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EXCAVACIONES EN NIEBLA (Huelva) El "triólos" de "El Moro"

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E X C A V A C I O N E S A R Q U E O L O G I C A S E N E S P A Ñ A

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E X C A V A C I O N E S E N N I E B L A

(Huelva)

El "triólos" de " E l Moro"

Financiadas por el Excmo. Ayuntamiento de Niebla y la Sociedad Onubense de A r q u e o l o g í a

Memoria redactada por

Juan Pedro Garrido Roiz y Elena M .

a

Orta García

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RECIENTES PUBLICACIONES DE LA INSPECCION GENERAL DE EXCAVACIONES ARQUEOLOGICAS

EXCAVACIONES ARQUEOLOGICAS EN ESPAÑA

1. LANCIA, por FRANCISCO JORDÁ CERDA.

2. HERRERA DE PISUERGA, por A . GARCÍA Y BELLIDO, A . FERNÁNDEZ DE AVILES, ALBERTO BALIL Y MARCELO VICIL.

3. MEGALITOS DE EXTREMADURA, por MARTÍN ALMACRO BASCH. 4. MEGALITOS D E EXTREMADURA (Ll), por MARTÍN ALMACRO BASCH. 5. TOSSAL DEL MORO, por JUAN MALUQUER DE MOTES.

6. AITZBITARTE, por JOSÉ MIGUEL DE BARANDIARÁN. 7. SANTIMAMLÑE, por JOSÉ MICUEL DE BARANDIARÁN. 8. L A ALCUDIA, por ALEJANDRO RAMOS FOLQUES. 9. AMPURIAS, por MARTÍN ALMAGRO BASCH.

10. TORRALBA, por F . C HOWELL, W . BUTZER y E . ACUIRRE. 11. LAS NECROPOLIS D E MERIDA, por ANTONIO GARCÍA Y BELLIDO.

12. CERRO DEL REAL (GALERA), por MANUEL PELLICER y WILHELM SCHÜLE.

13. LAS FORTIFICACIONES DEL MONTGO, CERCA DE DENLA (ALICANTE), por HER-MANFRID SCHUBART, DOMINCO FLETCHER VALLS Y JOSÉ OLIVER Y DE CÁRDENAS.

14. NECROPOLIS Y CUEVAS ARTIFICIALES DE S'ON SUNYER (PALMA DE MALLOR-CA), por GUILLERMO ROSSELLÓ BORDOY.

15. EXCAVACION ES EN "ES VLNCLE VELL" (PALMA DE MALLORCA), por GUILLERMO ROSSELLÓ BORDOY.

16. ESTRATIGRAFIA PREHISTORICA DE L A CUEVA DE NERJA, por MANUEL PELLICER CATALÁN.

17. EXCAVACIONES EN LA NECROPOLIS PUNICA "LAURITA", D E L CERRO DE SAN CRISTOBAL (ALMUÑECAR, GRANADA), por MANUEL PELLICER CATALÁN.

18. INFORME PRELIMINAR SOBRE LOS TRABAJOS REALIZADOS EN CENTCELLES, por HELMUT SCHLUNK Y THEODOR HAUSCHILD.

19. LA VILLA Y E L MAUSOLEO ROMANOS DE SADABA, por ANTONIO GARCÍA y BELLIDO. 20. EXCAVACIONES EN SEPULCROS MEGALITICOS DE VALDOSERA (QUEROL,

TA-RRAGONA), por JUAN MALUQUER DE MOTES, P . GIRÓ y J . M . MASACHS. 21. CUEVA DE LAS CHIMENEAS, por JOAQUÍN GONZÁLEZ ECHECARAY.

22. E L CASTELLAR (VILLAJIMENA, P A L E N CIA), por M . A . GARCÍA GUINEA, P . JOAQUÍN GONZÁLEZ ECHECARAY y BENITO MADARIACA DE LA CAMPA.

23. UNA CUEVA SEPULCRAL DEL BARRANCO DEL AGUA DE DIOS, EN TEGUESTE (TENERIFE), por Luis DIECO CUSCOY.

24. LA NECROPOLIS DE "SON REAL" y la "ILLA DELS PORROS", por MIGUEL TARRADELL. 25. POBLADO IBERICO DE E L MACALON (ALBACETE), por M . A GARCÍA GUINEA y

J . A . SAN MIGUEL RUIZ.

26. CUEVA D E L A CHORA (SANTANDER), por P . J . GONZÁLEZ ECHECARAY, Dr. M . A . GAR-CÍA GUINEA, A . BECINES RAMÍREZ (Estudio Arqueológico); y B . MADARIACA DE LA CAMPA (Estudio Paleontológico).

27. EXCAVACIONES EN LA PALAIAPOLIS DE AMPURIAS, por MARTÍN ALMACRO. 28. POBLADO PRERROMANO DE SAN MIGUEL VALRROMANES (MONTORNES,

BAR-CELONA), por E . RIPOLL PERELLÓ, J . BARBERA FARRAS y L . MONREAL ACUSTÍ. 29. FUENTES TAMARICAS, VELILLA DEL RIO CARRION (PALENCIA), por ANTONIO

GAR-CÍA BELLIDO y AUGUSTO FERNÁNDEZ DE AVILES.

30. E L POBLADO IBERICO DE ILDURO, por MARIANO RIBAS BERTRÁN.

31. LAS GANDARAS DE BUDINO, PORRINO (PONTEVEDRA), por EMILIANO ACUIRRE. 32. EXCAVACIONES EN L A NECROPOLIS DE SAN JUAN DE BAÑOS (PALENCIA), por

PEDRO DE PALOL.

33. EXCAVACIONES E N L A VILLA ROMANA D E L "CERCADO D E SAN ISIDRO", DUEÑAS (PALENCIA), por el RVDO. D. RAMÓN RKVILLA VIELVA, ILMO. SR. D . PEDRO DI PALOL SALELLAS y D. ANTONIO CUADROS SALAS.

3 4 CAPARRA (CACERES), por J . M . BLÁZQUEZ.

35. EXCAVACIONES EN E L CONJUNTO TALAYOTTCO DE SON OMS (Palma de Mallorca, Isla de Mallorca), por GUILLERMO ROSSELLÓ BORDOY.

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E X C A V A C I O N E S E N N I E B L A

(Huelva)

El "tholos" de " E l Moro"

Financiadas por el Excmo. Ayuntamiento de Niebla y la Sociedad Onubense de A r q u e o l o g í a

Memoria redactada por

Juan Pedro Garrido Roiz y Elena M .

a

Orta García

M I N I S T E R I O D E E D U C A C I O N Y C I E N C I A . D I R E C C I O N G E N E R A L D E B E L L A S A R T E S S E R V I C I O N A C I O N A L D E E X C A V A C I O N E S A R Q U E O L O G I C A S

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INSPECCION G E N E R A L D E EXCAVACIONES ARQUEOLOGICAS D E L E G A C I O N D E ZONA D E L DISTRITO UNIVERSITARIO D E SEVILLA

EXCAVACIONES E N NIEBLA (HUELVA) «Tholos» de «El Moro»

Autorizadas por Orden de 23 de abril de 1965.

Financiadas por el Excmo. Ayuntamiento de Niebla y la Sociedad Onubense de Arqueología.

DIRECTOR : JUAN PEDRO GARRIDO ROIZ. DIRECTOR ADJUNTO : E L E N A M .a ORTA GARCÍA.

COLABORADORES : W A L T E R BERBEY y FRANCISCO JÓSE HERRERO.

El material se depositó en la Colección Arqueológica Municipal de Niebla.

Depósito legal: M . 5.358-1967.

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I

SITUACION Y EMPLAZAMIENTO D E L «THOLOS» D E «EL MORO». CIRCUNSTANCIAS D E L HALLAZGO

Se encuentra esta construcción en el término municipal de Niebla (Huelva), a cuatro Km. al occidente de esta amurallada ciudad, antigua capital de los Mahofft, lugar estratégico, llave de E l Condado, vado del río Tinto, donde confluyen los caminos que desde la cuenca minera y de las fértiles tierras de Él Condado conducen al estuario del Tinto-Odiel y en el lugar conocido por «El Moro» o «Arroyo del Moro», afluente por la derecha del río Tinto. Está situado este monumento sobre una peque-ña elevación que domina una huerta regada por el citado arroyo, en terrenos propiedad del vecino de Niebla, Pedro Vizcaíno, sito entre la carretera nacional Madrid-Huelva (km. 616) y la línea de los ferrocarriles Sevilla-Huelva (km. 84) y Río Tinto-Huelva (Fig. 1). Se llega hasta el mismo fácilmente, tomando una vereda que parte precisamente del ki-lómetro 616 de la citada carretera nacional, en el punto en que ésta pasa sobre el llamado «Arroyo del Moro» y lleva hasta las proximidades del «tholos», fácilmente destacable en la parte m á s alta de unas tierras de-dicadas al cultivo de cereales (Fig. 2).

La existencia de esta sepultura nos fue dada a conocer por el vecino de Niebla, Manuel Barrera, quien ya había participado en excavacio-nes realizadas por la extinguida Escuela Anglo-Hispano-Americana de Arqueología radicada en Niebla desde 1914.

Fue examinado por nosotros en la primavera de 1962, y comprobamos que el corredor había sido excavado parcialmente por curiosos o

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busca-dores de tesoros. E l t ú m u l o , situado en la parte m á s alta de la colina, emergía sobre las espigas a ú n verdes, no pudiendo precisarse la forma primitiva, pues la acción de las lluvias y arados dejaron ú n i c a m e n t e las tierras que r e c u b r í a n el corredor y la c á m a r a , iniciándose desde aquí el

FIG. 1.—Mapa de situación del «tholos» de E L MORO y la ciudad de Niebla en el SW. de España.

declive del terreno. E l corredor, que daba entrada a la c á m a r a , orien-taba su entrada hacia el E . - N E . ( L á m . I, 1); lo formaban ortostatos de pizarras silúricas y gruesos bloques de piedra arenisca de color mo-rado, denominados en la localidad «asperón», que h a b í a n sido deja-das al descubierto al removerse las tierras por buscadores de tesoros o curiosidades, como antes hemos indicado.

Visto el interés que ofrecía por la posibilidad de que no hubiera sido removido en la parte de la c á m a r a y los deseos de las autoridades de Nie-bla de que se realizaran estas excavaciones, comenzamos los trabajos, que hoy damos a conocer en esta Memoria, en julio de 1965.

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FIG . 2.—Situació n topográfic a de l «tholos » e n la s proximidade s de l arroy o d e E L MORO , e n l a marge n derech a de l río Tint o términ o municipa l d e Niebl a (Huelva ) y n o lejo s de l conocid o «Dolme n d e Soto» , qu e aparec e indicad o e n e l ángul o superio r izquierd o (Escal a 1:25.000) .

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Antes de comenzar la descripción de los trabajos de excavación rea-lizados y de los objetos encontrados en la misma, hemos de hacer pú-blico nuestro agradecimiento a cuantas personas y entidades han inter-venido y han hecho posible la realización de esta tarea. En primer lugar, al Excmo. Ayuntamiento de Niebla y a su Alcalde, D. Manuel Molina García; a la Sociedad Onubense de Arqueología; a la Comisión Pro-Monumentos Artísticos e Históricos de la Ciudad de Niebla y, en espe-cial, a su Secretario, D. Ramón Ortega Egurrola; al Conservador de las Murallas y Castillo de Niebla, D. Manuel Rite del Río; a D. Francisco Herrero, de Huelva, a cuya amabilidad debemos gran parte de las foto-grafías que ilustran este trabajo y al propietario del terreno, Sr. Vizcaí-no, quienes en todo momento nos dieron las mayores facilidades y prestaron su ayuda.

En los trabajos de campo colaboraron, como ayudantes, el Sr. Walter Berbey, de nacionalidad panameña, alumno del Seminario de Historia Primitiva del Hombre, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Univer-sidad de Madrid, y los estudiantes Francisco José Herrero y Ramón Ro-ger; asimismo, debemos destacar la labor eficaz de los obreros Manuel Barrera y José Becerril.

La restauración de los objetos, comenzada al pie mismo de la exca-vación, ha sido realizada por D." Elena María Orta, Profesor Ayudante de Prehistoria de la Universidad de Madrid. Los materiales, procedentes de la excavación, quedaron depositados en la Colección Arqueológica Mu-nicipal de Niebla.

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II

LA EXCAVACION. E L MONUMENTO.

Una vez obtenida la correspondiente autorización de la Dirección Ge-neral de Bellas Artes y disponiendo de los medios económicos ofrecidos por el Ayuntamiento de Niebla y la Sociedad Onubense de Arqueología, nos desplazamos al lugar de «El Moro» a principios del mes de julio de 1965, encontrando totalmente excavado el corredor e iniciada la re-moción de tierras, en parte, de la cámara, obra, sin duda, de nuevos bus-cadores de tesoros o curiosos; faltaban algunos de los ortostatos que formaban las paredes del corredor, así como la techumbre del mismo, habiéndose utilizado éstos (lajas de pizarras silúricas y piedra «asperón») en el refuerzo de un pequeño dique de una torrentera próxima.

Iniciamos la excavación de la cámara el día 5 de julio, concluyendo el 19 del mismo mes.

En principio se procedió a limpiar el terreno, despejándolo de hier-bas y palmitos que habían crecido sobre la cámara (único lugar del te-rreno no roturado por el arado), lo que la ha protegido de destrucción ocasionadas por trabajos de labor e inexpertas remociones de curio-sos, dada la dificultad que presenta el arrancado de su fuerte raíz.

En la parte correspondiente a la cámara afloraban ya a la superficie los bloques de pizarras cámbricas, que pudimos comprobar formaban la falsa cúpula (Lám. I, 2), caídas al interior de la cámara al sobrevenir el derrumbamiento.

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Una vez estacada el área de la c á m a r a , procedimos a rebajar ésta por capas de 10 cm. cribando las tierras e x t r a í d a s y observando, a me-dida que í b a m o s descendiendo de nivel, c ó m o los bloques de pizarras c á m b r i c a s y guijarros cuarzosos que formaban la c ú p u l a y que se de-jaban in situ para realizar las observaciones sobre el tipo de cubierta con m á s claridad (Lám. I, 3 y F i g . 4) h a b í a n caído, formando u n pro-fundo cono cuyo vértice llegaba hasta el mismo piso de la c á m a r a constituido por cantos rodados y tierra apisonada. L a acción del de-rrumbe de la cúpula, al caer directamente sobre el ajuar y los cadá-veres, p r o v o c ó la fragmentación y dispersión de la m a y o r í a de los ma-teriales, a cuyo mal estado de conservación ha debido contribuir

tam-FIG. 4.—Cámara del «tholos» de E L MORO. Corte transversal de la cámara por la sección A - B , hasta la profundidad de 75 cm. en el que puede apreciarse el derrumbe de la cubrición.

bien la acción posterior de las raíces de un arbusto que llegaban hasta el mismo fondo de la c á m a r a , a 1,20 m. de profundidad en relación con el borde superior de las paredes de la misma.

Una vez realizada la excavación, q u e d ó evidenciado tratarse de la es-tructura de una c o n s t r u c c i ó n tipo «tholos», con corredor y c á m a r a circu-lar con falsa cúpula.

L a falsa c ú p u l a estaba formada por a p r o x i m a c i ó n de hiladas consti-tuidas por «ríñones» de pizarras c á m b r i c a s y guijarros cuarzosos, con pe-q u e ñ a s c u ñ a s de guijarros de río, pe-que se r e c u b r í a con arcilla, en la pe-que abundaban las p e q u e ñ a s gravillas.

E l corredor, que mide 2,70 m . en lo conservado, e s t á formado por ortostatos de pizarras silúricas y piedra «asperón», con una altura media de 1 m . y anchura de 0,25 a 0,40 m., la anchura del corredor es de 0,70 m . (V. F i g . 3 y L á m s . I, 1 y II, 2). L a d i s t r i b u c i ó n de las clases de piedras que lo forman es desigual: en la pared izquierda, la primera piedra es un bloque de caliza blanca muy erosionado; la segunda y ter-cera son gruesos asperones de color morado, siguiendo cuatro lajas de pizarra silúrica, faltando el ú l t i m o tramo hasta la c á m a r a . E n la pared derecha se conserva un fragmento de laja de pizarra perpendicular a la pared, posiblemente delimitando un recinto a modo de a n t e c á m a r a . A l pie de la misma se e n c o n t r ó un bloque de a s p e r ó n , sin que pueda

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deducirse formase parte de la división del corredor antes indicada. For-mando la citada pared derecha siguen dos bloques de asperón, calzados en su base por pequeñas cuñas del mismo material; a continuación, tres lajas de pizarra silúrica, faltando los ortostatos hasta la misma entrada de la cámara, donde se encuentra otro bloque de asperón en posición horizontal, no pareciendo sea ésta su posición originaria; sobre la cu-brición del corredor no nos fue posible realizar ninguna observación di-recta por haber desaparecido ésta, aunque es fácil deducir que estuviera cubierta con lajas de pizarras silúricas. Las paredes de la cámara la for-man veinte ortostatos de pizarra silúrica de 1,20 m. de altura y anchuras de 0,20 a 0,40 m., dispuestas en círculo irregular, con un diámetro aproxi-mado de 2,20 m. (Lám. II, 1 y Fig. 3).

A continuación reseñamos las dimensiones de cada uno de los ortosta-tos que forman las paredes del corredor y cámara del monumento exca-vado, comenzando desde la entrada por la pared izquierda o Sur. La pri-mera piedra del corredor mide 0,20 m. de altura en lo conservado, pues está rota de antiguo; la segunda, 0,30 m. de ancho; la tercera, 0,36 m. de ancho; la cuarta, 0,18 m. de ancho; la quinta, 0,23 m. de ancho; la sexta, 0,26 m. de ancho; la séptima, 0,28 m. de ancho. La altura de todas ellas es de 1 m., aproximadamente. Sigue un espacio de 0,60 m., donde los ortostatos han desaparecido hasta el comienzo de la cámara. Las medi-das de las lajas de ésta son, siguiendo la numeración y nomenclatura que dimos durante el transcurso de la excavación, las siguientes:

Laja A : Mide 0,32 m. de ancho en la parte inferior y 0,26 m. en la superior.

Laja núm. 1: 0,19 m. en la parte inferior y superior.

Laja núm. 2: 0,22 m. en la parte inferior y 0,21 m. en la superior. Laja núm. 3: 0,32 y 0,33 m., respectivamente. Laja núm. 4: 0,32 y 0,35 m. » Laja núm. 5 : 0,25 y 0,24 m. » Laja núm. 6: 0,23 y 0,22 m. » Laja núm. 7: 0,36 y 0,30 m. » Laja núm. 8: 0,32 y 0,25 m. » Laja núm. 9: 0,23 y 0,27 m. » Laja núm. 10: 0,40 y 0,44 m. » Laja núm. 11: 0,27 y 0,27 m. » Laja núm. 12: 0,29 y 0,22 m. » Laja núm. 13: 0,25 y 0,25 m. » Laja núm. 14: 0,33 y 0,31 m. » Laja núm. 15: 0,21 y 0,23 m. » Laja núm. 16: 0,25 y 0,25 m. » Laja núm. 17: 0,24 y 0,25 m. » Laja núm. 18: 0,27 y 0,30 m. »

Laja núm. 19: 0,27 m. en la parte inferior, faltando la mitad superior. E l grosor de las mismas viene a ser de 0,04 m. La altura uniforme para todas es de 1,20 m.

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Saliendo nuevamente hacia el corredor, la pared N. está formada por los siguientes elementos: junto a la entrada a la cámara, y caída en el suelo, encontramos una piedra «asperón», en alineación con la pared, que mide 0,40 m. de largo y que, indudablemente, está despla-zada de su posición originaria. A continuación hay un espacio de 1 m. en el que también han desaparecido los ortostatos de las paredes. Siguen tres lajas de pizarra que miden, respectivamente, 0,25 m., 0,21 m. y 0,19 m. de ancho. Finalmente, forman la pared del corredor dos piedras asperón que miden 0,35 y 0,34 m. de ancho, respectivamente. La altura de todas ellas es de 1 m., aproximadamente. La piedra caída a la entrada y colocada en sentido perpendicular a la pared mide 0,14 por 0,31 me-tros. E l fragmento de laja de pizarra que posiblemente delimitaba una antecámara y perpendicular a la pared N. mide, en lo que se conserva, 0,15 m. de alto y 0,10 m. de ancho.

En cuanto a la forma y características del túmulo que recubría la estructura no es posible delimitarla, pues la acción de las lluvias y ara-dos dejaron únicamente las tierras situadas sobre la parte del corredor y cámara, iniciándose desde aquí pronunciado declive. Por esta razón, si existió círculo peristalítico o algún género de contrafuerte para sos-tener el peso de la falsa cúpula, éstos han desaparecido. Lo mismo cabe afirmar respecto a la longitud del corredor, que pudo haber sido mayor de lo actualmente conservado.

Respecto a la planta, hemos de señalar la falta de simetría del eje del corredor en relación a la cámara (Fig. 3, 1).

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III

DESCRIPCION DEL AJUAR

E l material encontrado en la cámara, cuyas tierras fueron cribadas en su totalidad y que hemos situado tridimensionalmente (v. Fig. 13 y Láminas III, IV y V), ofreció un variado repertorio de formas y calidades cerámicas. Se encontraron también elementos líticos (cuchillos, hachas, puntas de flecha, punta de alabarda) y un pequeño objeto de obsidiana, único elemento de adorno. No se encontró ni una pieza ni siquiera el más leve indicio de metal. Todo este material debió constituir los ajua-res de varios individuos inhumados en esta cámara, como luego veremos. Todo ello se describe a continuación:

OBJETOS DE ADORNO :

1. Fragmento de obsidiana en forma troncocónica, al parecer inten-cionada. Dimensiones: diámetro máx., 0,8 cm.; alto, 1,5 cm.

PUNTAS DE F L E C H A :

2. Punta de flecha, de piedra foliácea, color rosado. Es de forma de triángulo isósceles, con la base cóncava y aletas laterales sin pedúnculo. Retoque monofacial, muy fino. Completa. Dimensiones: longitud, 5,5 cm.; ancho, 1,8 cm. (Inv. 17), Fig. 7, 3 y Lám. VI.

3. Punta de flecha, de piedra foliácea, color rosado, retocada. Análo-ga en forma y clase a la anterior. Presenta una de las aletas rota. Dimen-siones: longitud, 5 cm.; ancho, 1,6 cm. en la base. Fue hallada en la criba (Inv. 26), Fig. 7, 5 y Lám. VI.

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4. Punta de flecha, piedra foliácea, color rosado, análoga a las an-teriores. Falta un extremo de una de las aletas. Dimensiones: longitud, 5 cm. y ancho de la base, 1,7 cm. (Inv. 31), Fig. 7, 6 y Lám. VI.

5. Punta de flecha, de características análogas a las inventariadas, pero con más fino retoque. Falta aleta izquierda. Dimensiones: longitud, 6 cm.; ancho, 1,4 cm. en la base (Inv. 40), Fig. 7, 4 y Lám. VI.

H A C H A S :

6. Hacha de fibrolita pulimentada, con jaspeado, colores: gris, ne-gro, verde y blanco. Sección ovalada. Dimensiones: longitud, 9 cm.; ancho máximo, 3 cm. (Inv. 36), Fig. 8, 1 y Lám. IX.

7. Hacha de anfibolita, color verdoso y superficie granosa bien mo-delada, aunque únicamente el corte está pulimentado. Sección aproxima-damente rectangular, astillada de antiguo en uno de sus extremos. Dimen-siones : longitud, 10,2 cm.; ancho máx., 5,4 cm. (Inv. 38), Fig. 8, 2 y Lámina IX.

8. Hacha de anfibolita, color verdoso, sección aproximadamente, cua-drangular; aspecto tosco, el filo astillado. Dimensiones: longitud, 13,5 centímetros; ancho máx., 3,2 cm. (Inv. 42), Fig. 8, 3 y Lám. IX.

CUCHILLOS :

9. Cuchillo de sílex. Color gris claro, ligeramente curvo, de sección trapezoidal y gruesos retoques monofaciales. Dimensiones: longitud, 15,4 centímetros; ancho máx., 2 cm. Roto en la parte superior (Inv. 4), Fig. 5, 1 y Lám. VIL

10. Cuchillo de piedra, color marrón. Dimensiones: longitud, 11 cm.; ancho en la base, 2 cm. Parte del mismo presenta concreciones de caliza como integrante del mismo; la mitad izquierda está sin desbastar. Sec-ción triangular, sin retoques. Roto en los dos extremos (Inv. 5), Fig. 6, 5 y Lám. VIII, 2.

11. Cuchillo de piedra caliza deleznable, color pardo blanquecino, su-perficie muy desgastada, fragmentado en seis trozos. Ligeramente arquea-do. Sección trapezoidal. Dimensiones: longitud, 15 cm.; ancho máx., 2,5 centímetros (Inv. 15), Fig. 5, 3 y Lám. VIII, 2.

12. Cuchillo de sílex, color beige. Sección triangular, perfil ligeramen-te curvo. Retoque grueso y distanciado a ambos lados. Estado de conser-vación, completo. Adherido al mismo un fragmento óseo (Inv. 21B). Di-mensiones: longitud, 15,5 cm.; ancho máx., 2 cm. Fig. 5, 4 y Lám. VIL

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FIG. 6.—Cuchillos líticos diversos del «tholos» de E L MORO.

13. Cuchillo de sílex, color pardo, sección trapezoidal, perfil ligera-mente curvo en uno de sus extremos. Finísimo retoque monofacial. Su-perficie muy lisa. Dimensiones: longitud, 20,5 cm.; ancho en el centro, 1,6 cm. Fragmentado en dos trozos (Inv. 22), F i g . 5, 6 y L á m . V I I I , 1. 14. Cuchillo de sílex, color pardo, sección trapezoidal. Presenta al-gunos gruesos retoques. Superficie desigual. Dimensiones: longitud, 18 c e n t í m e t r o s . ; ancho máx., 2 cm. C o n s e r v a c i ó n : fragmentado en tres pe-dazos (Inv. 22A), F i g . 5, 7 y L á m . V I I I , 1.

15. Fragmentos de cuchillo (Inv. 22B). Resultó completar el cuchillo (Inv. 43), F i g . 5, 5 y L á m . V I I I , 1.

16. Cuchillo de sílex color verde claro, sección trapezoidal, perfil ligeramente curvo en uno de sus extremos, retoque. Fragmentado en cinco trozos. Dimensiones: longitud, 5 cm.; ancho, 2 cm. Uno de los ex-tremos presenta mellado uno de los filos, de antiguo (Inv. 22C), F i g . 6, 1 y L á m . V I I I , 2.

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17. Cuchillo de piedra arenisca, color blanquecino, sección trapezoi-dal, perfil casi recto. Está desgastado en los bordes, no apreciándose reto-que. Dividido en seis fragmentos. Dimensiones: longitud, 13,5 cm.; ancho máximo, 2 cm. (Inv. 28), Fig. 6, 4 y Lám. VIII, 2.

18. Cuchillo de sílex, color marrón pardo, de sección trapezoidal, base recta y extremo curvo. Retoque monofacial. Roto en tres padazos. Dimensiones: longitud, 14 cm.; ancho máx., 2 cm. (Inv. 35), Fig. 5, 2 y Lámina VIII, 2.

19. Cuchillo de pedernal de color gris negro con vetas longitudina-les blanquecinas, sección trapezoidal, perfil ligeramente curvo. La parte inferior presenta una muesca muy acusada en el lado izquierdo. Retoque monofacial grueso en ambos lados. Dimensiones: longitud, 14,5 cm.; ancho, 2 cm. (Inv. 37), Fig. 6, 2 y Lám. V I L

20. Cuchillo de piedra, color verdoso, sección trapezoidal, ligeramen-te curvo en uno de sus extremos, muy fragmentado en' seis trozos, fal-tando uno de ellos. Dimensiones: longitud, 12,3 cm.; ancho máx., 2,3 cm. (Inv. 39), Fig. 6, 3 y Lám. VIII, 2.

21. Cuchillo de sílex, color pardo, sección trapezoidal que se hace triangular en algunos tramos, ligeramente curvo en uno de sus extremos. Finos retoques monofaciales. Dimensiones: longitud, 18 cm.; ancho máxi-mo, 2 cm. (Inv. 41), Fig. 5, 8 y Lám. VIII, 1.

22. Cuchillo de sílex, de color gris claro, sección trapezoidal, perfil ligeramente curvo. Fragmentado en cuatro trozos, faltando una pequeña parte de un extremo. Dimensiones: longitud, 14,5 cm.; ancho máx., 2 cm. (Inv. 43), Fig. 5, 5 y Lám. VIII, 1.

OTROS ELEMENTOS LÍTICOS:

23. Punta de alabarda de sílex, color pardo, de forma triangular, presentando en la base dos muescas laterales, sección biconvexa. Retoque bifacial muy fino. Dimensiones: longitud, 12,5 cm.; ancho en la base, 3,3 centímetros (Inv. 23), Fig. 7, 2 y Lám. VI.

24. Gran sílex de forma trapezoidal y sección hexagonal. Retoque bifacial en todos los lados. Presenta en su superficie una serie de surcos horizontales y paralelos. Color melado. Dimensiones: longitud, 16 cen-tímetros; ancho, 13 cm.; grosor, 1 cm. (Inv. 13), Fig. 7, 1 y Lám. VI.

25. Bola granítica un tanto irregular. Se halló en la criba de tierras procedentes del centro de la cámara. Dimensiones: 5,5 cm. X 6 cm. (Inv. 50), Fig. 8, 4 y Lám. IX.

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C E R Á M I C A :

26. Gran cubilete de cerámica tosca, presenta impurezas en su arci-lla, color rojizo, cocción irregular. A l interior y exterior engobe gris ne-gruzco. Hallado en el quicio N . de l a c á m a r a junto al comienzo del corre-dor a 95 cm. de profundidad, entre dos fémures y junto a una m a n d í b u l a al S. Probablemente e s t a r í a colocado entre las rodillas del cadáver. D i -mensiones: d i á m e t r o de la boca, 20 cm.; altura, 19,5 cm.; grosor cerámi-co, 0,8 cm. (Inv. 1), F i g . 9, 1.

FIG. 9—Cerámicas del «tholos» de E L MORO. (Reducidos, 1 y 6 a 1/4; 2, 3, 4 y 5 a 1/3.) 19

(23)

27. Plato de fondo curvo, con grueso reborde. Cerámica rojiza, tosca, con muchas impurezas, con pequeños guijarros cuarzosos y cocción irre-gular. Dimensiones: diámetro, 15 cm.; altura, 3,5 cm.; grosor cerámico, 0,8 a 1 cm. (Inv. 2), Fig. 9, 2.

28. Vaso carenado, con gollete recto y fondo aplanado, barro color gris pizarra, depurado, buena cocción, de aspecto nada tosco, fractura no astillada. Entero, pequeña rotura en la carena. Dimensiones: diáme-tro máx., 13 cm.; diámediáme-tro boca, 6,5 cm.; altura, 8,5 cm.; grosor cerá-mico, 0,5 cm. (Inv. 3), Fig. 9, 3 y Lám. XIII, 1.

29. Vaso ovoide muy achatado, con esbelto gollete recto y fondo es-férico. Pasta color gris rojizo. Poca cocción, aspecto tosco. Dimensiones: altura, 13,3 cm.; diámetro máx., 18 cm.; diámetro boca, 7,7 cm.; grosor cerámico, en la boca, 0,4 cm., y en el fondo, 1,3 cm. (Inv. 6), Fig. 9, 6. 30. Fragmentos de vaso o plato plano, cerámica gris negruzca, pul-verizados por dos piedras procedentes de la cúpula. No reconstruible. Pasta grosera, cochura imperfecta. Conserva adheridos algunos huesos (Inv. 7).

31. Vaso ovoide al parecer análogo al descrito con el núm. 29 (Inv. 6), pero m á s pequeño. Pulverizado, excepto el gollete. No ha sido posible su reconstrucción (Inv. 8).

32. Fragmentos de cuenco muy plano, de cocción muy imperfecta, formaba parte de la arcilla de relleno, por lo que no ha sido posible su reconstrucción (Inv. 9). (Véase Lámina IV, 1).

33. Cuenco de fondo plano, cerámica gris negruzca, cocción imper-fecta. Dimensiones: diámetro, 19 cm.; altura, 3,5 cm.; grueso, 0,8 cm. a

1 cm. (Inv. 10), Fig. 9, 4.

34. Vaso de perfil bitroncocónico de forma ovalada con un pequeño gollete recto ligeramente abierto. Presenta cuatro asas planas colocadas horizontalmente y perforadas también en sentido horizontal, dispuestas simétricamente en el tercio superior del vaso. Dimensiones: altura, 9,5 centímetros; diámetro máx., 16,8 cm. X 13,8 cm.; diámetro de la boca, 7,8 centímetros; grosor uniforme, 0,5 cm. (Inv. 11), Fig. 9, 5.

35. Plato de forma circular irregular de fondo plano y muy delgado en relación con las paredes, reborde grueso; cerámica grosera y basta, color gris veteado de rojizo, muchas impurezas. Posee un peso excesivo. Dimensiones: diámetro, 23 cm.; fondo, 13,5 cm.; altura, 3,7 cm.; grueso, 1,2 cm. en las paredes, y 0,7 cm. en el fondo (Inv. 12), Fig. 10, 1 y Lám. X.

36. Vaso hemisférico, cerámica depurada, color ceniciento, buena cocción. Al interior presenta una brillante coloración rojiza que parece técnica a la almagra; al exterior la coloración no es uniforme.

(24)

Dimen-siones: d i á m e t r o , 12,3 cm.; altura, 5 cm.; grueso, bastante uniforme, 0,4 a 0,5 cm. Incompleto (Inv. 16), F i g . 10, 2 y L á m . X .

37. Fragmentos de un cuenco, muy deshecho. Cerámica deleznable y poca cocción (Inv. 18).

1 2 3 5 6 4

FIG. 10.—Cerámicas diversas del «tholos» de E L MORO. (Reducidos 1 a 1/4- 2 3 4 5, 6, 7 y 8 a 1/3.) ' ' ' '

(25)

38. Cuenco de fondo esférico con grueso reborde. Circunferencia muy irregular. Pasta grosera, con impurezas, cocción desigual, color rojizo ceniciento. Dimensiones: diámetro, 16,5 cm.; altura, 4 cm.; reborde, 2,5 centímetros; grosor cerámico, 1 cm. a 1,2 cm. en el fondo. Peso excesivo. Conservaba adheridos restos óseos (Inv. 21A), Fig. 10, 3 y Lám. X.

39. Vaso cilindrico, de fondo plano. Pasta grosera con impurezas, color anaranjado. Todo el vaso presenta aspecto muy tosco. Dimensiones: diámetro, 10,5 cm.; altura, 5,5 cm.; grosor cerámico, 1 cm. en las paredes y 0,6 cm. en el fondo (Inv. 21C), Fig. 10, 4 y Lám. XIII, 2.

40. Cuenco con fondo plano y grueso reborde. Cerámica basta con impurezas, color anaranjado, aspecto tosco. Dimensiones: diámetro, 15,5 cm.; altura, 4 cm.; grosor cerámico, 0,9 cm. en las paredes y 0,7 cm., en el fondo; ancho del reborde, 1,5 cm. (Inv. 21D), Fig. 10, 5 y Lám. X.

41. Cuenco de fondo esférico y reborde abultado. Barro con muchas impurezas, color gris rojizo, cocción imperfecta. Dimensiones: diámetro, 14,5 cm.; altura, 3,5 cm.; grueso, 0,9 cm. en las paredes y 0,7 cm. en el fondo; reborde, 1,5 cm. (Inv. 21E), Fig. 10, 6 y Lám. X.

42. Tres fragmentos cerámicos pertenecientes a un vaso hemisférico. Pasta color rojo ceniciento, bastante depurada, buena cocción, presenta orificios de laña probablemente. Una vez restaurado el material de la excavación, estos fragmentos resultaron corresponder al vaso Inv. 46 (Inv. 21F), Fig. 12, 1 y Lám. XII, 2.

43. Ollita en forma de media pera, con dos pequeñas asas de oreja perforadas verticalmente, situadas en la parte alta del vaso cerca del bor-de. Pasta rojiza cenicienta. Por el exterior presenta manchas grises y na-ranjas, al parecer por efectos de la cocción. Dimensiones: diámetro má-ximo, 9 cm.; diámetro de boca, 6 cm.; altura, 7,3 cm.; grosor cerámico, 0,5 cm. Se conserva entera, con los bordes gastados, presentando un lado agrietado (Inv. 24), Fig. 10, 7 y Lám. XI, 1.

44. Vaso triple en forma de trébol, formado por tres ollitas que se unen por su base, siendo totalmente hueco el interior, por lo que se co-munican libremente. E l interior del vaso está toscamente realizado, obser-vándose huellas de cañas. E l exterior está finamente alisado, presentando elegante aspecto. Barro fino y depurado, cocción uniforme. Color ceni-ciento rojizo, ennegrecido en parte de la superficie. Dimensiones: anchu-ra máx., 16,5 por 15,2 cm.; altuanchu-ra, 7 cm.; grosor cerámico, 0,4 cm. los golletes y 1,2 cm. a 1 cm., el resto del vaso (Inv. 25), Fig. 10, 8 y Lámi-na XIV, 1.

45. Fragmentos pequeñísimos de cuenco, cerámica grosera y muy mal cocida. Mezclada con restos óseos (Inv. 27A).

46. Vaso cerrado de forma bitroncocónica, fondo plano, y pequeño gollete cilindrico. Tiene cuatro pequeñas asas de oreja perforadas

(26)

verti-c á l m e n t e dispuestas alrededor de la panza. Color rojizo, buena verti-coverti-cverti-ción y gran peso. Aspecto sólido y elegante. Se halló sin fracturas, sólo deterio-rado ligeramente el gollete. Dimensiones: d i á m e t r o máx., 11,3 cm.; boca, 7,1 cm.; altura, 6,7 cm.; grosor cerámico, 0,4 a 0,7 cm. (Inv. 27B), figu-ra 11, 2 y L á m . X I I , 1.

47. Gran plato en forma de p á t e r a ; pasta color rojizo ceniciento, poco depurada, con grandes granos de cuarzo. Peso excesivo. Dimensiones: d i á m e t r o , 34 cm.; altura, 3,3 cm.; grosor, 0,6 cm.; ancho arandela, 3 cen-t í m e cen-t r o s (Inv. 29A), Fig. 11, 1 y L á m . X I V , 2.

1

23

FIG. 11.—Varios vasos cerámicos del «tholos» de E L MORO. (Reducidos, 1 y 3 a 1/4,

(27)

48. Gran cuenco, forma hemisférica, cerámica color gris, muy alisa-da la superficie, buena cocción. Dimensiones: diámetro máx., 22 cm.; al-tura, 12,5 cm. Se halló en fragmentos esparcidos junto al Inv. 29A, hacia la entrada de la cámara (Inv. 29B), Fig. 11, 3.

49. Pequeño vaso hemisférico, cerámica rojiza cenicienta, con frag-mentos de cuarzo como degrasante. Dimensiones: diámetro máx., 10 cm.; altura, 4,3 cm.; grosor cerámico, 0,4 cm. Muy fragmentado (Inv. 29B1), figura 11, 4.

50. Vaso cerrado con gollete, triturado en pequeños fragmentos, ex-cepto el gollete. En su interior, materia orgánica que exhalaba mal olor mezclada con tierra. Cerámica gris, depurada (Inv. 30).

51. Medio cuenco fragmentado. Cerámica gris, mal cocida. En super-ficie exterior e interior coloración rojiza. Aspecto tosco y sin pulir. Con-serva adherido algún fragmento de hueso que estaba debajo. Dimensio-nes : diámetro máx., 15,5 cm.; altura, 4,5 cm.; grosor, 0,5 cm. en el borde y 1,3 cm., en el fondo (Inv. 32), Fig. 11, 5.

52. Ollita con tres asas de pezón, horadadas horizontalmente, peque-ño gollete y fondo rehundido. Cerámica rojiza con vetas grises, cocción irregular. Se encuentra muy carcomido y sometido a proceso de descom-posición por algunas partes. Conserva adheridos algunos restos óseos. Di-mensiones : diámetro máx., 9,8 cm.; altura, 7,3 cm.; diámetro boca, 3,4 centímetros (Inv. 33), Fig. 11, 6 y Lám. XI, 2.

53. Fragmentos indeterminados de un vaso situado junto a la laja núm. 12, en el fondo de la cámara (Inv. 34).

54. Fragmentos de un cuenco de cerámica tosca y poco cocida, espar-cidos sobre un conglomerado óseo terroso, situado al pie de las lajas 11, 12 y 13 (Inv. 45).

55. Cuenco hemisférico cerámica depurada, color grisáceo, presenta seis orificios, dispuestos dos a dos, seguramente para ajustar tres lañas. Un tercio de este vaso, dividido en cuatro fragmentos, se encontró deba-jo de los materiales Inv. 21. Dimensiones: diámetro máx., 16,8 cm.; al-tura, 5,5 cm.; grosor cerámico, 0,5 a 0,6 cm. (Inv. 46), Fig. 12, 1 y Lá-mina XII, 2.

56. Plato de fondo plano y paredes inclinadas, toscamente realizado, presenta gruesos rebordes en contraste con el fondo relativamente del-gado. Pasta grosera con mucho cuarzo, color rojizo, mala cocción. Peso excesivo. Dimensiones: diámetro, 21,5 cm.; altura, 2,5 cm.; grosor del fondo, 4 a 5 cm. (Inv. 47), Fig. 12, 4.

57. Medio cuenco hemisférico, de paredes gruesas y aspecto tosco, pasta marrón cenicienta, con muchas impurezas, mala cocción. Dimen-siones : diámetro máx., 10 cm.; altura, 5 cm.; grosor, 0,6 a 0,8 cm. (Inv. 48), Fig. 12, 2.

(28)

58. Cuenco hemisférico, de color negro y elegante aspecto, pasta negra, superficie pulida, presenta un umbo rehundido en el fondo, ligera-mente a s i m é t r i c o , borde reentrante al modo de las copas a r g á r i c a s . Tiene el umbo ligeramente desviado del centro del vaso. Dimensiones: d i á m e t r o m á x i m o , 10 cm.; altura, 5 cm.; grosor, 0,3 a 0,4 cm. (Inv. 49, I B ) , Fig. 12, 3. Se halló en el interior del vaso descrito con el n ú m e r o 26 (Inv. 1).

59. Vaso esférico con perforaciones en las paredes que servirían para colgar el vaso. H o y perdido, lo conservaba el propietario del te-rreno como procedente del corredor (Inv. 51).

2

3

Fifi. 12.—Diversas cerámicas del «tholos» de E L MORO. (Reducidos, 1, 2 y 3 a 1/3 y 4 a 1/4.)

(29)
(30)

IV

ESTUDIO CRITICO

I. PARALELOS ARQUITECTÓNICOS.

Corresponde esta sepultura al tipo de corredor y cámara circular, con falsa cúpula formada por aproximación de hiladas a base de riñones de pizarras cámbricas y ortostatos en lugar de mampostería. E l estado de destrucción del túmulo, sobre una colina natural, no ha permitido completar las características que ofrecería esta construcción, por lo que no ha sido posible determinar la forma y estructura del túmulo, ni la existencia del círculo peristalítico.

Ya se ha señalado la desviación del eje del corredor con respecto a la cámara.

Sus paralelos arquitectónicos, aparte de la misma región SO. de la Península Ibérica, hemos de señalarlos en el círculo egeo anatólico, don-de encontramos los prototipos don-de este género don-de sepulturas (1), cuya in-fluencia directa en la costa atlántica pudiera ser explicada sin la media-ción del grupo SE. peninsular (2) como resultante de un impacto colo-nial directo y paralelo desde este horizonte cultural a través de la vía marítima.

(1) M . ALMAGRO y A . ARRIBAS: El poblado y la necrópolis megalíticos de Los Mi-llares. « B i b l i o t h e c a P r a e h i s t ó r i c a H i s p a n a » , Vol. III, Madrid, 1963, p á g s . 214 y ss.

(2) C. CERDÁN y G. y V . L E I S N E R : Los sepulcros megalíticos de Huelva. «Infor-mes y Memorias de la C o m i s a r í a General de Excavaciones A r q u e o l ó g i c a s » , n ú m . 26, Madrid, 1952, p á g . 90.—A. ARRIBAS: Megalitismo peninsular. Primer Symposium de Prehistoria de la P e n í n s u l a Ibérica. Pamplona, 1960, p á g . 95.

(31)

II. PARALELOS DE LOS OBJETOS DEL AJUAR.

Dentro del conjunto de ajuares de los sepulcros megalíticos de l a zona occidental de la Península Ibérica, el ajuar obtenido en esta excavación es típico de los habituales en sepulcros de cúpula.

FIG. 13—Distribución de los materiales encontrados en el interior de la cámara del «tholos» de E L MORO. (LOS números corresponden a los del inventario.)

(32)

Hemos de señalar que sólo un objeto de adorno fue encontrado en esta sepultura. Se trata de un pequeño cono truncado, de obsidiana (nú-mero 1, Inv. 44), cuyo uso como colgante de adorno sin perforar se nos aparece como posible. Es corriente en los sepulcros de cúpula occidenta-les la casi total ausencia de objetos de adorno (3).

Las puntas de flecha de base cóncava son frecuentes en la cultura megalítica occidental y típicas de los sepulcros de cúpula de la región de Huelva. En Los Millares parecen caracterizar las etapas m á s antiguas. También se ha señalado su presencia desde el neolítico inicial en la Cueva de Nerja (Málaga) (4) y en pleno neolítico en la región de Granada (5). El prototipo formal de estas puntas de flecha, de base cóncava y aletas levemente inflexionadas al interior, lo encontramos ya en el neolítico egipcio como elemento habitual desde Fayun A (6). Su existencia se en-cuentra documentada en el micénico medio (7).

Las puntas de flecha procedentes de esta sepultura, foliáceas y astilla-bles, nos parece lógico suponer tuvieran un significado ritual. Tipológica-mente deben incluirse en el tipo 9 de Leisner.

Hachas de fibrolita análogas a la núm. 6 (Inv. 36) son frecuentes en el eneolítico portugués. En la región de Huelva encontramos su paralelo en El Pozuelo V (8). Las hachas de anfibolita (núm. 7 y 8, Inv. 38 y 42), poco pulidas, de superficie granosa casi sin desbastar, pero con buen filo, pa-rece ser elemento de tradición neolítica (9). La más larga (núm. 42) pare-ce m á s bien un buril; es forma típica en Huelva y puede haber estado relacionada con la minería (10).

En la serie de 14 cuchillos de la sepultura excavada sólo un cuchillo (núm. 10, Inv. 5) aparece sin retoque y parece responder a la tradición neolítica (11). Los descritos con los números 9, 12, 13, 14, 16, 18, 19, 20, 21 y 22 presentan retoques marginales de distintas características y son propios de los sepulcros de cúpula (12). La existencia de un cuchillo de piedra caliza (núm. 11) y otro de arenisca (núm. 17), cuyo uso práctico no nos parece posible, apoya la teoría de que deben tratarse de objetos de uso ritual.

(3) C. CERDÁN MÁRQUEZ y G . y V . L E I S N E R : LOS sepulcros megalíticos de Huelva.

«Inf. y Mem.», n ú m . 26, Madrid, 1952, p á g . 83.

(4) M . PELLICER: Estratigrafía prehistórica de la Cueva de Nerja. «Exc. Arq. en E s p a ñ a » , 16, Madrid, 1962, p á g . 38.

(5) M . PELLICER: El neolítico y el bronce de la Cueva de La Cargúela de Pinar (Granada). « T r a b a j o s de P r e h i s t o r i a » , X V , Madrid, 1964, p á g . 13.—M. TARRADELL: Para una revisión de las cuevas neolíticas del litoral andaluz. VIII Congreso Nacio-nal de A r q u e o l o g í a , Sevilla, 1963; Zaragoza, 1964, p á g . 162.

(6) G . CATÓN THOMPSON y E . W. GARDNER: The desert Fayum 1934.—O. M E N G H I N : Weltgeschichte der Steinzeit, Viena, 1940.—O. M E N Ü H I N : El origen del pueblo egip-cio. «Ampurias», IV. Barcelona, 1952, pág. 32 y ss.

(7) G . K A R O : Die Schachtgrüber von Mykenai. M ü n c h e n , 1930. L á m . C L , pági-nas 208-209.

(8) C. CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., L á m . X X I I , 8, p á g . 69. (9) C. CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 67.

(10) C. CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 67. (11) C. CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 64. (12) C. CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g s . 105 y ss.

(33)

La alabarda de sílex encontrada (núm. 23) es análoga al tipo de las halladas en La Zarcita (Huelva).

Elemento destacable es el sílex triangular (núm. 24, Inv. 13), cuyos pa-ralelos más cercanos hemos de buscar en la cultura megalítica portugue-sa (13).

Sobre la bola irregular (núm. 25) hemos de señalar que se han encon-trado ejemplares parecidos en dólmenes extremeños, ignorándose su uso y significado (14).

Siguiendo la clasificación establecida por G. y V. Leisner para las cerá-micas de la cultura megalítica, obtenemos la siguiente visión de los ma-teriales cerámicos de esta sepultura:

Un solo ejemplar correspondiente al grupo 1, el vaso núm. 51 (Inv. 59), cuya forma consideran prototipo de las cerámicas de las sepulturas mega-líticas y de tradición neolítica (15).

Los vasos que pueden considerarse variantes del grupo 4 serían los números 36, 48,49, 51, 55, 57 (Inv. 16, 29B, 29b, 32, 46, 48). E l vaso núm. 36,

cerámica a la almagra, correspondería al tipo cerámico B2, cuyo origen oriental ha sido señalado, y cuya cronología para la Península Ibérica debe ser posterior al 2.000 a J. C. (16). Los vasos núms. 48 y 55 corres-ponden al tipo cerámico B3, cuyos caracteres de buena cocción, homo-geneidad, dureza y relativo escaso grosor cerámico, constituyen las notas distintivas de esta clase de cerámica y que se dan en los vasos citados, aunque su barro presenta coloración gris en vez de roja, denominador común de la serie B. Creemos que la coloración roja, distintivo de la serie, es accesoria y accidental en el tipo B3, pues incluso los Leisner no han dudado en encuadrar en este tipo cerámicas de color gris (17). Esta clase de cerámica es considerada por los autores citados como originaria de técnicas orientales, apuntando la existencia de paralelos en Chipre (18). Los vasos núms. 28 y 29 constituyen variantes del grupo 5; la calidad cerámica del núm. 28 correspondería también al tipo B3, con las mismas características de los reseñados anteriormente. E l vaso núm. 29 responde esencialmente a la forma incluible en el grupo 5, pero su calidad cerámica es muy distinta, de barro mal cocido y de factura astillada.

Un solo ejemplar se aproxima a las formas del grupo 7, también con-siderado por los Leisner prototipo de las cerámicas de las sepulturas rae-galíticas: el núm. 39 (Inv. 21C).

Como variantes que cabría incluir en el grupo 8 serían los vasos núme-(13) G. y V . L E I S N E R : Die Megalithgr'áber der Iberischen Halbinsel. B e r l í n , 1959. Cuadro 5, 1 y 2. Tafel 8.—V. L E I S N E R : Die Megalithgraber... B e r l í n , 1965. Tafel 122, 57, 131 y 159.

(14) M . ALMAGRO: Excavaciones en el dolmen de La Pizarrilla, Jerez de los Caba-lleros (Badajoz). Trabajos de Prehistoria del Seminario de Historia Primitiva del Hombre, de la Universidad de Madrid y del Instituto E s p a ñ o l de Prehistoria del CSIC. X . Madrid, 1963, p á g . 31 y fig. 19.

(15) C. CERDAN y G. y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 91. (16) M . ALMAGRO y A . A R R I B A S : Ob. cit., p á g . 234. (17) C CERDÁN y G. y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 119. (18) C CERDÁN y G. y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g s . 96 y 97.

(34)

ros 33, 35, 38, 40, 47 y 56 (Inv. 10, 12, 21A, 21D, 29A, 47). Las formas de dicho grupo se consideran propias de la etapa metalúrgica plena (19).

El vaso núm. 58 (Inv. 49) ofrece características de tipo argárico, con lo que obtenemos un indicio cronológico más bien tardío.

El vaso núm. 44 (Inv. 25) es forma única en las cerámicas de la cultura megalítica de la región de Huelva. Vasos triples y cuádruples aparecen en Los Millares (20) y Almizaraque (21), aunque con aspecto m á s tosco que este gracioso ejemplar, que presenta una planta de trébol bastante per-fecta. Su calidad cerámica correspondería al tipo B4 si prescindimos del color rojizo característico de este grupo, pues su barro, ceniciento y de coloración desigual, estaba recubierto de una finísima capa negruzca a modo de engobe mate. Esta forma cerámica se extiende en ambientes cul-turales muy distintos y alejados cronológicamente, como en las culturas

de Platenitz (22) y Luzianky (23), y también entre los incineradores proto-históricos del NE. de la Península Ibérica (24). Probablemente se deriva de modelos orientales muy antiguos, debiendo señalarse el prototipo de vasos triples y cuádruples hacia el segundo milenio en Asia Menor (25) y Chipre (26).

El vaso núm. 46 (Inv. 27B) es también forma única en la zona de Huelva, aunque recientemente se ha encontrado un ejemplar muy análogo en el yacimiento del Cerro de San Benito, Lebrija (Sevilla), correspondien-te a escorrespondien-te mismo horizoncorrespondien-te cultural (27).

Otra forma única es la ofrecida por el vaso núm. 34 (Inv. 11), muy análogo a un vaso procedente de La Zarcita (28), que también presenta forma alargada y estrecha, perfil bitroncocónico y cuatro asas, en lo que difieren esencialmente, pues las asas del vaso de La Zarcita recuerdan prótomos de animales muy esquematizados, mientras en el vaso de E l Moro las asas colocadas en la misma posición se reducen a unas pequeñas protuberancias horadadas horizontalmente. Para el vaso de La Zarcita no hay ningún paralelo en la Península Ibérica (29). La clase cerámica

(19) G . y V . L E I S N E R : Die Megalithgraber, p á g . 517. (20) G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., Tafel 154, 5.

(21) L . SIRET : Orientaux et occidentaux en Espagne. Lovaina, 1906. Planche V I , n ú m e r o 8.

(22) O . M E N G H I N : Einfürung in die Urgeschichte Bóhmens und Mdhrens. Ans-tatlt für Sudetendeutsche Heimatsjorschung. Vorgeschichtliche Abteilung, Reichen-berg, 1926. Heft 1, p á g s . 37 y ss.

(23) BOHUSLAV NOVOTNY: Pociatky vytvarného prejavu na Slovensku. 1958, fi-gura 23, p á g s . 158-159; BOHUSLAV NOVOTNY: Luzianska skupina a pociatky mal'ovanej keramiky na slovensku. Bratislava, 1962, t. X X V I , fig. 2.

(24) M . ALMAGRO: Las necrópolis de Ampurias. «Monografías a m p u r i t a n a s » , III. Barcelona, 1955. Vol. II, p á g . 352.

(25) S C H A E F F E R : Stratigraphie comparée et chronologie de l'Asie Occidentale. Oxford, 1948.

(26) S C H A E F F E R : Ob. cit., p á g . 338.

(27) C . FERNÁNDEZ C H I C A R R O : Catálogo de la Exposición de Arqueología cele-brada en Sevilla con motivo del VIII Congreso Nacional de Arqueología Sevilla-Málaga, 1963, Zaragoza, 1964, p á g . 101 y l á m . 3.

(28) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., l á m . X X X V , 3. (29) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 119.

(35)

en ambos vasos es del tipo B3, que como ya se ha indicado parece téc-nica originaria de Chipre.

La abundancia de formas de platos es una característica constante en la cultura megalítica occidental.

Todos los platos de esta sepultura, al igual que la mayoría de los de esta región, por el lado exterior son groseros y bastos, casi sin trabajar y aproximándose a la forma de cuenco. Pueden incluirse en el tipo cerá-mico B5, de Leisner.

(36)

C O N C L U S I O N E S

La sepultura excavada por nosotros viene a aumentar el número de cincuenta sepulcros y grupos de sepulcros correspondientes a la cultura megalítica inventariados por C. Cerdán en la provincia de Huelva (30), a los que debemos añadir la Cueva de la Mora (Jabugo) incluida por los Leisner en su monumental obra (31) con el núm. 51. La estructura que hoy damos a conocer completa, con el núm. 52, los sepulcros del Bron-ce I hispánico hasta hoy catalogados en dicha provincia.

Arquitectónicamente se trata de una construcción que conserva una pequeña galería y cuya cámara semicircular se cubría con falsa cúpula, según hemos descrito anteriormente, y emplazada en la parte más alta de una colina. Al igual que las demás sepulturas tipo «tholos» de la región de Huelva, su situación corresponde a una zona agrícola de fácil accesibi-lidad por vía fluvial, hecho señalado para este género de construcciones por C. Cerdán y G. y V. Leisner (32) y que, junto con las especialidades cerámicas que ofrecen los ajuares de los sepulcros de cúpula onubenses, con gran variedad y abundancia de formas y tipos, nos ofrecen una base de diferenciación cultural con respecto al ambiente representado por las construcciones megalíticas sin cúpula, cuyos tipos, en la región de Huelva, adoptan una gran variedad y complicación de plantas arquitectónicas que nos ponen en relación con el mundo megalítico atlántico (33).

(30) C. CERDÁN: LOS sepulcros megalíticos de Huelva. II Congreso A r q u e o l ó g i c o Nacional, Madrid, 1952, p á g s . 161 y ss.

(31) G . y V . L E I S N E R : Die Megalithgráber... Berlín, 1959.

(32) C CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g s . 98 y ss.

(33) E . M A C W H I T E : Estudios sobre las relaciones atlánticas de la Península Hispánica en la Edad del Bronce, Madrid, 1951, p á g s . 22 y s s .—GLYN DANIEL: The megalith Builders of Western Europe. London, 1958.

(37)

No es nuestro propósito abordar aquí los problemas cronológicos y culturales planteados, aunque sí debemos señalar que este abigarramiento y complejidad cultural reflejado por las plantas arquitectónicas y ajuares de las sepulturas del Bronce I Hispano en el SO. peninsular, debe ser re-flejo de intensas relaciones con distintos mundos culturales. G. y V. Leis-ner han formulado su tesis de que la zona miLeis-nera de la región de Huelva constituye un punto de convergencia de diferentes corrientes cul-turales que han ejercido su influencia sobre los pueblos indígenas, modi-ficando radicalmente su vida y su cultura (34).

Los paralelos directos señalados por M. Almagro y A. Arribas para la arquitectura y otros elementos de la cultura megalítica en el círculo egeo cicládico (35) viene a concordar con lo establecido por G. y V. Leis-ner para ciertas formas cerámicas procedentes de este horizonte cultu-ral (36) y el origen chipriota de la cerámica tipo B3 (37).

La variedad de formas y tipos cerámicos de los ajuares de los sepul-cros de cúpula de la región de Huelva puede ser debida a unas relacio-nes más directas con los focos originarios de esta cultura, cuya recepción puede haber tenido lugar sin la mediación de los focos del SE. Aún cabría considerar que los sepulcros de cúpula del SO. español representen una etapa m á s tardía de la colonización megalítica, como podría deducirse en base a las formas cerámicas más variadas y evolucionadas propias de los sepulcros tipo «tholos» del SO. Hasta tanto no se establezca una cronología de las formas y tipos cerámicos de esta etapa, lo único que parece seguro es la evidente diferencia cultural que representan en la región de Huelva los sepulcros de cúpula con respecto a las estructuras megalíticas.

La cronología para la sepultura por nosotros excavada la podemos establecer en fecha posterior al 1500 a. J. C. en base al hallazgo de un vaso de tipo argárico (núm. 58, Inv. 49) en el ajuar de la sepultura, lo que nos ofrece un cierto indicio para establecerla. Aunque probablemente es-tas sepulturas tuvieron una larga utilización, en el caso de este «tholos», dado el escaso número de inhumaciones encontradas (deducimos que por los escasos restos óseos los individuos depositados en la cámara no debie-ron exceder de 4), es lógico pensar que se utilizó durante poco tiempo,

por lo que este indicio cronológico ofrece el mayor interés. Podemos suponer que el vaso de tipo argárico corresponde a una de las últimas inhumaciones, dado que fue hallado en el interior del vaso núm. 26 (Inv. 1), formando parte del ajuar correspondiente a los restos óseos in-ventariados con el núm. 20 colocados a la entrada de la cámara, obstru-yendo, en parte, la entrada a la misma desde el corredor.

La deposición de los cadáveres, apoyados o junto a la pared, con par-te de los ajuares funerarios sobre las rodillas o entre las piernas, parece deducible de lo observado con respecto a la colocación de los referidos restos inventariados con el núm. 20 (restos de fémures y parte de una

(34) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 64. (35) M . ALMAGRO y A . A R R I B A S : Ob. cit., p á g s . 203 y ss. (36) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., pág. 116. (37) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g . 96.

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mandíbula) situados en el mismo fondo de la cámara a 1,20 m. de pro-fundidad, mientras que el vaso núm. 26 (Inv. 1), que contenía en su inte-rior el núm. 58 (Inv. 49 IB), fueron hallados inmediatamente encima de los restos óseos a unos 0,90 m. de profundidad. Si suponemos que el ca-dáver estuviera apoyado contra la pared en la forma antes indicada, al sobrevenir el desplome de la cúpula se produjo la separación de la cabeza del tronco del individuo, quedando el fragmento correspondiente al ma-xilar inferior caído en el suelo, entre los fémures. La acidez del suelo, producida por la ausencia de fosfatos, ha sido causa de la mala conserva-ción de los restos óseos, pero a juzgar por el número de fragmentos de cráneos y huesos grandes encontrados-, los individuos inhumados en la cámara, todos adultos, no debían exceder de cuatro. Los cadáveres pare-cen haber sido dispuestos alrededor de la cámara en la posición antes dicha, ya que las agrupaciones óseas aparecen normalmente en grupos regulares cerca de las paredes de la cámara, precisamente junto o entre los ajuares. E l fragmento de cráneo y maxilar, relativamente bien con-servado e inventariado con el núm. 19 (Fig. 13) apareció a sólo 0,70 m. de profundidad, lo que parece confirmar lo antes dicho sobre la posición de los cadáveres. E l resto de los elementos óseos pertenecientes a este individuo estaban reducidos a polvo, o desaparecidos, por lo que no ha sido posible realizar observaciones m á s precisas.

El hecho del relativamente escaso número de inhumaciones en los se-pulcros occidentales ha sido señalado por G. y V. Leisner. Estos sese-pulcros del SO. en ningún momento se nos aparecen como los grandes osarios propios de la cultura de Los Millares (38), por lo que el rito de inhuma-ción colectiva se nos aparece distinto en esta región.

Al igual que en la sepultura de cúpula de La Zarcita (Huelva) algunos grupos cerámicos se encontraron apilados (39), los vasos m á s pequeños dentro de los mayores y algunos cuchillos líticos entre los mismos (40).

Otros objetos aparecen colocados sobre el suelo de la cámara y junto a la pared. En la parte central de la cámara y al pie de los ortostatos nú-meros 10, 11 y 12 aparecieron los objetos en confuso montón, que supo-nemos fueron dispersados al derrumbarse la cúpula sobre la cámara y ajuares, aunque no descartamos tampoco la posibilidad de un saqueo en busca de metal en época no lejana a la de la erección del monumento. Por testimonios orales recogidos, parece ser que en el corredor del se-pulcro se encontraron algunos huesos, lo que podría ser indicio de inhu-maciones en la galería. También se recogieron en el corredor, antes de iniciar nuestra excavación, dos ollitas, que no se han podido recuperar, y fragmentos de un cuenco.

Con la excavación de este monumento que afortunadamente pudimos encontrar en parte todavía sin saquear, cosa nada frecuente en este gé-nero de sepulturas, queremos aportar nuestras observaciones que con-tribuyan en su día a esclarecer la serie de problemas en torno a esta larga etapa de la prehistoria peninsular.

(38) M . ALMAGRO y A . A R R I B A S : Ob. cit., p á g s . 172 y ss. (39) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g s . 27 y ss. (40) C . CERDÁN y G . y V . L E I S N E R : Ob. cit., p á g s . 121 y ss.

(39)
(40)

L A M I N A I 1 y 2.—Estad o de l corredor , y a removido , ante s d e comenza r l a excavación , y d e l a cámar a a l inici o d e l a misma . 3 y 4.—Cúpul ; de l «tholos» , derrumbad a haci a e l interio r d e l a cámar a y piedra s qu e l a componían .

(41)
(42)

L A M I N A III 1-4.—Diverso s objeto s cerámico s in situ.

(43)

L A M I N A I V

(44)

L A M I N A V Grupo s d e materiale s in situ e n e l interio r d e l a cámar a de l «tholos» .

(45)

L A M I N A V I Gra n sílex , alabard a y punta s d e flecha .

(46)

L A M I N A V I I

(47)

L A M I N A V I I I 1 y 2. —«Tholos » d e E L MORO . Diverso s cuchillos .

(48)

L A M I N A I X «Tholos » d e E L MORO. — Materiale s líticos .

(49)

L A M I N A X «Tholos » d e E L MORO.Cerámicas .

(50)

L A M I N A X I 1 y 2.—Vaso s cerámico s co n asa s perforada s de l «tholos » d e E L MORO .

(51)
(52)

L A M I N A X I I I

(53)

L A M I N A X I V

(54)

37. TRES CUEVAS SEPULCRALES GUANCHES (TENERIFE), por Luis DIEGO CDSCOY. 38. L A CANTERA DE LOS ESQUELETOS (TORTUERO, GUADALAJARA), por EMETKHIO

CUADRADO, MIGUEL FUSTE y RAMÓN JUSTE, S. J .

39. E L COMPLEJO ARQUEOLOGICO D E TAURO ALTO, E N MOGAN (ISLA D E GRAN

CANARIA), por SEBASTIÁN JIMÉNEZ SÁNCHEZ.

40. POBLADO DE PUIG CASTELLAR (SAN VICENTE DELS HORTS, BARCELONA), por

E . RIPOLL PER ELLO, J . BARBERA FARRAS y M . LLONCUERAS.

41. LA NECROPOLIS CELTIBERICA DE LAS MADRIGUERAS (CARRASCOSA DEL

CAMPO, CUENCA), por MARTÍN ALMACRO GORBEA.

42. L A ERETA DEL PEDREGAL (NAVARRES-VALENCIA), por DOMINCO FLETCHER VALLS, ENRIQUE PLA BALLESTER y ENRIQUE LLOBREGAT CONESA.

43. EXCAVACIONES EN SEGOBRIGA, por HELENA LOSADA GÓMEZ y ROSA DONOSO GUERRERO. 44. MONTE BERNORIO, por JULIÁN SAN VALERO APARISI.

45. MERIDA: LA GRAN NECROPOLIS ROMANA DE LA SALIDA DEL PUENTE (Memoria

segunda y última), por ANTONIO GARCÍA Y BELLIDO.

46. E L CERRO DE LA VIRGEN, por WILHELM SCHÜLE Y MANUEL PELLICER.

47. LA VILLA ROMANA DE LA TORRE LLAUDER DE MATARO, por MARIANO RIBAS

BERTRÁN.

48. STLLOT, por GUILLERMO ROSSELLÓ BORDOY Y OTTO HERMANN FREY.

49. LAS CASAS ROMANAS DEL ANFITEATRO DE MERIDA, por EUCENIO GARCÍA SANDOVAL. 50. MEMORIA DE LA EXCAVACION DE LA MEZQUITA DE MEDINAT AL-ZAHRA, por

BASILIO PAVÓN MALDONADO.

51. EXCAVACIONES EN EL CIRCULO FUNERARIO DE "SON BAULO DE DALT" (SANTA

MARGARITA-ISLA DE MALLORCA), por GUILLERMO ROSSELLÓ BORDOY.

52. EXCAVACIONES EN EL CERRO DEL REAL (GALERA, GRANADA), por MANUEL P E

-LLICER y VlLHELM SELUILE.

53. CUEVA DEL OTERO, por P. J . GONZÁLEZ ECHECARAY, DR. M . A . GARCÍA GUINEA y A . BECINES RAMÍREZ.

54. CAPARRA II (CACERES), por J . M . BLÁZQUEZ.

55. CERRO DE LOS SANTOS (MONTEALEGRE DEL CASTILLO, ALBACETE), por

A . FERNÁNDEZ DE AVILES.

56. EXCAVACIONES ARQUEOLOGICAS EN IBIZA, por MARÍA JOSÉ ALMAGRO GORBEA. 57. EXCAVACIONES EN NIEBLA (HUELVA), por JUAN PEDRO GARRIDO ROIZ y ELENA

M . » ORTA GARCÍA.

NOTICIARIO ARQUEOLOGICO HISPANO Tomo VIL Año 1963

Dirección:

INSPECCION GENERAL DE EXCAVACIONES ARQUEOLOGICAS Medinaceli, 4. Apartado 1.039, MADRID

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