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2 4 DESARROLLO DE LA T1D EN EL RATÓN NOD

3. LOS LINFOCITOS B

3.2. PAPEL DE LOS LINFOCITOS B EN LA DIABETES TIP

3.2.1. Producción de autoanticuerpos

A pesar de que los linfocitos B tambié

principalmente por su capacidad secretora de autoanticuerpos contra antígenos de células beta, los cuales pueden ser detectados en el suero de los individuos diabéticos y también prediabéticos. Independiente de su aplicación diagnóstica, no se conoce con certeza la función o consecuencias que se derivan de la producción de estos autoanticuerpos, en el transcurso de la respuesta autoinmunitaria. Aunque, mediante la eliminación de la capacidad secretora de anticuerpos, en un modelo transgénico, se ha podido comprobar que esta función no es imprescindible para que los linfocitos B promuevan el desarrollo de la diabetes [Wong et al., 2004], otros estudios han demostrado que la transmisión transplacentaria de autoanticuerpos maternos dirigidos contra antígenos insulares (correspondientes a isotipos IgG) en los animales NOD es clave en la posterior aparición de diabetes en la progenie [Greeley et al., 2002; Lemke et al., 2004]. Se ha postulado que estos autoanticuerpos podrían inducir, tras la unión al antígeno, la captura del inmunocomplejo mediante receptores de Fc (que reconocen la región constante de las inmunoglobulinas), presentes en la superficie de células dendríticas, favoreciendo de este modo la posterior presentación del antígeno en cuestión a células T

autorreactivas [Wong and Wen, 2005]. Alternativamente, hay otros posibles mecanismos mediante los cuales la respuesta autoinmunitaria podría verse potenciada, por efecto de los autoanticuerpos específicos de célula beta; entre éstos se incluyen el daño directo a la propia célula diana, o citotoxicidad indirecta mediante opsonización. No obstante, no existen evidencias de que se produzcan estos mecanismos, en el modelo NOD o en humanos, siendo además poco probables, puesto que los autoantígenos contra los que van dirigidos estos anticuerpos son de localización típicamente intracelular.

3.2.2. Presentación de antígenos y activación de la respuesta T

Por otro lado, la inmunoglobulina expresada en la superficie de los linfocitos B los convierte,

Durante la activación de los linfocitos T, las células dendríticas suelen ser las responsables de gracias a la elevada afinidad del reconocimiento específico antígeno-anticuerpo, en una célula presentadora altamente eficaz, capaz de capturar y presentar antígeno incluso cuando éste es poco abundante. Por esta razón, numerosos estudios realizados en los últimos años han indagado en la posible función determinante de los linfocitos B en la presentación y/o regulación de los linfocitos T efectores de la respuesta autoinmunitaria dirigida contra las células beta. Por un lado, algunos estudios apoyan la hipótesis según la cual los linfocitos B tendrían un papel activador en el desarrollo de la patogenia autoinmunitaria, presentando autoantígenos insulares a linfocitos T autorreactivos, promoviendo así su activación. Por el contrario, otros trabajos sugieren un posible papel inhibidor de la respuesta autoinmunitaria, por parte de los linfocitos B.

la presentación inicial del antígeno (proceso denominado priming). No obstante, se postula que una segunda coestimulación, por parte de linfocitos B estimulados específicos para el mismo antígeno (como se ha descrito anteriormente que sucede en el borde de los folículos linfoides) potencia en gran medida la activación de estas células T [Bretscher et al., 1999; Kleindienst et al., 2005]. En el caso del modelo NOD, la participación de los linfocitos B en la presentación de antígenos a los linfocitos T parece ser aún más decisiva, ya que se ha descrito que en este modelo existe una disfunción en las capacidades coestimuladoras de las células dendríticas y macrófagos [Noorchashm et al., 2000]. En este sentido, diversos grupos han estudiado diferentes modelos derivados del ratón NOD con deficiencias a nivel de linfocitos B, y en todos ellos se ha observado, en mayor o menor grado, una reducción en la respuesta autoinmunitaria. La administración de anticuerpo anti-µ en animales NOD, para deplecionar los linfocitos B "in vivo", resulta en una incapacidad total para desarrollar diabetes, e incluso insulitis [Noorchashm et al., 1997]. Esta observación sugiere que los linfocitos B podrían tener un papel imprescindible ya al inicio de la insulitis, posiblemente mediando la presentación inicial del antígeno a los linfocitos T [Serreze et al., 1996; Serreze et al., 1998]. El modelo de ratón NOD.µMT (el cual presenta una disrupción en el exón de membrana de la cadena µ del gen de la inmunoglobulina, imprescindible para la maduración de los linfocitos B), así como el

modelo knock-out para B220, ambos carentes de células B, presentan una insulitis leve de carácter "benigno" que, en la mayoría de los casos, no acaba derivando en el desarrollo de diabetes [Akashi et al, 1997; Greeley et al, 2001; Chiu et al, 2001]. Se observa el mismo resultado en el modelo de ratón NOD con deficiencia de I-Ag7 (moléculas MHC de clase II) restringida a linfocitos B [Noorchashm et al., 1999a], demostrándose así la importancia de su función presentadora. Contrariamente, se ha descrito el caso de un paciente que, pese a presentar inmunodeficiencia de células B (agammaglobulinemia ligada al cromosoma X), había desarrollado diabetes autoinmunitaria [Martin et al., 2001], lo cual sugiere que los linfocitos B no son imprescindibles en el desarrollo de la enfermedad. En conjunto, estos resultados indican que los linfocitos B podrían no ser los responsables de la primera presentación del autoantígeno insular a las células T autorreactivas. No obstante, sí que tendrían un papel fundamental en la activación de la función efectora por parte de éstas y su posterior migración y proliferación dentro del islote. De hecho, estudios recientes demuestran que los linfocitos B son cruciales en la diversificación antigénica de la respuesta T frente a diversos autoantígenos de células beta, que se observa durante el desarrollo de la T1D [Dai et al., 2005; Tian et al., 2006]. En cualquier caso, se ha demostrado que esta función de amplificación de la respuesta autoinmunitaria viene determinada por la especificidad antigénica presentada por los linfocitos B de un individuo, ya que se ha comprobado que el aumento, promovido a través de manipulación genética del BCR, de la frecuencia de células B autorreactivas contra antígenos de islote, provoca un aumento significativo en la incidencia de la diabetes [Hulbert et al., 2001; Silveira et al., 2002]. De la misma manera, se ha demostrado también un papel determinante de los linfocitos B como presentadores de antígeno, en otras patologías con origen autoinmunitario como es el caso de la artritis reumatoide o el lupus eritematoso sistémico [Takemura et al., 2001; Martin and Chan, 2004].

3.2.3. Actividad reguladora

Contrariamente, los linfocitos B también podrían tener un papel inhibidor sobre la respuesta autoinmunitaria. De hecho, se conoce que los linfocitos B pueden tener una acción inhibidora directa sobre la activación de los linfocitos T, cuando no presentan moléculas coestimuladoras [Porakishvili et al., 2001]. Algunos trabajos sugieren que en cepas de ratones resistentes a T1D, los linfocitos B podrían actuar controlando la respuesta destructiva de los linfocitos T autorreactivos. Así, se ha observado que en ratones NOR (resistentes) portadores transgénicamente de un TCR procedente de un clon altamente diabetogénico, la presencia de linfocitos endógenos es suficiente para prevenir la enfermedad, aunque se presenta insulitis; por el contrario, la ausencia de linfocitos endógenos (NOD.Rag2-/- portadores del transgén TCR altamente diabetogénico) desemboca en el desarrollo de una diabetes fulminante, debido a un incremento en la desregulación de los linfocitos T autorreactivos [Verdaguer et al, 1999]. Por otro lado, ensayos de transferencia "in vivo" de células B esplénicas estimuladas "in vitro"

con LPS, han demostrado que éstas pueden estimular la apoptosis linfocitaria, previniendo así la aparición de T1D en los animales NOD [Tian et al, 2001]. Existen también otros mecanismos por los que los linfocitos B pueden regular la respuesta efectora; en el modelo NOD se ha descrito que las células B pueden activar a las células reguladoras NKT para secretar IL-4 [Bezbradica et al., 2005]. Incluso, en otras enfermedades de origen autoinmunitario, se ha descrito que la respuesta efectora y/o inflamatoria puede ser regulada por células B productoras de IL-10, tanto en modelos murinos de esclerosis múltiple (encefalomielitis autoinmunitaria experimental) como de inflamación intestinal crónica [Fillatreau et al, 2002; Mizoguchi et al, 2002; Mauri et al., 2003].

Todos estos datos, aún presentar una aparente contradicción, pueden ser indicativos de