• No se han encontrado resultados

Para entender lo militar: acercamientos socioculturales

2. LA MEDIDA DE TODAS LAS COSAS

2.3 Para entender lo militar: acercamientos socioculturales

La literatura disponible que da prioridad a una visión interna de la institución militar desde el testimonio y la cotidianeidad de sus miembros es escasa. Esta situación se explica por dos argumentos: a) la dificultad para indagar sobre el funcionamiento militar dentro de los cuarteles y b) la discreción y secreto del funcionamiento del cuartel que coarta, cohíbe y prohíbe revelar las rutinas cotidianas que ocurren dentro de los recintos militares en general, escuelas de formación y academias de perfeccionamiento.

Los espacios militares estaban condicionados por los estatutos del secreto y discreción, que convertía a las fuerzas armadas en objeto inaprensible para hombres y mujeres fuera de la profesión. Esta condición particular incorporaba, a la institución castrense, una serie de rituales de factura propia, que desplegaban una serie de

“símbolos de condensación” (Turner, 1980), que transformaba a los individuos y que los convierten en nuevos ciudadanos. Estos rituales son el resultado de procesos complejos, donde: solo los mejores hombres [y mujeres] son capaces de soportar y trascender a planos moral y físico superiores (Registro 4, Capitán de Navío (Sp), 2002).

Desde la perspectiva del rito y la transformación simbólica está el abordaje de Brian Selmeski (2000; 2001; 2003), quien a partir del análisis de un ritual de paso: la entrega de armamento al conscripto en un cuartel situado en la región interandina del

34 Ecuador, construye las relaciones de etnicidad entre militares e indígenas y como se edifica la ciudadanía en y desde el cuartel.

Con una amplia base etnográfica recolectada dentro de los cuarteles (entrevistas a conscriptos, soldados y oficiales y observación directa sobre los procesos de socialización) llegó a conclusiones importantes sobre el papel civilizador desempeñado por las fuerzas armadas a lo largo de diversos momentos históricos y el influjo que esta institución tenía en la conformación de la ciudadanía indígena y, como tal, de los procesos que llevaron a construir y fortalecer las percepciones de ciudadanía de los indios y las organizaciones políticas que les representaban.

Las fuerzas armadas proporcionaron espacios para los indígenas que han relajado algunas tensiones y temores de los altos mandos (oficiales en general), quienes eran refractarios al reconocimiento de la pluri-nacionalidad en el Ecuador. Aunque este proceso no excluía de ninguna manera el conflicto a partir de proyectos contrapuestos entre la doctrina de seguridad ecuatoriana y los distintos proyectos político-económicos de los grupos sociales y/o étnicos del Ecuador. Los indígenas conquistaban el cuartel y el reconocimiento de su ciudadanía por el Estado y, al mismo tiempo, los militares domesticaban y daban dirección a las instituciones “tradicionales” (comuna, cabildo),

para que sus habilidades se integren a la “sociedad nacional” (Selmeski 2001).

El texto de Selmeski (2001) sugiere los límites que tuvo el proceso de ciudadanización a través del servicio militar obligatorio.8 Este proceso apuntó a una domesticación de los espacios físicos y humanos que preserven la nación y el Estado, sin embargo, su control se reduce a la época “liminal” (Turner 1980 y 1988), cuando los conscriptos estaban en el cuartel. Para los militares profesionales su saber se perfecciona a lo largo de la carrera militar, para los conscriptos se interrumpía con el licenciamiento del cuartel y se perdía la capacidad de control. El interés de este autor se

refiere a la “ciudadanía multicultural” que se desarrollaba dentro de los cuarteles, el

8 El reclutamiento implica la incorporación de civiles en las fuerzas armadas de manera voluntaria. El

servicio militar obligatorio (SMO) se transformó en una institución por excelencia en el proceso de incorporación de la población a las instituciones del Estado y construir desde el cuartel el compromiso por la defensa de la patria, proporcionar normas de urbanidad, higiene y moral que construía ciudadanos comprometidos en los valores patrióticos que repliquen las enseñanzas en los núcleos sociales donde estos son originarios. El recluta era un voluntario que se integraba al SMO o a la carrera militar (escuelas de clases u oficiales). En América a la persona que realizaban el SMO se los denominaba conscriptos. La definición de conscripción es sinónimo de cumplir el periodo de reclutamiento determinado para el SMO basado en un sistema de sorteo, herencia del modelo prusiano. El término de conscripto estaba articulado

a la institución romana ‘padre conscripto’ que refería a la pertenencia de las personas al senado, en este caso el cumplimiento del SMO implicaba para la persona integrase a la comunidad política que lo convertía en verdadero ciudadano portador de todos los derechos de ciudadanía.

35 pone de manifiesto la voluntad de los militares para dar dirección y forma a estatutos ideales de ciudadanía.

Las fuerzas armadas como intento de subsanar los límites del servicio militar obligatorio proyectaban hacia su grupo de referencia y a la sociedad sus valores, esquemas sociales y cosmovisión (ideología), expresadas en estrategias de desarrollo

sintetizadas en la “acción cívica”, insertándose en las distintas comunidades a través de

campañas de salud, educación, mejoramiento productivo, como parte de un proyecto político-militar, que basaba sus acciones en la enseñanza y transferencia de conocimiento, que tenían como objetivos unificar la nación e integrar a grupos poblacionales (social, cultural, racial y/o económicamente diferentes, ver: Ortiz 2006) al cuerpo de la patria, es decir, individuos con ‘conocimiento’ y conscientes de su ciudadanía que sean funcionales para la defensa.

La “acción cívica”, para las décadas del setenta, ochenta y noventa del siglo XX, representaban uno de los componentes de la estrategia de seguridad nacional (Cfr. Ortiz 2006, Cuesta y Ortiz 2007); la cual implicó conocer los problemas de las poblaciones, la “psicología de los colectivos sociales [comportamiento psicosocial]”, dar soluciones oportunas o, por lo menos, predecir situaciones y escenarios de conflicto (Registro 1: Coronel (Sp.), 1999; Registro 3, Sargento (SP) indígena kichwa oriental). Conflictos que amenazaban al contexto ecuatoriano envuelto por una sociedad limitada en sus capacidades de progreso y con bajo sentido de la historia (Cfr.: Lewis 1972) para la

cultura de la pobreza) y con estigmas de “clase” y “raza” (Cfr.: Goffman 2006).

La categoría psicosocial se convirtió en un término básico para entender/definir el comportamiento de las poblaciones (internas y externas) (SENDIP 1979). Esta categoría implicaba valorizar al “hombre” como elemento esencial del Estado, es decir,

indagar sobre el potencial nivel de amenaza que representaban las capacidades de las personas y de los grupos humanos. Amenazas que podían modificarse a través de la socialización (léase educación), la cual se dirigía a inculcar los deberes y obligaciones en las personas, consecuentemente refiere a:

[…] vigorizar su espíritu cívico, fundamentar su legítimo orgullo nacional, robustecer su moral ciudadana y su actividad política, así como alentar sus afanes culturales y su espíritu; porque el hombre a la par que tiene sus aspiraciones económicas y exige beneficios de tal orden, para formarse y realizarse en plenitud requiere, igualmente, de elementos de cultura, de conceptos firmes de moral y de civismo, de concepciones sociales y filosóficas que respondan a sus anhelos como individuo y a sus obligaciones como miembro activo de la comunidad (Poveda 1979, en SENDIP 1979: 194).

36 La educación, desde lo militar, era un mecanismo para incorporar a las personas en el imaginario del Estado-nación, sin embargo, la socialización secundaria (militar) aportaba con la capacidad de dotar a las personas de una experiencia sensorial única que permitía a los individuos: “sentir la patria en el comportamiento cuotidiano”. En

este sentido, los ‘militares profesionales’ (las personas insertas en el cuerpo de oficiales o como soldado en cualesquiera de las distintas ramas de las fuerzas armadas) a partir de la socialización secundaria se convertían en intermediarios entre las poblaciones

“marginadas” y la “cultura nacional”, (Registro 1: Coronel (Sp.), 1999).

Los militares a partir de su misión que apuntaba a defender la patria (bajo el liderazgo de la cúpula militar) estaban regidos por el apego a la ley y la Constitución de la República (Cfr.: SENDIP 1979), sin embargo, las acciones militares revelaban las sucesivas rupturas de la Constitución y de los distintos cuerpos legales. Paradójicamente, este mecanismo de ruptura del orden constituido se convirtió en un mecanismo de aplicación de la Ley, ya que post-factum se indujo al cumplimiento de la ley a través de, prácticas políticas revestidas con distintos grados de legitimidad, aunque no necesariamente legales, o prácticas inmersas en los mecanismos de represión (Cfr.: O´Donell 1984, Varas 1988, Schirmer 2001).

Los soldados como individuos y de manera institucional se constituían en

elemento y conjunto de una “institución total” (Goffman 2001), la que se caracterizaba por: a) espacios cerrados y jerarquizados, que constituían un sistema de normas, espacios y cadenas de mando piramidal; b) un espíritu de cuerpo que formaba una suerte de maquinaria o rutinas que presentaba unidad de pensamientos, capacidades de reacción (física y mental) programados y ritualizados, como resultado de la socialización secundaria dentro del cuartel; c) acciones programadas, donde todos los miembros de la institución militar eran objetos de control, pero también se constituían en sujetos o agentes de control, de acuerdo al tiempo de servicio y méritos obtenidos.9

En esta línea de razonamiento, Goffman (2001) señala que las personas insertas

dentro de las “instituciones totales” son despojadas de su “yo”, sin embargo, desde la perspectiva de este trabajo, las personas que se integran a la milicia no son despojadas

9 Los militares se representan a sí mismos y ante los distintos segmentos de la sociedad como la autoridad

legítima del Estado, quienes condensan los valores cívicos, físicos y morales, que sintetizan el “amor a la

patria [Estado-nación] y el “verdadero patriotismo”. La institución militar como ejecutora de la violencia legítima, construye los fundamentos de la nacionalidad asentadas en los pilares de la tradición, honor y sacrificio, que constituye la base del orden (oposición al caos) y reduce la incertidumbre que se orienta a consolidar el “cuerpo de la patria” como un ente que trasciende el tiempo y el espacio (Registro 4: Capitán de Navío 2000).

37 de su identidad, sino que esta se readecuaba a la representación corporativa. Las personas se volvían funcionales a la institución, pero también la formación militar dotaba a la persona de un corpus simbólico que puedía ser representado de manera unívoca y al mismo tiempo puedía ser adaptado a las características específicas de cada individuo y a las condiciones externas, que articulaban los intereses de los personas a las necesidades corporativas afincadas en el orden y jerarquía encaminada a defender la soberanía del Estado.

Finalmente, como un texto que aporta al entendimiento de las relaciones cívico- militares, desde un tratamiento socio-histórico, se tiene el estudio de Cecilia Ortiz (2006), Indios, militares e imaginarios de nación en Ecuador del siglo XX, que proporciona una relación sobre la percepción del indio desde lo militar, la cual era considerada como una población no integrada o parcialmente integrada al imaginario de nación y sin conciencia de ciudadanía orientada a la defensa. Población considerada como un problema para construir instituciones estatales sólidas que permitan integrar a estos a la nación y su territorio.

El texto mencionado, a más de proporcionar datos y elementos de análisis orientados el entendimiento de las acciones de las fuerzas armadas para integrar a los indios a la defensa del Estado, incorpora elementos que permiten ver una relación compleja entre las élites civiles y élites castrenses, lo cual era configurada un espacio que pretendía influenciar la construcción de la ciudadanía, entablando una relación más activa de lo que se podíaa suponer. Por otro lado, pone de manifiesto cómo el militarylore, el conocimiento militar, el ethos militar, orientado a la defensa del Estado se introdujo hondamente en la acción social del cuerpo castrense en su conjunto, tanto como un recurso de control social como una estrategia de defensa, tan efectiva como las estrategias de estricto carácter bélico (Cfr. Ortiz 2006).

Documento similar