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PAIS DE MIERDA

In document Servicios de limpieza El Cóndor Ltda (página 35-41)

Magnicidio La encargada, Bogotá Colombia, 2014 Fotografía Jorge Andrés Rodríguez

Colombia es un país ubicado en la parte noroccidental de Sur América, cuenta con una población de 48, 202,617 millones de habitantes aproximadamente 9, nuestro país se

distingue por su gran biodiversidad biológica, cuenta con 35.000 especies de plantas en todo su territorio, 3.000 especies de vertebrados, 1800 especies de aves, 27 clases pro-

pias de reptiles, 712 tipos de anfibios, 127 especies de peces, centenares de paramos,

petróleo, carbón, oro, níquel, plata, platino, gas natural, esmeraldas, frutas, verduras, café, costas, dos mares, ríos, tierras cultivables y ganado.

Colombia siendo un país tan rico, un país donde todos podríamos compartir equita- tivamente esa riqueza, para obtener una mejor calidad de vida. Pero por el contrario en nuestro país se mata a diario, mueren 59 defensores de derechos humanos al año

aproximadamente, por lo menos 220.000 personas han muerto a causa del conflicto,

106.000 están desaparecidos en el registro de víctimas del Gobierno, 3.888.309 despla- zados existen en Colombia hasta 2011, lo equivalente a la población de atlántico y Ri- saralda juntas, 993 muertos entre civiles, fuerza pública y guerrilleros en situaciones de guerra,18.000 menores han sido reclutados como combatientes, 64.000 hectáreas del país están destinadas a la coca, el vapor de mercurio esta entre 192 y 679 microgramos por metro cubico de aire, cuando lo máximo permitido es de 0,025, todo este dominio de lo violento en nuestro país, además de obstaculizar y afectar a la población civil, también ha victimizado a la naturaleza.

Paradójico observar tanta vida natural y muerte social, política, tanto irrespeto a la vida del otro, a su dignidad al mismo tiempo. Se pregunta uno, qué es lo que pasa, es ab- surdo este contraste entre vida y muerte, queda uno impotente al no poder decir, si es una mala administración, la corrupción de nuestros mandatarios, es un grave problema social o es todo al mismo tiempo, pero. Será que es precisamente tanta riqueza no com- partida y mal administrada, la que genera guerra, por la necesidad del ser humano de obtener poder, control y dominio total de un territorio.

Nuestro país no ha tenido las manifestaciones de las dictaduras que asolaron el con- tinente latinoamericano en décadas pasadas; pero se ha alimentado de las mismas prácticas. Esta lucha política de los actores armados legales e ilegales por el dominio geoestratégico de ciertos territorios, y el control de la población bajo un orden, ha reali- zado en el territorio nacional desapariciones forzadas, persecuciones políticas, despla- zamientos forzados, tanto por amenaza o por desalojo de sus tierras, violencia sexual, reclutamiento forzado, masacres y tantas otras prácticas, que suelen quedar alejadas de la esfera pública y que a su vez, se convirtieron en el pan de cada día.

Prácticas que son tan cotidianas en nuestro diario vivir, a las que nos acostumbramos, que nos transportaron y sembraron en nosotros, la semilla de la indiferencia, convirtién- donos en cómplices, por practicar el silencio de lo que ocurría en el país. Lo peculiar es que hablamos de nuestro país, de un formal régimen civil, que se idolatra por ser una de las democracias más estables y antiguas del continente. Nos galanteamos, de que el poder militar ha sometido a un sector de la población civil, del no respeto por el otro,

al exterminio de la diferencia, la represión social, la intolerancia bajo la justificación de

muerte y aún más grave, es la condición de pobreza que afronta gran parte de la pobla- ción, condición que en nuestro país parece ser un delito del cual se paga con la muerte.

La violencia producida en el conflicto armado, se instaló en nuestra sociedad como

una enfermedad, que ha invadido a todas las esferas sociales de nuestro país, para- dójicamente se puede decir que ha corroído a la nación entera, a sus actores y sus

lógicas específicas dentro del marco del conflicto armado colombiano. Permitiendo o

Imponiendo la eliminación de quienes no se consideran iguales, dicha enfermedad que fue propagada en algún momento, por quienes ejercieron o ejercen el poder en nuestro

país, aquellos que crearon y financiaron el paramilitarismo con el fin de eliminar a sus

enemigos, bajo la supuesta noción de la democracia. Pero, más allá de las acciones destructoras, lo que se observa es el daño que se le hizo a la dignidad humana, al tejido social y cultural en el país. Al punto de ponerle precio a la vida, bajo métodos criminales, como las ejecuciones extrajudiciales o también conocidas como falsos positivos dentro

del marco del conflicto armado.

Todas estas situaciones me empezaron a generar interrogantes sobre el modelo de sociedad y de estado democrático en el que vivimos en Colombia. Durante el proceso de indagación con el cual empecé a construir este proyecto, con el que aspiro al título de profesional en artes. Las preguntas surgían y poco a poco aumentaba mi inconfor- midad, como ciudadano y como ser humano de este país. Sin embargo lo ocurrido con los jóvenes del municipio de Soacha en el año 2008 incitó y dio rumbo a este proyecto. Este primer paso del proyecto servicios de limpieza el cóndor Ltda. Está enfocado a construir un contenedor de memoria, como idea principal. Sin embargo, esto hace que me pregunte sobre ¿qué tipo de memoria quería construir? En el ¿por qué? Y ¿para que la quería construir? Estas primeras preguntas sobre la memoria me llevan a hacer una revisión de los ejercicios que hasta el momento había presentado, en mi formación como estudiante de arte, encontrando que muchos de mis trabajos tenían una carga política, entendida esta, como parte del problema armado que afrontamos en el país o planteaban la intolerancia y la agresión a ciertas colectividades, como un ejercicio coti- diano de violencia en la sociedad.

“«En tanto que archivo» se halla efectivamente la necesidad de vencer al olvido, a la amnesia mediante la recreación de la memoria misma a través de un interrogatorio a la naturaleza de los Recuerdos. Y lo hace mediante la narración. Pero en ningún caso se trata de una narración lineal e irreversible, sino que se presenta bajo una forma abierta, reposicionable, que evidencia la posibilidad de una lectura inagotable. Lo que demues- tra la naturaleza abierta del archivo a la hora de plantear narraciones es el hecho de que sus documentos están necesariamente abiertos a la posibilidad de una nueva opción que los seleccione y los recombine para crear una narración diferente, un nuevo corpus

y un nuevo significado dentro del archivo dado”10.

9 Anna Maria Guasch LOS LUGARES DE LA MEMORIA: EL ARTE DE ARCHIVAR Y RECORDAR Pag 158

Titulo: Productos, instalación fotografías sobre recipientes de carne hechos en Cerámica trabajo realizado para la clase de fotografía 1 con la maestra Ana Karina Titulo: el día de la madre óleo sobre tela, Año 2011, trabajo realizado para la clase de bidimensional IV con el maestro Rivas

Esta revisión de mis trabajos, me permi- tió observar que los ejercicios realizados en las clases, estaban atravesados por dos ejes, por un lado está la violencia como hilo conductor de mis propuestas y por el otro, está el disfrazarme y utilizar mi cuerpo como territorio de construc- ción y creación.

Estos dos ejes encontrados, establecen el tipo de memoria que quería construir. Por un lado pensaba en una memoria que fuera histórica y política, como un mecanismo que da cuenta de un pasa- do de guerra, de unas acciones violentas que son producto del paramilitarismo y el terrorismo de estado,de unas prácticas que se dieron de forma sistemática y ma- siva en el país, una memoria que diera cuenta de la violación a los derechos hu- manos en Colombia. Una memoria que pretende ser una huella, una evidencia, una metáfora, de las acciones cometidas en el pasado del país.

“Esta recuperación de la memoria (<< recordar como una actividad vital humana define nuestros vínculos con el pasado y las vías por las que recordamos nos define en el pre- sente>>) Ana Maria Guasch”. 11

El recordar, el no olvidar, el mantener presente un suceso, hace parte del poder contar historia; y aún más, en un país desmemoriado como el nuestro. La memoria se vuelve

un acto de rebeldía y resistencia, que me permite contar el conflicto en su historia más

reciente, sus prácticas, es poder exponer a través de la memoria como se ejerce el po- der en este país, contra el pueblo, contra la población más pobre y vulnerable.

Indagar y construir memoria, no ha sido una tarea fácil y mucho menos tratar de cons- truir una propuesta de memoria, desde el punto de vista del victimario, durante el proce- so los errores y aciertos han sido de gran aprendizaje, como persona y como artista. En

el proceso surgen tenciones, dilemas, muchas posibilidades, infinidad de preguntas e

ideas preliminares del ejercicio de indagar y experimentar, contextos políticos y sociales, es estar en un territorio, donde no existen certezas, ni recetas para dirigir una propuesta de memoria.

La larga historia de violencia en el país, hace que la memoria aparezca en las dos últimas décadas como una manifestación de confrontación, de reclamos públicos, de exigencia a la justicia y reparación. La memoria en nuestro país, no aparece como una

experiencia posconflicto, sino por el contrario aparece como una herramienta de denun-

cia y afirmación de diferencias, es decir, es una respuesta militante a la cotidianidad de la guerra y el silencio que se impuso a muchas víctimas en el conflicto.

Titulo: también soy persona, Fotografía realizada para la clase fotografía con el maestro Miguel Torres. 2013

11 Anna Maria Guasch LOS LUGARES DE LA MEMORIA: EL ARTE DE ARCHIVAR Y RECORDAR, Pag 158

La memoria como manifestación de rebeldía frente a la violencia y la impunidad, es el

instrumento, es ese vehículo con el que se confronta las acciones violentas del conflicto

armado colombiano, de evidenciarlo a la sociedad, para que sea público y se genere

una nueva conciencia del pasado, de una sociedad fracturada por el conflicto.

Nuestro país en estos momentos afronta unos diálogos de paz con la guerrilla (FARC), estos diálogos que se realizan en la habana cuba, son la esperanza de un pueblo des-

truido socialmente por el conflicto, esta negociación ha permitido que el pueblo colom-

biano hable y viva una paz que aún no se ha firmado. Pero, que desarrolla políticas de postconflicto, a un conflicto que hasta el momento no ha pactado dicha paz.

Colombia hasta ahora empieza a esclarecer las dimensiones de su propia tragedia, en

un doble escenario, el de la guerra y postconflicto, sin embargo me pregunto en esta

doble situación, ¿cuál es la paz que queremos en este país?, Una en la que se pueda abolir la guerra en Colombia, a la que aspiramos en vano hasta ahora, una paz que per- mita presentar ante la justicia, a los que cometieron violaciones a los derechos humanos

durante el conflicto; porque el conflicto entendido como una guerra tiene sus leyes, y sus

participantes deberían atenerse a ellas, estamos preparados como sociedad a reconci- liarnos, a compartir, trabajar, respetar, convivir y entender, a un grupo de personas, a unos seres humanos que en algún momento de sus vidas participaron de ese daño que se le hizo al país.

O simplemente lo que queremos es una paz en donde se desmoviliza un grupo armado y olvidamos lo que sucedió, como si no hubiera pasado nada, porque en nuestro país estamos acostumbrados a negar, borrar, a tapar ciertas situaciones; esa pregunta que surgió, hace que en mí, se desarrolle una preocupación a la memoria, entendida esta preocupación hacía el olvido, la impunidad, la desmemoria y la verdad. Esta preocupa- ción refuerza aún más el proyecto desde el punto de vista del victimario, este punto de

vista me hace reflexionar en cómo podemos construir paz sobre impunidad. Este interro- gante me conduce a pensar que verdad absoluta no va a haber, sin verdad y sin justicia no hay paz, sin la verdad como reparación, no podemos cambiar y restaurar el tejido social del país, sin la verdad, sucedería lo mismo que sucedió en el proceso de desmo- vilización de los paramilitares (AUC), esta es la hora que no ha habido poder humano que haga o diga exactamente qué sucedió. Sin saber que sucedió, no podemos hacer el ejercicio de tránsito a un cambio desde las instituciones y la sociedad, no hay como garantizar una no repetición de estos hechos. Esto sería borrar, negar y desaparecer la verdad, seria destruir la memoria.

Dicha preocupación me lleva a buscar a las madres de Soacha, como una necesidad del proyecto ante dicha preocupación, para conocer más sobre sus casos, para intentar

responder esa pregunta desde el ejercicio de indagar y reflexionar; y sobre cómo cons- truyen las victimas la memoria, en un país lleno de impunidad. Después de una larga búsqueda por la ciudad, de tocar muchas puertas sin respuesta alguna, me entero que ellas forman parte de un colectivo en el centro de memoria paz y reconciliación.

In document Servicios de limpieza El Cóndor Ltda (página 35-41)