En el capítulo anterior descubrimos que el RESPETO es una actitud, una disposición de las personas a reconocer y aceptar que el otro existe tal como es. También vimos que es la base de todo vínculo y la condición previa para ingresar en la fase del amor.
El amor es uno de los grandes temas que ha sumergido en el insomnio a más de un pensador. Tratado desde todos los ángulos (filosofía, psicología, arte, etc..) siempre ha sido un tema difícil de enseñar y más... de aprender.
Para empezar, tenemos que decir que no es, como el respeto, una actitud, una disposición, sino que se trata de una emoción . Al amor hay que sentirlo. Por ahora, digamos que:
EL AMOR, COMO TODA EMOCION ES UNA ENERGIA QUE FLUYE Y NECESITA SER EXPRESADA
Pero antes de que pueda expresarse necesitamos reconocer que estamos amando y esto no siempre es fácil.
Ocurre que el sentimiento de amor puede confundirse con otras experiencias:
Creo que amo pero, en realidad...
1) Necesito a la otra persona porque es una compañía para mi soledad 2) Estoy tan acostumbrado/a a vivir con él/ella que no me puedo pensar con
otro/a;
3) Cuando no está lo/la extraño por las ricas comidas que hacía, etc . 4) Me dan lástima muchas conductas de él/ella; pobre, está tan desvalido/a en
esta vida.
5) Me siento culpable porque conocí a otro/a.
6) Estoy a su disposición para todo lo que necesita; jamás le diría un “NO. 7) Me aguanto sus insultos y destemplanzas.
8) No puedo estar un minuto alejado de el/ella
9) A pesar de todos nuestros conflictos seguimos juntos; debe ser que nos amamos.
10)Lo/la quiero, mas no lo/la amo... Pero, ?Qué es el amor? “Te quiero, pero no te amo”
Dada la educación que hemos recibido tanto en nuestros hogares como en las escuelas, no es fácil discriminar qué es querer y qué amar. Sin embargo, hay una simple técnica que puede ayudarnos a dilucidar esta confusión. El “querer” apunta a todo aquello que hace a las conductas, a lo observable. “Te quiero cuando me tratas bien, cuando eres cariñosa, cuando me preparas las comidas que me gustan, cuando llamas a mi madre y le hablas amablemente, cuando tengo planchada la camisa que quiero, etc.. Así que ?Fíjate cuánto te quiero!”.
36 Más allá de la ironía del ejemplo, hay una verdad: el querer es condicional. ? Si cumples con tal o cual condición, entonces te quiero, de lo contrario, no.?
En cambio, el amor, es incondicional. Se ama el ser-en-sí del otro.
También hay una presión social en la manifestación del amor. No es para nada frecuente oír decir a alguien: “Te amo”. Algunos dicen que está pasado de moda; otros no lo expresan por vergüenza. Más bien se dice “Te quiero”. Acá se usan ambos términos como sinónimos. Pero, en la realidad, no lo son. Repito: se ama al otro por su ser-en-si, por su esencia; en cambio, se quieren conductas.
Si, a pesar de ciertas frustraciones que toda pareja tiene, motivadas por las conductas del otro, ambos sienten que se quieren y están plenamente convencidos que no constituyen un vínculo adictivo, simbiótico, co-dependiente, pueden estar seguros que lo que sienten es amor.
Medias naranjas o la empobrecedora simbiosis
Recién nombré la palabra “co-dependencia” siendo un sinónimo la “simbiosis”. Significamos
la simbiosis como confluencia, aglutinación, fusión de organismos; cuando dos personas están
formando una sola de tal manera que se pierde la identidad individual.
Los dichos populares reflejan verdades. Por ejemplo, cuando se denomina a cada miembro de la pareja como mitades de una naranja: “Ahí viene tu media naranja”. Pero pensemos, un instante, en este hecho: ?Que le pasa a cada una de las mitades de una naranja real si se las deja mucho tiempo a la intemperie? : se secan, pierden sus propiedades, la Vitamina C se degrada. Por otra parte, por más que se intente unir las partes, lo mismo el oxígeno va a penetrar oxidando sus componentes.
El concepto de “media naranja” ilustra a la perfección lo que es la simbiosis en la pareja. Para no secarse, por separado, intentan estar pegados de tal manera que aparentan formar una sola persona. Cada cual existe sólo si el otro existe, de lo contrario, por separados, se secan. Como es tan fuerte la necesidad de “no secarse” es imprescindible que estén juntos y a este fenómeno se lo confunde con amor.
Muchas parejas creen que el amor es igual a una vida simbiótica, con poca o ninguna individualidad. En casos patológicos, van siempre juntos a todos lados, hacen lo mismo, se adhiere uno al otro aún en lo que van a pedir en el restaurante, hasta terminan pareciéndose físicamente, dependen del otro en casi todo, se llaman por teléfono a cada momento, ninguno hace nada sin consultar a la “media naranja”, etc..
Sin embargo, en este tipo de parejas, se da algo muy significativo. Cuando están en compañía de amigos, uno u otro aprovecha para criticar a su cónyuge, burlarse con bromas pesadas buscando a alguien como cómplice. Hacen guiños ante alguna conducta de su pareja
convocando adherentes que se sumen al chiste. Liberan lo que la simbiosis, a la larga, provoca: resentimiento. Como si se acusara al otro por la cárcel en que están viviendo.
Me gusta jugar con las palabras, descomponerlas en los distintos sonidos que las forman, independientemente de su etimología. SIMBIOSIS, por ejemplo, me suena a SIN BIOS, lo que significa, SIN VIDA. Y así es la pareja simbiótica. A pesar de que uno los puede ver riendo, compartiendo, viajando, etc.., en lo profundo, no existe el uno sin el otro. Esta necesidad de existencia mutua se evidencia cuando uno de los dos muere. El otro generalmente exclama: “?Qué voy a hacer sin ti, ahora!”. Si, dado el caso, la muerte de uno produce la liberación del otro, el superviviente comenzará a hacer cosas que jamás hizo: tomará cursos, viajará, se
inscribirá en un club, tendrá amigos cuando nunca los tuvo, etc.., lo que nos indicaría que estuvo viviendo como simbionte11 muy a su pesar y que nada hizo para cambiar ese estilo de vínculo. Si, por el contrario no lo libera, pueden producirse hechos lamentables: caerá en una profunda depresión pudiendo dejarse morir para mantener la simbiosis en el más allá. Antes se
consideraba esto como “muerte por amor” pero, en realidad, demuestra un fuerte vínculo patológico que confirma que el simbionte, sin su otra parte, no existe.
¿ ?Pero no puede haber simbiosis y amor? En la realidad, no. La razón es sencilla:
El amor es una emoción que sólo se puede sentir en un marco de plena libertad.
Y la simbiosis es atadura mutua.
Amor: compromiso en libertad
El amor es paradójico porque, se tiene que sentir en una atmósfera de libertad y, a la vez, es la emoción que más compromete al ser humano. No se puede amar por decreto.
Por esto último creo, como Leo Buscaglia, que el amor son “los hechos del amor12, sólo que tienen que ser manifestados en libertad. ¿Libertad para qué?
Libertad para elegir.
La pareja en simbiosis no tiene capacidad para elegir libremente porque considera que traiciona a la otra rompiendo un especie de pacto de lealtad: “Si toda la vida hemos ido al cine juntos... ?Cómo voy a ir solo a ver esa película que no te interesa ver?” o “¿?Cómo no voy a ir al cine contigo, aunque no me interese la película, si siempre fuimos juntos a todos lados?”
La pareja simbiótica DEBE amar al otro. Por esta razón, cuando alguno de ellos, en un acto que implica salud mental, decide hacer cosas por sí mismo como consultar a un psicoterapeuta, el otro lo vive como una gran trasgresión y se producen sabotajes para lograr reestabilizar el sistema. Se vive al terapeuta como una amenaza potencial que va a desequilibrar el sistema. Y no se equivoca. En la realidad, la psicoterapia ya sea individual o de pareja...
...desequilibra un sistema cerrado en falso equilibrio para re -equilibrarlo como sistema abierto en constante cambio.
En este tipo de parejas, una conducta que expresa autonomía por parte de uno desestructura al otro. Todo debería ser igual. Un día igual a otro aunque desde fuera pareciera que no. Lo idéntico es la rigidez de ciertos rituales. Se habla de lo mismo, se quejan de lo mismo, se reúnen con los mismos, se hacen los mismos chistes o comentarios, leen lo mismo. Ninguno puede concebir la vida sin el otro.
El amor no puede fructificar en la rutina: necesita de nuevas experiencias, renovados proyectos individuales y en conjunto. Siendo así, la pareja se enriquece dado que entra al sistema nuevo material para ser comunicado, discutido, vivenciado. Las vicisitudes de la vida ponen a prueba el amor de la pareja el que, cuando es auténtico, se mantiene a pesar de todo: de fisuras económicas y de padres entrometidos, de muertes de los hijos y de constantes
11
Simbionte: individuo que vive en estado de simbiosis.
38 mudanzas. El amor nunca muere en las parejas que crecen en libertad. Cada cual es una naranja y no una mitad, como vimos anteriormente.
Las verdaderas “pruebas de amor”
Dentro de ese clima de libertad para elegir, se inscriben los hechos del amor los que, según nuestras observaciones, tienen que tener estas características que, luego de nombrarlas, pasaremos a desarrollar: