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Sombrías influencias

In document Cuadernos MyC. Ilusiones (página 31-33)

En la naturaleza, la transparencia no es frecuente. Sí lo son las sombras. Es po- sible que las «leyes» de percepción que

f g

e

© F OTO LI A / U N D Y SC IE N TI FIC AM ER IC AN M IN D

clave para reconocer que se trata de una sombra, no de un objeto o textura.

Resulta que, en la transparencia, los cambios de luminancia remedan los que se observan en las sombras. El sistema vi- sual pudo seguramente evolucionar para descubrir y reaccionar adecuadamente a las sombras, en lugar de hacerlo a los fil- tros transparentes. De no haber sido así, nosotros estaríamos ahora tratando de asir sombras o saltando ágilmente sobre ellas para no tropezar, sin percatarnos de que la sombra no constituye en absoluto un objeto.

Curiosamente, aunque nuestros me- canismos perceptivos parecen tener con- ciencia de la física de la transparencia en cuanto a la luminancia, esos mismos mecanismos se muestran ciegos a las le- yes correspondientes a la «transparencia» de color. Tenemos en f y en g dos barras que se cruzan una sobre otra, ambas con una luminancia del 50 por ciento del fon- do, por dar un valor. Las hemos preparado de forma que la región de superposición tenga una luminancia del 25 por ciento de la de fondo, como habría de ocurrir si solamente estuviéramos ocupándonos de la luminancia. Pero si los colores de los filtros son diferentes —y aquí lo son— la zona de superposición debería ser com- pletamente negra, no gris. La razón es que el filtro rojo transmite solo longitu- des de onda largas («rojo») al ser ilumina- do con luz blanca, mientras que el filtro azul transmite longitudes de onda cortas («azul»).

Por consiguiente, al superponer los fil- tros, no pasaría a través de ambos ningu-

na luz; la zona de superposición debería

ser negra. De hecho, se aprecia una trans- parencia, no cuando la zona media es ne- gra, sino cuando lo es en un 25 por ciento (g). Al parecer, el sistema visual continúa obedeciendo a la regla de luminancia e ignora las incompatibilidades de color.

Se produce un curioso efecto si se co- loca una cruz gris sobre fondo blanco cuando la parte medial de la cruz es de un matiz de gris más claro (h). En lugar de ver la cruz gris más clara como lo que es —una cruz— el cerebro prefiere verla como una pieza circular de cristal esme- rilado superpuesta en la cruz gris grande. Para lograr esta percepción, el cerebro tie-

h

i

j

k

l

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hemos explorado hasta ahora se hayan ido plasmando en el curso de la evolu- ción para distinguir las sombras de los objetos «reales», que también producirían diferencias de luminancia en la escena visual a consecuencia de sus diferencias en reflectancia (por ejemplo, las franjas de una cebra o un gato blanco sobre un felpudo negro).

Las sombras que proyectan los objetos —los árboles, por ejemplo— podrían, en teoría, ser tan negras como la pez si hu-

biera una única y lejana fuente de luz, sin dispersión ni reflejos. De ordinario, tam- bién llega a la sombra la luz ambiente de sus alrededores, por lo que las sombras son oscuras, no negras. Si la sombra del árbol cae sobre una acera y sobre hierba más oscura (e), la forma en que varían la magnitud y el signo de la luminancia a lo largo del contorno de la sombra sería idéntica a ambos lados del contorno, el sombrío y el iluminado. Esta covariación de la luminancia le sirve al cerebro de

tadísticas y las leyes físicas de la transpa- rencia, fruto de la selección natural y el aprendizaje. Existen, empero, límites para este saber. El sistema visual se muestra tolerante con colores incompatibles. Es in- capaz de aplicar la física de la sustracción cromática, debido en parte a que la sus- tracción de color evolucionó mucho más tardíamente en los primates y no quedó implantada, y en parte porque, en el do- minio de la luminancia, la superposición de colores es mucho menos frecuente en el mundo natural que la transparencia o la translucencia.

Podemos concluir que, si bien el siste- ma visual puede hacer uso muy afinado de propiedades abstractas, como la física de las razones de luminancia o las esta- dísticas de segmentación que requiere la transparencia, es «bobo» con respecto a otras características, como el cromatismo, debido a la forma un tanto azarosa en que su «hardware» evolucionó por la selección natural: he aquí una prueba vigorosa en contra del «diseño inteligente».

V. S. Ramachandran y D. Rogers-Ramachandran

investigan en el Centro para el Cerebro y la Cogni- ción de la Universidad de California en San Diego.

Artículo publicado en Mente y cerebro n.o 35

ne que «alucinar» una difusión como la de vidrio esmerilado, incluso en el área que rodea a la región central de la cruz. El efecto resulta especialmente vigoroso en una rejilla de varias de estas cruces (i).

Las luminancias del ambiente (blan-

co), de la cruz (gris oscuro) y de la región

central (gris claro) han de guardar rela- ciones precisas entre sí; de no ser correc- tas, el efecto desaparece (j). Dicho de otro modo, las ratios de luminancia tienen que ser compatibles con lo que ocurriría en el caso de superficies translúcidas reales (niebla o vidrio esmerilado). El efecto es más llamativo todavía si en la figura exis- te un elemento cromático (k).

Así pues, a pesar de que el sistema visual nada sabe sobre sustracción cromática, si las ratios de luminancia son las correctas, los colores son «arrastrados» juntamente con la difusión de luminancia.

Vemos en l otro efecto desconcertante, inventado por Gaetano Kanizsa (1913- 1993): el efecto «queso de Gruyère». Si se le echa un vistazo rápido, se ve un gran rectángulo opaco dotado de orificios cir- culares, superpuesto sobre un rectángu- lo gris más pequeño, que descansa sobre un fondo negro. Basta un ligero esfuerzo mental para imaginar que el rectángulo gris claro que está por detrás de los orifi- cios constituye, en realidad, un rectángulo blanco translúcido situado por delante de los agujeros, y entonces se empieza a per- cibir un rectángulo transparente a través del cual se ven gruesos lunares negros en el fondo. Esta ilusión demuestra el profun- do efecto que ejercen las influencias de «lo alto hacia abajo» sobre la percepción de superficies; la transparencia que uno ve no está enteramente inducida «desde abajo» a través de un procesamiento je- rárquico secuencial de las señales físicas que recibe la retina.

Tomadas en su conjunto, estas demos- traciones nos permiten concluir que en el procesamiento visual se halla implantada una notable «sabiduría» acerca de las es-

BIBLIOGRAFÍA COMPLEMENTARIA

THE PERCEPTION OF TRANSPARENCY. Fabio Metelli en Scientific American, vol. 230, n.o 4, págs. 90-98, abril de 1974.

ON THE ROLE OF FIGURAL ORGANIZATION IN PERCEPTION OF TRANSPARENCY. J. Beck y R. Ivry en Perception and Psychophy-

sics, vol. 44, págs. 585-594, 1988.

PERCEPTION OF TRANSPARENCY IN STATIO- NARY AND MOVING IMAGES. D. J. Plum- mer y V. S. Ramachandran en Spatial

Vision, vol. 7, págs. 113-123, 1993.

El sistema visual pudo haber evolucionado

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