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In document Ciceron Del Hado Bilingue (página 37-61)

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Se presenta aquí una nueva traducción al español del diálogo de Cicerón de fato. Va acompañada con el texto latino en la edición de C.Müller, tal cual la da el sitio Perseus (o sea, empobrecida adrede porque no incluyen el aparato crítico). Aunque la traducción se ha hecho a partir de otras ediciones, serán muy pocas las variantes con respecto a ésta. El texto que ha sobrevivido hasta nosotros está incompleto, y me temo que con más lagunas de las que nos avisan los eruditos.

1. [1] . . . . ya que atañe a las costumbres, lo que ellos llaman ἦθος [éthos]. Nosotros solemos llamar a esa parte de la filosofía "de las costumbres", pero conviene llamarla "moral" para que se enriquezca la lengua latina. Y debe explicarse el significado y el orden de las proposiciones (que los griegos llaman ἀξιώματα [axiómata]). Qué sentido tienen estas proposiciones cuando dicen algo sobre lo que ha de ser o sobre lo que puede o no llegar a ser, es una cuestión oscura, a la que los filósofos llaman περὶ δυνατῶν [perì

dynatón], y que en general es la λογική [logiké],

a la que llamo método de razonar. Sin embargo, lo que hice en otros libros (los que tratan sobre la naturaleza de los dioses, y igualmente en los que publiqué sobre la adivinación), lo de que un discurso continuo exponga una y otra posición, de forma que fuera más fácil que cualquiera se convenciera

1. [1] . . . . quia pertinet ad mores, quod ἦθος illi vocant, nos eam partem philosophiae de moribus appellare solemus, sed decet augentem linguam Latinam nominare moralem; explicandaque vis est ratioque enuntiationum, quae Graeci ἀξιώματα vocant; quae de re futura cum aliquid dicunt deque eo, quod possit fieri aut non possit, quam vim habeant, obscura quaestio est, quam περὶ δυνατῶν philosophi appellant, totaque est λογική, quam rationem disserendi voco. Quod autem in aliis libris feci, qui sunt de natura deorum, itemque in iis, quos de divinatione edidi, ut in utramque partem perpetua explicaretur oratio, quo facilius id a quoque probaretur, quod cuique maxime probabile videretur, id in hac disputatione de fato casus quidam ne

de aquello que a cada cual le pareciera más probable, eso, en esta discusión acerca del destino, cierto accidente me impidió hacerlo. [2] Pues cuando estaba yo en la casa de Puteoli, y nuestro Hirtio (designado consul) estaba en ese mismo sitio (hombre muy amigo nuestro, y entregado a aquellos estudios en los que nosotros vivimos desde la infancia), estábamos muchas veces juntos y, especialmente, claro, indagando las disposiciones que convendrían para la paz y conconcordia de las ciudades. Pues cuando después de la muerte de César todos parecían buscar causas para nuevos desórdenes (y creíamos que había que salir al paso de tales desórdenes), casi toda nuestra charla se consumía en esas deliberaciones. Y aunque eso ocurría con frecuencia muchos otros días, también hubo aquel día más libre y más vacío de visitas, en que había venido a verme, en el que sobre todo tratamos las cosas que eran para nosotros cotidianas y como obligatorias en tiempos de paz y ocio.

facerem inpedivit. [2] Nam cum essem in Puteolano Hirtiusque noster, consul designatus, isdem in locis, vir nobis amicissimus et his studiis, in quibus nos a pueritia viximus, deditus, multum una eramus, maxime nos quidem exquirentes ea consilia, quae ad pacem et ad concordiam civium pertinerent. Cum enim omnes post interitum Caesaris novarum perturbationum causae quaeri viderentur iisque esse occurrendum putaremus, omnis fere nostra in his deliberationibus [253] consumebatur oratio, idque et saepe alias et quodam liberiore, quam solebat, et magis vacuo ab interventoribus die, cum ad me ille venisset, primo ea, quae erant cotidiana et quasi legitima nobis, de pace et de otio.

2. [3] Y allí fue que me dijo:

— ¿Ahora qué? Puesto que, según ciertamente confío, no has abandonado las prácticas oratorias —aunque desde luego has antepuesto a ellas la filosofía— ¿no puedo oír algo de ellas?

— Tú —dije— en verdad, tanto puedes oír como hablar. Y, efectivamente, eso lo supones correctamente: ni he abandonado aquellos estudios oratorios (por los cuales a ti también te encendí el interés, bien que ya te acogí inflamadísimo por ellos), ni las cosas que ahora me traigo entre manos disminuyen, sino que más bien mejoran aquella facultad. Pues cuando el orador tiene mucha familiaridad con esta clase de filosofía que seguimos, entonces toma prestada la sutilidad de la Academia, y a ella, a su vez, le devuelve la

2. [3] Quibus actis Quid ergo? inquit ille, quoniam oratorias exercitationes non tu quidem, ut spero, reliquisti, sed certe philosophiam illis anteposuisti, possumne aliquid audire? Tu vero, inquam, vel audire vel dicere; nec enim, id quod recte existimas, oratoria illa studia deserui, quibus etiam te incendi, quamquam flagrantissumum acceperam, nec ea, quae nunc tracto, minuunt, sed augent potius illam facultatem. Nam cum hoc genere philosophiae, quod nos sequimur, magnam habet orator societatem; subtilitatem enim ab Academia mutuatur et ei vicissim reddit ubertatem orationis et ornamenta dicendi. Quam ob rem, inquam, quoniam utriusque studii nostra

fertilidad del discurso y el adorno en el decir. Por esto —dije— puesto que uno y otro estudio son posesión nuestra, hoy es elección tuya de cuál prefieres hacer uso.

Entonces Hirtio:

— En extremo amable —dijo— como es costumbre en ti, pues tu voluntad nunca ha rechazado mi interés por algo. Pero puesto que me es conocida tu retórica, y en ella te hemos oído y te oiremos con frecuencia, y las Discusiones Tusculanas muestran que has adoptado esa costumbre de los Académicos de disputar en contra de lo propuesto, si no te es molesto, quiero yo, para escucharte sobre ello, proponer algo.

— ¿Acaso a mí —dije— me puede ser molesto algo que haya de ser para ti grato? Pero lo que escucharás no es sino a un hombre romano entrando tímidamente en esta clase de disputación, que retoma esta inclinación después de largo intervalo.

— De igual modo te oiré —dijo— tal y como leo lo que has escrito. Así que empieza. Vamos a sentarnos aquí....

[Aquí hay una laguna en el texto conservado. Parece que pudiera haber tanto la tesis prometida por Hirtio como una primera réplica de Cicerón, y su contrarréplica de Hirtio, y que ahora estuviera Cicerón de nuevo argumentando]

possessio est, hodie, utro frui malis, optio sit tua. Tum Hirtius: Gratissumum, inquit, et tuorum omnium simile; nihil enim umquam abnuit meo studio voluntas tua. [4] Sed quoniam rhetorica mihi vestra sunt nota teque in iis et audivimus saepe et audiemus atque hanc Academicorum contra propositum disputandi consuetudinem indicant te suscepisse Tusculanae disputationes, ponere aliquid, ad quod audiam, si tibi non est molestum, volo. An mihi, inquam, potest quicquam esse molestum, quod tibi gratum futurum sit? Sed ita audies, ut Romanum hominem, ut timide ingredientem ad hoc genus disputandi, ut longo intervallo haec studia repetentem. Ita, inquit, audiam te disputantem, ut ea lego, quae scripsisti. Proinde ordire. Considamus hic....

3. [5] . . . en algunos de aquellos casos, como en lo de Antípatro poeta, o en los nacidos el día del solsticio de invierno, o en lo de los hermanos que enferman a la vez, o en lo de la orina, o en lo de las uñas, o en el resto de cosas como éstas, lo que tiene fuerza es el contacto y contagio de las cosas en natura (y eso yo no lo rechazo, allí no hay ninguna fuerza fatal), mientras que en otros casos pueden ser fortuitas ciertas cosas, como en lo de aquel náufrago, o lo de Icadio, o en lo de

3. [5] . . . quorum in aliis, ut in Antipatro poeta, ut in brumali die natis, ut in simul aegrotantibus fratribus, ut in urina, ut in unguibus, ut in reliquis eius modi, naturae contagio valet, quam ego non tollo, vis est nulla fatalis; in aliis autem fortuita quaedam esse [254] possunt, ut in illo naufrago, ut in Icadio, ut in Daphita; quaedam etiam Posidonius (pace magistri dixerim) comminisci videtur; sunt quidem absurda. Quid

Daphita. Y también ciertas otras (con permiso del maestro) parece que Posidonio se las imagina: son ciertamente absurdas. Pues ¿qué? Si el destino de Daphita fue caerse del caballo, y de esta forma morir, ¿lo era de ese caballo que, puesto que no era caballo, se le nombraba impropiamente? [Daphitas fue un

epigramático que engañó al oráculo de Delfos preguntándole si debía encontrar su caballo, y al contestarle que sí, replicó que él nunca había tenido un caballo. Lo castigó Attalus, rey de Pérgamo, a que lo tiraran desde una peña que llamaban "El caballo"]. ¿Y a Filipo se le advertía evitar esas

cuadriguillas en la empuñadura? Como si de verdad le hubiera matado la empuñadura. [A

Filipo le había advertido un oráculo estar atento de un carro, y nunca montó en ninguno. Pero la espada con que lo asesinaron tenía un carro de carreras de acero en la empuñadura]. Y ¿qué gran

cosa el haber caído al arroyo aquel náufrago sin nombre, por más que ciertamente aquí la predicción le prescribe haber de morir en el agua? Ni siquiera veo algo de fatalidad, por Hércules, en lo del pirata Icadio, [6] pues nada le marca la predicción: Así que ¿qué de extraño el haberle caído en la pierna una piedra de la caverna? Porque si Icadio no hubiera entrado entonces a la caverna, creo, sin embargo, que aquella piedra tendría que haber caído. Porque, o bien nada es fortuito en absoluto, o bien pudo aquello mismo ocurrir por fortuna. Entonces pregunto (y esto se tratará dilatadamente), si no hubiera en absoluto ni ningún nombre, ni nada en natura, ni ninguna fuerza del destino, y acaso ocurrieran por accidente de azar ya muchas, ya todas las cosas, entonces ¿sucederían de otra manera que como suceden? ¿Para qué es útil meter al destino, cuando sin él la razón de todas las cosas se imputa ya a natura, ya a fortuna?

enim? si Daphitae fatum fuit ex equo cadere atque ita perire, ex hocne equo, qui cum equus non esset, nomen habebat alienum? aut Philippus hasne in capulo quadrigulas vitare monebatur? quasi vero capulo sit occisus. Quid autem magnum aut naufragum illum sine nomine in rivo esse lapsum? (quamquam huic quidem hic scribit praedictum in aqua esse pereundum); ne hercule Icadii quidem praedonis video fatum ullum; [6] nihil enim scribit ei praedictum. Quid mirum igitur ex spelunca saxum in crura eius incidisse? puto enim, etiamsi Icadius tum in spelunca non fuisset, saxum tamen illud casurum fuisse. Nam aut nihil omnino est fortuitum, aut hoc ipsum potuit evenire fortuna. Quaero igitur (atque hoc late patebit), si fati omnino nullum nomen, nulla natura, nulla vis esset et forte temere casu aut pleraque fierent aut omnia, num aliter, ac nunc eveniunt, evenirent. Quid ergo adtinet inculcare fatum, cum sine fato ratio omnium rerum ad naturam fortunamve referatur?

4. [7] Pero despidamos a Posidonio de buenas maneras (como es justo). Volvamos a los lazos y sutilidades de Crisipo, al cual, ciertamente, vamos a responderle primero sobre el propio contacto y contagio de las cosas. Lo restante lo contestaremos más tarde. Vemos cuánto se diferencian en el clima sitios distintos. Vemos ser unos sitios salubres, otros pestilentes. Vemos que los climas son en unos sitios bochornosos y como rezumantes; en otros secos y áridos. Y muchas otras cosas son las que difieren enormemente de un lugar a otro. Tenue clima en Atenas, por el cual a todos los áticos se les considera más agudos e ingeniosos; grueso en Tebas, y así a los tebanos, lustrosos y sanos. Sin embargo, ni aquel clima tenue hará que alguien vaya a oír o a Zenón o a Arcesilao o a Teofrasto, ni el grueso que alguno intente la victoria en Nemea en lugar de en el Istmo. Distingue aún más: [8] Pues ¿qué? ¿Puede el clima del lugar llevar a que paseemos por el pórtico de Pompeyo en vez de por el Campo [de Marte]? ¿O que lo hagamos contigo en vez de con otro? ¿En los idus en vez de en calendas? Tal como de esta forma el clima afecta en algo a ciertas cosas y a otras sin embargo en nada, así es como la influencia de los astros afectaría (si quieres) a algunas cosas. A todas, desde luego, no. Y pues ya que hay en las naturalezas de los hombres disimilitudes como para que a unos les guste lo dulce, a otros lo ligeramente amargo; algunos sean libidinosos, otros iracundos o crueles o soberbios; otros se espanten de tales vicios; entonces —decía— después de que tanto dista natura de natura, ¿qué hay de extraño en que estas disimilitudes hayan sido hechas por causas distintas?

4. [7] Sed Posidonium, sicut aequum est, cum bona gratia dimittamus, ad Chrysippi laqueos revertamur. Cui quidem primum de ipsa contagione rerum respondeamus, reliqua postea persequemur. Inter locorum naturas quantum intersit, videmus; alios esse salubris, alios pestilentis, in aliis esse pituitosos et quasi redundantis, in aliis exsiccatos atque aridos; multaque sunt alia, quae inter locum et locum plurimum differant. Athenis tenue caelum, ex quo etiam acutiores putantur Attici, crassum Thebis, itaque pingues Thebani et valentes. Tamen neque illud tenue caelum efficiet, ut aut Zenonem quis aut Arcesilam aut Theophrastum audiat, neque crassum, ut Nemea potius quam Isthmo victoriam petat. Diiunge longius. [8] Quid enim loci natura adferre potest, ut in porticu Pompeii [255] potius quam in campo ambulemus? tecum quam cum alio? Idibus potius quam Kalendis? Ut igitur ad quasdam res natura loci pertinet aliquid, ad quasdam autem nihil, sic astrorum adfectio valeat, si vis, ad quasdam res, ad omnis certe non valebit. At enim, quoniam in naturis hominum dissimilitudines sunt, ut alios dulcia, alios subamara delectent, alii libidinosi, alii iracundi aut crudeles aut superbi sint, alii a talibus vitiis abhorreant,— quoniam igitur, inquit, tantum natura a natura distat, quid mirum est has dissimilitudines ex differentibus causis esse factas?

5. [9] El que dice estas cosas no ve cómo se trata sobre el asunto ni en qué se asienta la cuestión. Pues no porque unas cosas

5. [9] Haec disserens, qua de re agatur, et in quo causa consistat, non videt. Non enim, si alii ad alia propensiores sunt

propendan más hacia otras debido a causas naturales y precedentes, entonces también van a ser causas naturales y precedentes de nuestras voluntades y apetitos. Pues nada estaría en nuestra potestad si la cosa ocurriera de esta forma. Mas lo que yo digo es que ser agudo o embotado, sano o débil, eso no depende de nosotros. Pero el que de ello crea deducir que no es voluntario ni siquiera que nos sentemos o que paseemos, ése no ve las cosas que se siguen de cada cosa. Pues que en efecto nazcan o ingeniosos o torpes por causas precedentes, e igualmente sanos y enfermos, de eso sin embargo no se sigue también que que se sienten, o que paseen, o que hagan cualquier cosa, esté definido y establecido por causas primeras. [10] A Estilpón, filósofo de Megara, lo tenemos por hombre en verdad agudo y apreciado en aquellos tiempos. Escriben sus propios allegados que éste fue tanto propenso al vino como mujeriego. Y no como insulto, sino como alabanza. Porque escriben que la naturaleza viciosa en él quedó de tal modo dominada y reprimida por la sabiduría, que nunca nadie lo vio borracho, ni vio en él vestigio de lujuria. ¿Qué? ¿No leemos acaso cómo tilda a Sócrates Zopirus el fisiónomo? (el cual decía de sí mismo que conocía las costumbres y la naturaleza de los hombres a partir del cuerpo, los ojos, la cara y la frente). Dijo que Sócrates era estúpido y torpe por no tener las yugulares cóncavas. Decía que esas partes estaban obstruidas y obturadas. Añadió también que era mujeriego. A lo que Alcibíades —según dicen— respondió con una estruendosa carcajada. [11] Pero aunque estos vicios pueden nacer de causas naturales, sin embargo el quedar extirpados y arrancados de raíz para que el propio que haya sido propenso a ellos se aparte de tantos vicios, eso no reside en causas naturales, sino en la voluntad, el empeño, la

propter causas naturalis et antecedentis, idcirco etiam nostrarum voluntatum atque adpetitionum sunt causae naturales et antecedentes. Nam nihil esset in nostra potestate, si ita se res haberet. Nunc vero fatemur, acuti hebetesne, valentes inbecilline simus, non esse id in nobis. Qui autem ex eo cogi putat, ne ut sedeamus quidem aut ambulemus voluntatis esse, is non videt, quae quamque rem res consequatur. Ut enim et ingeniosi et tardi ita nascantur antecedentibus causis itemque valentes et inbecilli, non sequitur tamen, ut etiam sedere eos et ambulare et rem agere aliquam principalibus causis definitum et constitutum sit. [10] Stilponem, Megaricum philosophum, acutum sane hominem et probatum temporibus illis accepimus. Hunc scribunt ipsius familiares et ebriosum et mulierosum fuisse, neque haec scribunt vituperantes, sed potius ad laudem; vitiosam enim naturam ab eo sic edomitam et conpressam esse doctrina, ut nemo umquam vinulentum illum, nemo in eo libidinis vestigium viderit. Quid? Socraten nonne legimus quem ad modum notarit Zopyrus physiognomon, qui se profitebatur hominum mores naturasque ex corpore, oculis, vultu, fronte pernoscere? stupidum esse Socraten dixit et bardum, quod iugula concava non haberet, [256] obstructas eas partes et obturatas esse dicebat; addidit etiam mulierosum; in quo Alcibiades cachinnum dicitur sustulisse. [11] Sed haec ex naturalibus causis vitia nasci possunt, extirpari autem et funditus tolli, ut is ipse, qui ad ea propensus fuerit, a tantis vitiis avocetur, non est id positum in naturalibus causis, sed in voluntate,

disciplina. Todo esto se pasa por alto si la fuerza y naturaleza del destino se intentan sustentar con el método de la adivinación.

studio, disciplina. Quae tolluntur omnia, si vis et natura fati ex divinationis ratione firmabitur

6. Porque si hay adivinación, ¿de qué reglas del arte parte? (llamo reglas a aquellas cosas que los griegos llaman θεωρήματα

[theorémata]). Pues no creo que sin ninguna

regla, ni otros artífices ejerciten su oficio, ni predigan las cosas futuras los que usan de la adivinación. [12] Es decir, que las reglas de los astrólogos sean algo como esto: "Si alguien — por ejemplo— ha nacido cuando sale la estrella Canícula [Sirio], ése no morirá en el mar". Ten cuidado, Crisipo, no abandones tu partido en esa gran disputa que tienes con el vigoroso dialéctico Diodoro. Porque si es verdad lo que así se implica: "Si alguien ha nacido cuando sale Canícula, ése no morirá en el mar", también esto otro es verdad: "Si Fabio ha nacido cuando salía Canícula, Fabio no morirá en el mar". Por tanto, estas cosas se oponen entre sí: Nacer Fabio cuando sale Canícula y haber de morir Fabio en el mar. Y puesto que se ha supuesto cierto en Fabio haber nacido cuando sale Canícula, estas cosas también se contradicen: haber Fabio y haber de morir en el mar. Por consiguiente, este enlace está entre los que son contradictorios: "Tanto hay Fabio como Fabio morirá en el mar", lo cual, según fue propuesto, no puede en absoluto llegar a ocurrir. De ello que "Fabio morirá en el mar" es de la clase de aquello que no puede llegar a ser. Por tanto, todo lo falso que se diga sobre el futuro no puede suceder.

6. Etenim si est divinatio, qualibusnam a perceptis artis proficiscitur? (percepta

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