ESTUDIO CRITICO
II. PARALELOS DE LOS OBJETOS DEL AJUAR.
Dentro del conjunto de ajuares de los sepulcros megalíticos de l a zona occidental de la Península Ibérica, el ajuar obtenido en esta excavación es típico de los habituales en sepulcros de cúpula.
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FIG. 13—Distribución de los materiales encontrados en el interior de la cámara del «tholos» de E L MORO. (LOS números corresponden a los del inventario.)
Hemos de señalar que sólo un objeto de adorno fue encontrado en esta sepultura. Se trata de un pequeño cono truncado, de obsidiana (nú- mero 1, Inv. 44), cuyo uso como colgante de adorno sin perforar se nos aparece como posible. Es corriente en los sepulcros de cúpula occidenta- les la casi total ausencia de objetos de adorno (3).
Las puntas de flecha de base cóncava son frecuentes en la cultura megalítica occidental y típicas de los sepulcros de cúpula de la región de Huelva. En Los Millares parecen caracterizar las etapas m á s antiguas. También se ha señalado su presencia desde el neolítico inicial en la Cueva de Nerja (Málaga) (4) y en pleno neolítico en la región de Granada (5). El prototipo formal de estas puntas de flecha, de base cóncava y aletas levemente inflexionadas al interior, lo encontramos ya en el neolítico egipcio como elemento habitual desde Fayun A (6). Su existencia se en- cuentra documentada en el micénico medio (7).
Las puntas de flecha procedentes de esta sepultura, foliáceas y astilla- bles, nos parece lógico suponer tuvieran un significado ritual. Tipológica- mente deben incluirse en el tipo 9 de Leisner.
Hachas de fibrolita análogas a la núm. 6 (Inv. 36) son frecuentes en el eneolítico portugués. En la región de Huelva encontramos su paralelo en El Pozuelo V (8). Las hachas de anfibolita (núm. 7 y 8, Inv. 38 y 42), poco pulidas, de superficie granosa casi sin desbastar, pero con buen filo, pa- rece ser elemento de tradición neolítica (9). La más larga (núm. 42) pare- ce m á s bien un buril; es forma típica en Huelva y puede haber estado relacionada con la minería (10).
En la serie de 14 cuchillos de la sepultura excavada sólo un cuchillo (núm. 10, Inv. 5) aparece sin retoque y parece responder a la tradición neolítica (11). Los descritos con los números 9, 12, 13, 14, 16, 18, 19, 20, 21 y 22 presentan retoques marginales de distintas características y son propios de los sepulcros de cúpula (12). La existencia de un cuchillo de piedra caliza (núm. 11) y otro de arenisca (núm. 17), cuyo uso práctico no nos parece posible, apoya la teoría de que deben tratarse de objetos de uso ritual.
(3) C. CERDÁN MÁRQUEZ y G . y V . L E I S N E R : LOS sepulcros megalíticos de Huelva.
«Inf. y Mem.», n ú m . 26, Madrid, 1952, p á g . 83.
(4) M . PELLICER: Estratigrafía prehistórica de la Cueva de Nerja. «Exc. Arq. en E s p a ñ a » , 16, Madrid, 1962, p á g . 38.
(5) M . PELLICER: El neolítico y el bronce de la Cueva de La Cargúela de Pinar (Granada). « T r a b a j o s de P r e h i s t o r i a » , X V , Madrid, 1964, p á g . 13.—M. TARRADELL: Para una revisión de las cuevas neolíticas del litoral andaluz. VIII Congreso Nacio- nal de A r q u e o l o g í a , Sevilla, 1963; Zaragoza, 1964, p á g . 162.
(6) G . CATÓN THOMPSON y E . W. GARDNER: The desert Fayum 1934.—O. M E N G H I N : Weltgeschichte der Steinzeit, Viena, 1940.—O. M E N Ü H I N : El origen del pueblo egip- cio. «Ampurias», IV. Barcelona, 1952, pág. 32 y ss.
(7) G . K A R O : Die Schachtgrüber von Mykenai. M ü n c h e n , 1930. L á m . C L , pági- nas 208-209.
(8) C. CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., L á m . X X I I , 8, p á g . 69. (9) C. CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 67.
(10) C. CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 67. (11) C. CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 64. (12) C. CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g s . 105 y ss.
La alabarda de sílex encontrada (núm. 23) es análoga al tipo de las halladas en La Zarcita (Huelva).
Elemento destacable es el sílex triangular (núm. 24, Inv. 13), cuyos pa- ralelos más cercanos hemos de buscar en la cultura megalítica portugue- sa (13).
Sobre la bola irregular (núm. 25) hemos de señalar que se han encon- trado ejemplares parecidos en dólmenes extremeños, ignorándose su uso y significado (14).
Siguiendo la clasificación establecida por G. y V. Leisner para las cerá- micas de la cultura megalítica, obtenemos la siguiente visión de los ma- teriales cerámicos de esta sepultura:
Un solo ejemplar correspondiente al grupo 1, el vaso núm. 51 (Inv. 59), cuya forma consideran prototipo de las cerámicas de las sepulturas mega- líticas y de tradición neolítica (15).
Los vasos que pueden considerarse variantes del grupo 4 serían los números 36, 48,49, 51, 55, 57 (Inv. 16, 29B, 29b, 32, 46, 48). E l vaso núm. 36,
cerámica a la almagra, correspondería al tipo cerámico B2, cuyo origen oriental ha sido señalado, y cuya cronología para la Península Ibérica debe ser posterior al 2.000 a J. C. (16). Los vasos núms. 48 y 55 corres- ponden al tipo cerámico B3, cuyos caracteres de buena cocción, homo- geneidad, dureza y relativo escaso grosor cerámico, constituyen las notas distintivas de esta clase de cerámica y que se dan en los vasos citados, aunque su barro presenta coloración gris en vez de roja, denominador común de la serie B. Creemos que la coloración roja, distintivo de la serie, es accesoria y accidental en el tipo B3, pues incluso los Leisner no han dudado en encuadrar en este tipo cerámicas de color gris (17). Esta clase de cerámica es considerada por los autores citados como originaria de técnicas orientales, apuntando la existencia de paralelos en Chipre (18). Los vasos núms. 28 y 29 constituyen variantes del grupo 5; la calidad cerámica del núm. 28 correspondería también al tipo B3, con las mismas características de los reseñados anteriormente. E l vaso núm. 29 responde esencialmente a la forma incluible en el grupo 5, pero su calidad cerámica es muy distinta, de barro mal cocido y de factura astillada.
Un solo ejemplar se aproxima a las formas del grupo 7, también con- siderado por los Leisner prototipo de las cerámicas de las sepulturas rae- galíticas: el núm. 39 (Inv. 21C).
Como variantes que cabría incluir en el grupo 8 serían los vasos núme- (13) G. y V . L E I S N E R : Die Megalithgr'áber der Iberischen Halbinsel. B e r l í n , 1959. Cuadro 5, 1 y 2. Tafel 8.—V. L E I S N E R : Die Megalithgraber... B e r l í n , 1965. Tafel 122, 57, 131 y 159.
(14) M . ALMAGRO: Excavaciones en el dolmen de La Pizarrilla, Jerez de los Caba- lleros (Badajoz). Trabajos de Prehistoria del Seminario de Historia Primitiva del Hombre, de la Universidad de Madrid y del Instituto E s p a ñ o l de Prehistoria del CSIC. X . Madrid, 1963, p á g . 31 y fig. 19.
(15) C. CERDAN y G. y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 91. (16) M . ALMAGRO y A . A R R I B A S : Ob. cit., p á g . 234. (17) C CERDÁN y G. y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 119. (18) C CERDÁN y G. y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g s . 96 y 97.
ros 33, 35, 38, 40, 47 y 56 (Inv. 10, 12, 21A, 21D, 29A, 47). Las formas de dicho grupo se consideran propias de la etapa metalúrgica plena (19).
El vaso núm. 58 (Inv. 49) ofrece características de tipo argárico, con lo que obtenemos un indicio cronológico más bien tardío.
El vaso núm. 44 (Inv. 25) es forma única en las cerámicas de la cultura megalítica de la región de Huelva. Vasos triples y cuádruples aparecen en Los Millares (20) y Almizaraque (21), aunque con aspecto m á s tosco que este gracioso ejemplar, que presenta una planta de trébol bastante per- fecta. Su calidad cerámica correspondería al tipo B4 si prescindimos del color rojizo característico de este grupo, pues su barro, ceniciento y de coloración desigual, estaba recubierto de una finísima capa negruzca a modo de engobe mate. Esta forma cerámica se extiende en ambientes cul- turales muy distintos y alejados cronológicamente, como en las culturas
de Platenitz (22) y Luzianky (23), y también entre los incineradores proto- históricos del NE. de la Península Ibérica (24). Probablemente se deriva de modelos orientales muy antiguos, debiendo señalarse el prototipo de vasos triples y cuádruples hacia el segundo milenio en Asia Menor (25) y Chipre (26).
El vaso núm. 46 (Inv. 27B) es también forma única en la zona de Huelva, aunque recientemente se ha encontrado un ejemplar muy análogo en el yacimiento del Cerro de San Benito, Lebrija (Sevilla), correspondien- te a este mismo horizonte cultural (27).
Otra forma única es la ofrecida por el vaso núm. 34 (Inv. 11), muy análogo a un vaso procedente de La Zarcita (28), que también presenta forma alargada y estrecha, perfil bitroncocónico y cuatro asas, en lo que difieren esencialmente, pues las asas del vaso de La Zarcita recuerdan prótomos de animales muy esquematizados, mientras en el vaso de E l Moro las asas colocadas en la misma posición se reducen a unas pequeñas protuberancias horadadas horizontalmente. Para el vaso de La Zarcita no hay ningún paralelo en la Península Ibérica (29). La clase cerámica
(19) G . y V . L E I S N E R : Die Megalithgraber, p á g . 517. (20) G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., Tafel 154, 5.
(21) L . SIRET : Orientaux et occidentaux en Espagne. Lovaina, 1906. Planche V I , n ú m e r o 8.
(22) O . M E N G H I N : Einfürung in die Urgeschichte Bóhmens und Mdhrens. Ans- tatlt für Sudetendeutsche Heimatsjorschung. Vorgeschichtliche Abteilung, Reichen- berg, 1926. Heft 1, p á g s . 37 y ss.
(23) BOHUSLAV NOVOTNY: Pociatky vytvarného prejavu na Slovensku. 1958, fi- gura 23, p á g s . 158-159; BOHUSLAV NOVOTNY: Luzianska skupina a pociatky mal'ovanej keramiky na slovensku. Bratislava, 1962, t. X X V I , fig. 2.
(24) M . ALMAGRO: Las necrópolis de Ampurias. «Monografías a m p u r i t a n a s » , III. Barcelona, 1955. Vol. II, p á g . 352.
(25) S C H A E F F E R : Stratigraphie comparée et chronologie de l'Asie Occidentale. Oxford, 1948.
(26) S C H A E F F E R : Ob. cit., p á g . 338.
(27) C . FERNÁNDEZ C H I C A R R O : Catálogo de la Exposición de Arqueología cele- brada en Sevilla con motivo del VIII Congreso Nacional de Arqueología Sevilla- Málaga, 1963, Zaragoza, 1964, p á g . 101 y l á m . 3.
(28) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., l á m . X X X V , 3. (29) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 119.
en ambos vasos es del tipo B3, que como ya se ha indicado parece téc- nica originaria de Chipre.
La abundancia de formas de platos es una característica constante en la cultura megalítica occidental.
Todos los platos de esta sepultura, al igual que la mayoría de los de esta región, por el lado exterior son groseros y bastos, casi sin trabajar y aproximándose a la forma de cuenco. Pueden incluirse en el tipo cerá- mico B5, de Leisner.
C O N C L U S I O N E S
La sepultura excavada por nosotros viene a aumentar el número de cincuenta sepulcros y grupos de sepulcros correspondientes a la cultura megalítica inventariados por C. Cerdán en la provincia de Huelva (30), a los que debemos añadir la Cueva de la Mora (Jabugo) incluida por los Leisner en su monumental obra (31) con el núm. 51. La estructura que hoy damos a conocer completa, con el núm. 52, los sepulcros del Bron- ce I hispánico hasta hoy catalogados en dicha provincia.
Arquitectónicamente se trata de una construcción que conserva una pequeña galería y cuya cámara semicircular se cubría con falsa cúpula, según hemos descrito anteriormente, y emplazada en la parte más alta de una colina. Al igual que las demás sepulturas tipo «tholos» de la región de Huelva, su situación corresponde a una zona agrícola de fácil accesibi- lidad por vía fluvial, hecho señalado para este género de construcciones por C. Cerdán y G. y V. Leisner (32) y que, junto con las especialidades cerámicas que ofrecen los ajuares de los sepulcros de cúpula onubenses, con gran variedad y abundancia de formas y tipos, nos ofrecen una base de diferenciación cultural con respecto al ambiente representado por las construcciones megalíticas sin cúpula, cuyos tipos, en la región de Huelva, adoptan una gran variedad y complicación de plantas arquitectónicas que nos ponen en relación con el mundo megalítico atlántico (33).
(30) C. CERDÁN: LOS sepulcros megalíticos de Huelva. II Congreso A r q u e o l ó g i c o Nacional, Madrid, 1952, p á g s . 161 y ss.
(31) G . y V . L E I S N E R : Die Megalithgráber... Berlín, 1959.
(32) C CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g s . 98 y ss.
(33) E . M A C W H I T E : Estudios sobre las relaciones atlánticas de la Península Hispánica en la Edad del Bronce, Madrid, 1951, p á g s . 22 y s s .—GLYN DANIEL: The megalith Builders of Western Europe. London, 1958.
No es nuestro propósito abordar aquí los problemas cronológicos y culturales planteados, aunque sí debemos señalar que este abigarramiento y complejidad cultural reflejado por las plantas arquitectónicas y ajuares de las sepulturas del Bronce I Hispano en el SO. peninsular, debe ser re- flejo de intensas relaciones con distintos mundos culturales. G. y V. Leis- ner han formulado su tesis de que la zona minera de la región de Huelva constituye un punto de convergencia de diferentes corrientes cul- turales que han ejercido su influencia sobre los pueblos indígenas, modi- ficando radicalmente su vida y su cultura (34).
Los paralelos directos señalados por M. Almagro y A. Arribas para la arquitectura y otros elementos de la cultura megalítica en el círculo egeo cicládico (35) viene a concordar con lo establecido por G. y V. Leis- ner para ciertas formas cerámicas procedentes de este horizonte cultu- ral (36) y el origen chipriota de la cerámica tipo B3 (37).
La variedad de formas y tipos cerámicos de los ajuares de los sepul- cros de cúpula de la región de Huelva puede ser debida a unas relacio- nes más directas con los focos originarios de esta cultura, cuya recepción puede haber tenido lugar sin la mediación de los focos del SE. Aún cabría considerar que los sepulcros de cúpula del SO. español representen una etapa m á s tardía de la colonización megalítica, como podría deducirse en base a las formas cerámicas más variadas y evolucionadas propias de los sepulcros tipo «tholos» del SO. Hasta tanto no se establezca una cronología de las formas y tipos cerámicos de esta etapa, lo único que parece seguro es la evidente diferencia cultural que representan en la región de Huelva los sepulcros de cúpula con respecto a las estructuras megalíticas.
La cronología para la sepultura por nosotros excavada la podemos establecer en fecha posterior al 1500 a. J. C. en base al hallazgo de un vaso de tipo argárico (núm. 58, Inv. 49) en el ajuar de la sepultura, lo que nos ofrece un cierto indicio para establecerla. Aunque probablemente es- tas sepulturas tuvieron una larga utilización, en el caso de este «tholos», dado el escaso número de inhumaciones encontradas (deducimos que por los escasos restos óseos los individuos depositados en la cámara no debie- ron exceder de 4), es lógico pensar que se utilizó durante poco tiempo,
por lo que este indicio cronológico ofrece el mayor interés. Podemos suponer que el vaso de tipo argárico corresponde a una de las últimas inhumaciones, dado que fue hallado en el interior del vaso núm. 26 (Inv. 1), formando parte del ajuar correspondiente a los restos óseos in- ventariados con el núm. 20 colocados a la entrada de la cámara, obstru- yendo, en parte, la entrada a la misma desde el corredor.
La deposición de los cadáveres, apoyados o junto a la pared, con par- te de los ajuares funerarios sobre las rodillas o entre las piernas, parece deducible de lo observado con respecto a la colocación de los referidos restos inventariados con el núm. 20 (restos de fémures y parte de una
(34) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 64. (35) M . ALMAGRO y A . A R R I B A S : Ob. cit., p á g s . 203 y ss. (36) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., pág. 116. (37) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 96.
mandíbula) situados en el mismo fondo de la cámara a 1,20 m. de pro- fundidad, mientras que el vaso núm. 26 (Inv. 1), que contenía en su inte- rior el núm. 58 (Inv. 49 IB), fueron hallados inmediatamente encima de los restos óseos a unos 0,90 m. de profundidad. Si suponemos que el ca- dáver estuviera apoyado contra la pared en la forma antes indicada, al sobrevenir el desplome de la cúpula se produjo la separación de la cabeza del tronco del individuo, quedando el fragmento correspondiente al ma- xilar inferior caído en el suelo, entre los fémures. La acidez del suelo, producida por la ausencia de fosfatos, ha sido causa de la mala conserva- ción de los restos óseos, pero a juzgar por el número de fragmentos de cráneos y huesos grandes encontrados-, los individuos inhumados en la cámara, todos adultos, no debían exceder de cuatro. Los cadáveres pare- cen haber sido dispuestos alrededor de la cámara en la posición antes dicha, ya que las agrupaciones óseas aparecen normalmente en grupos regulares cerca de las paredes de la cámara, precisamente junto o entre los ajuares. E l fragmento de cráneo y maxilar, relativamente bien con- servado e inventariado con el núm. 19 (Fig. 13) apareció a sólo 0,70 m. de profundidad, lo que parece confirmar lo antes dicho sobre la posición de los cadáveres. E l resto de los elementos óseos pertenecientes a este individuo estaban reducidos a polvo, o desaparecidos, por lo que no ha sido posible realizar observaciones m á s precisas.
El hecho del relativamente escaso número de inhumaciones en los se- pulcros occidentales ha sido señalado por G. y V. Leisner. Estos sepulcros del SO. en ningún momento se nos aparecen como los grandes osarios propios de la cultura de Los Millares (38), por lo que el rito de inhuma- ción colectiva se nos aparece distinto en esta región.
Al igual que en la sepultura de cúpula de La Zarcita (Huelva) algunos grupos cerámicos se encontraron apilados (39), los vasos m á s pequeños dentro de los mayores y algunos cuchillos líticos entre los mismos (40).
Otros objetos aparecen colocados sobre el suelo de la cámara y junto a la pared. En la parte central de la cámara y al pie de los ortostatos nú- meros 10, 11 y 12 aparecieron los objetos en confuso montón, que supo- nemos fueron dispersados al derrumbarse la cúpula sobre la cámara y ajuares, aunque no descartamos tampoco la posibilidad de un saqueo en busca de metal en época no lejana a la de la erección del monumento. Por testimonios orales recogidos, parece ser que en el corredor del se- pulcro se encontraron algunos huesos, lo que podría ser indicio de inhu- maciones en la galería. También se recogieron en el corredor, antes de iniciar nuestra excavación, dos ollitas, que no se han podido recuperar, y fragmentos de un cuenco.
Con la excavación de este monumento que afortunadamente pudimos encontrar en parte todavía sin saquear, cosa nada frecuente en este gé- nero de sepulturas, queremos aportar nuestras observaciones que con- tribuyan en su día a esclarecer la serie de problemas en torno a esta larga etapa de la prehistoria peninsular.
(38) M . ALMAGRO y A . A R R I B A S : Ob. cit., p á g s . 172 y ss. (39) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g s . 27 y ss. (40) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g s . 121 y ss.
L A M I N A I 1 y 2.—Estad o de l corredor , y a removido , ante s d e comenza r l a excavación , y d e l a cámar a a l inici o d e l a misma . 3 y 4.—Cúpul ; de l «tholos» , derrumbad a haci a e l interio r d e l a cámar a y piedra s qu e l a componían .
L A M I N A III