4. MATERIALES PARADOXOGRÁFICOS CONSERVADOS
4.5. La paradoxografía en época imperial (siglos I V d C.)
4.5.1. FLEGÓN
Son muchos los autores de obras relacionadas con el género paradoxográfi- co que escriben en la época imperial, pero de entre ellos la figura más destaca- da es sin lugar a dudas la de Flegón de Trales, liberto del emperador Adriano
que pasó gran parte de su vida al servicio de la corte.397
Flegón, si bien cultivó el género histórico, y aunque es como historiador
como lo cataloga la Suda,398 nos es conocido, sin embargo, sobre todo por sus
obras vinculadas a la literatura de mirabilia. Se le atribuyen, fuera del ámbito de la paradoxografía, una Descripción de Sicilia, una Topografía romana, y una obra So-
bre festividades de los romanos, pero de ellas no conservamos más que el título, de
suerte que las obras de Flegón que mejor conocemos son su Colección de fenóme-
nos asombrosos, un Catálogo de vencedores olímpicos y una lista de personajes destaca-
395 Giannini, 1964, p. 127, n. 169.
396 Phot, Bibl. 163, 170a 3: ἐκ τῶν ∆ιοφάνους παραδόξων.
397 En el momento en el que se estaba concluyendo la fase final de la preparación del pre-
sente estudio hemos sabido de la aparición de una nueva edición del texto de Flegón, realizada por Antonio Stramaglia (ver bibliografía, Stramaglia, 2010). Si bien su consulta ha sido inaccesi- ble, debido a lo reciente de la publicación, recogemos, no obstante, referencia del trabajo.
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dos por su longevidad, transmitidos los tres gracias al códice Pal. Gr. 398, al que tanto deben los estudios sobre el género paradoxográfico.
La conexión entre el Περὶ θαυμασίων y la literatura de mirabilia resulta evi- dente. En cambio, no sucede lo mismo en cuanto al catálogo de longevos, hasta el punto de que entre los críticos modernos ha surgido la discusión acerca de en qué medida el texto puede considerarse como un ejemplo más del género de la paradoxografía, o si, por el contrario, debe entenderse —según hace Gianni-
ni— como relacionado más bien con el tópico retórico de la vejez.399 Las dife-
rencias de opinión entre los estudiosos desde las últimas décadas del siglo XIX y
a lo largo del XX afectan incluso al problema de si ambos textos, transmitidos
uno junto a otro en el códice de Heidelberg,400 deben o no editarse juntos.401
Giannini incluye en su edición de los paradoxógrafos solo el texto del Περὶ θαυμασίων, mientras que no considera que el catálogo de longevos deba ser incluido entre los ejemplos de este tipo literario. Una lista de personajes desta- cados por su longevidad, en principio, se aparta por completo de los temas ha- bituales en las obras de paradoxografía. Por ello, a primera vista no parece po-
sible afirmar, con los editores del siglo XIX, que la obra merezca un lugar entre
los ejemplos del género. No obstante, se debe tener en cuenta que resulta muy afín a sus intereses, además de compartir con los textos paradoxográficos tam- bién su modo de organización, en forma de lista de ejemplos que se recogen por sí mismos, sin ir acompañados de explicaciones o sin que se los inserte en proceso argumentativo alguno.
399 Ver Giannini, 1964, p. 129, n. 181.
400 El manuscrito de Heidelberg no solo transmite ambas obras una al lado de la otra, sino
que las trata como si formaran una unidad. Al final de la sección del códice destinada a las obras de Flegón puede leerse: Φλέγοντος Τραλλιανοῦ ἀπελευθέρου Καίσαρος Περὶ θαυμασίων καὶ μακροβίων, texto que sirve de colofón a las dos obras, en lugar de incluir una frase parecida para cada una de ellas, de manera independiente. Algo similar se aprecia en el testimonio de la Suda, pues también recoge los títulos de los dos textos dando idea de que formasen un conjunto unita- rio, aunque el orden en el que se introducen los títulos es distinto en una fuente y en otra (Suid. s.
v. Φλέγων Τραλλιανός: Περὶ μακροβίων καὶ θαυμασίων).
401 Westermann y Keller en sus ediciones optan por no separar las dos obras, mientras que
Jacoby les dedica apartados diferentes a una y a otra, si bien las recoge ambas (ver FGH 257). Ziegler, 1949, col. 1157, a su vez, aunque no se pronuncia acerca de la relación que guarda el Π. μακροβίων con la paradoxografía, se opone a la opinión de Jacoby, quien trata las obras como netamente diferenciadas, mientras que para él hay indicios claros de que ambos textos forman un conjunto unitario, o al menos así han sido entendidos por sus primeros lectores y editores. A pesar de haber sido transmitido por la misma fuente, el Pal. Gr. 398, la discusión no afecta al catálogo de vencedores olímpicos, que las fuentes antiguas tratan siempre como obra independiente de las otras dos. Su relación con la literatura de mirabilia es, además, del todo inexistente: quizá más bien se trate de un texto vinculado con la labor de Flegón como historiógrafo.
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Ciertos contenidos presentes en el Περὶ θαυμασίων, sin embargo, resultan complementarios de los que aparecen tratados en el Περὶ μακροβίων, en espe- cial aquellos que se refieren a comunidades humanas en las que el ciclo vital de
los individuos se desarrolla con una rapidez anómala.402
La distancia temática respecto a lo que es habitual en el género paradoxo- gráfico, pues, no supone por sí sola un argumento fiable a la hora de descartar el catálogo de longevos de entre los representantes de este tipo literario. Se de- be señalar, además, que la paradoxografía experimenta un cambio notable en la obra de Flegón, tanto en los motivos que escoge como en la forma como pre- senta sus materiales, lo que hace difícil la tarea de decidir con suficientes ele- mentos de juicio si el Περὶ μακροβίων debe o no considerarse como un ejem- plo del género, en virtud de los contenidos que ofrece.
El tratado Sobre los longevos de Flegón se puede comparar con otro texto, de mismo título, transmitido dentro del conjunto de obras de Luciano de Samosa- ta, si bien la opinión generalizada es que tal atribución no responde a la reali- dad. Ambas obras, aunque comparten el título y el tema sobre el que tratan, así como la organización en forma de catálogo, son muy diferentes entre sí: mien- tras que el texto de [Luciano] consiste en una serie de breves descripciones de las formas como murieron, en edades muy avanzadas, ciertos grandes persona- jes de la Antigüedad (reyes, políticos, literatos, filósofos, etc.), el de Flegón, en cambio, consiste en una lista escueta de nombres de personas que vivieron más de cien años, clasificados únicamente en función de en cuánto sobrepasaban esta cifra (entre cien y ciento diez años, de ciento diez a ciento veinte, etc., has-
ta los ciento cuarenta años),403 sin que se preste atención, salvo en contadas
ocasiones, a las actividades que desarrollaban durante sus vidas o a las formas como encontraron su fin. Al contrario de lo que sucede en el Pseudoluciano, la lista de Flegón no habla de figuras históricas de relevancia, sino de individuos anónimos, en la mayor parte de los casos desconocidos fuera de la breve refe- rencia del catálogo, y de los que el paradoxógrafo ha tenido noticia a través del
manejo de censos y registros elaborados por las autoridades romanas.404
402 Phleg. 32-33, donde se describen pueblos en los que un ser humano, a los siete años,
puede haber alcanzado la edad adulta, haber engendrado hijos y haber muerto a causa de la vejez, y lugares en los que las mujeres son capaces de dar a luz cumplidos los seis años.
403 Dejando aparte los legendarios ciento cincuenta años de Argantonio (a partir del testi-
monio de Heródoto (Hdt. I.163) y Anacreonte (cfr. Anacr. F. 4 Gentili: Str. III.2.14) y los casi mil de la Sibila Eritrea.
404 Sobre la relación de las informaciones que Flegón recoge con censos elaborados en tiem-
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A tal catálogo no parece corresponder finalidad alguna más allá del deseo de sorprender al lector, del mismo modo que lo hacen las demás entradas de la lista de curiosidades, por lo que no vemos objeción a la hora de considerarlo dentro de los límites del género de la paradoxografía y entenderlo, bien como una sección más de las que integran la obra paradoxográfica del autor de Trales, o quizá con más fundamento como un opúsculo independiente en su origen, yuxtapuesto a posteriori al catálogo de rarezas para formar una unidad más
amplia.405
En cuanto a la temática, de inmediato se observa que del Περὶ θαυμασίων están ausentes aquellos motivos que resultaban casi imprescindibles en los tex- tos paradoxográficos de momentos anteriores: no aparecen fenómenos rela- cionados con la hidrografía, tema que era fundamental en los primeros ejem- plos del género, ni la zoología o la botánica, que demostraban de forma clara la vinculación estrecha que existe entre la literatura de mirabilia y los estudios del Liceo. Ocupan su lugar, sin embargo, relatos acerca de muertos que regresan al mundo de los vivos, anomalías sexuales que rozan lo aberrante, nacimientos de seres humanos monstruosos, hallazgos de huesos gigantescos, etc., que le han valido a la obra de Flegón, por parte de muchos estudiosos modernos, el califi-
cativo de «sensacionalista».406
Los tres relatos «de fantasmas», por otro lado, que encontramos al princi- pio de la obra se salen con mucho de lo habitual en la literatura paradoxográfi- ca, más allá de su contenido, también por motivos de forma, ya que no se pre- sentan como noticias breves o referencias escuetas en las que el hecho extraor- dinario se describe con palabras sencillas y concisas, como sucede en el resto de las obras de paradoxografía que han llegado hasta la actualidad y en el propio
texto de Flegón a partir del capítulo 4.407 Esta vez, por el contrario, el parado-
informaciones acerca de personas de especial longevidad, seguramente obtenidas a partir de las mismas fuentes que Flegón.
405 Así opina Stramaglia, 1995b, p. 192. La independencia originaria de ambas obras queda
probada, según el estudioso italiano, por las variaciones de orden al citar los dos títulos en el Pal.
Gr. 398 y en la mencionada entrada de la Suda.
406 Ver Ziegler, 1949, col. 1158, Giannini, 1964, p. 130, Delcroix, 1996, p. 431, Hansen,
1996, p. 11.
407 Delcroix, 1996, p. 431, señala un cambio de dirección en las características del género para-
doxográfico, definido por un progresivo abandono de la brevedad, en beneficio del elemento narra- tivo. La figura de Flegón, en opinión del autor, tiene en este proceso un valor transicional, ya que en su obra conviven los parádoxa al estilo clásico (en forma de noticias escuetas, a partir de Phleg. 4) con los que responden a esta nueva tendencia (caps. 1-3). Tal interpretación hace innecesaria la «intervención epitomatoria» de la que habla Stramaglia, 1995b, p. 193, y que afectaría a Phleg. 4-35
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xógrafo ha recogido verdaderos relatos, elaborados y complejos, donde además de la narración del fenómeno fuera de lo normal en sí mismo se tratan también los sentimientos cruzados de sus protagonistas, sus reacciones frente al fenó- meno que sucede ante sus ojos, etc. Encontramos, en definitiva, historias que parecen más propias del género de la novela que de la literatura de mirabilia.
La proximidad con la novela es especialmente notable en el caso del primer relato, acerca de los amores furtivos de Filino, muchacha que muere poco des- pués de sus esponsales, y el huésped que sus padres han acogido. Se conserva
un papiro408 de contenido claramente novelesco que centra su trama en las rela-
ciones amorosas de una joven con el fantasma que se le aparece, lo que atesti- gua la presencia de contenidos similares al texto del paradoxógrafo en obras del género.
Este nuevo tipo de paradoxografía, que encuentra en Flegón su único ejemplo, se diferencia también de las características tradicionales de la literatura de mirabilia por el gradual abandono del «aparato científico», con el que los pa- radoxógrafos de etapas anteriores intentaban dotar a sus obras de una aparien- cia de rigor y de credibilidad. Al igual que los paradoxógrafos que le precedie- ron, Flegón toma sus materiales de otras fuentes anteriores, en las que las his-
torias y noticias recogidas obedecían a fines diversos,409 muchas veces perdidos
al quedar estas apartadas de sus contextos originales. El autor, sin embargo, apenas se esfuerza en indicar los nombres de aquellos a quienes debe sus in- formaciones, en la idea de que su autoridad sirva de apoyo a la hora de conce- der crédito a los contenidos que se recogen.
En lugar de recurrir a la dignidad de sus fuentes, Flegón se sirve de otros métodos para dotar de verosimilitud a su obra, de entre los cuales quizá el más
(el autor italiano sigue en ello parcialmente a Musso, 1976, si bien reconoce una clara exageración en las propuestas de su predecesor, quien sostiene que todas las obras del códice son excerpta).
408 P. Mich. inv. 5 = PGM2 XXXIV (Pack2 2636) + P. Lit. Palau. Rib. 26 = P. Palau. Rib.
inv. 152, del siglo II d. C. (ver Stephens-Winkler, 1995, pp. 177, 18-24). Stramaglia, 1995a, p. 217,
entiende esta clase de relaciones entre seres humanos y figuras espectrales como una continua- ción de la línea que parte de los amores míticos de dioses y diosas con mortales. Stephens- Winkler, 1995, p. 178, ad loc., a su vez, señalan una posible vinculación de los «amores ajenos a la lógica» que menciona el papiro (πόσοι δὲ ἄλλοι παραλόγων ἠράσθησαν σωμάτων) con ciertas colecciones atribuidas a Teofrasto y a Clearco, en las que se recogían historias legendarias de amor entre seres humanos y animales. Un estudio detallado del papiro puede encontrarse en Stramaglia, 1991.
409 Se han señalado trasfondos políticos en algunas de las historias recogidas en los relatos
que se encuentran en la primera parte de la obra de Flegón. En cuanto al posible valor de propa- ganda antirromana en el relato contenido en Phleg. 3, ver Gauger, 1980, y acerca del valor políti- co en la historia de Phleg. 2 ver Brisson, 1978.
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destacable sea el que en opinión de Delcroix consiste en «involucrar al lector en
su obra»,410 invitándole a que compruebe por sí mismo la veracidad de lo que
cuenta, a partir de las informaciones que ofrece acerca de dónde puede verificar los datos.
En lo que respecta a la temática elegida por el paradoxógrafo, Ziegler411
afirma que con Flegón hacen su entrada en el género de la paradoxografía toda una serie de temas y motivos que no proceden de la tradición griega, sino que probablemente se les deba suponer una ascendencia romano-etrusca. Tal opi- nión resulta perfectamente acertada en cuanto a los contenidos que se encuen- tran a partir del capítulo 4, relacionados en gran medida con instituciones reli- giosas y prácticas mánticas heredadas por los romanos de la cultura etrusca. Las historias de fantasmas de Phleg. 1-3, sin embargo, resultan algo más difíciles de atribuir a este carácter «romano» de la obra de Flegón.
Aunque los relatos de fantasmas adquieren un notable desarrollo en el ámbito de Roma, la literatura griega conoce historias parecidas desde épocas remotas: ya en los poemas homéricos se pueden encontrar descripciones de figuras fantasmagóricas que se aparecen generalmente a través de sueños, y advierten a los vivos acerca de lo que les depara el destino, o les alertan de las consecuencias que acarrearán sus actos. Un ejemplo claro podría verse en la
Ilíada, con la aparición en sueños del fantasma de Patroclo, que pide a Aquiles
que celebre cuanto antes sus funerales, además de pronosticarle su cercana
muerte, también junto a las murallas de Troya.412 La tragedia ática, heredera de
esta tradición, ofrece asimismo ciertos ejemplos de relatos de apariciones, en los que de nuevo las almas de los muertos se presentan ante quienes aún viven
410 Delcroix, 1996, p. 432: «Involving the reader in his work.» El ejemplo más claro es la
apelación al lector en Phleg. 35 para que, si no da crédito a lo que lee, acuda a las despensas im- periales de Roma para comprobar la presencia del centauro embalsamado del que el texto habla.
411 1949, col. 1159.
412 Il. XXIII, 62 ss. También se aparece de este modo el fantasma de Héctor (Verg. Aen.
II.270-95), que pronostica a Eneas, en sueños, la futura caída de Troya. En la literatura latina se encuentra un curioso testimonio en la comedia de Plauto (Plaut. Mos. 493), donde, cuando uno de los personajes pregunta a su interlocutor, que le está relatando cómo su hijo entró en contacto con el espíritu que mantiene encantada su casa, si el fantasma se le apareció en sueños, recibe la respuesta: Mirum quin vigilanti diceret («sería asombroso si te dijera que se le apareció despierto»). Román Bravo, 1995, pp. 158-159, considera lo más probable que la historia recogida por Plauto responda a modelos griegos, quizá contenidos en las comedias tituladas Φάσμα que se atribuyen a Menandro, Filemón y Teogneto. Según Stramaglia, 1999, pp. 21-22, los fantasmas que se pre- sentan espontáneamente (sin haber sido invocados) pueden hacerlo tanto en sueños como en estado de vigilia. Los primeros tienen un carácter menos temible y peligroso, pero quedan a me- nudo sujetos a las formas como las distintas escuelas de pensamiento han entendido la naturaleza de los sueños.
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para juzgar sus actos y recriminarles por los errores cometidos o que están a
punto de cometer.413
Las figuras fantasmagóricas están, pues, bien atestiguadas en la tradición griega, lo que permite afirmar que los capítulos 1-3 de la obra de Flegón se mantienen conectados con ella. Se observa, sin embargo, una importante dife- rencia entre los fantasmas «tradicionales» y los que Flegón describe: mientras que aquellos se aparecen en todo momento al modo de fantasmas «incorpó-
reos»,414 de verdaderos espectros inmateriales, que regresan del más allá para
esgrimir ante los vivos una sabiduría sobrenatural, los personajes que vuelven de la tumba en la obra de Flegón, por el contrario, se apartan de esta tendencia
y comparten el hecho de retornar a la vida en forma corpórea.415 Filino,416 la
muchacha que protagoniza el primero de los relatos que conservamos, abando-
na su tumba para acudir a sus furtivos encuentros amorosos con el huésped417
que sus padres han acogido en la casa familiar y, cuando la curiosidad418 de los
parientes rompe el milagro que hacía posible su regreso del mundo de los muertos, la vida abandona el cuerpo de la joven, que se convierte de nuevo en
413 El caso más claro es el de A. Pers. 680 ss., esp. 739-743 y 796-820.
414 Especialmente relevante, en este contexto, es el pasaje de Od. XI.204-222, en el que el ca-
rácter incorpóreo de los espectros de Homero aparece con claridad cuando el héroe intenta abra- zar a su madre, pero asta se escapa al modo que lo haría una sombra.
415 Comparten, asimsimo, esta característica con los fantasmas de los que se habla en Luc. Philops. 27, Apul. Met. IX.30 y Procl. In. R. II. p. 116 Kroll, según hace notar Ogden, 2001, p. 220.
El texto de Proclo se refiere, con todo, a la misma historia de Filino que recoge Flegón. Más adelante se volverá sobre la relación entre ambos textos.
416 Es bastante probable que tras los personajes que intervienen en el relato se oculten figu-
ras históricas reales, que reciben en el texto un tratamiento de ficción. Stramaglia, 1995a, p. 219, n. 10, siguiendo a Rohde («Zu den Mirabilia des Phlegon», Rhein. Mus. 32, 1877, p. 339, citado en