Valores del Hacer
Pero aprender a expresar el amor no es, solamente, tarea de sintonizar la frecuencia del otro y transmitir en la misma frecuencia. Tiene que ver, además, con los valores o principios de cada cual, es decir, con aquellas cosas que son importantes para cada miembro de la pareja siendo, esas cosas, aceptadas por el otro aunque no las comparta siempre y cuando no ponga en peligro a la pareja.
Definamos “valor” como aquel substratum ideológico mediante el cual cada persona hace cosas en la vida de acuerdo con una determinada orientación. Estas formas de comportarse pueden tener distintas características: Graciela se orienta, básicamente, según valores estéticos. Es decoradora y todo aquello que no sea bello le choca. Puede tratarse de lo que ella considera “mal gusto” para vestirse o una película en donde muestran que descuartizan a alguien; comer con la boca abierta de algún pariente o la vista de un perro semipelado por la alergia al veneno de las pulgas. No importa qué. Cualquier cosa que no sea armoniosa, le produce un profundo desagrado.
Jaime, en cambio, ve un negocio rentable en cualquier cosa. Su objetivo es hacer plata, y lo logra. Si sale con Graciela, mientras ella dice “¡Qué bello!” él se pregunta “¿?Qué precio de reventa tendrá? El año pasado, en una exposición en el Museo de Arte Decorativo, al tiempo que Graciela se quedaba subyugada viendo los objetos, él calculaba el costo del transporte de semejante tesoro. ¿Se llevan mal? No, porque ambos respetan los valores del otro sin criticarlos. En tanto que Graciela le elige la ropa, Jaime le planifica el presupuesto mensual.
Pero comparten otros valores. Por ejemplo, a ambos le gusta salir con amigos, asistir a espectáculos, viajar y escuchar alguna que otra charla sobre temas de Historia Antigua. Cada cual tiene sus propios valores que no interfieren en la vida en común sino que la complementan. Ambos comparten el valor SOCIAL.
En cambio, en una pareja tormentosa, los valores de cada cual son causales de disputas porque falla el primer sostén que es el respeto. Ninguno admite el valor del otro como válido sino como capricho, producto de la rigidez en la concepción del mundo. Si Jaime y Graciela formaran una pareja tormentosa, posiblemente el esposo la criticaría diciéndole cosas descalificadoras respecto de sus gustos y ella lo acusaría de ser igual de materialista que la madre y él le retrucaría que no hable de su madre, que mejor se fije en la estupidez de su padre que va a los museos a ver obras de arte... y así seguirían indefinidamente.
El aceptar los valores del otro como válidos aunque no se los comparta es una demostración de respeto, de que el otro existe. Acompañar al otro en la realización de sus valores (Por ej.: Ir a la exposición en el museo de arte), aunque no se los sienta como propios, es un acto de generosidad, de renuncia y si se hace sin segundas intenciones, es decir, desinteresadamente, es un acto de amor. Cuánto más valores rijan la vida de una persona, más rica será en recursos, en habilidades, en logros.
Los valores del hacer14 se combinan formando estructuras. Por ejemplo, una persona que rige su vida, prioritariamente, por valores Teóricos, Artísticos, Económicos y Sociales, puede, muy bien ser un escultor que investiga sobre las estructuras moleculares (T) de los elementos para hacer sus obras (A) en materiales inéditos, venderlas, vivir de eso y donar parte de sus ganancias a una institución dedicada al arte (S). Otra persona puede realizar sus valores en áreas no combinadas: un abogado (S) que vive de su profesión puede ser un excelente músico (A). Un inversor (E) es estudiante de la Biblia en reuniones dominicales (R), etc..
52 Los valores se van construyendo en la matriz de la familia y se imponen al individuo, son como “más fuerte que uno”. Un amante de la belleza lo seguirá siendo en todo momento y en cualquier circunstancia, y así con los demás valores.
El conflicto sobreviene cuando en la pareja hay un conflicto de valores tanto del hacer como de los valores del ser, que mencionaremos en el capítulo 7. Esto se nota, especialmente, en la educación de los hijos, tema este que da lugar a un libro completo.
Si el cónyuge se siente molesto/a cada vez que su pareja desarrolla una actividad para actualizar su valor, puede dar lugar a discusiones. Es el caso de la esposa del abogado
saxofonista a quién le irrita, profundamente, el sonido del saxo. ¿ ?Qué hacer? O él se alquila un cuarto en otro lugar, o toca cuando ella no está, o ella se va a la casa de una amiga, o se pone algodones en los oídos, o se enojan hasta separarse. O el inversor que, con tal de ganar más dinero en especulaciones, se atrasa en el pago de las cuotas de la escuela de sus chicos. O la mujer con un gran sentido de la justicia y la verdad que, cuando descubre que el marido le oculta información sobre un préstamo que le hizo a su madre de él, hace un escándalo de tal tamaño que terminan enojados durante una semana.
Como se imaginará, o lo vivirá en carne propia, es un tema delicado. Uno puede quedar adherido a su sistema de valores de tal manera que le resulta imposible entender el de los otros. Es en estos casos en donde la pareja necesita, imperiosamente, ejercer una buena comunicación (ya veremos cómo) con el fin de llegar a acuerdos que impliquen mínimas renuncias.
Por todo lo anterior podemos sacar la siguiente conclusión: aprender a expresar amor tiene que ver con modelos incorporados desde la infancia. En ausencia de ellos, hay que crearse los propios modelos. Estos tienen que ver con los Sistemas de Representación Sensorial: formas visuales, auditivas y kinestésicas de transmitir, recibir y procesar información. Para llegar al otro tenemos que sintonizar su misma frecuencia. Para conocer esta frecuencia debemos salir de nuestro YOISMO y entender que el otro existe, que hay un TÚ. De la experiencia del vínculo YO-TÚ aparece el NOSOTROS, matriz desde la cual se intima de tal manera con el otro que se pueden anticipar necesidades y reacciones. Dentro de estas necesidades está la de compartir valores, cosa no fácil debido a que los valores son estructuras que se instauran tempranamente en los individuos (Entre lo seis y doce años) y marcan tendencias. Si los valores son
coincidentes, no habrá problemas. Si no lo son, habrá que llegar a acuerdos que implican cuotas de renuncia...