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La pasión se enfría: la necesidad de un doble cerebro

CAPÍTULO 3. CAMINO A UNA FILOSOFÍA CENTÁURICA: LA BÚSQUEDA

3.3. La nueva pasión por el conocimiento

3.3.1. La pasión se enfría: la necesidad de un doble cerebro

Cuando se busca una autodeterminación del yo, con las características dadas anteriormente, se implica que el actuar libre tenga en cuenta que nos movemos en un mundo de representaciones. Como lo habíamos aclarado en el capítulo primero, al estar en el mundo de las representaciones nuestro conocimiento es interpretativo, por eso solo podemos hablar de realidad como totalidad de estas diversas recomposiciones de las diferentes representaciones.

149Óp. Cit. Nietzsche,

Humano, demasiado humano, § 107.

150 Cf. Óp. Cit. Alexander Nehamas, “Nietzsche. La vida como literatura”, capítulo 7. Más allá del bien y del mal. Pp. 239-278.

su pregunta por la posibilidad de una cultura pública y una privada151

De esta forma, el conocimiento se transforma en un sistema modificable y modificante, donde cada individuo aporta algo en una red de sistemas de proporciones inimaginables. El punto crucial es cuánta verdad puede tolerar el individuo sin la necesidad de falsificarla. Ante esto, el espíritu libre también necesita de un pragmatismo de la verdad donde se hacen necesarios los artículos de fe, de lo contrario no podría avanzar por su camino; claro está que ya no juega con los costos de beneficio-verdad ya que a él sólo le interesa conocer. Nietzsche llama a esto ‘dominar la tempestad’ como lo hacía Voltaire

. Veamos entonces cómo se logra este balance.

Nehamas habla que la tiranía educa el espíritu; y es que es necesario ser tiranos con nosotros mismos puesto que nuestros objetivos también dependen de una adaptación a una nueva costumbre. Esto es una exigencia que implica el sacrificio, el dolor necesario para forjar el carácter. De igual modo, una creación del yo no se debe ver como un acto irresponsable que desconozca todo aquello que se encuentra a su alrededor; por el contrario, se es consciente de la naturaleza que hay allí, de lo creado; además, se entiende que la libertad siempre está condicionada por reglas que cambian.

Siempre existirá el mundo como el marco de referencia para todas nuestras interpretaciones, generando perspectivas que se conectan para corregirse unas a otras, que incorporan para combinarse y modificarse a sí mismas. Así se entiende que hay interpretaciones mejores que otras pero que no se deben tomar como un absoluto.

152

El espíritu libre va en contra de la Modernidad que odia la mesura y los límites, por eso tiene un rostro a la manera ilustrada, pero su mesura no es la de la lógica matemática y las categorías de la razón, su freno es el de la mesura artística (más adelante veremos qué fuerzas le confiere Nietzsche al arte). Por lo tanto, el espíritu libre no es un espíritu

.

151 Ver supra. Pág. 87.

152Óp. Cit. Nietzsche,

amoral sino que por el contrario, reconoce que es necesario someterse al comienzo a ser copista, atrevido e imitador experimental; reconoce los comienzos, la infancia, la imperfección, interpretando así su nacimiento, su devenir. Según Nehamas, siguiendo a Sarah Kofman, un individuo que se ensaya a través de las interpretaciones se hace fuerte para desear la verdad y halla su libertad al interiorizar y al apropiarse de normas y principios. Su voluntad libre reconoce la independencia y su voluntad no libre reconoce la servidumbre alcanzando así el balance entre una autonomía perfecta y la total determinación; solo así concreta el propio carácter153

Es así como, a partir de estos elementos, llegamos a la idea de equilibrio, balance, templanza, frente al valor relativo de nuestras experiencias, ya que es sobre nuestros actos que podemos ejercer un notable control, lo cual no ignora la fluctuación de la personalidad sino que pide una conducción de los pensamientos con un ritmo al igual

que lo hacen los poetas

.

Hablar de espíritu libre no implica una radicalidad y anarquía; más bien, consiste en hablar del empleo de la inteligencia que determina cuándo es necesaria la ilusión, cuándo hay que hacer un alto y cuándo se necesita seguir buscando. Todo esto sujeto a su contingencia histórica, su modo de vida el cual es su creación, su búsqueda que no

implica que sea la única posible, la necesaria y mucho menos que sea legitima para todos.

154

Si bien, Nietzsche ya afirmaba que el hombre científico es la evolución ulterior del artístico,

.

155

153 Cf. Óp. Cit. Alexander Nehamas, “Nietzsche. La vida como literatura”, capítulo 2. La falsedad como condición de la existencia. Pp. 63-98.

154Óp. Cit. Nietzsche,

Humano, demasiado humano, § 189. 155Ibíd. Nietzsche,

Humano, demasiado humano, § 222.

esto no implica que se deba prescindir de las buenas fuerzas que posee el arte como lo son la distancia que permite contemplar todas nuestras experiencias y la explotación de esa energía creativa. Es innegable que una de las fuerzas que posee el arte es la pasión, pero aquí nos importa también la forma que se le da a la misma —la

pasión— pues en ésta se demuestra esa paciencia y esa madurez con la que se logra concretar la obra de arte.

Si bien, hay preponderancia por la ciencia, Nietzsche reconoce la importancia y la magnitud de esa fuerza pasional que se encuentra a la base de todas nuestras representaciones; por eso él cree que:

una cultura superior debe dotar al hombre de un doble cerebro, por así decir, de dos cavidades cerebrales, para sentir de un lado la ciencia, del otro lo que no es ciencia, una cosa junto a la otra, sin confusión, separables, impermeables: esta es una exigencia de la salud. En una esfera reside la fuente de fuerza, en la otra el regulador: debe calentarse con ilusiones, unilateralidades, pasiones, y con la ayuda de la ciencia cognitiva deben prevenirse las consecuencias malignas y peligrosas de un recalentamiento156

Considero que con la creación del espíritu libre se da cuerpo al individuo que Nietzsche quiere para sí mismo; él quiere tomar las riendas de sus fuerzas y contemplarlas, usarlas y reformarlas dentro de una totalidad de la cual se sabe parte. Este discurso toma fuerza en cuanto se entiende que en cada hombre existe un universo interno y su orden determina el de ese universo fuera. Si entendemos esta nueva idea de cuerpo no se limitará entonces a la reducción biologicista sino que nos permitirá hablar en proporciones macro de algo así como una visión cosmológica pero sin pretensiones

metafísicas, permitiéndonos creer que nuestros actos tienen un alto valor y un largo .

Esta imagen del doble cerebro cierra la idea de equilibrio que buscamos en el pensador y de toda cultura que quiera seguir avanzando.

3.4 Microcosmos y macrocosmos de la cultura. Una configuración centáurica