La moral es como la gramática ya que se pueden conocer perfectamente las reglas pero no ser capaces de aplicarlas en la vida diaria (Freinet, 1972). Tanto en la gramática como en la moral el conocimiento de las reglas es importante pero no es lo esencial, conocer el reglamento proporciona una orientación o dirección para saber que se espera o sobre qué marco se actuará sin embargo no es un fin. La moral no se enseña, se vive, y ello exige una congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, un proceso en el que se involucran responsablemente todos los actores maestros, niños y demás.
El desempeño docente en sí es una labor compleja, cuando se abordan contenidos de naturaleza abstracta, el nivel de complejidad se incrementa de manera considerable, al respecto Latapí (1999) dice que el papel del profesor debe ser neutral ante situaciones conflictivas que se presentan dentro y fuera del aula, pero este principio resulta
demasiado formal al confrontarse con la práctica, es por eso, que el educador procure ser beligerantemente positivo respecto a los valores compartidos, beligerantemente negativo respecto a los valores que sean opuestos a los compartidos, es decir, los profesores tienen que reforzar las acciones que se manifiesten en el marco de los valores que socialmente son aceptados como normas o reglas que rigen la manera de vivir de determinado pueblo (beligerancia positiva) un proceder encaminado hacia lo correcto; y tienen que reprobar las acciones que son incorrectas o que rompen con las normas sociales (beligerancia
45 negativa). En esta situación es notoria cierta influencia del paradigma conductista con la presencia de reforzadores para la adopción de conductas idóneas.
El docente debe establecer buenas relaciones con sus alumnos ya que es esto es un requisito sustancial de la comunicación y la enseñanza (Dean, 1993), a su vez, otra cualidad que debe tener todo docente es el saber aprovechar todos los elementos y factores que estén presentes en el momento determinado y que constituyan una situación de aprendizaje (SEP, 1992). La práctica docente es un camino lleno de imprevistos, cualquier docente desde el momento que entra a su salón de clases debe ser consciente que se va a encontrar numerosas situaciones que nunca antes se podía imaginar, por tanto, se deben promover situaciones adecuadas para estimular la construcción de aprendizajes, localizando y removiendo todo a aquello que lo obstaculice.
La ayuda que el maestro debe proporcionar a sus alumnos debe ser retirada gradualmente, al respecto Hernández (1998) cita a Bruner con el denominado andamiaje el cual mediante una situación esencialmente interactiva el docente promueve zonas de desarrollo próximo en el que los alumnos transitan y aspiran a nivel más altos de
desempeño y ejecución; y que posteriormente con los avances que muestren los alumnos en la adquisición de conocimientos la participación del docente se va reduciendo al nivel de un simple espectador empático.
El docente es un modelo que el alumno suele imitar, al respecto Ormrod (2005) dice que los padres y maestros son modelos que los alumnos suelen imitar, por su parte Carreras (1998) dice que para que unas personas respeten a otras siempre han de tener puntos de referencia o modelos pueden ser los padres, los maestros o cualquier otra
46 persona que ejerza influencia en ellos los cuales con su ejemplo marquen pautas que podrán seguir toda la vida.
En la práctica de todo docente es fundamental rescatar los conocimientos previos que poseen los alumnos, es necesario conocer su cosmovisión o como Freire (2004) lo llama su “lectura del mundo” ya que los conocimientos previos de un alumno nos permitirán primero entender y acercarnos a su realidad y establecer los lazos entre lo que ya conoce y lo que queremos que conozca. Respetar a los alumnos también es saber escucharlos, el maestro que no escucha a sus alumnos, es antidemocrático, elitista y sólo deposita en el alumno sus conocimientos (Freire, 2004). El respeto debe ser mutuo, ya que todas las personas merecen respeto por el sólo hecho de ser personas, no importando si son menores o mayores que uno. El establecimiento de un clima de respeto dentro y fuera del aula es fundamental para mejorar la convivencia dentro y fuera del aula haciendo desde los primeros días un reglamento que rija la conducta de los alumnos.
Otro aspecto a considerar es la congruencia del profesor en su enseñanza, lo que dice y lo que hace; es fundamental para la formación ética, al respecto Freire (2004) dice “Me vuelvo falso como quien pretende estimular el clima democrático en la escuela por medios y caminos autoritarios” (p. 17). No es posible enseñar, predicar, abanderar la ética con palabras y en la práctica hacer totalmente lo contrario, la ética se vive, pues aquí la imagen vale más que mil palabras. Los docentes deben cuidar el aspecto de la
congruencia entre el decir y el hacer ya que los alumnos son muy perceptivos en ese sentido, están a la expectativa de lo que hace o deja de hacer su maestro y por muy atractiva que sea la propuesta de enseñanza, aún cuando se apoye de medios estimulantes
47 como la tecnología, si entre el discurso y los hechos existe un abismo, la enseñanza no será significativa.
En otro orden de ideas, el papel de las preguntas es indispensable para ejercitar el razonamiento en los alumnos cuando se analizan situaciones morales, Muñoz (s/f) destaca que éstas actúan como generadoras y organizadoras del saber escolar, despertando así el deseo por conocer algo nuevo. Estimular el pensamiento, la reflexión mediante preguntas abiertas o cerradas apoyará el trabajo de una enseñanza de ética.
De igual forma las asambleas según García (1995), son estrategias s para el
desarrollo del diálogo y una de las prácticas educativas más directas cercanas y frecuentes que contribuyen al desarrollo del grupo con la colaboración colectiva en la resolución de los conflictos que se tratan. El diálogo como procedimiento se basa en buenas razones y es una herramienta para solucionar los conflictos de convivencia y de valor que nos afectan tanto personal como colectivamente (Hoyos et al, 2004). En este tipo de
situaciones entran en juego la prudencia, la tolerancia, el respeto y otros elementos éticos reconociendo que el diálogo es la principal vía para la resolución de conflictos. Cabe mencionar que el diálogo y las particularidades de la comunicación escrita son abordados en la asignatura de Español y permean con los contenidos de la asignatura de Ética y viceversa, es por ello que se dice que los contenidos éticos no se circunscriben a los espacios de su propia asignatura.
El papel del docente es de suma importancia en el proceso de enseñanza – aprendizaje, pues es quien dentro de las aulas le da dirección al proceso (SEP, 2006). Las Tecnología de la Información y la Comunicación son recursos que ayudan al docente
48 para potenciar en gran manera el cumplimiento de objetivos educativos, pues por sus características singulares ofrecen una gama de recursos para coadyuvar al desarrollo de competencias éticas de alumnos de manera , a través de distintas estrategias como las que se mencionaron.