¿Qué tiene que ver tal superpico con el arte? Si los polluelos de gaviota tuviesen una galería de arte, colgarían en la pared un palo largo con rayas rojas, lo admira- rían y sacrificarían mucho por el privilegio de poseer uno. Las personas se comportan de la misma manera con el arte: los co- leccionistas apasionados pagan sin vaci- lar miles y miles por un cuadro, sin poder explicar realmente por qué lo encuentran
tan atractivo. A lo largo de los siglos, los artistas han descubierto, por el método de ensayo y error, nuevos caminos para aprovechar las particularidades de la «gra- mática de la percepción del cerebro». Cada vez salía a la luz un equivalente para el palo rayado del polluelo de gaviota.
4) Similar al estímulo supernormal es el fenómeno del «desplazamiento del pico» (peak-shift). Desempeña un papel en los retratos y, sobre todo, en las caricaturas. Estas refuerzan los rasgos que diferencian un rostro determinado de un rostro co- mún y los resalta de modo evidente. Hay una base neuronal en ese mecanismo. De acuerdo con Doris Tsao, de la Universidad Harvard, determinadas neuronas de los monos, que reaccionan selectivamente a los rostros individuales de otros monos, se excitan ante una caricatura de ese rostro con intensidad mayor que ante el original.
5) La ley del aislamiento explica por qué el dibujo esbozado de un desnudo habitualmente nos atrae más que una foto en color y en tres dimensiones de una persona desnuda (c). En ella subyace un amplio mecanismo neurobiológico; un cuello de botella de nuestro encéfalo: la capacidad de atención de nuestro cerebro es limitada, porque en un momento dado solo puede existir un solo modelo de la actividad neuronal. Por eso, la atención se polariza directamente siempre hacia la información que parece más importante. Intervienen otros factores, no menos sig-
b.
A LA IZQUIERDA COMO A LA DERECHA El sepulcro indio del Taj Mahal, del sigloXVIII, constituye un ejemplo clásico del efecto estético de la simetría en el arte.
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nificativos, que se reparten la atención; cada elemento solo resalta de manera atenuada. En un dibujo hábilmente eje- cutado, el sistema visual no será mono- polizado por informaciones subordinadas, como el color, la sombra, la estructura; por eso puede dirigir toda la atención a lo esencial, en este caso, al contorno del cuerpo humano.
Las observaciones sobre determinados casos de autismo, los savants, apoyan nuestra tesis. Nadia mostraba su destre-
za infantil con unos dibujos asombrosa- mente perfectos. A pesar de su reducida capacidad de rendimiento intelectual, al menos una parte de su lóbulo parietal estaba bien dispuesta; aquí se asienta el sentido para las proporciones artísticas correctas. Nadia podía, pues, concentrar toda su atención en este «módulo artísti- co». Cuando, con los años, fue refinando paulatinamente sus habilidades sociales, desaparecieron sus talentos artísticos; la atención hubo de repartirse por diferentes territorios, como es también el caso de los no savants.
Bruce Miller, de la Universidad de Cali- fornia en San Francisco, descubrió que los pacientes adultos con demencia fronto- temporal desarrollaban a veces de modo súbito facultades artísticas. Puesto que en estas personas degeneraban los lóbulos frontal y temporal, podrían gozar también aquí de una atención cada vez menos di- vidida en los aspectos elaborados por el lóbulo parietal.
6) Al igual que el aislamiento, la solución
del problema de la percepción (Peekaboo)
tiene un efecto. Retomemos el ejemplo del desnudo: una persona sin ropa, de la
cual se ven solo los brazos o los hombros asomando detrás de una cortina o que se oculta envuelta en un paño transparen- te, agrada más a nuestro sentido para lo estético que si estuviese completamente desnuda. En general, alegra más a nues- tro cerebro descubrir objetos ocultos y clasificarlos correctamente (d). El filósofo indio Abhinavagupta describió el efecto ya en el siglo X d.C. En nuestros días, Ernst Gombrich (1909-2001), historiador del arte británico-austriaco, se ocupó de su redes- cubrimiento.
Además, la propia búsqueda nos pro- duce alegría, no solo el descubrimiento. Cada mirada que se echa a un objeto par- cialmente escondido inicia un programa de búsqueda en el cerebro que por una parte provoca ya ella misma una pequeña experiencia de «ajá» y por otra influye so- bre un bucle de retroalimentación de los estadios previos del procesamiento visual. Eso impulsa una búsqueda ulterior hasta que finalmente acontece el «ajá» final de la revelación. De modo análogo, los artis- tas y los diseñadores de moda intentan enriquecer sus obras con pequeños trucos perceptivos —ambigüedad, omisión, para- doja— para recompensar al observador, si es posible, con muchos «miniajás».
Desde los polluelos de gaviota hasta Monet hay un largo camino. Por suerte, los investigadores pueden moverse también, en su viaje de exploración por el procesa- miento visual de lo estético en el cerebro, de un «miniajá» a otro «miniajá», con el objetivo de la gran experiencia del «ajá» constantemente a la vista.
V. S. Ramachandran y D. Rogers-Ramachandran
investigan en el Centro para el Cerebro y la Cogni- ción de la Universidad de California en San Diego.
Artículo publicado en Mente y cerebro n.o 37
BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA
EINE KURZE REISE DURCH GEIST UND GE- HIRN. V. S. Ramachandran. Rowohlt, Reinbek, 2005.
NEUROARTHISTORY: FROM ARISTOTLE AND PLINY TO BAXANDALL AND ZEKI. J. Onians. Yale University Press, New Haven, 2008.
c.
EL ARTE DE LA INSINUACIÓN Un boceto de un desnudo habitualmente atrae más que la fotografía en color de una persona desnuda, porque nuestra atención puede rastrear de manera tranquila la forma estética del cuerpo.d.
BUSCAR PROVOCA ALEGRÍA Nuestro cerebro muestra un espíritu deportivo, que se ejercita al descubrir y ordenar objetos medio ocultos.© iS TO C K PH OTO / J O A N N E W EL C H CO R B IS
E
n las obras de El Greco, personajes y objetos aparecen representados con formas alargadas. Algunos historiadores han sugerido que El Greco podría haber sido astigmático, es decir, que la curvatura de las córneas o de los cristalinos de sus ojos podría haber sido más acusada en sentido horizontal que en el vertical, con el efecto de que la imagen proyectada so- bre la retina, en el fondo del ojo, sería des- proporcionadamente más alta que ancha. Una idea absurda. Si fuera cierta, todos estaríamos dibujando el mundo cabeza abajo, porque la imagen retiniana está invertida con respecto a la original. (El cristalino invierte la imagen que le llega, y el cerebro interpreta la imagen como si el lado derecho estuviera arriba.) La falacia nace del erróneo razonamiento de que no- sotros vemos literalmente una imagen de la retina, como si estuviéramos barriéndo- la con un «ojo interior».No existe ningún ojo interior. Nuestra atención debe dirigirse hacia mecanismos visuales que extraen información en pa- ralelo a la imagen y la procesan etapa tras etapa, antes que su actividad culmine en experiencia perceptiva. Nos serviremos de algunas ilusiones llamativas que ayuden a iluminar el funcionamiento del cerebro en este procesamiento.