12.12.2 Factores psicológicos y cardiopatía coronaria 12.12.2 Factores psicológicos y cardiopatía coronaria
Estrés psicosocial
Los individuos que han padecido IM o que han muerto súbitamente por causa cardiaca experimentaron un exceso de sucesos vitales durante las semanas o meses precedentes. Existe una asociación entre la severidad del problema cardiaco y el número de cambios vitales. Las personas recuerdan fiablemente los sucesos mayores ocurridos en torno a los 2 años previos. Una crítica importante es la no consideración del impacto diferencial según cada persona de los sucesos vitales. Los datos demuestran que la evaluación de sucesos vitales mediante sistemas subjetivos de ponderación poseen mayor capacidad predictiva.
Estrés psicosocial
Los sucesos vitales pertenecientes a áreas como el trabajo, la familia o las finanzas predecían la ocurrencia, 5 años después, de angina de pecho y de IM, también solían practicar conductas poco saludables (tabaco, alcohol, falta de ejercicio…).
Estrés psicosocial
Los eventos focalizados en pérdidas emocionales son mejores predictores de cáncer que de enfermedad coronaria, que podría asociarse más específicamente con el estrés inducido por situaciones o sucesos de tipo laboral. Es importante el modelo de Karasek basado en los conceptos de control de decisión y demanda psicológica, por el que una combinación de alta demanda y bajo control produce mayor riego de enfermedad coronaria. El apoyo social y la capacidad de comunicación amortiguan el impacto del estrés.
Conducta tipo A
Personas con un afán crónico por conseguir un número ilimitado de metas poco definidas, en el período más corto de tiempo e incluso
oponiéndose a otras personas o cosas que comparten su mismo entorno. Los componentes básicos:competitividad, sobrecarga laboral, impaciencia y hostilidad, su ausencia configura el tipo B. Los tipo A perciben el entorno como opuesto a sus objetivos y con un nivel de reto personal elevado, perciben de forma amenazante su autoestima y control y necesitan autoafirmarse a través de logros personales.
Varios estudios de los años 60-70 asociaron el tipo A con la EC. En los 80 se llevaron a cabo 2 importantes estudios de metaanálisis. El de Kewley y Friedman refirió modestas pero poco fiables asociaciones entre el tipo A y la EC. Otras variables como la depresión, la ansiedad y el complejo ansiedad- hostilidad-agresión también exhibían correlaciones significativas con las enfermedades coronarias. El tipo A era mejor predictor cuando se evaluaba mediante la entrevista estructurada que mediante el
cuestionario de autoinforme (JAS). La ligera asociación entre el tipo A y la EC dependía básicamente del componente de hostilidad.
En el estudio de Matthews el tipo A no apareció como un predictor fiable, pero cuando el tipo A fue medido mediante la entrevista, las asociaciones fueron significativas incluso cuando el número de sujetos era
ponderado o en estudios de población.
Estudios posteriores sugieren que los individuos tipo A no poseen mayor riesgo que los tipo B para sufrir EC.
Hostilidad, ira y
agresión
La relevancia del tipo A como predictor de EC se debe al componente de hostilidad implícito. Spielberger et al formularon el síndrome AHA como complejo de riesgo para la EC. Implica tanto el rasgo (hostilidad) de la ira como la expresión y su control. Las pruebas empíricas aún no son muy claras.
Hostilidad, ira y
agresión
Una línea alternativa se centra en varias medidas de la hostilidad. Una es la escala de hostilidad Ho, que aparece más relacionada con aspectos de hostilidad experimentada. Se han aislado 2 dimensiones: cinismo y alienación paranoide. Racionalmente se han sugerido actitudes cínicas, afecto hostil y conducta agresiva.
Hostilidad, ira y
agresión
Otra medida es el potencial de hostilidad (PH). Se han diferenciado las variables contenido de hostilidad, intensidad y estilo. El PH aparece más relacionado con aspectos de expresión de la hostilidad. Y otra medida es el inventario de hostilidad de Buss y Durkee, que contiene una escala de
suspicacia/resentimiento que mide la hostilidad experimentada y una escala de ataque/agresión que mide la hostilidad expresiva.
Hostilidad, ira y
agresión
Las dificultades psicométricas de estas variables imposibilitan obtener conclusiones claras sobre la capacidad predictiva de la hostilidad con las CC. Smith concluye que las personas hostiles tienen un mayor riesgo de desarrollar CC, pues exhiben elevada activación fisiológica en algunas ocasiones, poseen más conflictos interpersonales y más hábitos poco saludables.
El tipo 2, propensión a trastornos cardiovasculares
El tipo 2 define a las personas predispuestas al desarrollo de CC y enfermedad
cerebrovascular, así como a la mortalidad por estos trastornos. Fue propuesto por Eysenck y Grossarth-Maticek como alternativa a las insuficiencias de otras teorías. Es pronto para llegar a conclusiones firmes, aunque resulta una línea prometedora.
Hostilidad, depresión y ansiedad. ¿Las tres “terribles” de la salud cardiovascular?
El estrés psicosocial y dichas emociones negativas tienen un papel más importante sobre la enfermedad arterial coronaria que los clásicos factores de riesgo
cardiovascular. El estrés psicosocial, a parte de sus efectos directos sobre el corazón mediados por los diversos mecanismos fisiológicos, también actúa incrementando las emociones negativas, sobre todo la hostilidad, la ansiedad y la depresión. La emoción negativa puede ser una causa y una consecuencia del trastorno cardiovascular.
Conclusiones:
La evidencia de que la ansiedad está involucrada en el comienzo de la EC es muy consistente.
La evidencia de la asociación con la hostilidad es limitada pero sugestiva.
La asociación de la depresión con la muerte por infarto es consistente, pero no lo es la asociación con el inicio de la enfermedad.
Una de las razones por las que la evidencia relativa a la hostilidad no es muy consistente es porque la investigación no haya diferenciado adecuadamente la implicación de los distintos componentes de la hostilidad, es decir, los cognitivos, afectivos y conductuales. Puede que cada una de estas facetas se relacione de distinta manera con el estrés y los problemas cardiovasculares.
Un estudio longitudinal ha diferenciado la relación de estos tres componentes de la hostilidad con los trastornos cardiovasculares. Se encontró que dos facetas de la hostilidad, la
desconfianza cínica y el control de la ira, predecían el control de la arteriosclerosis durante dos años. Es decir, sólo los componentes cognitivos y afectivos parecían estar implicados en la enfermedad. Datos posteriores demostraron que la hostilidad afectiva se asociaba al riesgo de sufrir infarto y la conductual actuaba de forma modesta como factor protector.
Existe abundante información para afirmar que la depresión constituye un factor de riesgo de primer orden en relación con posibles complicaciones o la muerte tras el infarto de miocardio. Un aspecto importante es el “agotamiento vital” en conexión con la depresión. Las tres principales características son: 1) la fatiga y pérdida de energía y vigor, 2) el aumento de irritabilidad y 3) los sentimientos de desmoralización. Aunque el agotamiento vital no debe confundirse con los estados depresivos, existe un gran solapamiento entre ambos.
Los componentes sustantivos del agotamiento vital son la fatiga, la falta de vigor, la irritabilidad y la desesperanza, el ánimo deprimido puede o no estar presente en el agotamiento vital. Los síntomas del agotamiento vital también son síntomas de la depresión. Así que el agotamiento vital podría ser la pieza fundamental de la depresión vinculada al inicio del infarto de miocardio. En un estudio longitudinal se encontró que la fatiga era el síntoma que más se asociaba a futuros infartos de miocardio.
El papel de la ansiedad en la EAC es el más destacable. La ansiedad y los trastornos de ansiedad se asocian a la morbilidad y mortalidad por sucesos cardíacos. La ansiedad también suele ser una reacción emocional habitual tras un infarto de
miocardio. Existen mayores complicaciones postinfarto en los pacientes con niveles elevados de ansiedad.