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Pasado, presente y espacio humanizado

Existen saberes alrededor de los cuales gira la vida de quienes viven la cultura ñuu savi y en la mayoría de los casos, la ciencia occidental no sólo no los reconoce, sino se atreve a descalificar porque simplemente no encajan en su esquema de explicación. Me refiero básicamente al entorno natural que sirve de fuente de conocimiento y de control social33 de quienes nacen en este contexto: la organización de todo tipo de ritos y ceremonias, aún cuando se haya perdido la lengua, se organizan para garantizar el equilibrio entre el hombre y la naturaleza simbolizada en sus sitios delicados y encantados. En otras palabras, el mundo Ñuu Savi aún sigue "vivo", a pesar de la colonización que se prolonga.

Al referirme al mundo de hoy y el de ayer de los mixtecos se torna un tanto complejo debido a la falta de un estudio puntual de cómo vemos nosotros mismos los estilos de vida que llevamos frente a los que no se consideran de esta cultura o bien de cómo ha cambiado ésta en el trascurso de la vida misma. Sin embargo, partiré de los diversos conceptos que usamos para autodefinirnos en la lengua: ser tee ñuu davi, ñuu savi, ñuu sau, ñuu dau, ñuu

dawi, ñuu djavi, ñuu javi34

o simplemente mixteco, exige ante todo, revisar cómo nos sentimos como personas con relación a la familia, la comunidad, la lengua y la historia de nuestros lugares de origen. Algunos de quienes nos asiste el privilegio de haber nacido en alguna comunidad del Ñuu Savi nos sentimos sumamente orgullosos, otros que constituye la mayoría de la población, tal vez lamenta haber nacido en estas tierras y no faltará alguno que primero haya negado su identidad y tiempo más tarde, en la búsqueda de una definición sobre su identidad, se sienta orgulloso de contar con un origen histórico por haber nacido en alguna comunidad de habla tu’un savi,35 o sus progenitores.

Siempre que nos ponemos a pensar sobre “nosotros” o “lo nuestro”36 como ñuu davi o ñuu

savi, de inmediato lo relacionamos con nuestra comunidad de nacimiento, nuestra vida,

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Por “control social” entiendo como aquel proceso que influye en la educación familiar y comunitaria para respetar las normas sociales establecidas por la sociedad, y quien no respeta dichas normas se traduce en una sanción para la corrección del comportamiento inapropiado (Celestino, 2001: 7-11).

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Conceptos que han sido ampliamente discutidos en los Encuentros, Congresos y Talleres de desarrollo de la escritura de lengua mixteca en todo el territorio Ñuu Savi de Puebla, Guerrero y Oaxaca desde hace cerca de dos décadas.

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Tu'un savi significa "voces de la lluvia" o “palabra de la lluvia” y se ha acordado emplear estos términos para referirnos a la lengua de nuestros abuelos y de nuestros padres. Otras variantes de la lengua mixteca son: tnu'un davi, tnu'un dau, sa'an sau, etc. pero significan lo mismo.

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“Lo nuestro” es un concepto contradictorio y poco claro. Quienes defendemos a toda costa lo que sentimos que es “nuestra cultura” en un sentido malinchista o en el mejor de los casos, como esencialista o etnicista, muchas veces caemos en serias ambigüedades porque “lo nuestro” muchas veces resulta ser una mezcla de culturas de distinto origen.

nuestra historia y las distintas expresiones culturales que nos identifican como habitantes del territorio donde protagonizaron los antiguos reyes como la Princesa 6 Mono “Quechquémitl (Virtud) de Serpiente Emplumada” y el Señor 8 Venado “Garra de Jaguar”37 en algún momento de la historia mixteca (Jansen y Pérez 2000: 14 y 26). ¿Pero qué representa ser tee ñuu davi o chaa ñuu savi para quienes nacimos en estas tierras frente a los otros que, aunque nacieron en el mismo lugar, piensan que es mejor olvidarse del lugar que nos vio nacer, porque no ofrece ningún futuro frente a la adversidad de la vida? Desde este punto de vista, existen dos formas contradictorias de ser del actual mixteco: el orgullo de ser ñuu savi y la negación de nuestro origen.

Cuando pensamos en nuestra vida como ñuu davi o ñuu savi, partimos la idea de que en el pasado no hubo nada y por tanto no hay qué contar a las nuevas generaciones debido a la negación y la falsedad de esa historia oficial que sostiene que ésta comienza con la llegada de los europeos.38 Los únicos vestigios del pasado de los pueblos milenarios de Mesoamérica son los monumentos sagrados39 de Monte Albán, Mitla, Chichén Itzá, Teotihuacan, Palenque, Cuicuilco, etc. Quienes estamos rastreando el pasado con relación al ejercicio de la escritura del tu'un savi, nos damos cuenta que siempre ha existido la necesidad de registrar nuestras historias en distintas formas, variando de la pictografía a un sistema gráfico para registrar el habla de manera fonética. Es totalmente erróneo sostener que no hayan existido otras formas de registrar nuestra historia. Ahí están los códices, las estelas, los bordados que son otras formas de escribir el pensamiento de los ñuu savi.40

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Sobre la historia de estos personajes históricos, existen interesantes estudios basados en los Códices mixtecos fundamentalmente de Maarten Jansen y Gabina Aurora Pérez Jiménez, quienes a partir del conocimiento de la lengua mixteca, la historia y la cultura, nos entregan estudios más cercanos a la realidad sociohistórica de este pueblo milenario (por ejemplo Anders, Jansen y Pérez Jiménez 1992 ab, 1994; Jansen y Pérez Jiménez 2000, 2007; Pérez Jiménez 2008).

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Sobre esta historia oficial se ha encargado la escuela de difundir como lo único válido que hay que aprender. Se enseña el pasado “prehispánico” sólo para sentirnos orgullosos de nuestro pasado que simbolizan las zonas arqueológicas de Chichén Itzá, Palenque, Mitla, Teotihuacan y Montealbán, en cambio no existe ni la más remota idea de lo que somos ahora y cuando se menciona es solamente para presentarnos como problemas o folclor.

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Para quienes perdieron la memoria histórica o por desconocimiento, las zonas arqueológicas son consideradas como "ruinas arqueológicas"; en cambio, quienes estamos luchando por reivindicar la historia de nuestros pueblos, son nuestros centros ceremoniales o sitios sagrados que hay que cuidar y proteger. Y constituye el punto de conexión con el más allá de esta vida terrenal.

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Alejandra Cruz Ortiz, ku’ve originaria de Ñuu Ñoko (Pinotepa Nacional, Oaxaca) incursiona a descifrar el profundo significado de los bordados actuales de los huipiles y explica con detalle lo que cada figura representa en la memoria colectiva de quienes habitan en esta parte de la Mixteca (Anders y Jansen, 1994: 139-147).

Lo que he señalado hasta este momento ha generado una propuesta por definir de quiénes somos los ñuu savi en términos genéricos. Sin embargo, de manera particular, cada comunidad va determinando en qué difiere de otra comunidad que comparte la misma lengua, la misma historia y la misma cultura; a veces cada comunidad se siente poseedora de una historia verdadera y de una lengua auténtica; no pocas veces escuchamos expresar: "aquí se habla el mejor mixteco", "aquí se habla el mixteco más antiguo", "esta es la comunidad más antigua", "los mixtecos tuvieron su origen aquí" o "de aquí salieron los mixtecos para fundar a otras comunidades", en clara alusión a héroes precoloniales como el Flechador del Sol o Dzahuindanda.41

Pero, ¿qué buscamos quienes participamos activamente en el desarrollo de las actividades que tiene un carácter emancipador cuando las políticas mundiales de globalización de la economía nos están estrangulando cada vez más?, ¿es posible hablar del desarrollo de nuestra lengua y nuestra cultura cuando no contamos con las condiciones de conciencia y económicas para ello? Si esta realidad la sintiéramos y que asumiéramos el papel que nos corresponde como protagonistas vinculados a los proyectos de Ñuu Savi, ¿qué debemos proponer o qué debemos contar como mínimo para exigir el reconocimiento a la diferencia, que constituye un reto y un desafío del presente siglo?

A pesar de las contradicciones latentes en nuestras vidas como producto de la acelerada industrialización, en la mayoría de los casos, la gente se siente orgullosa de su comunidad, y hacia allá se dirige cuando regresa después de haber estado ausente poco o mucho tiempo alejado de la familia y de la comunidad, y lleva consigo algo para tributar ante la imagen católica que es el santo patrón de la comunidad: una veladora, una vela y un ramo de flores, por haberle permitido regresar con bien al hogar para visitar a sus padres, hermanos, abuelos, tíos, padrinos, etc. En ningún momento pasa por su mente que al lado de su comunidad existen otras comunidades, igualmente históricas e importantes donde se habla la misma lengua mixteca, donde tienen las mismas formas de convivencia y la misma historia. A este tipo de actitudes Miguel Bartolomé lo define como identidad residencial,

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Lo que dejan entrever las distintas formas de cómo se apropian ciertos prestigios en las comunidades del

Ñuu Savi, es un claro ejemplo de que se disputan las historias, el origen de sus habitantes, conservan mejor la

lengua, tienen historias basadas en los códices, cuentan con muchas construcciones materiales, se consideran los más antiguos, etc. Lo cierto es que en los tiempos actuales, es imposible defender lo que se considera “mejor”; lo más viable es reconocer que en la Mixteca se lucha por mantener la unidad lingüística, histórica, cultural, la identdad por encima de las diferencias.

debido a que los individuos le dan más importancia a su lugar de origen que a otros lugares aunque compartan la misma lengua, la misma cultura, la misma historia y los mismos problemas, que no necesariamente significa que excluyan a otros (Bartolomé, 1992: 251- 269).

Hay que señalar que en cada comunidad existen actitudes asumidas para estigmatizar a los habitantes de otras comunidades: Unos se sienten superiores frente a otros, ya sea por su manera de expresar la lengua mixteca o castellana, por su forma de vestir, su caminar, su actividad comercial, su forma de comportarse. No pocas veces se emplean expresiones un tanto peyorativas para nombrar a otros: layute, landodo, lastia'vi, larru'un,42 etc. Carlos Inchaústegui (2003: 7-8) en sus recorridos por toda la Mixteca hace medio siglo para elaborar el diagnóstico que permitiera fundar tanto el Centro Coordinador Indigenista de la Mixteca Alta de Tlaxiaco como el de Jamiltepec (Costa), en sus recuentos de anécdotas evidencia que entre nosotros mismos nos estigmatizamos; los habitantes de la Mixteca de la costa comparan a los mixtecos de la zona alta con los perros por su apariencia de desnutridos. Esto significa que entre los propios indígenas la discriminación suele ser más fatal, sobre todo de quienes han logrado acceder a la cultura dominante introducen las distintas formas de discriminación a sus paisanos.

Si vemos con más optimismo de cómo otros hermanos indígenas nos consideran, vierten su opinión de que seguimos practicando nuestras cualidades humanas: somos sencillos, trabajadores, honestos, responsables, solidarios y demasiado modestos, frente a muy pocos del mundo mixteco que han aprendido lo negativo de la cultura dominante y en ese sentido son: oportunistas, egoístas, en fin, han aprendido las actitudes ventajosas de los mestizos o de los "coyotes".43 Es decir, algunos ñani (“hermanos”) sobre todo, han dejado de ser modestos y sencillos para adoptar otras actitudes que les han permitido defender sus

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Entre las comunidades que colindan con Santiago Tilantongo etiquetan a los habitantes de esta comunidad como los “larru’un” que literalmente significa “el que se apropia de cosas ajenas, el que usurpa o el que pilla”; sin embargo, una versión moderna sobre las hazañas de los reyes fundadores de Tilantongo indica que hace mucho tiempo en el paraje denominado “El Cerro de las Apuestas” se reunieron varios jóvenes a demostrar su astucia y quien venciera a sus adversarios mediante una competencia previamente convenida, se quedaría como el único candidato a conquistar el cariño de la doncella del otro pueblo. De esta forma, el joven de Tilantongo resulta triunfador mediante artimañas que ninguno de sus adversarios se percató de ello. Este es el origen del epíteto de “larrun’un”. En ese sentido el término “larru’un” tiene otro sentido.

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En una ocasión (1997) escuché las conversaciones que sostenían Natalio Hernández Hernández, un escritor nahuatlato, con un tee ñuu davi de Santiago Tilantongo, que por cierto éste último ha adoptado una actitud muy distinta de la de otros mixtecos. Entonces Natalio Hernández Hernández le recriminó, considerándolo un clásico coyote que ha aprendido los hábitos reprobables de otra cultura para tratar a sus propios paisanos.

derechos ante otros, incluso, son los que llegan a abusar de su poder cuando tienen la oportunidad de desempeñar algún cargo dentro del gobierno como funcionario. Ejemplos de esta naturaleza sobran y se pueden observar cotidianamente en los distintos ámbitos de nuestra relación con la cultura dominante.

A pesar de la persistencia de las actitudes discriminatorias, la vida actual exige otro tipo de relaciones e interacciones entre las diversas culturas que coexisten en el mundo. Desde nuestra condición de portadores de una cultura originaria y de nuestras profundas reflexiones, aspiramos a construir un espacio donde convivan las culturas; un espacio de mutuo respeto; un espacio donde se propicien aprendizajes colectivos; un espacio donde reine la armonía, no actitudes bélicas adoptadas por los países altamente desarrollados del mundo.44 Propiciar un cambio en nuestros estilos de vida, necesitamos derribar muchos muros construidos en aras de una dominación entre los pueblos; exige así mismo cuestionar los programas asistenciales de los gobiernos nacionales que lejos de erradicar el paternalismo,45 se fomenta la explotación y las relaciones de desigualdad social en nuestras comunidades.