencia de que estás separado de Dios. En muchos aspectos, nuestra aflicción es un alejamiento de Dios. Pon optimismo donde resida el pesimismo que, por supuesto, se encuentra sólo en nuestra cabeza, aportando la energía de la conciencia de Dios.
La solución espiritual a la desesperación es: 1) elevar tu energía poniéndote en contacto consciente con Dios y confiando en ese contacto, con lo que se disolverán las imágenes de negatividad y pesimismo, y 2) irradiar esta energía superior hacia los demás que creen y, por tanto, viven en callada desesperación. Sólo estando en presencia de tu energía superior más rápida puedes influir en los
demás con tu espíritu de esperanza y alegría. En realidad, te conviertes en un faro de esperanza, mostrando el camino para desprenderte del apego a la tristeza y a la desesperación. Al elevar tu energía, haces que sea imposible que los que te rodean se aferren a la falsa idea de que están separados de todo lo bueno, es decir, de Dios.
ROMPE LOS VÍNCULOS CON LA TRISTEZA Y LA DESESPERACIÓN
Parece absurdo decir que alguien quiera estar apegado a su tristeza, y sin embargo es así. Un largo proceso de condicionamiento a sentir que la vida es injusta, que otro es responsable de mis peñas, que nadie realmente me entiende, conduce, inevitablemente, a pensamientos continuos de desesperación. Aferrarse a estas ideas mantiene a la persona anclada en la autocompasión, que a la larga se convierte en odio hacia sí mismo. La razón para mantener esta situación es que el individuo no tiene que correr el riesgo de aceptar la responsabilidad de su tristeza, o de cambiar pautas de vida. Es un puerto seguro que permite sufrir con comodidad.
Es extremadamente corriente que la gente construya su vida con la idea equivocada de que sin ciertas cosas o sin ciertas personas no pueden ser felices o libres. Es casi como si estuvieran programados para ser infelices. O sea que su actitud es: sin mis cosas, sin una persona en particular, sin dinero, sin amistad estoy destinado a estar triste. Así se condicionan a creer que la escasez es una excusa para la desesperación. Todos hemos asumido en cierta medida estas creencias, y, en consecuencia, hemos desarrollado diversos grados de apego. Aquí es donde se origina la desesperación, porque justificamos la tristeza por lo que nos falta o quien nos falta. En realidad, experimentamos éxtasis cuando alcanzamos un objeto, ansiedad cuando lo estamos perdiendo y desesperación cuando lo perdemos.
Con el fin de superar este ciclo de apego debemos recordarnos la diferencia entre nuestro ego y nuestro yo superior. La voz del ego siempre está impaciente por dominar con pensamientos como: «Soy lo que tengo, lo que hago y lo que los demás piensan de mí». Si puedes permanecer callado el rato suficiente, la voz de Dios penetrará en ti con mensajes como: «Ninguna de estas cosas te aportará felicidad, sólo son ilusiones, yo soy tu única fuente de paz. Habla tu yo superior, esto es la solución espiritual a todos los problemas relacionados con los apegos».
Para ser auténticamente feliz sólo tienes que hacer una cosa, que es desprogramarte y deshacerte de forma permanente de tu apego a diferentes circunstancias y cosas de baja energía. Ahora recuerda, el apego no es un hecho, es una fantasía que hay en tu cabeza y que tú has llegado a creer que es real. Es posible vivir feliz sin esos apegos. Practica el no decir ni pensar que debes tener a cierta persona o cierta cosa para estar libre de la desesperación. Sustituye esas frases por la actitud que adoptas ante una puesta de sol, el vuelo de un pájaro, un jardín florido. Te gustan por lo que son, las liberas de toda exigencia y disfrutas con ellas sin aferrarte. Haz esto y la desesperación que depende de los sentimientos de no tener lo que necesitas desaparecerá. Para deshacerte del apego a las cosas sólo tienes que eliminarlo, recordándote una y otra vez que crees, erróneamente que la causa de tu desdicha es que te falta algo o alguien en tu vida. La desdicha y la desesperación son ideas.
Puedes conservar y amar todos los objetos a los que te sientes apegado sin renunciar a ellos. Puedes amar de un modo soterrado y sentirte en paz y no amenazado. Así es como Dios te ama. Incondicionalmente. Sin apegos. En resumen, la manera de eliminar la desesperación es liberarte de esos apegos y relajarte sabiendo que tu yo, que vibra de un modo más rápido y más elevado, no necesita nada ni nadie para realizarse. Entrar en el campo de energía de Dios en el que no hay apegos te proporciona la esperanza de superar la desesperación. Esto significa amarlo todo, incluido tu sufrimiento. ¿Por qué amar el sufrimiento? Porque te ofrece la oportunidad de presenciar, y no recibir, la desesperación.
OBSERVA TU DESESPERACIÓN
Uno de los grandes maestros de mi vida, Nisargadatta Maharaj, dijo en una ocasión: «Siempre que puedas identificarte con la mente-cuerpo, eres vulnerable a la aflicción y al sufrimiento». Mi conclusión es que debemos aprender a distanciarnos de nuestra mente-cuerpo y de todas sus demandas.
Doy un paso atrás y veo que ya no me identifico con el mundo material. Así ya no soy vulnerable a la aflicción, al sufrimiento y a la desesperación. Observo mi mente-cuerpo y en silencio digo algo como: «Mira a Wayne ahora, realmente cree que su desesperación es real. Actúa como si realmente estuviera experi- mentando esto, cuando en realidad lo estoy observando todo desde fuera. Si se parara y se reuniera con el espíritu, despertaría de su desesperación inmediatamente». Como testigo ya no eres vulnerable, porque te ves a ti mismo desde un lugar diferente.
También es posible emplear esta actitud del observador para ayudar a otros que están encerrados en el tormento de su desesperación. Dile a alguien que dé un paso atrás mentalmente y se fije en lo que ve. De este modo, ayudas a esa persona a desviarse de la desesperación para pasar a la observación. A mí me resulta muy útil recordarme a mí mismo con insistencia que soy el que observa y no el objeto observado. Esto me permite aplicar la energía superior y más rápida de la conciencia espiritual a cualquier escena en la que esté presente la desesperación.
¿PUEDO AMAR REALMENTE MI DESESPERACIÓN?
Piensa en esto. El sufrimiento termina cuando dejas de pensar en ello como sufrimiento. En palabras de un santo: «Si aprendes a alegrarte del sufrimiento, si crees que todo lo hace Dios para mejorarnos, si recibes con agrado el dolor como mensajero de Dios que te recuerda a El [...] entonces el dolor ya no será dolor. Sufrir ya no será sufrir» (Sivanda).
Cuando reflexiones sobre estas palabras asegúrate de recalcar la conclusión. El dolor y el sufrimiento no existen cuando se contemplan desde la perspectiva de Dios. Es decir, cuando entras en la energía espiritual, las cosas por las que sientes desesperación se disuelven. Lo que tú llamas sufrimiento en realidad es una maravillosa bendición. Te enseña a volver a Dios, o a elevar tu vibración a la frecuencia del espíritu y a introducir ese espíritu amoroso en el panorama del momento presente.
Puedo decir con sinceridad que la mayoría de las cosas que en otro tiempo me causaron desesperación y sufrimiento en mi vida se convirtieron en mis momentos de mayor crecimiento y mi introducción a la devoción. Tuve que aprender que el propósito de lo que yo entonces denominaba sufrimiento era quemar mi ego y purificarme. Esos puntos bajos de mi vida me proporcionaron energía para impulsarme hacia un lugar más elevado. Si cuando nos hallamos en pleno sufrimiento supiéramos que esa experiencia es un preludio necesario que conduce a un avance espiritual, podríamos disfrutar con ese «sufrimiento» como sugiere Sivanda.
Si pudieras pararte cuando estás sintiendo desesperación y enviar amor, conocerías casi de inmediato la razón por la que tienes que experimentar esa desesperación. Aún mejor, ya no lo considerarías desesperación. Al entrar en la frecuencia del amor para soportar el problema anulas la ilusión de pesar. En resumen, ya no gimes y lloras por las miserias de la condición humana, sino que
las transformas a través del amor, la fuerza y la vitalidad que ya están presentes en ti. Esto es poner esperanza donde hay desesperación, poner una solución espiritual a la ilusión de la desesperación como problema. Para muchos esto es como una causa factible de acción. Sin embargo, hay millones de personas que insisten en que esto es imposible cuando uno sufre la desesperación última, la depresión.
ACABAR CON LA DEPRESIÓN MEDIANTE LA ESPERANZA
Hablando en términos relativos, la depresión es un fenómeno contemporáneo. Hoy en día se habla más que nunca de la depresión. Se calcula que hasta el veinte por ciento de la población de las naciones desarrolladas sufre de depresión. Y este fenómeno tiene grados. La depresión clínica es la más grave, y es cuando la persona que la padece no puede realizar sus actividades cotidianas y tiene ideas de suicidio. ¡Todo debido a este monstruo llamado depresión!
Sin embargo, la depresión en sí misma no existe. No puedes llevar a casa una caja de depresión para examinarla, limpiarla y eliminarla de tu vida. No hay depresión per se, sólo hay personas con pensamientos depresivos. Ciertamente, hay personas que están convencidas de que sufren de depresión. Hay toda una industria farmacéutica dedicada a la producción en masa de medicamentos para combatirla. En muchos casos, la medicación reduce los síntomas de desesperación, como la falta de apetito, falta de sueño, falta de autoestima y una sensación general de tedio. Algunos profesionales dicen que la depresión es psicológica, otros insisten en que es un desequilibrio químico. Pero una cosa es segura: en nuestro mundo occidental industrializado, creemos que la depresión es un problema muy real.
En un libro clásico, From Medication to Meditation, Osho escribe: «... el problema de la depresión no existe en los países subdesarrollados; en los países pobres, la gente aún tiene esperanza. Sólo se da en los países desarrollados, donde se tiene todo lo que siempre se ha deseado. [...] Han alcanzado la meta, y este alcanzar la meta es la causa de la depresión. Ahora no hay esperanza; mañana es la oscuridad, y pasado mañana aún será más oscuro» (pág. 104).
Si te han enseñado a creer que tu valor radica en todo lo externo, cuando empiezas a sentir que no tienes nada más que ganar, que has satisfecho todos los retos de la vida y ves que puedes tener todas las cosas materiales que quieras, pierdes la chispa que te mueve a vivir. Puede que tengas o que no tengas todas las cosas. La cuestión es que estás en un tiempo y una cultura que estimulan tu deseo
de competir para tener más, aunque no tenga sentido. En una sociedad que enseña a buscar frenéticamente el dinero, tanto que empiezas a retrasarlo todo, incluso el contemplar la belleza y grandiosidad de la naturaleza, a los demás seres humanos y la vida entera. Dejas a un lado la vida espiritual contemplativa de comulgar con Dios y conocer tu yo superior para ganar dinero, aunque el dinero no dé satisfacción.
Cuando das más importancia a la energía espiritual del amor, la paz, el gozo, la alegría, la celebración y la bondad no conoces la debilidad de la depresión. Dejar a un lado el espíritu y perseguir el dinero en la creencia errónea de que puede comprarlo todo te hace descubrir que no puedes comprar lo que más an- helas. Si dedicas toda tu vida a aquello que en el fondo sabes que no tiene sentido, das vida al proceso mental que conocemos como depresión. Es una ilusión, claro, pero no obstante algo en lo que crees.
Poco a poco, este estado mental infectará todo lo que está cerca de ti, incluidos tus hijos. Ellos creerán esa ilusión. Todo reaccionará a los pensamientos de baja energía de la depresión, la desesperación, la tensión, la preocupación y el miedo, y la salud del cuerpo empezará a resentirse.
En la baja energía de la depresión identificamos o diagnosticamos los desequilibrios químicos que de ello derivan y sacamos la conclusión de que tenemos que hacer que esa química recupere su nivel armonioso natural. Metemos productos químicos en nuestro cuerpo y vemos algunos cambios. Menos desespera- ción, más armonía, menos tensión, más alegría. Llegamos a la conclusión de que la depresión se ha curado con drogas y productos químicos. Pero en realidad tendríamos que haber empezado por preguntar por qué el cuerpo-mente se ha desequilibrado. La depresión, igual que el estrés, la generamos con nuestra actitud. ¿Podría ser que el elemento verdaderamente importante para dar una solución espiritual a este enorme problema de la depresión sea la esperanza?
UNAS PALABRAS SOBRE LA ESPERANZA
En el núcleo de nuestro ser, profundamente arraigado en nuestra alma, está el conocimiento de que somos indestructibles. Tenemos la esperanza de la inmortalidad, de la vida después de la muerte, lo cual es un incentivo para la perfección moral. Esta certeza es la esperanza y es un peldaño hacia el despertar del alma. Esa voz callada, pero insistente, que hay dentro de ti te atrae hacia una energía superior más rápida. En cierto sentido, la esperanza es la recuperación del
apetito por la vida misma y toda la alegría que acompaña a la renuncia de la búsqueda de significado y poder en el mundo material.
La historia de Buda es conocida. Un príncipe que lo tenía todo y comprendió que esto no le iluminaba. Renunció a lo material para ir en busca de un camino diferente, que le llevó a un lugar donde el espíritu reinaba sobre el mundo ilusorio de lo material. No sugiero que tengas que renunciar a todas tus posesiones materiales para ser feliz, aunque tampoco lo descarto. Simplemente, te pido que consideres la importancia que tiene perder el apetito por la vida en la manifestación de la desesperación y depresión en tu vida. Y te animo a que sustituyas la implacable búsqueda de dinero, que no puede comprar h felicidad, por la intención de crear una experiencia de la vida más profunda y más rica. Si lo haces, la esperanza sustituirá literalmente a la desesperación. La depresión, clínica o de otra clase, será imposible.
La aparición masiva de la depresión en la sociedad occidental contemporánea me parece una crisis moral porque representa una búsqueda mal aplicada de lo sagrado que hay dentro de todos nosotros. También sé que cuando dejamos de confiar en los índices externos de éxito y comprendemos que nos despojan de nuestra capacidad de vivir a un nivel de energía espiritual sustituimos la desesperación por una renovada esperanza y la depresión es imposible.
A continuación doy algunas sugerencias para poner esperanza y conciencia espiritual en cualquier cosa que se parezca a la desesperación, la tristeza o la depresión.
SUGERENCIAS PARA CONVERTIR LA DESESPERACIÓN EN ESPERANZA Empieza por disfrutar del no apego. Elevando tu propia con ciencia puedes amar sin estar apegado. Un amor apegado crea desesperación porque la fuente de tu realización y felicidad reside en otra persona. Si ésta se niega a cooperar del modo en que crees que debe hacerlo caes en la desesperación.
Ten, en cambio, esperanza por ti mismo. Puedes amar a alguien por quien es, sin decirte que quedarás desolado si te decepciona. Anthony DeMello tiene dos afirmaciones extremadamente poderosas en The Way To Love que te ayudarán a