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LOS PARADIGMAS

En vista de lo que he podido constatar a lo largo de todos estos años de preparación, crecimiento, conocimientos adquiridos, contactos y experiencias con sociedades extraplanetarias y del escenario que mi propio mundo ofrece para ser contemplado, nada me resta a no ser aceptar, con pesar, que la raza humana muere un poco cada día. Muere en esperanzas, en sueños, en ideas, en amor, en confianza, en perspectivas y en calidad de vida. Sólo una ínfima parte corre los riesgos de aventurarse por caminos de esperanza y liberación.

Cuando veo a los jóvenes caminando presurosos yendo a las escuelas y universidades, me pregunto sobre el mundo que encontrarán cuando se gradúen. Cuando observo los ejecutivos en una empresa, corriendo de un lado para otro, tomando importantes decisiones y los operarios trabajando, puedo ver un conglomerado de afligidas existencias, que buscan asegurar sus lugares, garantizando un espacio en la batalla por la supervivencia. Y cuando busco un acercamiento, siento personas, seres humanos recelosos, tensos, preocupados y temerosos de lo que mi persona pueda representar: una amenaza, un interés, una compañía, un aliado o un mortal enemigo listo para disputar cualquier cosa. Las relaciones humanas se están dando única y exclusivamente por necesidad. Una necesidad forzada y obligada por las circunstancias.

Las personas de hoy buscan aislarse, distanciarse de los demás, sea física o psicológicamente. Usted puede estar en medio de un grupo de amigos y al mismo tiempo muy distante; vivir en medio de una gigantesca ciudad y estar solo; tener un círculo relativamente grande de amigos y ser simplemente una imagen forjada, una máscara que nunca revela su interior, que jamás se arriesga a exponer su verdadero yo, manteniéndose en grupo sólo para aprovechar las ventajas sociales que las personas puedan llegar a ofrecerle, o simplemente de una compañía. Un acompañante con quien tratará de olvidar el pesado vacío interior que lo aflige.

De la misma forma y con la misma facilidad con que los animales aprenden a defenderse de los depredadores, las personas construyen su camuflaje. Dependiendo del escenario o de las circunstancias, las máscaras varían, pudiendo mantener la apariencia de persona fuerte, seria, segura, auto-suficiente o intelectual, otras más seductoras, más simples, delicadas, misteriosas y dominadoras. Hasta la alegría puede resultar en una parodia, una representación en que el público termina siendo, casi siempre, el propio actor.

Es triste que siglos de evolución hayan resultado en una existencia falsa, hipócrita, cuyo cinismo llegue al punto en que la mentira sea la única verdad. Vivir escondido detrás de una personalidad totalmente diferente se transformó en un hábito, algo común y normal. La filosofía de la supervivencia humana estableció el concepto del individualismo

y del distanciamiento como algo fundamental, orientando a los seres humanos a tratar de no exponerse, a no mostrarse de ninguna manera, guardando para sí mismos su realidad interior. Así, el pensamiento general les dice que mostrándose, quedarán vulnerables al juicio popular, a ser rotulados y consecuentemente, a permitir que sus enemigos, los hombres, es decir sus semejantes, los destruyan para venir a asumir el espacio que dejaron, quedando para los vencidos la marginalización y el difícil recomienzo.

Es pavoroso ver el precio que pagamos por la civilización. Por un lado, teóricamente mejoramos al obtener comodidad, facilidades, salud y transporte, más por otro lado, tenemos que pagar un alto precio por eso: la legitimidad de ser lo que realmente somos. Y será que alguien sabe al final cómo somos o cómo deberíamos ser?

Está claro que el panorama tiene que cambiar, no podemos progresar materialmente a un costo tan elevado. Continuamos creciendo en población, siendo que nos enorgullecemos en afirmar que llegamos a un avance tecnológico tal, que vamos a prescindir de la mano de obra, ahorrándole a las personas el riesgo de ciertos trabajos. Y estas personas, cómo quedan? Reducimos la oferta de empleo a través de la tecnología y aumentamos la población en una relación inversamente proporcional. La enseñanza especializada es cada vez más cara y más lejos del alcance del pueblo. La oferta de energía disminuye así como el espacio de circulación, insistiendo en producir más vehículos cada mes y construir más viviendas. Desarrollamos una medicina altamente sofisticada de la cual nos jactamos y que por su costo está al alcance de una absurda minoría. Es obvio que estamos demostrando ser totalmente incoherentes.

Durante muchos milenios, hemos vivido en las sombras del dogmatismo y de la alienación cultural. Solamente que, así como en las historias de “hacer de cuenta”, o el “hechizo se volvió contra el hechicero”, aquéllos que anteriormente dirigían el proceso, se contaminaron de él y hoy están tan alienados y dependientes como los sometidos. El sistema desarrolló una táctica simple y eficiente para mantenerse activo, dividir para vencer. Somos todos diferentes y enemigos, sólo el sistema salva, sólo con él usted sobrevive, sin él, es marginado y muere. Ha llegado el momento de una gran transformación que, además de necesaria, deberá cambiar el curso de nuestra historia. Pues fue a través de grandes alteraciones, cambios radicales y determinantes, que la humanidad modificó el curso de su historia política, social, económica, tecnológica y místico-religiosa.

Existe una forma de vida totalmente diferente y maravillosa aguardando ser conocida, comprendida y aplicada. más, para llegar hasta ella, es importante entender que el hombre estuvo hasta hora ciego, sordo y vuelto en dirección opuesta. No conseguía verla u oírla, en vista de que sus paradigmas no le ofrecían ni le permitían esa condición.

Recuerdo una pequeña y simpática historia que oí un día y que considero pertinente para que se entienda mejor lo que quiero decir, pues me permitió comprender claramente todo en este proceso y principalmente, cómo las cosas deben ser

enfrentadas cuando surgen:

“Había una vez dos sapitos que salieron a pasear. Saltando y saltando, llegaron hasta el establo de una hermosa hacienda donde había un enorme balde. Muertos de curiosidad sobre lo que habría en su interior, saltaron a ciegas hacia adentro.

“Para su sorpresa y desgracia, descubrieron que estaba lleno hasta la mitad de crema. Ante la inminencia de morir ahogados, lucharon desesperadamente para salir. Cinco minutos, quince minutos, treinta minutos pasaron. Finalmente el sapo mayor se volvió hacia el sapo menor y le dice: ‘Yo no aguanto más!’ Él estaba tan exausto de intentar saltar que se hundió en la crema y se ahogó. El sapo menor estaba exausto también, más por alguna razón continuaba luchando. Pero, poco tiempo después, sus fuerzas también se acabaron. Sabía que conseguiría dar apenas tres saltos más. Y ya con pánico dió el primero y fue terriblemente difícil, dió el segundo y fue como cargar con todo el balde. Dió el tercero y último salto y al hacerlo, en aquel preciso momento, la crema se transformó en mantequilla. Espantado y feliz, el sapito quedó de pie en aquella superficie sólida y amarilla, saltando definitivamente hacia su libertad.”

Aunque no lograse entender perfectamente lo que había ocurrido, el sapito de esta historia luchó hasta el fin de sus fuerzas para tratar de salir. El primero no tuvo tanta suerte, más el segundo lo consiguió, pues tuvo tiempo de esperar a que una gran transformación sucediese en su medio, proporcionándole una vía de salvación. Sin embargo, no todas las personas del mundo podrán tener el aliento necesario para esperar el momento en que su lucha resulte en una transformación favorable, ocurrrida como consecuencia de los impactos de la actividad humana.

Cambios, transformaciones sorprendentes, abruptas, radicales, en principio imposibles de suceder y hasta aparentemente revolucionarias, como la experimentada por el sapito de la historia, ocurren constantemente en nuestro mundo. Son cambios importantes que, en cualquier campo de la actividad humana, alteran totalmente las reglas del juego de la vida. Y cuando las reglas cambian, el mundo cambia automáticamente.

En estos últimos 100 años, hemos vivido observando constantes e increíbles cambios. Normas, procedimientos, reglas, son vueltas de cabeza casi constantemente.

Basta una pequeña reflexión para recordar cambios profundos en el diario vivir, como: …El de quien se preocupa por la ecología y la polución, hasta la estricta protección ambiental. De negros y minorías luchando por sus derechos básicos y que tales derechos les sean garantizados por leyes estatales y federales. De aviones de pasajeros, al ómnibus espacial. De la posición acerca de que el petróleo jamás se acabaría, a saber que ya no queda mucho. De carros grandes y pesados que hacían tres kilómetros por litro, a carros pequeños y livianos que hacen doce. De ordenadores enormes costando millones de dólares, a ordenadores de mesa con la misma potencia, que casi cualquiera puede comprar. De la muerte casi segura al sufrir un infarto, a la substituición por un corazón artificial. De comunicaciones urbanas por cables, a comunicaciones interurbanas por satélite. Del lugar de la mujer en casa en las tareas domésticas, al lugar de la mujer en

cualquier lugar donde ella quiera estar. De la división de las dos Alemanias, a la caída definitiva del muro de Berlín y su unificación. De una Unión Soviética Socialista, a una “Perestroika” de economía de mercado y el fin del comunismo soviético. De un liderazgo norteamericano en la producción de vehículos a un giro hacia la producción japonesa. Si alguien hubiese previsto esos cambios antes que ocurriesen, muchos habrían dicho que eran imposibles. Y sin embargo, cada uno de ellos ocurrió.

Todo esto parece tonto y banal. más es más absurdo recordar que, en los días de 1937, un americano llamado Chester Carlson, que no tenía nada más que un diploma de bachiller en ciencias, desarrolló el proyecto de un aparato que él llamó de electrofotografía.

Un día de tantos, fue a visitar al gerente de la Kodak americana con la intención de mostrar y vender su invento. En la sala, hizo una demostración. El científico frotó con un paño de algodón una placa de zinc cubierta de azufre, de modo que quedase cargada de electricidad estática. En una lámina de vidrio de microscopio, escribió con tinta algunas palabras.

La lámina entonces fue colocada junto a la placa y los dos fueron sometidos por algunos segundos a la luz de un reflector. Sucedió que los rayos de luz dispararon una carga en la placa, excepto en las partes cubiertas por las frases escritas con tinta. La placa fue entonces cubierta con un polvo químico de color negro llamado licopodio, siendo éste atraído sólo por la parte de la placa que quedó energizada, dejándola al descubierto. Chester comprimió entonces la placa contra una hoja de papel parafinado. En ésta, aparecieron las frases teñidas por el polvo, que fueron después fijadas por calor. El gerente miró, lo encontró interesante y acompañó al cientifíco hasta la puerta. No tengo la mínima idea de lo que pudo haber dicho, más definitivamente no compró el invento. Solamente alrededor de 1947 fue que Chester consiguió lanzar la máquina que revolucionó el sistema de reproducción, había inventado el proceso de fotocopia xerox, más en aquélla época nadie vió la utilidad de esa extraña forma de fotografiar. Hoy nadie puede vivir sin ella.

Y si el hombre pudiese reconocer la inminencia de una gran idea y sus consecuencias? Si tan sólo pudiese prever los cambios? No importa cómo, más habría hecho una gran diferencia. Por lo menos podría haber sacado más provecho de la situación, o estaría sujeto a menos sustos, menos sorpresas y tal vez, habría ahorrado mucha violencia, hambre, miseria, sufrimiento, destrucción y hasta muerte.

El universo permitió a la raza humana la capacidad de pensar, racionar, considerar y evaluar, no con el objetivo de conceder poder para dominar a los más débiles o someter la naturaleza a sus caprichos, sino para construir una forma de vida digna. Donde todos, humanos o no, pudiesen vivir en armonía.

Mas, para que esto sea realmente posible, el hombre debería encontrar un camino que le permitiese estar atento a estas oportunidades de transformación. Un proceso o sistema de aprendizaje que lo rescatase para traerlo de nuevo a un curso saludable de

desarrollo.

Dónde se escondía el secreto, dónde estaba localizado el principal problema del hombre?

Poder prever estos cambios especiales, identificar las oportunidades y estar preparado para ellas, sería una ventaja increíble y esto es realmente posible. más, para poder prever ese tipo de cambios especiales, iniciar cualquier proceso de comprensión sobre la vida y retomar el camino del desarrollo, es preciso entender el poder y la influencia de los PARADIGMAS.

PARADIGMA no es una palabra común. Por lo menos no es usada todos los días. La raíz griega de la palabra significa PATRÓN. Otra definición, que inclusive es la que nos interesa, dice que un paradigma es un conjunto de reglas y regulaciones que definen fronteras. En otras palabras, esa es la función del patrón, definir límites, es decir, los extremos. más es importante que fijemos el sentido de “reglas” y “regulaciones”, pues es eso lo que estaremos continuamente analizando.

Los paradigmas influencian poderosamente la forma como los científicos ven el mundo. Es decir, reglas y regulaciones sólidamente establecidos actúan como filtros y seleccionan las informaciones que llegan a la mente del científico. Las informaciones que están en pleno acuerdo con el paradigma del científico tienen un camino fácil para un reconocimiento inmediato. En verdad, el científico ve ese tipo de información sorprendentemente bien. Con mucho detalle y comprensión.

Mas las informaciones que no están de acuerdo con el paradigma de este científico serán, a la larga, aceptadas con gran limitación y/o dificultad.

En algunos casos, los científicos llegan a distorsionar la información para que ella se adapte a sus paradigmas, al contrario de aceptar que la misma es una excepción a sus reglas y en casos extremos, el científico será literalmente incapaz de ver o reconocer la información, ya que debido a sus paradigmas tal información es invisible.

Los paradigmas son sinónimo de valores que, incorporados a lo largo de la vida, filtran constantemente el contacto que mantenemos con el mundo y el resultado de nuevas experiencias. Vemos el mundo a través de nuestros paradigmas todo el tiempo. más eso no significa que podemos ver enteramente todo lo que queremos, creando un nuevo conjunto de reglas. No, en verdad, recogemos informaciones válidas del mundo real, más lo que hacemos es que seleccionamos de esas informaciones las que mejor se adaptan a nuestros paradigmas, es decir, interpretándolas y deformándolas, intentando ignorar las demás.

Como resultado, lo que puede ser perfectamento obvio para un paradigma puede, en verdad, ser totalmente imperceptible para otra persona con otro paradigma. Las implicaciones de esto se reflejan diariamente en nuestros actos. Cada acción, cada hábito, cada comportamiento, cada asociación de ideas, estará bajo total infuencia de los paradigmas que asimilamos a lo largo de nuestras vidas. Es por eso que, con frecuencia, no conseguimos ver partes importantes de nuestra vida, del juego que ella hace, o del

futuro, hasta que es demasiado tarde.

Es un hecho y una verdad para todos, que tenemos reglas y regulaciones en nuestras vidas. Y quién no las tiene? Sea una religión, una institución militar, una empresa, un equipo de futbol, sea la forma de un jugador de pegarle a la pelota o de la mamá limpiar la casa, lidiamos con paradigmas constantemente. Y son esas reglas y regulaciones que configuramos en el pasado las que nos impiden ver claramente la vida, lo que somos, con quién nos relacionamos y de prever con éxito el futuro, porque intentamos hacerlo mirando sólo a través de nuestros viejos paradigmas.

Entonces, en los años 60, el hombre miraba hacia adelante en el tiempo y concluía seguro: la gasolina será barata y disponible en abundancia para siempre; cuatro hijos es el número ideal; cabellos largos, aretes, maquillaje y peinador son para las mujeres; las mujeres deben quedarse en casa; el aborto es cosa prohibida. Y caramba, cómo estábamos equivocados. Y lo triste de todo, es que todavía continuamos equivocados por causa de la fuerza de los paradigmas. Ellos influenciaron e impidieron que el hombre viese lo que realmente estaba ocurriendo a su alrededor.

Los paradigmas llegan al punto de alienar tan terriblemente al hombre, que él mismo es incapaz de reconocer o identificar cuándo es hora de cambiar de actitud. Y eso no es de ahora. Esta situación deviene desde los orígenes de nuestra civilización y el surgimiento de nuestra cultura. Por eso es que los cambios ocurrieron siempre tan lentamente, en la inminencia de una grave necesidad, o radical y abruptamente a través de las guerras, por la simple imposición. Por esta razón es que, en pleno siglo XX, todavía tenemos grupos humanos viviendo en tribus con hábitos y costumbres tan primitivas.

Cuando me detengo para ver estos momentos del mundo, me parece retirar cada imagen del absurdo. Los paradigmas han actuado como una droga que animalizó, como una venda que impidió ver y como una medicina que, utilizada de forma equivocada, puede matar. Al contrario de ayudar, servir de base para el entendimiento, se volvió un arma contra nosotros mismos, transformandose en una trampa cada vez más profunda y de la cual será cada vez más difícil salir.

Recuerdo cómo, desde antiguamente hasta hoy los paradigmas institucionalizados fueron y continúan siendo responsables por el caos total que viene dividiendo al mundo. Y que, de manera radical, interfirieron y siguen interfiriendo profundamente en el avance del conocimiento humano. Ejemplos no faltan para ilustrar esta afirmación. Basta apelar a las religiones que sacrificaron en la hoguera hombres que desafiaron sus dogmas, pues cuestionaban, por medio de sus descubrimientos y teorías, las informaciones simplistas que otorgaban a las divinidades la responsabilidad de la creación, las manifestaciones de los fenómenos naturales y sus efectos.

Algunos casos famosos pueden parecer hoy ridículos, como la prohibición en 1163 del estudio de la física por el papa Alejandro III, o la decisión del parlamento francés en 1380 de prohibir el estudio de la química, invocando el decreto del papa Juan XXII. También tenemos aquél de James Ussher, Arzobispo de Armagh, en Irlanda en 1650, que afirmó

que la creación había tenido lugar en el 4004 A.C. Y más tarde en 1700, el del maestro del St. Caterines College, en Cambridge, Inglaterra, Dr. John Lightfoot que, basado en el Antiguo Testamento, complementó los cálculos afirmando que todo habría ocurrido el día 23 de Octubre, a las 9:30 horas.

Ya en el siglo XVIII, para los denominados “científicos” la Tierra poseía una antiguedad no superior a 80 mil años pues ésta era calculada en función de algunos extraños hallazgos. más el hombre todavía provenía de Adán y Eva y los fósiles encontrados eran de animales anteriores al diluvio universal. Solamente en1871 la teoría de un proceso evolucionista fue aceptada. Sin embargo con grandes divisiones por parte de los científicos. En el siglo XIX, cuando la invención de la locomotora de vapor, los científicos de la época afirmaron categóricamente que el organismo humano jamás podría soportar velocidades superiores a 20 km/h. A principios del siglo XX, el sueño de hacer volar un objeto más pesado que el aire era imposible. Viajar a los planetas, entonces, una imaginación de locos.

Sea como fuere, las personas que participaron de estas épocas tenían para sí estas

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